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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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12 abril 2015 7 12 /04 /abril /2015 22:03

1927 G.N. Katterfeld (1927-2013)Comentario a, La Faz de la Tierra  su Origen, 1962; de Genadi Nicolaevich Katterfeld.  (6/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

13 mar 13.

 

Del Capítulo 3: Homologías Geográficas.

 

Una homología geográfica es aquello que se dice igual a algo prefijado (de, homo, igual; y leguis, decir).  Este método de observación se complementa al de simetría, esto es, a aquello por lo cual hay armónicamente una correspondencia entre las cosas por sus mismas medidas.

 

Cuando Katterfeld echa mano de la observación de las simetrías de la Tierra y sus manifestaciones en ciertas homologías geográficas, bien dice estar rescatando la metodología geográfica científica más antigua, utilizada ya profusamente por los geógrafos griegos como una de las primeras formas para tratar de entender las regularidades o leyes que rigen la superficie terrestre (hasta los tiempos mismos de Katterfeld, tenida esa superficie terrestre por espacio geográfico).  Y, otra vez, los geógrafos griegos no andaban errados en el camino propio de una ciencia panóptica y mesoscópica como lo es la geografía.

 

Katterfeld va a explicar la importancia de las homologías geográficas, diciendo que, “describir la Tierra y dibujarla en un mapa, es sólo la mitad del asunto.  Es necesario, además, para explicar cómo apareció la superficie terrestre y los océanos, por qué están distribuidos como están en vez de en alguna otra forma, responder a una serie de muy difíciles cuestiones que no pueden dejar  de ser requeridas por cualquier persona con curiosidad.  La clave para entender la distribución de los continentes y océanos se encontrará en esas llamadas “homologías geográficas”…”.

 

Y cual si estuviésemos leyendo los trabajos de Crates de Malos de la Grecia heleno-romana, Katterfeld comienza a exponer la descripción de tales homologías prácticamente con el mismo lenguaje de aquel: “…la Antártida –dice Katterfeld–, es equilibrada por el Océano Ártico (subrayado nuestro); Europa y África por el Gran Océano, los continentes del norte por el océano del sur, y América del Norte por el Océano Índico.  Es sólo América del Sur la que no encaja en este esquema; su antípoda son las tierras del sureste de Asia”.  Y si ese “equilibrio” en calidad de “contrapeso” fue en Crates recurso explicativo real, no figurativo, si bien especulativo; en Katterfeld es recurso explicativo igualmente real, pero ya con pleno fundamento científico, en hechos que los geógrafos tuvimos en la punta de la nariz por siglos.

 

Hasta este punto, no había sido necesario que nos refiriésemos a ninguna de las figuras que Katterfeld inserta en su trabajo, alusivas todas ellas ya a las condiciones geológicas de la Tierra, o bien a su figura geodésica.  Pero es a partir de la figura N° 17 en que es posible comentar lo geográfico.

 

En la figura N° 17, Katterfeld muestra el siguiente mapmundi con el título: “Distribución Antípoda de Continentes y Océanos”.

 

 

Como puede verse en él, está ahí en el mapa lo que antes nos ha explicado al más puro estilo de Crates de Malos acerca de las “masas de contrapeso” para el “equilibrio” de la Tierra, que ahora se convierte en un hecho gravitatorio real.

 

En esta simetría; o como el llama: “distribución asimétrica”; se va a referir en particular a las regiones polares.  El Ártico está ocupado por un círculo casi cerrado de una cuenca marina circumpolar de una profundidad de unos 4,300 m.  Por lo contrario, la Antártida está ocupada por un continente circular, cuya altitud es de 2,800 m, y cerca del Polo Sur alcanzando los 3,700 m.  De lo cual, explica Katterfeld, la región de la superficie de la litósfera en el Polo Norte, está a casi 8.5 km más cerca del centro de la Tierra que la región del Polo Sur.

 

Katterfeld, geodésicamente, observa que la figura de la Tierra adquiere forma “cardioide”.  Luego, en la figura N° 18, en un cartograma titulado “Asimetría de la Distribución Zonal de Tierras y Mares en la Superficie de la Tierra”, Katterfeld muestra la distribución proporcional de tierra y mares.  Destaca que los paralelos de 62°j, determinan la regularidad de condiciones de la distribución de la litósfera o del océano, de manera inversa entre el norte y el sur; de modo que el paralelo 62°jN es epirogenético (ascendente), en tanto que el de 62°jS es talasogenético (descendente), mientras que las regiones polares tienen el comportamiento inverso; el Polo Norte tiene un comportamiento talasogenético, y el Polo Sur epirogenético.

 

Esta relación antípoda en un espacio de 13’100,000 km2, “es resultado de movimientos compensatorios de material que se produjo en las regiones polares…”

 

Katterfeld, aún más, menciona que esa distribución de tierra firme y de mar, afecta a su vez a la distribución asimétrica respecto del ecuador geomagnético, en la intensidad del campo magnético de la Tierra, donde la intensidad es mayor en los paralelos de tierra firme, que en los mismos paralelos del océano.  De la misma manera, hace ver otras sorprendentes correspondencias de los meridianos de simetría gravimétrica, con el campo magnético.

 

Luego Katterfeld pasa al análisis del “planeta doble Tierra-Luna”, descartando las hipótesis catastrofistas de que la Luna hubiese sido un desprendimiento de la Tierra precisamente dejando formado el Océano Pacífico, o que hubiese sido capturada por el campo de gravedad e la Tierra luego de un impacto que provocara la depresión de dicho océano.

 

Más bien, Katterfeld muestra en un par de gráficas, el proceso de formación de la Tierra, e inmediatamente después, el de la formación de la Luna.  En ese proceso, se formaron la litósfera y la hidrósfera bajo la ley de la actividad de los “círculos activos” formadores del relieve, como es el caso del círculo con centro en los 0°j, 10°lE; circunscrito al Meridiano Epirogenético de los 70°lW, 105°lW; o de su lado oriental, que rodea la actividad epirogenética de África, y su antípoda en el círculo de actividad talasogenética en el centro del Océano Pacífico, con centro en los 0°j, 165°lW, circunscrito al mismo Meridiano Epirogenético del lado occidental.

