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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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15 enero 2012 7 15 /01 /enero /2012 23:08

Ícono Filosofía-copia-1Ante una Nueva Fase del Desarrollo del Espíritu Humano.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

16 ene 12

 

El inminente encuentro entre civilizaciones en este preciso momento de la historia de la humanidad, lo hace ya, necesariamente, providencial, dicho en su sentido amplio (de la ayuda oportuna), como restringido (del socorro divino), y de ambas formas simultáneamente.

 

Dicha situación, a su vez, hace necesaria la “Variante Däniken” (de la hipótesis del encuentro de civilizaciones en otros tiempos), como hipótesis que permita explicar esta obligada implicación providencial.

 

Con esto, estamos descartando el caso más ideal del encuentro con una humanidad no sólo que no avanza en una plena conciencia de sí, sino que en ello ha retrocedido, y menos aún está en posibilidad de su conciencia para sí; lo que no vemos que vaya a ocurrir sino acaso, de manera natural, en el curso de muchos siglos aún por delante, incluso, no obstante adversidades en común que harían suponer la unidad humana (lo que está ocurriendo hoy principios de la segunda década del siglo XXI, de avasallamiento social en una sociedad si opciones ni alternativas en el mundo, nos hace perder toda esperanza).

 

Viene a esta reflexión la del propio Marx en su trabajo Sobre la Cuestión Judía (1844), en el que este asienta. “Mientras el Estado siga siendo cristiano y el judío judío, ambos serán igualmente incapaces de otorgarse la emancipación, el uno, y de recibirla el otro”[1].

 

El problema de esencia, radica en la ideología, y más aún, en esa parte de la ideología que no tiene que ver con la razón y el argumento científico, sino con las creencias y el dogma, de un arraigo tal, que hace imposible su misma solución hasta el final de los tiempos; profundidad misma que Marx ve cuando respecto del judío expone: “…creyéndose con derecho a mantenerse al margen de la humanidad, a no participar, por principio, del momento histórico, a aferrarse a la esperanza en un futuro que nada tiene que ver con el futuro general del hombre, considerándose como miembro del pueblo judío y reputando al pueblo judío por el pueblo elegido”[2].

 

Marx, pues, ve en ello la más rígida de las antítesis –dice él–, que es la antítesis religiosa.  Y de ello se pregunta: “¿Cómo se resuelven las antítesis? –y se responde–.  Haciéndola imposible”[3].  Y si alguien sabía profundamente de lógica como para dar esa respuesta, era precisamente él.  Y ante el problema de cómo se hace imposible una antítesis religiosa, Marx responde: aboliendo la religión.

 

Pero ese concepto de “abolición”, no ha de entenderse aquí como un acto de decreto, o menos aún persecutorio (como en el caso de la categoría sociopolítica de la “abolición de la propiedad privada”), sino como categoría filosófica, ha de entenderse en la lógica de la negación de la antítesis en una contradicción antagónica.  Tan pronto como el judío y el cristiano –explica al respecto Marx– reconozcan que sus respectivas religiones no son más que diferentes fases del desarrollo del espíritu humano…, no se enfrentarán ya en un plano religioso, sino solamente en un plano crítico, científico, en un plano humano.  La ciencia será, entonces, su unidad…”[4].

 

Siglo y medio después de esta reflexión de Marx, no podemos considerar sino que, de ser ello posible, lo será aún en un futuro muy lejano, tan lejano, que rebasa la posible existencia misma del ser humano enormemente presionado ya en estos momentos tanto por la conflictiva natural (cambio climático), como social (guerra internacional), donde ese mismo pueblo judío del que en 1844 Marx decía que: “oponiendo a la nacionalidad real su nacionalidad quimérica…”[5], un siglo después, agregamos nosotros, hizo de esa quimera una realidad terrenal, y medio siglo más después, hoy, amenaza en la más absoluta irracionalidad (fundado en su amparo divino), la paz mundial.

 

Ante ello, el contacto abierto con otra civilización no-humana, no puede ser, por más, que afortunadamente providencial, al punto en que, incluso, así debe ser invocado ya en cualquiera de sus dos sentidos.

 

El hecho, como tal, deja en las manos ya, de esa otra civilización; o bien de los “seres divinos”; la solución; “ellos” resolverán; somos, entonces, en la hipótesis de la “Variante Däniken”, una especie en la primera escala de la inteligencia racional, de tiempo atrás monitoreada en su desarrollo y socorrida en momentos cruciales de su evolución, dadas sus limitaciones.

 

Hay, finalmente, en todo ello, un grave problema: ¿Son los judíos (como el la “Variante Däniken” misma parece quedar en evidencia), un pueblo elegido?  Si es así, entonces la humanidad, para ser tal, o será libre, o será muerta; lo que de ella quede –los elegidos cuasi divinos–, no serán, no pueden ser ni serán, lo que nunca se han reconocido: seres humanos.  Lo demás, si algo queda, será esclava, y como tal, un ser deshumanizado.  El riesgo de la extinción de la especie humana, es enorme, y ante ello, lo providencial debe ser descifrado.

 

La expectativa, como lo dijera Marx, no es entonces, otra que la abolición de toda religión, dada como el encuentro no-divino de otra civilización, y que, por lo contrario, reivindique el argumento científico.

 



[1]        Marx, Carlos; Sobre la Cuestión Judía; en “La Sagrada Familia”; Editorial Grijalbo, México, 1967; pp. 16-17.

[2]        Ibid. p.17

[3]        Ibid. p.17.

[4]        Ibid. p.17-18 (y aquí ha de entenderse que el espíritu o la espiritualidad, en Marx, no alude o se reduce a una categoría metafísica, sino que se refiere a la esencialidad del desarrollo social humano).

[5]        Ibid. p.17.

 

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