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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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8 marzo 2015 7 08 /03 /marzo /2015 23:04

Cuatro Elementos de Empédocles“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: Dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954. (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

15 oct 12.

 

La Satisfactoria Tesis: la geografía de los estados de espacio,

es una geografía basada en la dialéctica de los elementos genésicos.

 

Entre fines del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, el pensamiento geográfico avanzó en el método científico elaborando las dos primeras abstracciones y generalizaciones teóricas sobre os conceptos que estaban involucrados en la contradicción dialéctica histórica esencial de la geografía: de un lado, el espacio, y en el opuesto, los fenómenos.

 

Al iniciar la segunda mitad del siglo XX, impensadamente comenzó el proceso que llevaría, en los años setenta, a la tercera abstracción y generalización de dichos conceptos esenciales.  Este tercer momento histórico tuvo dos variantes: 1) la dada por Alexandr Maximovich Riábchikov; y 2) la dada por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, que ahora tratamos.

 

Hay en ambas propuestas una generalización con variantes de nombre: lo que está en la teoría de Sáenz de la Calzada, son directamente los cuatro elementos de Empédocles: tierra, aire, agua y fuego; que en Riábchikov reciben el nombre de “fases”, pero que, en ambos casos representan la litosfera, atmosfera, hidrosfera y energía solar.  Ambas teorías están referidas, en general, a la teoría de los elementos, y en dicha teoría de os elementos, el problema central radica en la transformación de unos en otros.

 

Remitiremos a los esquemas ya de Empédocles, o bien a la variante de éste expuesta por Aristóteles en su Meteorológica.  La “vuelta” a la teoría de los elementos, por supuesto, no debe entenderse como un recurso metodológico literal, tal cual, sino que ha de entenderse en términos de la tercera abstracción y generalización dada históricamente en el pensamiento geográfico, por la cual se suple el pretendido estudio de los fenómenos particulares, por un estado general de los mismos denominado históricamente como “elemento”; y, a la vez, el espacio se resuelve como la “espacialidad de las cosas” en la teoría del continuum einsteniano, y esto es, pues, el aspecto esencial de dicho planteamiento.

 

En los Fundamentos de la Geografía Médica, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, éste expone, ya desde los años cincuenta, la manera en que se transforman unos elementos en otros, de donde es necesario volver a los esquemas de Empédocles del siglo V ane, y de Aristóteles, del siglo IV ane.

 

El esquema de Empédocles es el siguiente:

 

Cuatro Elementos de Empédocles 

Esquema de los Cuatro Elementos y sus Cualidades, de Empédocles de Agrigento (s.V ane).

[Fuente: Sáenz de la Calzada, Carlos; Los Fundamentos de la Geografía Médica en México; (copias); p.18]

 

El esquema de Aristóteles da, primero, un giro a la derecha en 90° al esquema de Empédocles, y luego una inversión en 180°, quedando de la siguiente manera:

 

Cuatro-Elementos-de-Aristoteles.jpg 

Esquema de los Cuatro Elementos y sus Cualidades, expuesto por Aristóteles en su Meteorológica, s.IV ane.

[Fuente: Sáenz de la Calzada, Carlos; Los Fundamentos de la Geografía Médica en México; (copias); p.18]

 

Inherente a los elementos como formas de movimiento físico de la materia, al fuego –explica el Dr. Sáenz–, son las cualidades (o propiedades particulares) de calor y seco; a la tierra, seco y frío; al agua, húmedo y frío; y al aire, calor y húmedo.  Si bien se ve, tales cualidades en sus combinaciones, están dadas sólo por dos factores: la temperatura (o el campo térmico), y la humedad (como estado sustancial molecular discreto).  La base material de dichos elementos y sus cualidades en el organismo humano, se daba en los humores (sangre, flema, bilis amarilla, y bilis negra); prescindiremos de esto último dado que no es nuestro propósito  el particularizar, sino, en lo opuesto, el generalizar, y en ese sentido, respecto del organismo humano, los humores equivalen al concepto generalizador de los “sustratos portadores”.

 

En esencia, pues, los elementos “contrariamente unidos”, dialécticamente en consecuencia, se transforman unos en otros a través de sus cualidades o propiedades: el fuego en aire a través del calor (el sustrato portador serían las moléculas); el aire en agua a través de la humedad (el sustrato portador los será la condensación); el agua en tierra mediante el frío (y el sustrato portador lo será el hielo); y la tierra en fuego mediante la sequedad (donde el sustrato portador sería el material combustible).  El ápeiron, la quintaesencia, o el éter, sólo opera en abstracto (sin hacer alusión a él), como sistema de referencia: él es el lugar de las cosas.

 

Reinhardd Federmann, en su trabajo, La Alquimia, va a referir al ápeiron según la literatura hermética, como “la piedra que no es piedra alguna”, la “tintura”, el “elixir”, la “materia prima” o con el nombre más conocido de, lapis philosophrum o “piedra filosofal”.  Y para los fines de esta disertación en una generalización final a la que debemos llegar, resulta de enorme importancia citar un pasaje de Federmann: “Este elemento llamado materia prima y también <<tierra virgen>> y <<leche virgen>>, corresponde al caos, al desorden, y sólo se sabe de él que está formado por los cuatro elementos…, que los alquimistas llamaban <<esencias>>…  Además, estas cuatro esencias deben contener asimismo una quinta, la quinta essentia, la quintaesencia, o sea, la <<piedra>>”.[1].

 

Está ahí toda la teoría del espacio (luego, ésta es la verdadera “piedra filosofal”), que es finalmente a lo que queremos llegar; y para ello basta operar una abstracción y generalización superior sobre la base de los elementos.

 

La materia prima, el ápeiron, “está formado por los cuatro elementos o esencias…, estos mismos deben contener a la quintaesencia…”.  Está expuesto ahí, con toda su profundidad, la esencia del espacio: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”, tal como la hemos definido nosotros.  En lo “contrariamente unido”, el espacio está formado por los cuatro elementos, y éstos, a su vez, contienen al espacio.

 

Nada nos limita ya, pues, para hacer esa generalización, la cuarta abstracción y generalización históricamente dada en el pensamiento geográfico en la búsqueda de la síntesis del espacio y los fenómenos.  Y llamaremos a los elementos, entonces, como “estados de espacio” (lo son, en tanto contienen al mismo), incluyendo al quinto elemento, que como “materia prima” es por definición y exclusión, el “estado de espacio” más general y esencial” (la génesis en el caos, como interpretación del vacío, precisamente en el horror vacui), en tanto contiene a los otros cuatro elementos, y cada uno de ellos lo contienen a él.

 

Los estados de espacio tienen, a su vez, sus cualidades o propiedades esenciales (propiedades de espacio), a través de cuyas transformaciones de unos estados de espacio en otros, se opera su transformación.  En ellos, quedan como sustratos portadores ahora, los elementos en calidad de unidades morfométricas o geoformas.  Lo que ha de interesar al geógrafo, sin embargo, son las propiedades de espacio y sus transformaciones, y ya no, en tanto tales, los sustratos portadores de las mismas, las cuales se generalizan como formas continuas (campos), o discretas (sustancias), de los estados de espacio.

 



[1]        Federmann, Reinhard; La Alquimia; Editorial Bruguera, Barcelona, 1974; p. 43.

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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