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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 22:04

002 2500 ane Tablilla de Ga-SurLa Geografía: su Contribución a la Previsión Científica, y al Progreso y Desarrollo Social.  Ensayo (1/3)

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.* 

 http://espacio-geografico.over-blog.es/

28 may 11 

 

Introducción.

 

Toda ciencia, independientemente de su caracterización como natural, social, exacta o humanista, tiene por fin esencial el servir al progreso y desarrollo social, ya que ésta constituye la inteligencia colectiva para la sobrevivencia de la sociedad.  La Geografía, en tanto ciencia, está al servicio del progreso y desarrollo social.

 

Elaborado este ensayo en el ámbito de la geografía, independientemente de la definición que se haga de ella, el juicio anterior ha de aplicarse en concreto a esta ciencia, que, como toda ciencia, sus conceptos y teorías son la representación del reflejo objetivo de una faceta de la realidad objetiva, que, cuanto más se corresponda con esa realidad, tanto más estará en capacidad para comprenderla y contribuir a su transformación racional en beneficio de la sociedad.  Ello constituye el fundamento de la capacidad de la previsión científica, como el fin último de toda ciencia para el progreso y desarrollo social, y, en ese sentido –y sólo en ese sentido– es que puede decirse que, al final, toda ciencia es “ciencia social”.

 

La educación en la ciencia constituye la más elevada cualificación de la fuerza de trabajo, y, en consecuencia, es el más poderoso elemento de producción económico-social y por lo mismo, de la transformación de la realidad.  Ello es inherente a todas las ciencias, de modo que no tienen que ser “ciencias sociales” para cumplir esta función social.  Del mismo modo, la Geografía en particular, no tiene por qué ser necesariamente “Geografía Económica”, o definirse como “ciencia social”, para cumplir con una función económico-social.  Por lo contrario, es definiendo su objeto de estudio, así sea éste eminentemente físico, como no sólo mejor, sino como realmente estará en posibilidad de cumplir su función social.

 

La ciencia y su función social, deviene, entonces, de entender a la ciencia como el esfuerzo colectivo histórico de la inteligencia humana, dirigida a la previsión para la sobrevivencia de nuestra especie, y es por ello que esencialmente en este ensayo tratamos acerca de esos aspectos determinantes de la ciencia y de la Geografía en tanto ciencia, y su función social.

 

 

La Geografía, y su contribución

al progreso y desarrollo social.

 

Todo servicio al progreso y desarrollo social, constituye inteligencia colectiva para la sobrevivencia de dicha sociedad.  La ciencia, hemos dicho, es esfuerzo histórico de la inteligencia humana colectiva; su desarrollo progresista o positivo, se basa precisamente en que sus aportes antecedentes y vigentes, son fundamento de su propio y ulterior desarrollo.

 

La ciencia y su expresión técnica, constituye la base de la producción de los bienes materiales de la sociedad, y ese argumento del desarrollo positivo de la ciencia como el continuado desarrollo de la producción de bienes materiales, por sí solo, es suficiente para hacer ver la esencial función social de la misma.

 

En el proceso de transformación de una realidad material en constante cambio y transformación, misma que en este ensayo se reconoce como existente independientemente del pensamiento, su conocimiento científico de modo que de ella se entiendan sus regularidades y leyes esenciales, es de fundamental importancia para poder conocer las tendencias de su desarrollo, y en función de ello, poder prever científicamente.

 

La previsión científica tiene como base el conocimiento de las causas de los procesos, de modo que, imprimiendo variaciones en éstas, los efectos sean otros y los esperados; en ese sentido, la previsión científica, no siendo un acto pasivo, tiene por fin propiciar efectos en el desarrollo natural y social, de tal manera que con ello, racionalmente, hemos dicho, se garantice la sobrevivencia de sociedad humana.

 

Si bien es cierto que la historia nos demuestra que la ciencia ha tenido esta función esencial en el progreso social, también es cierto que la misma historia nos hace evidente que tanto la ciencia como la técnica, que en un momento dado han sido garantía del bienestar y la sobrevivencia de la sociedad, en el momento actual parecieran, por ellas mismas, ponerse en contra de los intereses de ésta.  Y culpar a la ciencia y a la técnica de los perjuicios naturales y económico-sociales, deriva de un análisis unilateral de la historia, en la que ésta no se ve como lo que ha sido, dicho por Marx: no más que <<la historia de la lucha de clases sociales>>.  El problema no es, pues, en abstracto, de la ciencia y la técnica, sino, en concreto, de quienes se han convertido en detentadores de ellas, de quienes las poseen y administran, y que no sólo las ponen al servicio de sus mezquinos intereses, sino que las usan volcándolas en contra de los intereses mayoritarios de la sociedad.

 

De ello deriva la enorme responsabilidad actual del científico y en general del intelectual, en su inconsciencia convertido en mera fuerza de trabajo altamente cualificada, vector de la realización de los intereses de la clases social en el poder; o en su conciencia social y política, convertido en una poderosa fuerza de transformación social.  De ahí que no sea casual el ataque a la ciencia agudizado en los últimos años, y la profunda alienación a que han sido sometidas las últimas generaciones de estudiosos en el ámbito científico en el método de la modernidad, es decir, en el método de la ciencia originado con Galileo y Kepler, y con Bacon y Descartes.

