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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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11 octubre 2010 1 11 /10 /octubre /2010 00:05

Geografía,

y Viabilidad Institucional de la Geografía.

  Ensayo, 1992 (5/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 25 oct 10.

 

Respecto a la primer pregunta (cuáles son los intereses y necesidades de la sociedad, susceptibles de ser satisfechos por el saber geográfico); podríamos responder que en este momento histórico (visto hacia fines de 1991), la sociedad demanda del saber geográfico, el ordenamiento espacial, la planificación, la evaluación y política de resguardo de los recursos naturales.  En cuanto a la segunda pregunta (cuáles son los intereses y necesidades del Estado a satisfacer igualmente con el saber geográfico), los intereses y necesidades del Estado –sin olvidar su naturaleza capitalista–, no se alejan mucho de demandar lo mismo al saber geográfico.

 

Esto, para cualquier geógrafo de hoy en día, pudiera parecer obvio (y hasta una “deducción estúpida”, por “evidente”); pero los geógrafos de hoy en día deben saber –porque en esa misma razón de proporción lo desconocen–, en primer lugar, que estos intereses y necesidades demandadas a la Geografía, no siempre han sido las mismas, ni las únicas posibles.  Hubo un tiempo en que esos objetivos se centraron en un mera relación estadística, en el inventario sin mayor evaluación ni análisis.  Otro, en que ese levantamiento carecía de sentido si antes no se realizaba la síntesis cartográfica de lo recogido hasta entonces; y el problema se transfirió a la ingeniería de levantamiento cartográfico.

 

En otro período, la demanda tanto social como estatal al saber geográfico, lo determinó un carácter de ingeniería geográfica en una cartografía de deslinde; o en otro más, se dirigió a la investigación aplicada y especializada, que desarrolló las áreas de especialización en la geografía fenomenista; o bien se dirigió a satisfacer esencialmente necesidades educativas.

 

Estas direcciones en el quehacer geográfico no se puede decir que se hayan dado en forma absoluta o exclusiva, al parecer (pero esto debe ser motivo de investigación), nunca se han excluido totalmente unas por otras; pero es un hecho histórico la predominancia de una sobre otra en determinados períodos, reflejando así, la política científico-geográfica adoptada  en ese momento.

 

En segundo lugar, el geógrafo de hoy debe cuestionarse cómo es que, a pesar de la aparente coincidencia actual (que nosotros hipotetizamos) de intereses de la sociedad y el Estado, respecto del saber geográfico, él mismo no se muestre decidido con un interés de fomentar esa geografía institucional ya viabilizada; de donde se seguiría que esa coincidencia tiene más de aparente que de real, y algo anda inconexo; y ese algo inconexo quizá sea precisamente la consideración y el reconocimiento de lo desarrollado por la SMTHG.

 

Es evidente que todos estos intereses y necesidades están determinados por circunstancias económicas, políticas y sociales inmersos en una cultura dada y en un momento muy específico tanto de su propia historia, como de sus correlaciones internacionales.  Sin prescindir en este análisis de esas circunstancias, sí tenemos que omitir aquí sus detalles en obviedad de espacio, afirmando sólo nuestro parecer respecto de cuál pudiera ser ahora y al próximo futuro, la política científico-geográfica en México.

 

Así, la Geografía, hasta hoy, fue más una ciencia de gobierno, más al servicio del Estado que de la sociedad (o al servicio de ésta sólo a través de su coincidencia de intereses con las del Estado).  Pero durante la pasada década de los años ochenta, este geógrafo con toda su particular carga teórica de una concepción dominante del saber geográfico dado hasta ese momento; que finalmente parecía retomar las ciudadelas del llamado “sector público” industrial; empezó a enfrentar la más grave crisis en esa corriente de pensamiento geográfico dominante, de toda la historia de la Geografía en México.

 

Hoy en día no acaba de comprender qué ocurre, y seguramente –como están las cosas particularmente en el Colegio de Geografía en la UNAM–, le llevará, por lo menos, todo este primer lustro de los años noventa, el convencerse de que esa ya vieja teoría y práctica geográfica en que se ha formado, se acabó, no responde más a los intereses y necesidades sociales, ni indirecta, ni mucho menos directamente, y nada de lo que haga siguiendo esos viejos esquemas y experiencias históricas, le servirá para corregir el rumbo.  Las soluciones están en el análisis del futuro, y éste es campo de la investigación básica, teórica, que no ha tenido cabida en la geografía institucional[a].

 

Hoy la sociedad –a nuestro entender, o quizá sentir– ha empezado a reclamar el servicio del geógrafo en forma directa y en su expresión profesional más completa.  No en esa supuesta superespecialización vacua institucional actual y restringida no sólo aun campo no comprometido directamente ni en lo económico, ni en soluciones concretas, como le es inherente a la investigación aplicada, sino restringida incluso en la libertad de ideas y creatividad.  La sociedad quiere soluciones y reclama, además de esta investigación aplicada, una capaz ingeniería geográfica.  Pero la sociedad está urgida de soluciones creativas, mismas que únicamente pueden emerger del desarrollo de una geografía teórica; y esperaría con ello, la completitud de los servicios profesionales del saber geográfico.  Y esto es lo que el Estado está exigiendo en la formación profesional del geógrafo, de modo que éste ya no dependa de la manera tan absoluta como lo venía siendo, del “sector público”; exige ahora, más un geógrafo al directo servicio de la sociedad, más que del gobierno.

 



[a] Esto lo decíamos hacia fines de 1991, y para 1994, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP), mediante argucias plagiarias de ideas, nuestra tesis se oficializó sin darnos crédito alguno en ello, y el cambio se produjo.  Pero, obviamente, atenuando nuestro planteamiento, tergiversando las ideas, adecuándolas nuevamente a una visión del mundo subjetivista acientífica, por la intelliguenticia reaccionaria conservadora, que negada con el progreso y por lo tanto con la ciencia, respondía así a los intereses de un capitalismo retrógrada y oscurantista ya para entonces.

 



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