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Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.

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La Estructura Económica de México. Ensayo, 2009 (3/5)

    La Estructura Económica de México.

 Artículo, 2009 (3/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México,  20 oct 09.

 

                              Otra etapa significativa de los antecedentes de la estructura económica de México; allí donde se dan esos necesarios cambios histórico sociales; es la transición que lleva al movimiento de la Revolución Democrático Burguesa de 1910 a 1917.

 

                              Tal lapso de transición se inicia, en México, a la muerte de Benito Juárez (1806-1872).  En el plano mundial, un año antes de la muerte de Juárez, en 1871, el acontecimiento determinante es el sofocamiento de los comuneros de París por la acción conjunta del ejército prusiano invasor, con el ejército francés: “extraña situación” de alianza entre el invasor y el supuesto defensor (que en común tenían el ser los ejércitos de la burguesía), ante el hecho de que los comuneros de París (el proletariado), reales defensores de la Ciudad ante la invasión, organizaron el primer Estado socialista de la historia, el cual sólo duró dos meses y medio.

 

                              El proceso de transición va a llevar tanto a la Revolución Social de 1910 a 1917 en México, como a la Revolución Socialista de 1917 en Rusia, en medio de la crisis internacional del capital, dirimida con la I Guerra Mundial (1914-1918).  Examinemos pues, los antecedentes dados en ese período de transición que condujeron a un nuevo cambio estructural económico.

 

                               En un siglo, la población de México se había duplicado, y las haciendas también habían aumentado –según datos tomados de la obra “Crónica Ilustrada de la Revolución Mexicana”, de Vicente Casarrubias, et al[1]–; y ahora eran ya en total, 8,431 (en promedio de 2,000 Ha), pero habiendo en el país un total de 830 hacendados, ello querría decir que cada uno poseía un promedio de 10 haciendas.  Pero lo que sí se multiplicó por 10, fue la cantidad de ranchos.  En todo ello laboraban 410,345 agricultores (que en tanto pequeños propietarios, se definen como pequeña burguesía), y 3’123,975 jornaleros (que en tanto desposeídos de toda propiedad, formaban el proletariado del campo), los cuales ganaban entre 18 y 25 centavos diarios, donde 1 kg. de frijol costaba 10 centavos (prácticamente la mitad de su salario diario).

 

                               México se industrializaba; el 80 % era aún rural, pero sólo en la Ciudad de México –siguiendo la misma fuente– habían ya 146 fábricas, que ocupaban a 32,229 obreros[2] (integrando el núcleo esencial del proletariado cuya única propiedad era su fuerza de trabajo); a los que se sumaban 150,000 mineros.

 

                               El porfiriato logró la industrialización apoyándose principalmente en la inversión de capital extranjero, que citándose en la fuente los datos de Luis Chávez Orozco en su “Historia Económica y Social de México” (1938), se dividía de la siguiente manera:

 

Capital norteamericano:                   $499 millones.

Capital inglés:                                    $87 millones.

Capital francés:                                  $10 millones.

Capital mexicano:                              $29 millones.

 

                                Por las demandas esenciales de la gran huelga de Cananea de 1906, podemos conocer un dato particularmente importante: <<$5 diarios, y 8 horas de trabajo>>.

 

                                Los salarios a la clase trabajadora oscilaban entre 60 centavos y 10 pesos, lo que daba un promedio, según la distribución –de acuerdo con el historiador John Kenneth Turner–, de 1 peso diario.  Ello explica lo justo de la demanda de 5 pesos diarios de los mineros de Cananea en su justa huelga.

 

                                 Durante los gobiernos de Porfirio Díaz, la tasa de impuestos alcanzaba el 20 % del ingreso.  Fue la enorme desigualdad social, la exacción a la clase trabajadora para sostener el fasto y la forma de vida de las clases sociales pudientes, lo que finalmente hartó a las grandes masas y las preparó para la revolución.

 

                                 ¿Se va entendiendo, pues, para qué sirve la historia?, ¿se va entendiendo entonces, cómo la burguesía de todos estos tiempos ve entrar en crisis económica su sistema productivo, una y otra vez, resolviendo simplemente con el despojo de su fuente de vida a la clase trabajadora?

 

                                 Entre las pocas cosas que caracterizan la naturaleza del ser humano: el raciocinio, el lenguaje, sus relaciones morales; está su capacidad del trabajo y la producción.  En especial con el trabajo es que el ser humano se realiza, es decir, con lo que el ser humano se hace un ser humano real.  De modo que cuando se ve despojado de ello, ocurre exactamente todo lo contrario: se le despoja a la vez, de la condición humana más elemental, que le garantiza la subsistencia.  Garantizar el trabajo a la sociedad es responsabilidad del Estado (lo que todo empresario privado desearía, es deshacerse de todo trabajador; robotizar su proceso productivo es su sueño); pero cuando desde el mismo Estado, protegiendo los intereses de la gran burguesía, viene el despojo de la mínima condición de vida, perderla indignamente por inanición, o perderla honorablemente empuñando un arma en una lucha social, no hace más diferencia, que en esto último, ganar la dignidad humana.

 



[1]       Casarrubias, Vicente, et al; “Crónica Ilustrada de la Revolución Mexicana”; Distribuidora Publex; México, 1966;
           p.5.

[2]       Ibid. p.9.

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