 

Esto es que, analizar la función social de la ciencia, en un estudio multilateral de la historia, y en tanto que la ciencia no se hace en abstracto, pasa, necesariamente, por analizar, a su vez, la función social del que hace esa ciencia.  El progreso y el desarrollo, cifrado en esa inteligencia colectiva e históricamente dada al servicio de la sociedad para garantizar el bienestar y sobrevivencia de la humanidad, moralmente se ve comprometida en denunciar todo cuanto atenta contra la sociedad y la dignidad humana.

 

Si atendemos en esto a la función social de la Geografía, es notable el proceso de alienación ahí donde “algunos” geógrafos, en realidad la mayoría absoluta (Plerumque fit ut maior pars meliorem víncat[a]);definen a esta especialidad con fundamento en el idealismo subjetivo, es decir, no reconociendo la existencia de la realidad de manera objetiva, independiente del pensamiento, sino como producto del mismo proyectado a través de las sensaciones; es decir, como una “ciencia del espacio humanizado”, de un “espacio que se crea por la acción humana”, y de un espacio que sólo tiene sentido en tanto la interpretación de esa acción humana; así como del “espacio” como un “constructo social”, esto es, de un espacio que no se toma dado de la realidad del mundo de los objetos materiales, sino que sólo es “construcción del proceso social”; con lo que, por ende, estos geógrafos, a los que desde hace tiempo hemos denominado “geógrafos fenomenistas”, acaban haciendo una especie de “sociología de los lugares”, reducida al censo descriptivo y una confusa crítica, cuado mejor es el caso, donde el sistema económico-social capitalista, como tal, con toda su naturaleza de rapaz explotación, queda, al final, invulnerable.

 

No obstante, esa crítica sociológica así fuese lo más certera, sólo hablará bien del geógrafo como intelectual con una cierta conciencia social y política, pero no dirá nada en cuanto al rigor científico de la geografía en la ciencia de la modernidad y de la investigación objetiva del espacio terrestre como su propio objeto de estudio; a lo más, esa crítica sociológica ya podrá decir lo que se quiera en cuanto a la subjetividad del espacio terrestre y del hacer de esa geografía, justificable sólo en términos del llamado “paradigma de la ciencia de la posmoderidad” y su método “dialógico”.  Por lo demás, todo ello ampliamente impulsado con los intereses del gran capital monopólico internacional, desde la misma Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través del periodista y sociólogo investigador francés, Edgar Morin, en la llamada “Cátedra Itinerante <<Edgar Morin>> para el Pensamiento Complejo”, y fundando con ello por toda América Latina los “Institutos para el Pensamiento Complejo”.

 

Una geografía científica, fundada en el principio de objetividad de la ciencia de la modernidad (esa ciencia fundada con el método galileano-kepleriano y baconiano-cartesiano), es aquella que, definiendo como su objeto de estudio al espacio terrestre, se aboca a la investigación de éste mismo entendiéndolo como parte material (ya en forma de sustancia o bien de campo) de la realidad objetiva; es decir, tratando de tomarlo dado de la realidad del mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento, tal cual es, independientemente del acto subjetivo humano, y de lo que éste haga o deje de hacer con él.

 

Una geografía fundada, por lo contrario, en el principio de subjetividad (diría Bacon: utilizando sus ideas a la manera en que las arañas tejen sus telarañas), ya podrá ser como se quiera en las infinitas maneras de pensar del sujeto.  Pero, la realidad objetiva seguirá siendo esa necia realidad, a la cual debe adecuarse el pensamiento, y no al revés.

 

Por lo contrario, una geografía fundada en el principio de objetividad, será, y sólo podrá ser, derivando sus conocimientos como reflejo en el pensamiento de esa realidad misma; en donde los conceptos son las representaciones del mundo material fuera del pensamiento, y, en particular, las representaciones de las propiedades de esa faceta del mundo material observada por el geógrafo: el espacio terrestre.

 

Así, la función social de la geografía, hoy, en los hechos, se plantea de dos formas: 1) como la contribución al progreso y desarrollo social mediante la previsión científica, dada en la interpretación y sentido de la “sociología de los lugares” o el subjetivo “espacio humanizado” (un planteamiento eminentemente dado en la filosofía oficial norteamericana: el pragmatismo); o, 2) como la contribución al progreso y desarrollo social mediante la previsión científica, dada en la interpretación hipotético-deductiva objetiva, de la estructura, composición y ordenamiento del espacio terrestre objetivo; lo cual ha sido así históricamente, y en realidad no puede mas que ser, hoy, el verdadero campo de las contribuciones de la geografía en su función social.

 

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*   Editor de “Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica (fundada en 2009).  Representante de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc (fundada en 1989).

    Ensayo presentado a la Convocatoria por la Universidad Autónoma del Estado de México, la Universidad de Costa Rica, y la Universidad Nacional de Costa Rica, para la publicación del libro “La Función Social de la Geografía”; México, 2011.

[a]     «Casi siempre ocurre que lo más vence a lo mejor», Livio, Historia, 3, 1.  Sólo esperemos que, en este caso, al final no sea así.  www.elcastellano.org.

 

 

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