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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 enero 2014 7 19 /01 /enero /2014 23:02

Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; TesiXXX Aniversario de la Primera Tesis de Geografía Teórica en México; “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983; de Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

23 nov 13.

 El 24 de febrero de 1983 tuvo lugar la sesión de Examen Profesional de la tesis: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, de Luis Ignacio Hernández Iriberri.



Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesi

 

El autor de tal documento había ingresado a los estudios profesionales de Geografía en el Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1975, y luego de cinco años que por entonces comprendía dichos estudios, egresa en 1979.

 

Se había hecho a la idea de estudiar la carrera de Filosofía, y en una de tantas lecturas, se encontró con la cita que de Augusto Cornó hace del joven Marx en su trabajo escolar: “Reflexiones de un Joven al Elegir su Profesión”,, recogida en el breviario antológico de A.N Leontiev, “El Hombre y la Cultura”: “Las profesiones más peligrosas para un joven –escribe Marx– son aquellas que, en lugar de integrarlo a la vida, se ocupan de verdades abstractas”; y compartiendo con Marx la inmadurez tanto propia como de éste en 1835, identificó a la Filosofía como una de esas profesiones que no integran a la vida, como el que se ocupa de verdades abstractas (lo cual, evidentemente, es cuestionable).

 

Esa cita fue suficiente para poner en duda la elección de su futura profesión, y comenzó una búsqueda de aquella ciencia que le ofreciese lo que deseaba de la filosofía: el conocimiento universal; pero que, a la vez, por su naturaleza práctica, como ciencia vinculada a la producción económico-social, le diera esa “integración a la vida”; y esa ciencia de conocimientos no sólo universales, sino práctico-productivos, por la forma en que se presentaba en la “Guía de Carreras”, parecía serlo la Geografía, tal como entonces se entendía.

 

Y un buen día, a su vista en un anaquel de la pequeña librería del Instituto de Relaciones Culturales México-URSS, quedó la portada del libro: “Geografía para el México de Hoy y Mañana”, del autor Ángel Bassols Batalla.  Esa portada es la fotografía de un minero cavando en un socavón; ¡qué más proletario, qué más práctico, productivo e integrador a la vida!, y esa imagen quedaba asociada a la ciencia de la Geografía, que con ello ya daba para se la opción, y en ese acto, quedó determinada como la futura profesión.

 

Mas el problema real se presentó  al ingresar a los estudios.  La Geografía resultaba ser, para su satisfacción, una ciencia de cierta vastedad de conocimientos tanto en el ámbito de la naturaleza como de la sociedad; pero ello, tal como estaba teóricamente planteado, pretendía hacer de la Geografía una “ciencia de síntesis de un sistema de ciencias”, que la reducía a un carácter meramente enciclopédico y descriptivista; y nadie, ni profesores ni obras consultadas, parecían tener la respuesta a qué era la Geografía por sí misma, más allá de esa “síntesis de un sistema de ciencias, o síntesis de los conocimientos dados de las mismas”.

 

¿Cuál era el objeto de estudio de la Geografía en tanto síntesis de ese sistema de conocimientos?  El planteamiento del problema era válido, pues, al final, toda ciencia es una síntesis de una serie de conocimientos; pero, si en ello toda ciencia define a su vez su objeto de estudio y método propio, para la Geografía nada de ello estaba planteado, que no fuese en un mar de confusión.

 

Al terminar sus estudios, toda esa discusión teórica estaba en general, asimilada, y entonces pudo hacerla a un lado, planteando su propia consideración dialéctico-materialista en los fundamentos gnoseológicos de la Geografía.

 

La primera condición del método materialista dialéctico, es, extraído del análisis histórico, el determinar la categoría fundamental; luego, como segunda condición necesaria, el establecer la contradicción que mueve a dicho objeto así categorizado en su desarrollo histórico.

 

Entre 1979 y 1980, partió de considerar que la categoría fundamental del conocimiento geográfico era la de relación, en este caso, la relación dada entre los fenómenos tanto naturales como sociales; y la contradicción histórica esencial descubierta en la cual se movía esa relación, fue la dada entre un pensamiento geográfico fenomenista, y un pensamiento geográfico espacista (si bien expuesta en otros autores en otros términos, y dada por otros investigadores sin conciencia metodológica de ello como una contradicción dialéctica).

 

El resultado fue que esa hipótesis de la categoría de relación como la determinante del conocimiento geográfico, fue falsa: no podía hacerse una ciencia de la relación (en la idea de la relación entre los fenómenos) a manera de una “ciencia de ciencias”.  Para el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada Gorostiza, asesor de aquella investigación de tesis, aun cuando la hipótesis hubiese resultado falsa, satisfacía el propósito de la investigación, si bien en sentido negativo.  Pero al autor no le satisfizo el resultado válido en sentido negativo, que dejaba el sabor de una investigación cuyo propósito estaba incompleto, pues no bastaba con la afirmación de lo quela Geografía no era, sino que lo buscado, era la afirmación de lo que la Geografía era.

 

Y un buen día de 1981 se encontró lo que subyacía como más esencial en la categoría de relación.  Esa relación entre los fenómenos, parecía ser apenas una relación física externa (no era una relación interna entre éstos, pues ello era objeto de estudio de los especialistas en los mismos), y he ahí que se entendió que esa relación física externa, era una relación espacial.  Así, la categoría fundamental más general y esencial que subyacía en ello, era la categoría de espacio, y ese espacio, era justo lo que se representaba y estudiaba en el mapa, y entonces todo adquirió plena coherencia lógica.

 

Lo que la Geografía estudiaba, no era los fenómenos y sus relaciones, sino el espacio cuyas propiedades determinaban aquellos.  Independientemente de entender teóricamente en ese momento, qué era el espacio y de definirlo*, el propósito  se había logrado: se había encontrado el objeto de estudio de la Geografía**.

 

Se reelaboró la tesis, pero lo descubierto y los resultados de conocimientos que implicaba en la Geografía resultaba tan sorprendente y desconcertante en ese entonces, que dicha tesis se retuvo por todo un año durante 1982, hasta que por razones laborales se tuvieron que presentar los documentos de titulación, y la fecha de examen se programó ya hasta aquel 24 de febrero de 1983.

 

 

       Goginot, Georges; Marx y la Educación; en A.N Leontiev, “El Hombre y la Cultura”; Editorial Grijalbo, Col. 70, N° 36; México, 1969; p.102.

*        Paradójicamente, aun cuando desde el primer momento se tenía no sólo la determinación, sino la definición misma del objeto de estudio, ésta no se expuso nunca, si acaso quedó insinuada por el fundamento del método, la dialéctica materialista, y una lámina ilustrativa de la idea, que se insertó  en el II Cap: “Elementos de la Teoría del Espacio y éste como Objeto de Estudio de la Geografía”, como la “fig.20”, entre las páginas 67-68, al analizar el primer postulado de la teoría del espacio: la continuidad; y lámina en la cual se muestra lo que se entiende tanto por lo continuo como por lo discreto (en ese momento no del todo acertadamente, denominado como “lo discontinuo”).  De donde esa definición del espacio estaba dada como: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”. Esta definición se expuso hasta muy recientemente en los materiales publicados en este Blog, al hacerse las reflexiones sobre el acto de “piratería” dado a mediados de los años noventa, en que resultó afortunado el haberse reservado el dato, no dado así a la manipulación u falseamiento al distorsionarla siguiendo otros intereses.

**      En realidad, este ya había sido determinado desde 1927 por Alfred Hettner, pero de cuyo trabajo no dispusimos sino varios años después, de modo que este fue un descubrimiento dado independientemente.

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