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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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12 febrero 2012 7 12 /02 /febrero /2012 23:06

Topografía de Cosmas Comentario a, El Mito de la Unidad de la Geografía, 1976, Alan Reynaud.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

13 feb 12.

 

 

En la revista española de geografía, GeoCrítica, de la Universidad de Barcelona, en su número 2, de marzo de 1976, se reprodujo el trabajo de Alan Reynaud: “El Mito de la Unidad de la Geografía[1], el cual es la segunda parte de su libro, “La Geografía, Entre el Mito y la Ciencia”, 1974.  Esto es, que, lo que en ello se dijo, lo fue dicho un año antes de nuestro ingreso a los estudios superiores de Geografía, y publicado por esta revista en español, cuando cursábamos apenas el cuarto semestre de la carrera.  Y no obstante, dicho trabajo no lo conocimos sino hasta unos años después, a fines de la década, cuando preparábamos ya nuestra tesis de Licenciatura.  En ese momento, este trabajo era un documento acerca de los fundamentos teóricos o de la filosofía de la Geografía; treinta y cinco años después, no sólo por el tiempo transcurrido, , sino esencialmente por la superación de su contenido, , es un interesante documento acerca de la discusión de los fundamentos teóricos, como historia de la Geografía.

 

Hoy tenemos un firme convencimiento del espacio como objeto de estudio de la Geografía, y de su método como un conjunto  de categorías que son reflejo de sus propiedades.  Sin embargo, lo que al respecto se pensaba en aquel primer lustro de los años setenta, se aprecia del conjunto de epígrafes que Reynaud expone al empezar su trabajo, entre ellos, reza uno: “Ya que la Geografía se defina más bien por su método que por su objeto, todo parece ser materia geográfica” (Max Derrau); si bien esa es una idea que viene desde 1902 expuesta por el mismo Emmanuel de Martonne, que lo generaliza a todas las ciencias: “La ciencias se diferencian por sus métodos.  Por su método es como el geógrafo debe presentarse al estudiar hechos que interesan igualmente al geólogo, al botánico, al zoólogo, al economista, al estadístico, al etnógrafo”[2]; o, dice otro epígrafe: “El geógrafo no debe aplicar su perspectiva espacial a todo” (Brian Berry).

 

Así, una geografía que se define más que por un objeto propio de estudio, por la manera de operar un método que, por el fenómeno considerado resultará ser el método de cualquier otra ciencia no era sino el fundamento subjetivista más arbitrario para que la geografía lo fuese todo, y nada a la vez.  Y el problema, para principios de los años setenta del siglo XX, no era ni la imprecisa vaguedad, ni mucho menos la ausencia del concepto acerca del objeto de estudio: el espacio terrestre, sino la absurda negación explícita en el aplicar la perspectiva espacial a todo.

 

Alan Reynaud empieza su texto señalando que, “la geografía se basa en una paradoja…, su originalidad fundamental y su característica exclusiva residen en la síntesis”[3]; pero por la cual no se estaba entendiendo el procedimiento lógico de la subsunción de la antítesis en la tesis mediante el silogismo, sino la reunión lo más ordenada y sistemática del Todo, en lo que el mismo Reynaud denominaría como el “Plan por Archivos”, la mera síntesis combinatoria, bajo los capítulos de cada fenómeno.  “Y sin embargo –dice el mismo Reynaud citando a Oliver Dollfus, negándose ciegamente a la “necia realidad”–, es un trabajo completamente distinto el que se le pide al geógrafo… <<las relaciones entre la localización, la organización, y la diferenciación espacial>>”[4].  Esa “síntesis” geográfica es lo que nosotros denominamos críticamente como “ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias”, reflejo de una reunión mecánica de conocimientos diferentes, que lleva a Reynaud a citar a J.A. May: “continuamente renace de sus cenizas, desde que el mismo Heráclito reprocha a la Periégesis de Hecateo de Mileto, que no fuera otra cosa que <<una colección de hechos dispares y sin relación alguna entre sí>>”.  Todo ello condenado en la excelente caricatura de Grot de ese año, 1976, en donde la “síntesis” es sólo la simple mezcla alquímica del Todo en manos de la “ciencia” del geógrafo.