 

Hasta la actualidad, la Tierra ha tendido a eliminar su asimetría triaxial, que se hace particularmente evidente en la Proyección Cilíndrica Interrumpida, que muestra la distribución de los continentes con respecto al Meridiano del Eje Ecuatorial Menor (que pudiera decirse, a su vez, diámetro del Meridiano Epirogenético).

 

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12 abril 2015 7 12 /04 /abril /2015 22:01

Estructura-de-la-Sustancia.jpgComentario a, La Estructura de la Sustancia; de Karapetiants-Darkin, 1974.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

16 feb 13.

 

La obra de Karapetiants-Darkin, La Estructura de la Sustancia, 1974. Está dividida en cuatro grandes partes: 1) La estructura del átomo, 2) La ley periódica de los elementos de Mendéleiev, 3) Estructura de las moléculas y los enlaces químicos, y 4) Estructura de la sustancia en el estado de condensación.

 

Fue este libro en nuestra biblioteca personal, uno de esos libros que se adquieren porque se intuye que su estudio es esencial, aun cuando de momento no se tengan los elementos para entenderlo.  Intuíamos, en aquello años del segundo lustro de los años setenta, que el conocimiento de la estructura de la sustancia era esencial, pero que la real capacidad para entenderlo estaba algunos años por delante…, pero nunca nos imaginamos, ni podíamos hacerlo, que esos años sumarían cuasi cuarenta, pero para poder entender en su justa dimensión, simplemente, las tres primeras líneas de su Prefacio: “En el presente –dicen ahí Karapetiants y Darkin a mediados de los años setenta–, frecuentemente llamado período de la revolución científico-técnica, tiene lugar la reestructuración de las disciplinas científicas[1].

 

Y cierto, la geografía era una de esas disciplinas en reestructuración como consecuencia de esas determinaciones objetiva de la revolución científico-técnica (y nosotros estábamos convirtiéndonos, en esos años setenta, en uno de sus principales protagonistas en la insurrección).

 

Unas líneas más adelante, agregan: “Por otro lado, la teoría de la estructura de la sustancia se hace indispensable durante el trabajo en las ramas más diferentes de las ciencia y la técnica, desde la astrofísica hasta la agricultura”[2]., donde habría que explicitar: <<pasando  por la geografía>>, dado ese sentir de los geógrafos, de que su ciencia es ajena  a la problemática de las demás.  Si hubiésemos leído esas líneas en aquel entonces, simplemente no nos hubiera significado nada, ¿qué tendría qué ver la estructura de la sustancia con la geografía?  Si intuíamos la necesidad de este conocimiento, no era por las necesidades específicas de la geografía, sino por una simple razón de cultura.  Entender la estructura de la sustancia en geografía como algo indispensable, es algo que se fue formando cada vez con más atingencia, conforme comprendíamos la realidad y naturaleza del espacio.

 

Y no ha sido sino hasta luego del año 2011, en que empezamos a trabajar ya decididamente con la categoría de “estado de espacio”, que hemos podido valorar algo que en otra circunstancia hubiéramos considerado como algo totalmente ajeno: el Número de Avogadro; esto es, el número de átomos en un átomo-gramo de cualquier elemento.  Y de la misma manera, cómo el número de moléculas en una molécula-gramo de cualquier sustancia individual, es el mismo, y que ello no depende de la naturaleza de la sustancia ni de sus estados de agregación.  Y la razón de todo ello es simple: nada podríamos entender de la dialéctica del espacio, sin esas bases.

 

Así, por ejemplo, de la comprensión del Número de Avogardro, citando a Karapetiants y Drakin, éstos derivan dos conclusiones: “1) las cantidades tan pequeñas de sustancia que son casi separables en un microscopio óptico contiene una gran cantidad de átomos.  Por eso la sustancia macroscópicamente nos parece continua; y 2) cualquier sustancia, hasta la más pura, siempre contiene en calidad de impurezas, cierta cantidad de átomos de diferentes elementos”[3], todos los cuales tiene un mismo orden de magnitud, 10-8 cm (igual a 1 Amstrong), y su núcleo de 10-10 cm a 10-12 cm.  Conclusiones que van a ser de fundamental importancia para poder entender la realidad y naturaleza del vacío.

 

Por otra parte, en el extremo opuesto de la sustancia, en la naturaleza del campo, se hace interesante entender la composición de la energía lumínica como la emisión de “paquetes cuánticos” de energía, cuya magnitud depende de la frecuencia de la luz emitida; lo que, por demás, explica la dualidad corpuscular ondulatoria.

 

En realidad, todo lo hasta aquí dicho, no va más allá del capítulo I de la Primera Parte.  A partir de allí, el texto, como era de esperarse, se vuelve sumamente especializado, dándonos sólo una idea muy amplia de cultura general; hasta llegar a la Parte IV, “Estructura de la Sustancia en el Estado de Condensación”.

 

En la sola Introducción al capítulo, los autores estudian las leyes de temperatura y presión de los estados de agregación (y disgregación), de los estados básicos de la sustancia: sólido y líquido, ambos estados de condensación, y gaseoso, y apenas refiriéndose entre paréntesis al estado del plasma y algunas de sus propiedades más generales.

 

Los estados de agregación dependen de la distancia entre las partículas y de las fuerzas de interacción entre ellas, y en función de lo cual, se explica su diagrama de las fases de la sustancia en la relación temperatura-presión.

 

 

Diagrama de fases de la sustancia de Karapaetiants-Darkin, simplificado por el autor de este comentario.

 

Pasan, pues, , en el primer capítulo de su Parte IV, al estudio  del estado cristalino (sólido), de particular interés por nuestra parte, porque, en su origen, ello nos sirvió como modelo analógico para desarrollar nuestra teoría geográfica acerca del espacio geográfico, a partir de los estados de espacio; una categoría equivalente a la de estados de la sustancia y campos, pero en la que se expresan relaciones distintas; esto es, no las propiedades y leyes de las sustancia y campos, sino las propiedades y leyes del espacio.

 

En el modelo analógico destaca la propiedad de la anisotropía o vectorialidad en dependencia de la dirección  del cristal; la ley de la constancia de los ángulos diedros; la ley de los números enteros (“que corrobora –dicen textualmente Karapetiants y Darkin– la estructura discontinua de la materia”), la regla de la red cristalina (atómica o molecular, de 230 tipos de simetría interna), y su unidad estructural; los elementos de simetría: centros, ejes, (giratorios y de inversión), o planos; y los tipos de simetría externa (32).

