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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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16 agosto 2010 1 16 /08 /agosto /2010 08:04

1953 Tamayo, Jorge L; Geografía Moderna de MéxicoComentario a,

Ing. Jorge L. Tamayo,

Geografía Moderna de México, 1953.

  Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over.blog.es/;

México, 26 ago, 2010.

 

Un aspecto de la mayor importancia en la organización del proceso del conocimiento geográfico y de la ciencia misma de la Geografía –lo hemos dicho ya en alguna otra parte– es la precisión de sus campos de trabajo e investigación: 1) el de la geografía teórica, 2) el de la geografía aplicada, y 3) el de la geografía operativa, o de ingeniería geográfica.

 

La ciencia en el mundo capitalista es especialmente limitada, entorpecida, de dificil despliegue fuera de los laboratorios de los grandes monoplios realmente intereados y capaces de financiar no sólo esa investigación operativa utilitaria, sino incluso la investigación teórica, no por nada nombrada con el sinónimo de “investigación de punta” o “investigación básica”, pues sin ella no habría dirección de investigación, y nuevos planteamientos a resolver en lo práctico.  De ahí que el concepto mismo de “investigación teórica”, sea enredado y confundido, traduciéndose como “ciencia pura”, ajena a aspectos prácticos utilitarios; otro tanto igual, pero en sentido opuesto, pasa con respecto a la “investigación aplicada”, que incapaz de desplegarse, se enuncia como “ciencia aplicada”, contrapuesta y separada, o desconectada de la “ciencia pura”.

 

Cada uno de esos niveles de investigación reclama del geógrafo cierta especialización dada en sus capacidades; ya de la alta abstracción filosófica en el primer caso; ya de la capacidad de traducción de esas abstracciones en la elaboración de modelos que tiendan a la posibilidad de aplicarse y resolver problemas; o bien, en el último caso, ya del compromiso directo en la solución práctica, real y concreta, de algún problema.  No es, por lo tanto, uno u otro aspecto, como en la historia de esta ciencia se ha planteado, sino la expresión de todo ello en el mismo cuerpo de teoría de una sola ciencia, a manera de una división social del trabajo.

 

No es menos el geógrafo teórico (aparentemente “siempre en las nubes” hablando de “cosas raras”), por no asumir el compromiso directo de resolver algún problema práctico; pero tampoco es menos el geógrafo operativo (aparentemente “cuadrado a soluciones prácticas” sin tener la “menor noción del fundamento de lo que hace”), por su hacer, tal cual las abejas acumulan miel, sin expectativas del desarrollo positivo de la ciencia; como tampoco será menos el geógrafo aplicado (aparentemente “ecléctico” y por ello “centrado en el justo medio”), que ni teoriza ni resuelve en la práctica.  Justo por las virtudes de unos en relación con las limitaciones de los otros, es que la ciencia en su conjunto se estructura de tal modo en dichos tres campos de trabajo e investigación.  La madurez de una ciencia se refleja en esta organización interna, que no es producto de ningún decreto, sino del trabajo mismo de los geógrafos, el que, en todo caso, habría que organizar.

 

Así es como reflexionamos a la luz de nuestra experiencia respecto, en esta ocasión, por ejemplo, al Ing. Jorge L. Tamayo (1912-1978); figura de la mayor importancia en el conocimiento geográfico en México, y del que, aparte de saber que fue Ingeniero (sin que sepamos en qué), y que entre otros trabajos geográficos nos dejó el Libro de Texto que ahora insertamos en esta portada, sólo sabemos eso; en mucho, creemos, por ser un geógrafo, no en vano ingeniero, vinculado a la geografía operativa; y de ahí, seguramente, que no lo conociésemos en la aulas o en las disertaciones universitarias.

 


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