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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:03

Ártico Hemisferio CelesteLa Geografía Teórica:

la Tramontana como α-del Septentrión.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

La Tierra, ≈19ºφN, 99ºλW, 3 feb 11. 


La experiencia de ofrecer cursos a distancia, su práctica y la reflexión que al momento podemos hacer de ello, es que, sin duda; y dicho muy elegantemente en un giro literario, la geografía teórica es la Tramontana como α del Septentrión; es decir, Polaris, la Estrella Polar, la orientación y guía del hacer geográfico.

 

Ártico Hemisferio Celeste 

La Estrella Polar, La Tramontana en el Septentrión.  La estrella α de la Constelación de la Osa Menor, en la punta de la cola de la Osa.  En la metáfora, esa es la geografía teórica: lo que orienta y guía el hacer geográfico; campo de investigación al que muy pocos se dedican, ya que, como eminentemente teórico y abstracto, es considerado a la vez poco útil –si es que, a decir de no pocos, tiene alguna utilidad– así, pues, no obstante su papel fundamental, “a la cola”.

[Fuente: Mosqueira R, Salvador; Cosmografía y Astrofísica; Editorial Patria; México, 1978]

 

 

Inmersos en esa metáfora, podemos decir, así, que no cualquiera es capaz de verla, mucho menos de entender su lugar en relación con el conjunto de las siete estrellas que forman, por lo mismo, el Septentrión.  Demanda una gran capacidad de abstracción; digamos en la metáfora, demanda en su estudioso, en lo límites con la fantasía, la capacidad de ver en la constelación, una Osa Menor.

 

La metáfora es curiosa: la geografía teórica, poco atendida, menospreciada incluso por su propia naturaleza eminentemente teórica; o dicho por su contrario, nada práctica, y por extensión, aparentemente nada útil a la solución de los problemas sociales concretos; siendo no obstante la Estrella Polar de la ciencia de la Geografía y la estrella α de la Constelación de la Osa Menor, está –en una paradoja exquisita– en la punta de la cola de la Osa, en lo último.

 

Si consideramos los restantes dos campos de investigación geográfica; la investigación aplicada y la investigación operativa; inversamente, esta última estaría en la punta de la nariz, como la estrella γ de la Osa; lo más práctico, lo que resuelve problemas concretos, incluso yendo de por medio la firma de “contratos de obra” por un determinado monto económico; representando por ello el compromiso profesional máximo.

 

Las restantes cinco estrellas en el cuerpo de la Osa (δ, ε, ζ, η β, mencionadas en el orden de la cola a la nariz, y donde β sería por su importancia la representativa), continuando en la metáfora, representarían la investigación aplicada en geografía.  Tal clasificación de dichas estrellas está dada en función de su brillo o magnitud, y es curioso que la secuencia alfabética de α,β,γ, sea a la secuencia de los campos de investigación, pues todo lo que se haga en “γ-investigación operativa”, ha pasado antes por la representativa “β-investigación aplicada”, en donde se ha puesto a prueba no sólo la veracidad práctica, sino el carácter más utilitario de “α-investigación teórica”.

 

Mmm…, dejemos la metáfora para que no se acabe pensando más mal de mi; ha sido sólo una forma de explicar la importancia y relación de cada campo de investigación en geografía.  El hecho es que lo ideal es aquel geógrafo capaz de desarrollar cualquiera de los tres campos de trabajo, independientemente de su especialización en uno de ellos.  Cuando no es así, o cuanto más se despreocupa un geógrafo especializado en un campo de lo que se hace en los demás, más ocurre una producción mecánica del conocimiento, en la que cada cual podrá saber lo que hace, pero no entenderá un ápice de por qué y para qué es así.  En ese punto, toda ciencia se estanca, se convierte en una maquinaria enmohecida.

 

Y he aquí que, justo cuando se dominan los métodos tanto teóricos del conocimiento, como prácticos en la sistematización de la producción del mismo, no sólo se entiende el vínculo con lo demás y su significado, sino más aún, se facilita el trabajo de investigación en cualquier terreno.  Es aquí cuando la ciencia se hace dialéctica y eminentemente productiva.

 

Resulta que entender todo esto no es fácil, y menos aún explicado a distancia.  Pero luego ello no es tanto por la naturaleza de la explicación o la distancia, como por una obsoleta formación en la que se nos ha capacitado para acumular y reproducir la información vieja, sin la menor idea de cómo producir la nueva.  Ello tiene que ver –tal como se estudia en estos cursos–, con una formación en la teoría del conocimiento positivista, eminentemente descriptiva, empírica, y enciclopedista. De ahí que, aprender a romper con ello, tiene, en su dificultad, la maravillosa satisfacción de hacer real la investigación científica productiva.

 

Aportar ideas nuevas, hablar con profusión de cosas que nadie entiende pero que a todos causa interés (y no casualmente, sino por su vínculo coherente con los hechos de la realidad objetiva), no es producto de ninguna “genialidad” ni del azar, sino única y exclusivamente de dos cosas: atreverse a hacer analogías (en cierto modo como la “loquera” de la metáfora del principio de este artículo), y hacer un trabajo metódico y sistemático.


Hay un mundo de diferencia, estos cursos lo dejan ver, entre el acopio de información teórica, y la producción de conocimiento en función de ella; y eso se media a través la aplicación del método, tiene que ver con la aplicación concreta de la metodología, propósito esencial de dichos cursos.  La experiencia, es enormemente rica. 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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