 

Finalmente tratan sobre los estados líquido y gaseoso (amorfo), en los que destaca la propiedad de isotropía o comportamiento vectorial independiente de la dirección.

 

Como ahora se podrá entender sin dificultad, una obra fundamental para trazar la reestructuración de la geografía como ciencia.

 



[1]        Karapetiants-Darkins; La Estrucutra de la Sustancia; Editorial MIR, 1ª edición, 1974; 2ª edición, Moscú, 1979; p.9 (subrayado nuestro).

[2]        Ibid. p.9.

[3]        Ibid. p.18.

 

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11 abril 2015 6 11 /04 /abril /2015 22:01

Comentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (5/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 mar 13.

 

Del Cap. 2. La causa de los movimientos tectónicos.

 

El punto de partida en el análisis del origen de la superficie terrestre, en la deducción a la que llegó luego de todas las diversas mediciones de la esfericidad de la Tierra a lo largo de la historia, es el carácter triaxial de la masa planetaria, determinado no sólo por la actividad tectónica interna, sino por las condiciones cósmicas de la Tierra, esencialmente, en relación con la masa de la Luna.

 

Katterfel va a destacar un hecho que por bien sabido, suele pasar desapercibido en la relación causal planetaria: los cambios de velocidad en los movimientos de la Tierra, tanto en el muy conocido en la órbita de traslación, como en lo no bien precisado del movimiento de rotación.  Katterfeld vuelve a Kant para destacar el efecto de retardación de la rotación debida a la marea de la Luna.  Pero, además, Katterfeld aplica la hipótesis de la pulsación de la Tierra (como consecuencia de la actividad fisco-química interna expansiva, y la acción gravitatoria compresiva), y en este proceso, a su vez, se producen oscilaciones en la variación de la velocidad de rotación, de lo cual da la cifra de la variación del radio terrestre medio, en 12 cm (1897).

 

Así, en este juego de expansión-compresión se d, a su vez, un acomodo de la masa terrestre general, de modo que, dice Katterfeld, “una protuberancia que se hunde en la región ecuatorial, tiene como consecuencia necesaria una reducción prolongada en la compresión polar”.

 

Que la Tierra tenga estas variaciones en su forma y movimientos debido a sus causas físico-químicas internas como gravitacionales externas, se hacen lógicamente entendibles; pero donde la hipótesis de Katterfeld se empieza a dificultar, es cuando incluye causalidades tan sutiles como las variaciones de temperatura anuales como consecuencia de las posiciones de la Tierra respecto al Sol en su órbita elíptica; pero, más sutil aún, por la temperatura zonal del planeta.

 

Katterfel da hasta aquí una descripción meramente cualitativa, la cual simplemente nosotros traducimos en sus aspectos esenciales, de lo que +el llama “la historia del paneta dual Tierra-Luna”.  Éste considera que la Luna –dice él– “evidentemente” no ha estado siempre con nosotros, sino se formó cuando ya la Tierra tenía entre 800,000 millones y 1,000’000,000 de años de existencia, formada igualmente de la nube de gas y polvo protoplanetario, siguiendo la teoría de O.Y. Smith del “origen frío” de tal agregado.

 

En ese entonces, ambos astros se encontraban más cerca el uno del otro; a decir de Katterfeld incluso, a poco más del límite de Rochd, esto es, a poco más de dos diámetros de la Tierra medidos a partir del centro de la misma.

 

En la descripción de su hipótesis, Katterfeld, de momento, no nos da más datos.  Nada sabemos hasta aquí acerca de por qué o cómo la Luna se ubicó en esa posición sincrónica; pero tampoco nada sabemos acerca de lo que ocurrió (que no sea el alejamiento de la Luna), en el proceso de desfasamiento y retrogradación de la traslación de ésta.  Todo ello, hasta aquí, sólo se menciona como causa inicial, pero no como un proceso.

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5 abril 2015 7 05 /04 /abril /2015 22:01

Estructura-de-la-Materia--F.-Salvaggi--1966.jpgComentario Bibliográfico a, La Estructura de la Materia; de Filippo Salvaggi, 1966.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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08 feb 13.

 

Filippo Salvaggi, en su obra, La Estructura de la Materia, 1966, apunta desde su Introducción las primeras ideas acerca de ello en lo que culminó siendo la teoría de los elementos de Empédocles, retomada por Arsitóteles en su doctrina del hilomorfismo, es decir, por la cual se entendía que la  estructura de los cuerpos está dada por su sustancia y su forma, gracias a lo cual, son transmutables entre sí, formando compuestos a manera de transformación de un estado continuo que no admite el vacio.  Frente a tal teoría, estaba la teoría atomística de Demócrito, por la cual, por lo contrario, los cuerpos serían un  agregado discreto de partículas discretas, innúmeras en un medio continuo entendido como el espacio vacío.

 

El tema que Salvaggi trata tiene de origen un gran problema, que ciertamente no se da en él, y eso es aquí lo importante: prescindir del fundamento filosófico, sin el cual es muy susceptible identificar, equivocadamente, materia con sustancia.  Así, cuando tantos otros autores hablan de la estructura de la materia sin más aclaración y trámite, hay que salvar la posible confusión, entre que se estén refiriendo en una falsa identidad sólo a la “estructura de la forma sustancial”, o bien a la estructura tanto de la sustancia como del campo.  El  problema, pues, y que Salvaggi entiende bien, está en que el concepto de materia, es esencialmente una categoría filosófica, por la cual se entiende el todo de la realidad objetiva, y donde tanto la sustancia como el campo, son sólo dos de sus variedades o estados fundamentales más generales y esenciales.  Sólo que, ante ello, Salvaggi va a adoptar una posición muy especial que deriva de su formación como teólogo y filósofo, como catedrático durante los años cincuenta a sesenta, de la Universidad Pontificia Gregoriana en Italia.

 

A lo largo de seis capítulos estudia la teoría atomística, y en el séptimo y  último capítulo  aborda el punto de la “Estructura del Espacio y del Tiempo”, que es, finalmente, el tema de nuestro interés especial.

 

Sin embargo, al capítulo de sus conclusiones le asigna un título: “Estructura Física y Estructura Metafisica de la Materia”, y es ahí, en donde está la exposición filosófica necesaria para entender su disertación sobre el concepto de “estructura de la materia”.