 

La-Sintesis-Combinatoria-y-la-Unidad-de-la-Geografia--Gro.JPG 

[Fuente: GeoCrítica, Nº2, Universidad de Barcelona1976; en "Las Nuevas Geografías"; Salvat Editores, Colección Temas Clásicos Nº 70; México, 1982; p.21]

 

 

Ya Reynaud apunta en la dirección correcta y hace la pregunta acerca de si esa indefinición ante el objeto de estudio, será incapacidad de los geógrafos; reconoce que no puede ser así, pero ciertamente se extraña de la impotencia generalizada; y entonces hace una reflexión clave: “¿No se producirá más bien una impotencia teórica de la que algunas personas van tomando conciencia progresivamente?”[5].  Y ciertamente, hacia mediados de los años setenta, recogiendo una cita que expresa con toda nitidez la magnitud del problema que se vivía, Reynaud asentaba: “A menudo, los geógrafos han intentado definir, si no el objeto, si al menos los caracteres de su ciencia”[6], y esa era una impotencia teórica real: en el conjunto de las ciencias involucradas (filosofía, física, cosmología), incluso en la filosofía dialéctica materialista, había aún una situación confusa al respecto de ese concepto que era el espacio.  Y ello era lo que generaba una variada gama de posibles soluciones.

 

El mejor enunciado acerca de la unidad de la Geografía dados esos caracteres empíricamente dados, fue expuesto por Georges Kish en trabajo: “Subcampos Geográficos y su Unidad”, 1968; en donde, con pleno fundamento dialéctico materialista éste dice: “El hombre y la naturaleza son inseparables, y, del mismo modo, la geografía no puede quedar separada en dos ramas distintas, consagrada una de ellas al estudio de los fenómenos terrestres naturales, y la otra al estudio de los fenómenos humanos”[7].  Postulado absolutamente cierto en tanto una ciencia es reflejo objetivo de su objeto de estudio; pero pretender aún el decimonónico estudio del Todo, no sólo era un despropósito, sino que ello conducía directamente a su solución en el concepto de síntesis, el que, por demás, no se veía una abstracción y generalización en la subsunción lógica de la antítesis en la tesis; es decir, en donde no se entendía como síntesis lógica; sino sólo se entendía como un mero acto combinatorio.

 

La síntesis, no lógica o dialéctica, sino mecánicamente en una solución combinatoria (para lo que el mismo Reynaud expone una matriz para la correspondencia de pares semejantes), no podía sino concluir necesariamente en el absurdo, haciendo de la Geografía una pretendida ciencia aparte, de lo cual Henry Baulig fue su mejor e hiperbólico exponente.  “Para muchos geógrafos –citando nosotros a Reynaud que hace sarcasmo de aquel–, la geografía no es una ciencia como las demás.  Tiene ese algo que hace de ella una ciencia aparte.  No un conocimiento, porque la geografía es el conocimiento supremo –y finalmente Reynaud mismo, seguidamente, cita a Baulig–, <<quizá una categoría nueva de la inteligencia a la que el espíritu occidental, y sólo él, acaba de acceder>>, en el límite de una especie de revelación”[8].  Poco falta para que se afirme que el geógrafo está en la Tierra, para remediar todo lo que a Dios le quedó mal en el acto de la creación.

 

Así, ante tales absurdos en los que se desemboca en la infructuosa búsqueda de una identidad dada en los fundamentos de su unidad, Alan Reynaud concluye, atrapado en las limitaciones teóricas necesarias de su época: “la unidad de la geografía es, pues, como hemos visto, un mito el cual procede ante todo de una interpretación etnológica”[9].



[1]        Reynaud, Alan; El Mito de la Unidad de la Geografía; en “GeoCrítica” Nº 2; Editorial Universidad de Barcelona, España; marzo, 1976.

[2]        Ibid. p.14.

[3]        Ibid. p.3.

[4]        Ibid. p..6; en Dollfus: “El Análisis Geográfico”, París, 1971.

[5]        Ibid. p.8 (subrayado suyo).

[6]        Ibid. p.22.

[7]        Ibid. p.22.

[8]        Ibid. p.26 (subrayados suyos).

[9]        Ibid. p.37.

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Comentarios Bibliográficos en Geografía Teórica
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