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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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31 marzo 2013 7 31 /03 /marzo /2013 22:02

Pavorreal; LarousseUn Pavorreal Frente a un Mapa.  Cuento (1/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

21 dic 12.

 

 

 

Otra vez estaban todos ahí discutiendo acaloradamente, levantando la voz, manoteando, profiriendo una que otra maldición, y entre todos ellos, el Coyote escondía con sorna una malévola sonrisa.

 

_   ¡Cuándo se ha visto tinta blanca para escribir sobre papel negro! –exclamaba el Muflón, y otros lo apoyaban en medio de abucheos y reclamos de los más.

_   ¡Claro que sí! –interrumpió el Visón–, o qué hace el profesor Somormujo con su tiza blanca sobre la pizarra negra.

_   ¡Es absurdo!...

_   ¡Desde luego que no, es lógico!...

_   ¡Y qué acaso no podrían ensamblarse las manchas blancas con las manchas negras a manera de piezas de rompecabezas! –todos silbaban, abucheaban, exclamaban y se burlaban de aquel incauto con su “genial idea”, y se avivaba la discusión.

_   ¡Si fuese un ensamblaje –decía el Puma–, al moverse la Vaca todas las piezas se desajustarían! –y todos reían a más no poder, y el “inteligente “ Okapi, aquel que quería mediar la situación, acabó sumido en el desdén colectivo.

_   ¡Les apuesto –dijo el Mara–, que la Vaca es blanca con manchas negras!

_   ¡Yo te tomo la apuesta! –le replicó el Koala–, la Vaca es negra con manchas blancas.

 

Y empezó el lío, que aquello era peor que una Casa de Bolsa en pérdida de acciones.  Las apuestas comenzaron a cruzarse de un lado a otro, y ya se oía un modesto: “¡Tomo dos a uno!”, y hasta algún osado que levantaba la mano y voz en cuello gritaba: “¡Yo voy diez a uno!”…  De pronto todos callaron admirados, el arrojo hacía dudar y titubear a los demás… “¡Doy diez a la inversa!”…, y se levantaba un clamor colectivo que emparejaba otra vez las decisiones.  Y el Coyote tomaba nota apresuradamente habiéndose abrogado la iniciativa en coordinar las apuestas.

 

_   Amigo Cormorán, sonad la campana, se cierran las apuestas –y el Cormorán, atendiendo a la petición del Coyote, tomó un vaso de vidrio y una cuchara metálica y los hizo sonar a manera de campana.

_   ¡Es hora de decidir sobre alguien honorable –intervino el Coatí–, para que vaya donde la Vaca y la examine!

 

Todos exclamaron afirmativamente, entendían el que no sería prudente el que todos fueran en masa a examinar a la Vaca, y comenzaron a hacer propuestas sobre un personaje honorable…, o por lo menos conocedor.

 

_   ¡Que sea el Cobayo –dijo alguien por ahí escondido…

_   ¡Bha, si no hay riesgo de que se lo coma la Vaca! –respondió otro más, irónico, en otro extremo de la sala, y todos rieron a costa del pobre Cobayo.

_   Yo propongo a Don Búho para esta misión –interpuso el Canguro–, y parecía tener la aprobación de todos.

_   ¿Oh, no!, amigos –intercedió el respetable Búho–, si algo he de hacer yo aquí contando con su reconocimiento, es dar fe y dictaminar la última palabra sobre lo que algún experto concluya que tal juicio era el más correcto.

     Si me lo permiten –continuó el Búho con parsimonia y severidad– yo les propondría; es decir, siempre y cuando la concurrencia lo juzgue oportuno y conveniente; que sea el Pavorreal el que se encargue de tal misión –y en el acto, todos exclamaron con aprobación a tal propuesta.

 

Entonces, desde el fondo de la sala, el Pavorreal, que se había mantenido al margen, soberbio y circunspecto, comenzó a aproximarse abriéndose paso entre todos, con ese andar tan especial suyo, como “de uñas”, como tentando el siguiente paso, no fuese a darlo sobre arenas movedizas.  Se hizo un silencio sepulcral en la sala, sólo se escuchaba el “crik, crik” de sus uñas a cada parsimonioso paso, en lo que todos cedían reverentemente el espacio para el avanzar del Pavorreal.  Finalmente se puso al frente de todos, el Búho atrás de él en la parte superior, y comenzó a moverse de un lado a otro como reflexionando la decisión, en lo que todos, atónitos, guardaban silencio absoluto y sólo seguían su andar girando sus cabezas poco a poco de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, en lo que el Búho, en la parte alta, ya se inclinaba hacia un lado, ya hacia el otro, hasta que finalmente se detuvo, vio de frente a todos, y su tan esperada respuesta se escuchó: “Correcto, iré donde la Vaca, y la examinaré”.

 

Todos, que aguardaban con la respiración contenida, prorrumpieron en una gran exclamación de alegría, y todos se felicitaban unos a otros.  El Búho se acomodaba, levantaba el ala, y circunspecto apenas se le oía decir: “Señores…, Señores, su atención por favor”.  Poco a poco pasó la algarabía y todos pusieron atención a las palabras que de Don Búho quería decir.

 

_   Señores[*]…, la decisión ha sido tomada, un experto, el Pavorreal, que “todo lo ve”, habrá de traernos la respuesta.  Hasta entonces, aguardemos pacientemente.

 

Todos se alegraron y aplaudieron fervorosamente, estando de acuerdo con lo dicho por el Búho.  Y en el acto, el Pavorreal se volvió a abrir paso con su parsimonioso andadito “de uñas”, adusto, y el entrecejo fruncido, entre todos, rumbo al cumplimiento de su misión en medio de más aplausos y vivas.

 



[*]       El Búho no dice “Señoras y Señores”, o “Damas y Caballeros”, nótese el “machismo…, y es que este cuento es de puros animales (por cierto, aquí lo único femenino es la Vaca, por demás Sagrada).

 

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