 

Y como era de esperarse, no deja de ser asombrosa la argumentación de su fundamentación teórica.  Cuando empieza a exponer sus fundamentos gnoseológicos, uno creería estar leyendo a un científico materialista filosófico de los más puros: “Uno de los aportes más netos, universales y maravillosos –apunta Filippo Salvaggi–, que  nos presenta la concepción actual de la materia es el de una realidad material dominada fundamental y universalmente por leyes racionales y matemáticas, mediante las cuales incluso la casualidad, que no queda en modo alguno eliminada, viene regida por  rigurosas leyes estadísticas…, pero medidas, que  lamente humana no impone a las cosas nomotéticamente, sino las lee impresas en ellas…”[1].

 

Cualquier filósofo o pensador materialista bien podría  suscribir tal afirmación.  Pero he ahí quela cita remata con una idea adicional que  lo invierte todo: “…impresas en ello por una racionalidad superior e invisible”[2].  Y la ciencia se hace teología, y la física metafísica, como la luz oscuridad.  Es la forma en que el pensamiento idealista, la teología y el oscurantismo se actualizan, se adecuan a las nuevas ideas, y vuelven, una y otra vez, a su propósito alienante.

 

Así, Según Salvaggi, el concepto de sustancia, es una categoría metafísica, reducida a “sustancia material”  A partir de aquí Salvaggi se adentra en una disertación metafísica discutiendo el concepto de Parménides, para llegar a la conclusión de que la metafísica, debe complementar a la física para un conocimiento verdadero.

 

Aclarado tal fundamento de interpretación, entonces puede entenderse más  fácilmente su  posición respecto a la estructura del espacio y del  tiempo.  Remitiéndonos al origen empírico de las formas de espacio y tiempo, Salvaggi apunta la primitiva pregunta: “¿Dónde está puesta la Tierra?”, y seguidamente da la antigua respuesta: <<Sobre los hombros de Atlante…, parado sobre un elefante…, puesto sobre una tortuga…>>.  Y  citando textualmente a Salvaggi, éste dice: “…Kant hizo ya notar que si tratamos de eliminar de la fantasía todo  objeto  particular, todavía quedaría siempre, mientras la fantasía esté en acto, un espacio imaginario, como el vago fantasma de un vacío  oscuro e indefinido, capaz de ser nuevamente rellenado con objetos imaginarios”[3].  Empíricamente, pues, en una milenaria y espontánea práctica social, intuitivamente el espacio se convierte en sistema de referencia de las posiciones y movimientos de las cosas.

 

Con  el paso de los sistemas geocéntrico de Ptolomeo al sistema heliocéntrico de Copérnico, ese empírico espacio momentáneamente pasó de ser empíricamente absoluto, a empíricamente relativo; pero con Newton recobró nuevamente su carácter absoluto al desechar ambos sistemas, supliéndolos por la noción, ahora, del vacío absoluto.  Y sólo un  eterno horror vacui, volvió a llenar el vacío con el  misterioso éter.

 

Demostrada la inexistencia del éter, el terror del vacío se volvió a apoderar de aquellos que corrieron a asirse de cualquier cosa para no caer en ese “tenebroso”, “oscuro” y “abismal” medio, y pronto Einstein dio la solución a esos temores: logró identificar la masa inercial con la masa gravitacional, y con ello se pudo prescindir de todo sistema de referencia exrtínseco y privilegiado, para solo expresar el fenómeno –dice Salvaggi– mediante coordenadas intrínsecas llamadas gaussianas.

 

Si la relatividad particular había fundido en uno el espacio y el tiempo como el espacio-tiempo cuadridimensional; la relatividad general, fundió ese espacio-tiempo con la masa.  Así, la masa dejó de ser extrínseca al sistema espacio-temporal, formando un único continuo gaussiano, como Salvaggi lo refiere, de modo que el campo gravitacional de dicha masa, determina la geometría intrínseca del sistema.  El sistema de coordenadas de referencia dejó de ser rígido y de patrones invariables, para ser flexible y alterable; y, a decir de Salvaggi, denominado metafóricamente por Einstein como “molusco de referencia”.

 

Ese “molusco” es el continuum einsteniano, el cual no admite el vacío, y el movimiento debido a las diferencias de densidad entre los diversos estados de la materia.

 

Como puede verse en la gráfica siguiente, esos estados de densidad caen muy rápidamente del sólido: 5,515 kg/m3 para el planeta Tierra, a 1.0 kg/m3 para el agua, y a 1.2 kg/m3 para el aire.  Para el plasma y estados de inferior densidad, se expresan en valores superiores a 10-6 kg/m3.  Se llega al punto en que desaparece la masa, o esta se expresa como masa en reposo nula, siendo allí el “molusco” todo energía.

 

En el espacio interestelar, en 10 kp (un volumen de 30,000 años-luz por lado), puede encontrarse un solo átomo…; tenebrosamente, otra vez, todo lo  demás será el terrorífico vacío (-p), un vacío relativo, pues estará lleno, por lo menos, del campo gravitacional (+p); de donde el mismo Einstein explicó (y cómo entenderle cuando dice que sí, pero que siempre no), en función del vació (-p), la constante cosmológica, por la cual el vacío es una energía que tira opuesta a la gravedad; es decir, podría decirse, que el vacío es una gravedad con signo opuesto…; o bien, que la gravedad es el vacío con signo y sentido opuesto.  Y el angustiante horror vacui, es que su fantasma representa poco más del 70% de la composición del Universo.

 

Siguiendo la metáfora del continuum de Einstein como un “molusco”, resultaría que ese “molusco”, en un 70%, “no existe” (es metafísico); o bien, existe, pero sólo como campo de gravedad.

 

Quien tema al fantasma del vacío, la próxima vez que vea un átomo, habrá que asirse firmemente a él y ya no soltarlo jamás, pues es la única garantía de no precipitarse al insondable y frío abismo del vacío… (aun cuando la mayor parte del átomo mismo, tiene a su vez, dicha condición*).  O la otra opción, será aceptar el vacío, entendido como una forma más de las infinitas formas de movimiento de la materia, y gravitar en él, como quien se sumerge y flota en las aguas de un placentero estanque.

 



[1]        Salvaggi, Filippo; La Estructura de la Materia; 1° edición, 1966; 2° edición, Editorial Herder; Barcelona, 1970; pp.252-253.

[2]        Ibid. p.253.

[3]        Ibid. p.221.

