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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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14 febrero 2011 1 14 /02 /febrero /2011 00:02

Geopolítica del Eje del MalAmbiente Promedio y Cambio Climático* , Artículo (1/2).

Luis Ignacio Hernández Iriberri**

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

14 feb 11.

 

El concepto: “Medio Ambiente”, equívocamente traducido del inglés “Middle Environment”, dando lugar a esa redundancia donde la palabra “Meddle”: medio, se toma en su acepción de “ámbito”, cuando debe traducirse más bien, como valor medio o promedio; explicado así, ello permite que aparezca la lógica del presente artículo que involucra el problema del cambio climático, precisamente, como una alteración de las condiciones promedio del ambiente natural.

 

Los factores a considerar son muchos, de ahí que nos limitaremos a comentar los fundamentales: temperatura y precipitación pluvial; que, en cuanto al primero, dados los valores extremos-promedio generales o planetarios (no como consecuencia de factores locales como los extremos inferiores registrados en Siberia, o los superiores registrados en la India),  de +45ºC, y –35ºC, obtenemos un promedio de temperatura general mundial anual de 10º C, precisamente el límite convencional para definir, por encima de ese valor, los climas templado y tropical; como por debajo del mismo, los climas, tanto frío, como polar; y en cuanto al segundo factor, los extremos-promedio en condiciones regulares, serán de 4500 mm y 150 mm de volumen de precipitación pluvial anual, lo que nos da un promedio general mundial de poco más de 2000 mm de precipitación (que como referencia, eso es lo que llueve en promedio en las zonas selváticas).

 

El ambiente promedio se determina convencionalmente por los valores registrados por el lapso de 10 años, de modo que hablar de “cambio climático”, implica considerar variaciones en las condiciones promedio, por lo menos, en lapsos entre dos décadas.  Así, obtener registros de valores regulares que modifican los datos extremos, como el registro en el año 2005 de la temperatura más alta en 12,000 años, las sequías más prolongadas o las precipitaciones más abundantes, son un indicador evidente, más allá de las variaciones promedio, de la tendencia de alteración climática; y de ahí la alarma actual, motivada por el valor promedio en las variaciones extremas actuales, de 14ºC (4ºC arriba del promedio teórico regular).

 

La posible reacción en cadena en el conjunto de los factores naturales, de tan sólo la alteración promedio de la temperatura, ya es evidente: al aumento de temperatura promedio, ha seguido un aumento del índice de evaporación, y de ello, a su vez, de precipitación pluvial.  Es ese efecto combinado de incremento de valores extremos de temperatura y precipitación, lo que ha dado lugar a las características de los huracanes del año 2005.

 

Pero existen más efectos, tales como el derretimiento de los Casquetes Polares, y con ello la disminución de salinidad oceánica promedio (independientemente de la elevación promedio del nivel del mar, que con sólo su derretimiento parcial se estima una próxima elevación del nivel de varios metros), con la alteración de los circuitos físicos de las corrientes marinas mismas.  Pero también de la circulación atmosférica.  El derretimiento de los Casquetes Polares tendrá como efecto el que los vientos que inician ahí su movimiento en dirección al ecuador, sean menos fríos y más húmedos, absorbiendo calor de la superficie terrestre más rápidamente y convirtiéndose en vientos ascendentes más inmediatamente que a las latitudes entre 45º y 55º, en que actualmente lo hacen en ambos hemisferios, desplazándose así hacia los polos el conjunto de las celdas atmosféricas, y provocándose por una parte mayor desertización (hacia las regiones colindantes de los desiertos, entre los 25º y 35º), y por otra, mayores precipitaciones pluviales (en la zona intertropical); cuyo cambio de sus ciclos, y las variaciones estacionales anómalas, alterará, subsiguientemente los ciclos bióticos con la perturbación ecológica mundial; trayendo, necesariamente, consecuencias económico-sociales adversas en la producción agropecuaria.

 

La modificación de las condiciones promedio del ambiente es un hecho incluso natural, lo notable ahora, es el factor económico-social (la manera actual –en cuanto a organización social y no en cuanto a disponibilidad tecnológica–, que tenemos para producir nuestros bienes materiales), que ha acelerado las variaciones de esos procesos naturales; y siendo esta la causa, sólo una modificación positiva de la misma, si hemos de atenernos a la ciencia moderna, determinará realmente la dirección positiva del ambiente promedio y el orden climático.  Y dado el proceso paulatino de estos cambios, tanto el deterioro de este momento no sólo no podrá ser contenido, sino que está ya destinado a incrementarse aun más; como el revertirlo, si en este momento nos fuese posible incidir realmente en sus causas, no será posible sino luego de varias décadas.

 

A principios de los años setenta se publicó el primer estudio global con el título: Los Límites del Crecimiento, 1972, de Meadows; en cuya presentación colectiva ya se afirmaba: “es obvio que tenemos que introducir algunos cambios en nuestra filosofía de la vida y en nuestro comportamiento”[1].  A treinta y cinco años de aquel comentario, aun hoy se sigue insistiendo en ello (por ejemplo en el Foro Social Mundial) como la solución al problema; y, evidentemente, no sólo se confunde la causa real, sino se atribuye la responsabilidad, ya absurdamente a la tecnología por sí misma haciendo abstracción de aquellos intereses de los que la poseen; o bien, a quien en realidad, es la victima: la sociedad.

 



* En el XXXV Aniversario de la publicación del primer estudio mundial: Los Límites del Crecimiento, 1972.  Cuernavac, Mor; 25 jul 2007.

**  Investigador con estudios de posgrado en Geografía, UNAM; y en Filosofía, CIDHEM.

[1] Meadows, Donella H, et al; Los Límites del Crecimiento; Fondo de Cultura Económica, México, segunda reimpresión, 1975; p.22.

 



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