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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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7 febrero 2011 1 07 /02 /febrero /2011 00:01

Geopolítica del Eje del MalMaquiavelo, y la Ética Deontológica para su Acertada Interpretación.  Ensayo, 2010 (1/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 20 dic 10.

 

 

Introducción.

 

Sin lugar a dudas, los hombres son lo que su momento histórico.  Y sin lugar a dudas, los momentos históricos son brillantemente explicados por algunos hombres.  Nicolás Maquiavelo fue uno de esos hombres, producto de finales del siglo XV y principios del siglo XVI con el cual se iniciaba una nueva Era para la humanidad, pues el capitalismo impulsado por la clase social emergente, la burguesía, que asumía una condición revolucionaria con lo que ello implica en poner en juego la libertad y la vida, iniciaría el proceso de su establecimiento dejando en la historia el feudalismo.  Pero ese momento del inicio del capitalismo y el surgimiento del Estado burgués mediante el cual dicha clase social ejercería su poder, necesitaba de una explicación teórica que determinara su consolidación y sus fines.

 

En ello fue el primero, sin antecedente alguno, pues nunca antes tal teoría del Estado había sido del todo necesaria; los señores esclavistas y feudales, gobernaron sin más ley que la de su espada, en la brutalidad más abierta y sin más objeción que el filo de otra espada.  Maquiavelo (1469-1527), vive en el Renacimiento siendo éste la consumación del pensamiento humanista por el cual el ser humano no sólo es ahora el centro (por oposición al teocentrismo), sino por el cual el destino del ser humano, está en las manos del ser humano mismo; entre el último tercio del siglo XV y el primero del XVI, es un renacentista por excelencia, tras el cual se iniciaron las grandes revoluciones burguesas; la primera de ellas la encabezada por Guillermo de Orange en la lucha por la independencia, en ese entonces de Holanda, hoy Países Bajos, de España en 1568; luego la segunda comandada por Oliverio Cromwell en Inglaterra en 1649; con ello vinieron los teóricos de los aspectos particulares del Estado, como Hobbes (1588-1679), Locke (1632-1704), Montesquieu (1689-1755), o Rousseau (1712-1788); tras todo lo cual brotó la tercera y definitiva gran revolución burguesa: la Revolución Francesa de 1789, con la cual el capitalismo quedó definitivamente establecido.

 

Lo que comienza a determinar la vida de Maquiavelo, es la ciudad en la que nace: en Florencia, a decir de algún autor, la Atenas de la Época Moderna, en el norte de Italia, a medio camino entre Roma y Génova, Milán y Venecia, distribuidas de poniente a oriente en las llanuras de Río Po, antesala de los Alpes.  Y será en las relaciones políticas de Florencia, que Maquiavelo adquirirá su formación y percepción del mundo.

 

La idea de este ensayo, obviamente, no es el estudio exhaustivo y profundo de la vida y obra de Maquiavelo, sino, por lo contrario, el estudio de lo más general y esencial de una sola de sus obras: El Príncipe, la cual es el ofrecimiento de un conjunto de consejas y de reglas prácticas en veintiséis capítulos para las funciones de Estado, obra misma que por excelencia lo define –se ha dicho así–, en el ser realista.

 

Su participación en las funciones de gobierno desde sus veintinueve años de edad como Secretario de la Señoría entre 1498 y 1512, y luego en la Cancillería cumpliendo veinticuatro misiones diplomáticas, y como Consejero entre 1502 y 1503, le permitió comprender la esencia de la política: las ambigüedades morales del poder.  Su realismo era, como se le ha llamado, un “realismo moral”, no sólo determinado por los fines que perseguía, que era la unificación italiana en el inicio de la creación de los Estados-Nación que sucedía a la organización social feudal, sino esencial y precisamente, por la doctrina del humanismo.  Y todo ello estará en función del poder, de cómo conseguirlo y conservarlo.

 

En 1494, cuando Maquiavelo tenía veintisiete años, los Medici son exiliados a la invasión de Italia y el obligado paso por Florencia de Carlos VIII de Francia.  La República de Florencia pasó a ser gobernada entonces por el retrógrada y oscurantista absoluto que era Girolamo Savonarola[a], luego él mismo, por sus excesos, y a la muerte de su protector Carlos VIII, quemado por la Iglesia en 1498.  El poder paso al gobierno republicano de Piero Soderini, del que ya entró a formar parte Nicolás Maquiavelo en el Comité de Defensa.  No obstante, una invasión española en 1512 le infringe una derrota, tras lo cual vuelven los Medici al poder, terminando con ello la carrera política de catorce años de Maquiavelo.

 

Para 1513 gobierna Julián de Medici, el cual es asesinado en un complot en el que participa el papa mismo, para derrocar el gobierno de los Medici; los participantes en el magnicidio son reprimidos y asesinados inmisericordemente.  A Maquiavelo se le relaciona con la conspiración y es puesto en prisión y torturado.  A Julián II le sucede, en 1516, Lorenzo de Medici, con lo que Maquiavelo es exonerado, pero proscrito.

 

Y, en su aislamiento, trabajando sobre una de sus obras: Los Discursos Sobre la Primera Década de Tito Livio, la deja de lado, y en su lugar, en tres meses durante la segunda mitad de 1513, escribe El Príncipe.

 

Circunstancialmente hemos analizado los Estudios Preliminares de cuatro ediciones distintas[b] de dicha obra fundamental; encontramos en todas ellas, en común, la consideración moral en el análisis, incluso como el aspecto esencial de la obra.  Y en esa consideración, se oscila desde el rechazo en la condena como una obra de perfidia y absolutamente inmoral, a su aceptación como una obra de teoría política en la que lo moral no está presente.  Tal abierta gama de interpretaciones sobre El Príncipe, a cinco siglos de su elaboración, evidentemente revela que Maquiavelo aún no ha sido entendido; por lo menos, en el ámbito de la teoría política burguesa (paradójicamente, siendo para ella para la que se escribió).

 

Pero para entender a Maquiavelo se requieren dos cosas fundamentales: 1) un claro contexto ético, y 2) un objetivo contexto, no sólo del escrito, sino del momento histórico.

 



[a] En esa situación demencial que se suscita cuando se ha dado ya la descomposición total de un antiguo régimen, y su condición esencial reductio ad absurdum, se convierte en una desconcertante locura descomunal en todos los aspectos, que en el uso de conceptos muy contemporáneos, identificaríamos como el más puro y kafkiano surrealismo.  Savonarola es la figura representativa en el siglo XVI, de lo que al arribar a la segunda década del siglo XXI es ya la burguesía y su régimen capitalista.

[b] Ello no ha sido por un interés erudito en la obra de Maquiavelo, sino porque las cuales, desafortunadamente no referiremos, porque la adquisición de una, fue simplemente producto del extravío de la otra, y ahora aquí, simultáneamente a nuestra escritura, saltamos a los documentos en Internet para hacernos de los datos de referencia.

 



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