*        Claro que, luego de este dato, solo queda escuchar un aterrador grito que se pierde en la oscura y fría lejanía…

 

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4 abril 2015 6 04 /04 /abril /2015 22:04

Comentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (4/…)

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05 mar 13.

 

Del Cap. 2. La causa de los movimientos tectónicos.

 

El punto de partida en el análisis del origen de la superficie terrestre, en la deducción a la que llegó luego de todas las diversas mediciones de la esfericidad de la Tierra a lo largo de la historia, es el carácter triaxial de la masa planetaria, determinado no sólo por la actividad tectónica interna, sino por las condiciones cósmicas de la Tierra, esencialmente, en relación con la masa de la Luna.

 

Katterfel va a destacar un hecho que por bien sabido, suele pasar desapercibido en la relación causal planetaria: los cambios de velocidad en los movimientos de la Tierra, tanto en el muy conocido en la órbita de traslación, como en lo no bien precisado del movimiento de rotación.  Katterfeld vuelve a Kant para destacar el efecto de retardación de la rotación debida a la marea de la Luna.  Pero, además, Katterfeld aplica la hipótesis de la pulsación de la Tierra (como consecuencia de la actividad fisco-química interna expansiva, y la acción gravitatoria compresiva), y en este proceso, a su vez, se producen oscilaciones en la variación de la velocidad de rotación, de lo cual da la cifra de la variación del radio terrestre medio, en 12 cm (1897).

 

Así, en este juego de expansión-compresión se d, a su vez, un acomodo de la masa terrestre general, de modo que, dice Katterfeld, “una protuberancia que se hunde en la región ecuatorial, tiene como consecuencia necesaria una reducción prolongada en la compresión polar”.

 

Que la Tierra tenga estas variaciones en su forma y movimientos debido a sus causas físico-químicas internas como gravitacionales externas, se hacen lógicamente entendibles; pero donde la hipótesis de Katterfeld se empieza a dificultar, es cuando incluye causalidades tan sutiles como las variaciones de temperatura anuales como consecuencia de las posiciones de la Tierra respecto al Sol en su órbita elíptica; pero, más sutil aún, por la temperatura zonal del planeta.

 

Katterfel da hasta aquí una descripción meramente cualitativa, la cual simplemente nosotros traducimos en sus aspectos esenciales, de lo que +el llama “la historia del paneta dual Tierra-Luna”.  Éste considera que la Luna –dice él– “evidentemente” no ha estado siempre con nosotros, sino se formó cuando ya la Tierra tenía entre 800,000 millones y 1,000’000,000 de años de existencia, formada igualmente de la nube de gas y polvo protoplanetario, siguiendo la teoría de O.Y. Smith del “origen frío” de tal agregado.

 

En ese entonces, ambos astros se encontraban más cerca el uno del otro; a decir de Katterfeld incluso, a poco más del límite de Rochd, esto es, a poco más de dos diámetros de la Tierra medidos a partir del centro de la misma.

 

En la descripción de su hipótesis, Katterfeld, de momento, no nos da más datos.  Nada sabemos hasta aquí acerca de por qué o cómo la Luna se ubicó en esa posición sincrónica; pero tampoco nada sabemos acerca de lo que ocurrió (que no sea el alejamiento de la Luna), en el proceso de desfasamiento y retrogradación de la traslación de ésta.  Todo ello, hasta aquí, sólo se menciona como causa inicial, pero no como un proceso.

 

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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 22:01

Comentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 mar 13.

 

Del Cap. 1.  La figura de la Tierra

 

En realidad no es un capítulo con algo que sorprenda, es el obligado antecedente, que en su estilo de libro académico, pareciera que esos antecedentes, más que como una necesidad intrínseca de la teoría, se establecen como un protocolo formal en el que se recoge en ello una muy breve y general historia de la geodesia.

 

No obstante, en unas breves líneas en un pasaje, Katterfeld comenta que, a la acción de fuerzas continuas como la gravedad, los cuerpos sólidos se comportan como si fuesen líquidos, mientras que éstos lo hacen como si fuesen sólidos.

 

Este breve pasaje es de notable importancia en nuestra teoría del espacio geográfico como el vacuum de un radio de 320,000 km desde el centro de la Tierra, ya que en éste lo determinante es precisamente esa fuerza continua del campo de gravedad, en el cual, en consecuencia, el estado sólido de la Tierra, estaría comportándose como líquido, en todo caso, quizá de una alta densidad y por lo tanto de elevada viscosidad, y ello constituye un importante principio en la teoría de los estados de espacio.

 

En esta historia, Katterfeld se detiene, por supuesto, en el caso de Newton y luego en su polémica con Cassini y Huygens.  De todo ello, Katterfeld llega al punto de que la Tierra posee un carácter triaxial, pues, aparte del eje polar (de rotación), tiene dos ejes ecuatoriales, de modo que éste no es incluso un elipsoide regular, sino un ovoide.

 

Katterfeld da cuente de los elipsoides de referencia usados, pasando de ahí a la explicación de la asimetría de los hemisferios, en donde al ser más comprimido el hemisferio sur, ello da lugar a que, sobre la base del elipsoide  que en su condición triaxial adopta la forma ovoide, la asimetría del hemisferio hace luego del ovoide una figura cardioide, estableciendo, en consecuencia, que debe haber una distribución de fuerzas gravitacionales diferenciadas en los dos hemisferios; y ello como consecuencia de las fuerzas centrífuga en el movimiento de rotación, una fuerza asimétrica de la misma, y la acción de la marea lunar que hace hasta el cinco porciento de diferencia entre ambos hemisferios (mencionando que cuando la Luna estaba más cerca, esta diferencia era decenas de veces mayor).

 

Luego Katterfeld pasa al examen de la estructura interna de la Tierra, deteniéndose en el examen de la estructura particular de la Corteza Terrestre.

 

En ello, para los inicios de los años sesenta en que Katterfeld exponía este análisis, recién se descubría la diferencia litológica entre el fondo oceánico y las masas continentales.

 

Se afirma, en el punto en que se hacen algunas comparaciones estructurales entre la Tierra y particularmente con la Luna y Marte, que Marte carece de Núcleo, y que la Luna carece de campo magnético.

 

De todo este último análisis, establece que la “litosfera no es el resultado de una corteza de escoria solidificada rápidamente en la superficie del material ígneo, sino más bien el producto de un prolongado proceso físico-químico y de gravitación diferencial dada desde la sustancia del manto”, con lo que Katterfeld descarta así, finalmente, una a una las anteriores hipótesis del origen de la superficie terrestre.

