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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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1 noviembre 2010 1 01 /11 /noviembre /2010 01:05

Clich--Filosof-a 

Ser y Conciencia.  Ensayo, 2007 (5/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 15 nov 10.

 


En este momento de la historia que examinamos ahora, los ss.XVII y XVIII, período conocido como La Ilustración, ve formarse dos grandes vertientes culturales: 1) el Clasicismo y Neoclasicismo representativos de los intereses de las clases sociales progresistas; esto es, de la burguesía revolucionaria en alianza con el proletariado naciente, en lucha contra las monarquías feudales; y 2) el Barroco y Manierismo, representativos por su parte de los intereses de las clases sociales retrógradas; esto es, de la aristocracia monárquica feudal y la burguesía más conservadora.

 

Así, en el desarrollo del Clasicismo y Neoclasicismo, como el arte del renacer en el clásico heleno-romano con su rigor, se tiene a un autor como Félix Lope de Vega (1562-1635), autor de Fuenteovejuna; o Moliere (1622-1673), el cual en sus obras se dedica a ridiculizar las costumbres aristocráticas de su tiempo (lo que a su vez, paradójicamente, tras la ironía y la ridiculización, provoca de inmediato cambios en las costumbres en la corte del rey Luis XVI)  En el mismo estilo estarán Defoe (1660-1631), autor de Robinsón Crusoe, no obstante de principios religiosos moralizantes, como Racine (16391699), autor de obras de teatro donde reproduce el ambiente clásico griego; Swift (1667-1745), autor éste de los Viajes de Gulliver; autores últimos por su parte, de un humorismo irónico moralizante y de sátira contra los resabios de las noblezas aristocráticas.

 

En contrapartida están los autores del Barroco (calificado incluso como “arte de la Contrarreforma” por el estudioso de ese período Werner Weisbach) y el Manierismo, entendido éste como ese estilo de “falta de personalidad y libertad en el artista para imitar a ultranza el estilo de un maestro o de una escuela”[1]; entre los cuales se tiene a los místicos, como Santa Teresa de Jesús (1515-1582), autora del poema de dialéctica idealista profunda Amores de Vida Eterna; o los llamados culteranos y conceptistas como Góngora (1561-1627), por ejemplo con su Fábula de Plifemo y Galatea, y Quevedo (1580-1645) con su Historia de la Vida del Buscón, respectivamente a esos estilos; así como Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), autor de La Vida es Sueño, o Sor Juana Inés de La Cruz (1648-1695), autora de Primer Sueño.

 

Hacia fines del s.XVIII, por una parte con la Independencia de las Colonias Inglesas en América en 1776, que harán nacer a los Estados Unidos; y por otra parte con la Revolución Francesa de 1789 con lo que históricamente se consolida el régimen capitalista; terminará el período renacentista y sus manifestaciones culturales propias al origen y formación de dicho régimen, para pasar a una nueva síntesis de la historia de la cultura, dando lugar ahora al Romanticismo.

 

 

Realización Humana

 

La realización humana; o dicho de otra forma, el logro del ser humano como un ser humano real; por todo lo antes dicho, ha de ser en principio, realización social humana (o, dicho de otro modo, un ser humano social real)  Es decir, la realización humana no es un asunto de los individuos, ni unilateral; no es un asunto de “autorrealización” individual, sino de realización social omnilateral humana.  Pero más aun, la realización social humana como la plena humanización del ser humano, implicará su autoperfeccionamiento, en tanto que como Ser Humano-Dios, tendrá a su vez el atributo de la autodeterminación, que no es otra cosa –ciertamente no propiamente dicha-, que otra forma de referirnos a la conciencia de la necesidad, a la toma del destino, en sus propias manos.

 

Sin embargo, la realización social humana es al infinito, la plena humanización del ser humano tiene un carácter asintótico, es decir, que siempre tenderá a la total perfección, sin alcanzarla nunca.  Así, la realización social humana es un proceso en permanente movimiento y transformación en el cual se enriquece constante e infinitamente la calidad humana.

 

Esa ha sido la tendencia general de la historia; otra cosa son esos ciertos momentos de la misma en los cuales todo parece ir al contrario; todo se falsea, nada parece hablar a favor de la humanización del ser humano; son esos momentos históricos de transición de las grandes épocas de la historia: de la descomposición de la comunidad primitiva al régimen esclavista, de la descomposición de la sociedad esclavista, a la sociedad feudal; de la descomposición de la sociedad feudal a la sociedad capitalista, y hoy, de la descomposición de la sociedad capitalista, al socialismo.

 

No es casual, la historia no se ha detenido, la descomposición social actual del régimen capitalista que ha dado de sí todo lo que podía dar, finalmente ha iniciado su abierta y franca descomposición.  Estamos en transición a otra forma de organización social.  Las leyes económico-políticas nos exponen con toda claridad hacia dónde vamos; pero estas leyes, aun cuando objetivas, y por ello independientes de la voluntad de los individuos o la sociedad en su conjunto, no operan sino en la vida misma de los seres humanos; y éstas, fuera de nuestra autodeterminación, moviéndose independientes de la conciencia acerca de nuestro propio destino, pueden pasar antes por situaciones sociales extremas: la caída del capitalismo en una nueva Edad Oscurantista.  En nuestra opinión incluso, en ese camino ya estamos, y de ahí la gravedad del momento actual.

 

Lo anterior, evidentemente, será algo más elevado para valorar el desarrollo humano, significando realmente su esencia; que –como lo hace el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD)–, el referir el “desarrollo humano” confundido con “desarrollo social”, a un índice de “justicia social” determinado en consecuencia por factores económico-sociales: el valor modal de la Esperanza de Vida, más el valor modal de la tasa de Alfabetismo y Educación Básica, más el valor modal de la tasa de Empleo; todo ello dividido entre el valor modal de la tasa de Ingreso per Cápita, denominado equívocamente “Índice de Desarrollo Humano” (IDH)*

 

Lo anterior se explica por los criterios pragmáticos y utilitaristas del concepto burgués de la condición humana: una máquina de producir, tanto más o menos calificada, con mayor o menor “vida útil”, y con una determinada capacidad autorreproductiva.

 

El desarrollo humano tiene ciertamente en su base, como condición determinante económico-social, e incluso económico-política, los aspectos de la infraestructura económica, principalmente, cierto es, el empleo –el derecho al trabajo–, y un aceptable poder adquisitivo –el ingreso per per–, pero de ninguna manera, por ello, el desarrollo humano puede reducirse a lo económico, sino que esa es sólo su condición material para el desarrollo; y en ese sentido, tal índice, sólo habla de un “desarrollo social”.  A partir de ese desarrollo social que crea las condiciones materiales de vida, el desarrollo humano ha de conceptuarse cualitativamente, de manera más profunda: en su desarrollo ético-estético.

 



[1] Diccionario Enciclopédico Espasa; Editorial Espasa-Calpe, Tomo 16; Madrid, 1979; v. Manierismo

* Ciertamente el cálculo del mismo es más complejo, pero irrelevante aquí sus minucias, por lo que a grosso modo, puede dejarse explicado así.  El resultado de tal operación dará siempre un valor en decimales entre 0 y 1, donde el valor tendiente a 1 indicará mayor “desarrollo humano”, que en realidad se reduce ciertamente a un valor o índice de mayor justicia social.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
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