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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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10 noviembre 2013 7 10 /11 /noviembre /2013 23:02

Mar; 8 Mmm“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  Amor e Identidad. (13/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

El quinto nivel de identidad a considerar, se torna incluso delicado.  Es un nivel complejo, no sólo porque imponga la reflexión, sino porque esa reflexión, además, reclama de cierta teoría, es decir, de ciertos conocimientos fundados con la mayor rigurosidad posible: es el de la identidad moral.

 

Pudiera parecer que se resuelve espontáneamente en el trato cada vez más íntimo, y de hecho así se considera y opera en lo general, dad, precisamente, la ausencia total de esa teoría de la moral, es decir, del desconocimiento de la Ética como ciencia que nos ilustra sobre esta identidad.  La valoración de un acto moral, ya de una escena de una película o de la vida real, si es igual en ambos, las cosas van bien, pero si se difiere, y en ello los valores son más contrastantes, hay que poner atención.  Será la manera de enfrentar la vida en pareja, y una diferencia sutil en este aspecto de lo moral, será, inevitablemente, una poderosa y definitiva fuente de desavenencia.  Y esto no es asunto de que “cada cual es diferente” y hay que ser tolerante con la manera de ser y de pensar de cada cual, no, este es una asunto de necesidad e identidad para poder enfrentar juntos los problemas de la vida.

 

Habrá de estudiarse sistemáticamente, cual lectura de libro sagrado, la ciencia de la moral, la Ética; y esencialmente la ética marxista, esa Ética general de “Periquín Plumero”, sobre cuya base se exponen estos consejos de una ética particular o nicomaqueana.  Más ya no podemos (y creo que ni debemos) hacer más.

 

Queda un sexto y último nivel de identidad, el más escabroso, pero el más esencial: la identidad en la relación sexual.  Aquí tenemos que imaginarnos los dos extremos más extremos posibles, y se me ocurre, por un lado (francamente en este extremo no creo que haya algo “más allá”), el acto de relación sexual satisfecho exclusivamente en la inseminación artificial.  Luego, en el extremo opuesto, precisar qué es lo más extremo, está más difícil; podemos imaginar cualquier acto de relación sexual satisfecho en alguna forma sado-masoquista, incluso próxima a una satisfacción entre psicópatas.

 

Recordemos, es relación biosocial, aquí no rigen reglas morales, por lo tanto, ni un extremo puede calificarse de “ridículo”, ni el otro valorarse como un acto de “máxima perversión”; todo el asunto es simple: qué acto de relación sexual satisface por igual a ambos; justo este es el problema de identidad aquí.  ¿Entre qué extremos, de esa amplia gama, está lo que satisface a cada cual, de modo de modo que en la coincidencia se de la identidad?

 

Le llamamos relación biosocial, justo porque, aun siendo un acto puramente biológico, natural, éste está determinado inevitablemente por las relaciones sociales eminentemente morales, lo que es justo, en principio, lo que fija esos extremos.  Pero otro factor igualmente importante, lo es la experiencia de vida, la cual, en una pareja joven, con la relatividad de las cosas, no puede asumirse que sea mucha.  No obstante, con ello, debemos fijarnos en las características extremas de la satisfacción sexual, que ya con la experiencia, esos límites podrían, seguramente, ampliarse.

 

A alguno de ambos, por poner sólo un ejemplo, le podría causar placer la oralidad; pero si a alguno de ambos ello le pareciera, por decir algo, “sucio” o “inmoral” –y esto no debe tomarse a la ligera–, cierto es que podrían cambiar las cosas con la experiencia, pero ello podría ser, incluso, no en un sentido positivo, sino, peor aún, negativo; y ya Sigmund Freud hizo de la frustración sexual la base de su teoría del psicoanálisis.

 

Habrá de hacerse un esfuerzo por fijar esos límites con toda apertura, sin prejuicios, y de haber diferencias, recurrir a una asistencia médica especializada (evitando lo que de suyo arroja más prejuicios, como la asesoría religiosa, o las terapias propias para un problema que no es, en principio, de orden psicológico –acaso lo podría ser como consecuencia, con posterioridad–, sino de influencia moral en un ámbito de placer natural), que genere confianza en los hechos, que ayude a romper prejuicios y que ajuste esa identidad tan esencial.

 

El libre juego de estas identidades se ha dejado por siempre a lo espontáneo, justificable sólo en los dos primeros niveles; pero el desarrollo y progreso social exige ya a las nuevas generaciones una formación más culta con la cual abordar las relaciones de pareja con mayores fundamentos teóricos, que haga la vida de la misma, y del conjunto de ellas, la propia vida social en algo más armonioso en un arreglo ético-estético.  Con todo, vivimos en una sociedad capitalista en donde todo se corroe, y, en prevención de ello, el último consejo: el casarse, no ocurre, como erróneamente se cree, al momento de firmar un Acta Matrimonial (de mater, madre; acto por el cual una mujer se dispone a ser madre), ello es sólo la confirmación ante la sociedad, de lo que ya se ha decidido antes, y con ello moralmente se ha consumando simplemente en el acto de aceptarlo; el matrimonio, el casamiento, se produce, pues, desde el momento mismo en que el hombre se lo pide a la mujer, y ésta lo acepta.  Pero luego está el problema del patrimonio (de pater, padre, y en particular, referido a la heredad).  Aquí lo recomendable es el casarse por la egoísta fórmula de “bienes por separado”, pero en realidad para facilitar el aspecto legal; pues dado por supuesto que tal hecho es secundario en tanto está por encima de ello la relación moral, el asunto es facilitar no sólo el riesgo de la separación, sino principalmente el de la heredad.  Y ello no hace más que confirmar, como hemos dicho antes, que el progreso social exige ya a las nuevas generaciones una formación más culta con la cual abordar las relaciones de pareja con mayores fundamentos teóricos, que haga la vida de la misma, y del conjunto de ellas, la propia vida social en algo más armonioso en un arreglo ético-estético.

 

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