 

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22 marzo 2015 7 22 /03 /marzo /2015 23:01

Simetria-del-Espacio-Geografico--Proyeccion-Ecuatorial.jpgComentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 mar 13.

 

 

Katterfeld comienza diciendo lo necesario: “La Tierra está sometida a fuerzas de deformación y deriva”.   Pero cuando la geología contemporánea aún habla de esas fuerzas y esa deriva de la tectónica de placas exclusivamente, esa geología y geofísica están dejando de lado una gran cantidad de aspectos concordantes en la relación causal; y en su omento, ya Katterfeld se refirió a esos aspectos adicionales, como la rotación de la Tierra, la pulsación de compresión-expansión del planeta como efecto de la acción gravitatoria y la acción físico-química interna, formándose lo que Katterfeld llama <<líneas de máxima presión originadas desde el manto>>, que se han dado a lo largo de enormes períodos de tiempo.  A ello, hoy en día, habría que agregar los efectos de resonancia del campo magnético terrestre (conocido desde tiempos de la Guerra Fría y mantenido en secreto militar, pero que recientemente la ciencia civil independientemente ha podido descubrirlo).

 

Luego, la esencia en la teoría de la simetría de la superficie terrestre de Katterfeld, se enuncia en el hecho de que esas <<líneas de máxima presión>>, producen como efecto las “antípodas” –dice Katterfeld– de la formación del relieve terrestre: elevación de masas de tierra en un lado, compensadas con masas de agua en depresiones en el lado opuesto; así como la configuración de “cuña” de los continentes en el extremo sur; las zonas específicas de actividad volcánica; y las mareas lunares.

 

La obra de Katterfeld va dirigida específicamente, “a los estudiantes de geografía y geología”, como a todos los que están tratando de ampliar el conocimiento de nuestro planeta “que –dice Katterfeld– en muchos aspectos se mantiene enigmático”.

 

Refiriéndose a la geología, el autor menciona cómo ésta “no suministra ninguna respuesta a la cuestión de qué provocó la formación y distribución actual de las principales formas del relieve terrestre y los océanos, los continentes y las montañas” (subrayado nuestro).  Y es que, precisamente en ese subrayado nuestro esta el fondo de la explicación de por qué la geología no responde a ello; y es que, decimos nosotros, simplemente, <<ese no es cuento de la geología>>.  La distribución, es una propiedad espacial, luego, entonces <<es cuento de la geografía>>.  Y en este punto Katterfeld va a referirse a uno de los aspectos más esenciales y trascendentes para poder entender los derroteros de la geografía moderna: “…el esclarecimiento y explicación de las leyes que rigen la distribución de las principales formas del relieve terrestre y de la estructura de la litósfera del planeta –apunta Katterfeld, con ese subrayado nuestro–, no son menos importantes que el estudio de los procesos mediante los cuales las estructuras entraron en existencia…”; esto es, lo que con ello nos está diciendo Katterfeld, es que el descubrimiento de las leyes geográficas, no son menos importantes  que las leyes geológicas.

 

Pero en este pasaje, en un punto y seguido en el texto, hubo algo más, aún de mayor importancia y esencialidad, que hace el fundamento de nuestra teoría del espacio geográfico: “Si bien –agrega Katterfeld– puede ser que esas leyes no sean propias de nuestro propio planeta”; y Katterfeld refiere particularmente una homología con el planeta Marte, pero en ello va a estar la relación causal de la Luna.

 

Nuestro autor destaca que este intento de formular tales leyes geográficas viene, sin éxito, de fines del siglo XIX y principios del siglo XX (y refiere a Lowthian Green, 1875; y a W Pickering, 1907), dado que; apunta Katterfeld con la misma idea que nosotros hemos tenido al respecto: el problema de las leyes del espacio geográfico, es “uno de los más difíciles de analizar”.

 

Pero, dice Katterfeld, las bases de la teoría existe: las hipótesis de la rotación (A. Bem, 1910); de la pulsación (Bucher, 1933-1939); y de la diferencialidad de las masas abisales (W. Belusov y Van Bemelen, 1954).  “En la actualidad –dice el autor en 1962–, tales cuestiones están comprendidas en el ámbito de una nueva morfotectónica del planeta”.  Esto es que, con todo, atrapado en su tiempo, en su momento histórico, Katterfeld, sin una teoría desarrollada de la geografía como ciencia, atribuye su esencial teoría geográfica (espacial), a un ámbito d una “nueva morfotectónica”, es decir, a un ámbito esencialmente geológico, por más que, dicho en las propias palabras de Katterfeld al final de su Prefacio redactado en 1960: “Como en ninguna otra ciencia, nos encontramos ante fundamentales fenómenos, que (son) clara y suficientemente llamativos (a tal punto que), cuando se presentan en un mapa, siguen siendo enigmáticos”.

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15 marzo 2015 7 15 /03 /marzo /2015 23:01

1960-La-Faz-de-la-Tierra-y-su-Origen--G.N.-Katterfeld--1969.jpgComentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (1/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 mar 13.

 

El trabajo de Gennady Nikolaevich Katterfeld, La Faz de la Tierra y su Origen, que viene en su formulación como teoría desde 1953 y se presenta aquí en sus 125 cuartillas editado en 1962, resulta ser una de esas obras esenciales en la comprensión de los fundamentos teóricos de –en este caso– la geografía como ciencia moderna.

 

Dicho estudio acerca de la superficie de la Tierra y la explicación de su origen, significa, no más, no menos, que el eslabón de continuidad práctica de la “geografía espacista” de Paolo del Pozo Toscanelli y Martin Behaim, a Gemma Frisius y Gerardo Mercator, y de estos a Nicolás Sansón y Philippe Bauche, para culminar en ese periodo con José Antonio de Alzate y Ramírez y Miguel de Herrera; geografía que se quedó olvidada al concluir el siglo XVIII.

 

Nuestra primera aproximación al trabajo de Katterfeld fue a través de la obra Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, de Alexandr Maximovich Riábchikov, de 1976, incluso cuya cubierta se ilustra con las figuras acerca de la simetría de la superficie terrestre elaboradas por Katterfeld.

 

Sin duda, había algo que nos llamaba profundamente la atención: el que se hacía uso de estas figuras, pero en el cuerpo de la obra de Riábchikov apenas se asociaban a las leyes de la zonalidad y sectorialidad planetaria, figuras las cuales, además, ajenas a su naturaleza acerca de la simetría y origen de la superficie terrestre, daban un giro a una explicación en dependencia fenomenista.

 

Lo que ocurría ahí, era el efecto del “geógrafo clásico” de los últimos dos siglos: el tomar de aquí y de allá a retazos para darle un cariz científico a su simple descripción.

 

No obstante, Riábchikov no falta a la ética profesional, pues claramente refiere a G.N. Katterfeld como el autor de tales gráficos a partir, dice él, de su hipótesis rotacional; aun cuando Riábchikov se confunde en esta observación, pues, por palabras del mismo Katterfeld, él, primero, retoma la hipótesis rotacional refiriendo como a su creador al geógrafo A. Bem, en 1910, de la Universidad de Chernovtsy; y, segundo, el que Katterfeld no sólo parte de dicha hipótesis rotacional de Bem, sino que retoma la síntesis de ésta y otras dos hipótesis más: la hipótesis de la pulsación de la Tierra, y la hipótesis diferencial de material terrestre abisal, que por primera vez las sintetiza Y.V. Bykhanov, en 1877, según apunta el mismo Katterfeld.

 

Nuestra vista pasó por el nombre de “G.N. Katterfeld” referido varias veces por Riábchikov, como pasó por sobre el nombre de muchos otros autores ahí citados, y muy poco nos dijo la explicación que Riábchikov hace de las figuras de Katterfeld, cuyo nombre era el de un autor más al que muy difícilmente podríamos remitirnos, y por lo tanto, al que poca atención prestamos.

 

Katterfeld publica su trabajo en 1962, y la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) de los Estados Unidos, se hace de él en una traducción al inglés en 1969, permaneciendo ahí perfectamente clasificado, hasta que ésta lo instala en la Red Internacional de Información (Internet), el 23 de marzo de 2012 (¡apenas justo hace una año!); de donde finalmente nosotros nos pudimos hacer de él a su vez, apenas en los últimos días de febrero de 2013, pudiendo valorarlo entonces en su justa importancia, tal cual más arriba lo hemos referido.

 

La teoría de la simetría de la superficie terrestre de Katterfeld, si bien es un eslabón fundamental en la línea de desarrollo de la “geografía espacista”, también es cierto –y esto nos será particularmente de esencial importancia– que, aun cuando Katterfeld alude a las leyes que vienen de fuera de la Tierra misma, es decir, que va a depender por entero de las relaciones en un sistema binario de astros, el sistema Tierra-una; Katterfeld va a remitir todo exclusivamente al origen y formación de la superficie terrestre.  Y se entiende, porque ese es su propósito explícito; pero he ahí, que dicha teoría es ahora fundamento clave para nuestra teoría del espacio geográfico, que no se reduce así a la superficie terrestre ni a su espacio adyacente atmosférico e incluso exosférico inmediato, sino que va más allá, apenas determinando sus límites, precisamente, en la interacción del campo de gravedad de la Tierra con el campo de gravedad de la Luna.

 

 

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24 marzo 2013 7 24 /03 /marzo /2013 23:04

Estrabón; GeografíaComentario a la Introducción de Arturo A. Roig, a los “Prolegómenos de la Geografía”, de Estrabón. (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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25 dic 12.

 

Al tratar de entender un poco más qué caracteriza esa nueva descripción geográfica en Estrabón, que se distingue de la descripción geográfico-corográfica de Esratóstenes, Aeruro A. Roig nos aporta otro pasaje importante.  De todos los autores que Estrabón menciona, “tal vez por su influencia sobre Estrabón, el más importante sea el historiador Eforo.  Este no narra, como hace Tucídides, hechos históricos que habían tenido por teatro una región muy reducida y además muy conocida, lo que la eximía de hacer descripción geográfica…”[5].  Y, en efecto, Tucídides (460-395), hizo la Historia de la Guerra del Peloponeso, tratando de explicar sus causas; no necesitaba estrictamente, de una descripción geográfica acerca de la región de Corinto, a diferencia de Estrabón, que trata de todo lo relativo a los límites del Imperio, desconocido, desconocido en general, geográficamente por la amplia mayoría.  A decir de Roig, Estrabón reproduce el método de la historia de Eforo en una <<unidad orgánica y viva de ambas disciplinas…>>, frase no casual en Roig, que caracteriza la estructura de la geografía de Estrabón, precisamente así, como una “unidad orgánica viva”, por la cual la geografía estraboniana ha de entenderse a semejanza de un ser orgánico vivo, en lo cual, “ni las matemáticas, ni la astronomía –y paralelamente ni la catografía– fueron centros de interés del geógrafo de Amasia”[6].  Es desde ahí que Estrabón critica la geografía de Eratóstenes de “un saber <<cientificista>> –apunta Roig siguiendo a Estrabón– que no distingue por eso mismo entre el objeto propio de la geografía y el de las matemáticas…”[7]; y bien visto, no tenía por qué hacerlo, dado que la geografía de Eratóstenes, se postula como un saber físico-matemático, y eso será de fundamental importancia para pode entender las características y propiedades de la descripción geográfico-corográfica de Eratóstenes (como de toda la geografía anterior), en principio entendida, como apunta Roig, como “descripción empírica de los lugares”, lo cual Roig lo deduce de un texto de Hiparco, en donde, además de referirse ésta a la necesidad de la astronomía y la geometría, “cuando expone las formas, las magnitudes, las distancias y las inclinaciones (latitudes), como también el calor y el frío y, en general, la naturaleza del medio ambiente…”[8].  De ello se desprende que la descripción geográfico-corográfica o corológica de Eratóstenes, es eminentemente, una descripción espacial; que se distingue de la descripción fenomenista geográfico-histórica de Estrabón, en la cual, asienta Roig, “la Historia…, es una ciencia auxiliar más de la geografía”[9].

 

De esa concepción de la geografía en Estrabón, como “Geografía Humanista”, “Histórica” o “Política”, derivará, necesariamente, la “Geografía Física”, y de ello, una fragmentación innúmera, que lleva al mismo Estrabón a referirse a la geografía como una “kolossurgía”, refiere Roig, explicando el significado de ello como “obra colosal”, que anticipa las pretensiones de Ritter, atribuidas a su vez a Humboldt, desde principios del siglo XIX.  Y a ello Roig se refiere como “un saber de síntesis que exige <<colocar en conjunto ante la vista>> los diversos fenómenos, en una visión sinóptica…”[10].

 

Que la geografía implicara la síntesis de un conocimiento, no tiene nada de particular, eso es asunto de todas las ciencias.  El problema que se le planteaba a la geografía, era entender no sólo qué tipo de síntesis (si lógica o combinatoria), sino acerca de qué tipo de conocimientos se refería.  Y por mucho tiempo esa síntesis se entendió como procedimiento combinatorio (que primero ha fragmentado la geografía, y luego ha pretendido reunirla mecánicamente); y se referirá a la “visión de conjunto” de todos los fenómenos.

 

Sólo muy recientemente hemos podido elaborar esa geografía como síntesis lógica deducida de los esfuerzos históricos, particularmente a lo largo del siglo XX, y de una “visión de conjunto” de los fenómenos, pero éstos, en tanto estados de espacio.  Lo cual, finalmente, da explicación científica rigurosa a la “descripción geográfico-corológica empírica de los lugares”, ahora como “descripción teórica del espacio terrestre”, entendido como el conocimiento teórico del espacio terrestre.

 

[5]        Ibid. p.XXII (subrayado nuestro)

[6]        Ibid. p.XXIV.

[7]        Ibid. p.XXVII.

[8]        Ibid. p.XXVIII (en Estrabón: Libro I, I,1, 12-13, cf también 1,21).  Aquí el concepto “medio ambiente” (que nos parece se introduce hasta fines del siglo XX, y que se toma de Estrabón, §13; podría ser un asunto de traducción que se reduciría al concepto de la naturaleza.

[9]        Ibid. p.XXXII.

[10]       Ibid. p.XL.

 

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17 marzo 2013 7 17 /03 /marzo /2013 23:02

Comentario a la Introducción de Arturo A. Roig, a los “Prolegómenos de la Geografía”, de Estrabón. (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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25 dic 12.

 

Estrabón (65 ane-25 dne), nace, vive y produce su obra en el mismo momento del nacimiento, vida e imperio de Cesar Augusto (63 ane-14 dne), y a la muerte de éste, la última década de la vida de Estrabón fue bajo el imperio de Tiberio.  Su obra es una mezcla de historia y geografía, la primera, perdida, y la segunda, de una enorme influencia en su tiempo y después de su tiempo.  Dicha mezcal es caracterizada por Arturo A. Roig, quien hace un estudio introductorio a sus Prolegómenos, como “una conexión entre lo geográfico y lo humano”[1], y Roig se refiere a dicho autor no como un explorador que se lanza a lo desconocido, sino como un viajero, de donde se forma su interés intelectual: “su deseo parece ser el de escribir una especie de historia de la civilización compuesta siguiendo un plan geográfico…”[2].

 

Arturo A. Roig atribuye a Estrabón el hacer conciencia dela relación “hombre-Naturaleza”, y es sobre la base de este principio que nace en él, en esa medida de lo histórico y lo geográfico, la “geografía humana”; y este será el punto central de toda la discusión histórica respecto a Estrabón.

 

Desde su maestro Posidonio, otro geógrafo viajero que se había vista atraído por las diferentes costumbres entre las culturas de pueblos alejados entre sí, la Geografía, que hasta entonces parecía una identidad por no más que un tipo de conocimientos objetivos e históricamente dados, que giraban en torno al conocimiento de la Tierra expuestos en los mapas, comienza a ser diferenciada; Posidonio hacer ver que hay algo más que la geografía debe considerar, y justamente son esos aspectos humanos.  Ello se convierte en una poderosa influencia en Estrabón, quien ya con firmeza rechazó la geografía de Eratóstenes como de HIparco, en los que, al parecer, por lo que de la crítica de Estrabón a éstos se desprende, ya se hacía esa “descripción empírica de los lugares”, en lo que se denominaba como corografía, justo lo que es superado, a decir de Roig, por la geografía de Estabón, en donde esos conocimientos adquieren “un estado de ciencia universal”[3].

 

Así, pues, de ello se desprenden dos puntos de esencial importancia teórico geográfica: 1) la geografía, tanto de Eratóstenes como de Hiparco, y por extensión, de esa geografía que se delimitaba y definía por lo objetivo e históricamente dado, pudiendo atribuirse a todos los demás geógrafos anteriores hasta Anaximandro, no se reducía a un simple trabajo cartográfico único, sino que éste iba acompañado de una descripción denominada corografía; y 2) Estrabón lleva esa corografía o descripción geográfica, a la categoría de narrativa histórica.

 

Con ello, Estrabón hizo algo más que su maestro Posidonio al ver éste algo diferente en la identidad objetiva e históricamente dada de la Geografía hasta entonces: Estrabón hizo ver en esa diferencia, una contrariedad, por la que la geografía, en adelante, habría de entenderse, ya en su forma clásica eratosténica, o bien en su forma estaboniana.  Y esa diferencia no sólo era de una “descripción corográfica” o una “narrativa histórica”, sino de una geografía con fundamentos físico-matemáticos, o una geografía con fundamentos histórico-humanistas.  Se originó así, en su simiente, la contradicción histórica esencial del pensamiento geográfico, que se haría tal (plenamente contradicción como negación de un opuesto por el otro), justo hacia fines del siglo XVIII y principios del XIX, y que, con algunas variantes, aún se manifiesta con enorme fuerza  en nuestros días.

 

Acerca de ello, es relevante el hecho que Roig destaca cuando dice de Estrabón: “…cae en una erudición un tanto excesiva…, que convierte en algún momento su geografía en una exégesis literaria…”[4].  Y pareciera que esa geografía estraboniana estuviese destinada a reducirse a ello, pues hoy en día la hemos caracterizado precisamente así, como una “geografía literaria”, no por esta frase de Roig, sino por su posición “posmodernista” por la que Edgar Morin así caracteriza la forma o método de exposición del conocimiento , en este caso, geográfico, como parte de “los saberes”.

 

 


[1]        Roig, Arturo A; Introducción; en, Estrabón; “Geografía. Prolegómenos”; Editorial Aguilar; México, 1980: p.XIV.

[2]        Ibid. p.XIV.

[3]        Ibid. p.XVIII.

[4]        Ibid. p.XX.

 

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