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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 enero 2013 7 20 /01 /enero /2013 23:04

2012 De los Fenómenos a los Estados de EspacioQué es la Geografía: Los Métodos de la Sistematización del Conocimiento Empíricos y Teóricos; el Análisis.  (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

01 nov 12.

 

Otros componentes del fundamento científico de la Geografía son sus métodos dela sistematización del conocimiento dados en la metodología empírica en la observación, la medición y la experimentación (o “modelos en x” de comprobación); como en los métodos teóricos o racionales en la hipótesis y métodos de relación causal, las leyes y teorías, desplegado todo ello en el análisis tanto cualitativo como cuantitativo.

 

La geografía trata con todo cuanto existe en el espacio terrestre, por el solo hecho de que ello existe él, puesto que todo cuanto existe, existe en el espacio y determina sus propiedades.  Cuando la geografía estudia el todo sólo por cuanto existe, no lo hace por sus propiedades particulares concretas (que es el procedimiento de las ciencias particulares acerca de cada fenómeno), sino lo hace en el más alto grado de abstracción y generalización posible.  A principios del siglo XX fue sólo por sus propiedades de localización, distribución y relaciones; durante el segundo tercio del mismo fue ya por la abstracción y generalización en las unidades morfológicas o geoformas, y poco después por los elementos dela estructura terrestre o “fases”; para ser, finalmente, hoy en día, la abstracción y generalización dada en la estados de espacio.

 

Bajo dicha categoría geográfica, todo es espacio, ya en su forma discreta dada por los fenómenos concretos naturales o sociales particulares, como un componente aislado o individual en forma de sustancia; o bien ya en su forma continua dada por los fenómenos concretos naturales o sociales particulares como un componente generalizado e ininterrumpido en forma de campos; y en ese sentido, todo es en calidad de estados de espacio.

 

En la categoría de estados de espacio se prescinde de los atributos particulares del fenómeno, de modo que el fenómeno sólo es “la cosa”.  Se prescinde, por ejemplo, de los atributos particulares de la montaña como actividad volcánica, una intrusión o un plegamiento; incluso se prescinde de su atributo como “forma del relieve” o geoforma, para ser sólo “la cosa” (con el nombre de montaña), que constituye un estado de espacio sustancial discreto, en constante transformación, sujeto de estudio sobre sus atributos y leyes espaciales propias.

 

Esa dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta, históricamente se reflejo en el pensamiento geográfico formando la contradicción dialéctica histórica esencial del conocimiento geográfico: la contradicción dialéctica espacio-fenómenos.  Por muchos siglos, la dificultad en el pensamiento humano para el entendimiento de un concepto de alto grado de abstracción, en la falta de comprensión del “objeto espacio” reflejado en el “concepto de espacio”, y su tratamiento meramente empírico ya como “la espacialidad” de lo concreto mismo, ya como el exclusivo sistema de referencia de las cosas (el que las cosas existen en el espacio), fue llevando al geógrafo a concentrar su atención una y otra vez, no en el estudio del espacio y el mapa, sino en el estudio del fenómeno y su historia.  Se formaron así, histórica y objetivamente, dos corrientes o escuelas de pensamiento geográfico fundamentales; las más generales y esenciales: la de la “geografía espacista” (Anaximandro, Eudemo, Dicearco, Eratóstenes, Hiparco, Eudoxio, Gémino, Marino, o Ptolomeo, en la Antigüedad; o Cosmas Indicopleustes, El Edrisi, Fra Mauro, o Cresques, en la Edad Media; o Toscanelli, Behaim, Vespucio, Frisius y Mercator, entre un alista ya muy grande de geógrafos en esta línea hasta nuestros días); y la “geografía fenomenista” (Estrabón, Polibio, Plinio, De Falera, Ibn Jaldún, hasta Kant, Ritter, Humboldt y una abundante lista de pensadores hasta nuestro tiempo).  La primera, sin tener históricamente los elementos suficientes para elabora una teoría del espacio geográfico, y la segunda como una salida falsa al problema, incurriéndose en una deviación científica.

 

Por toda la historia se entendió, en general, por todos, que el espacio terrestre y su representación en el mapa era lo esencialmente geográfico; pero al no elaborarse científicamente una teoría de ese espacio, el objeto de estudio, quedándose en lo empírico concreto, se confundía con el estudio de los fenómenos.  Por toda la historia se entendió en general por todos, que los fenómenos y sus relaciones eran objeto de tratamiento geográfico, y el problema, por siglos, consistió en desentrañar cómo tendría que ser el tratamiento de los fenómenos en geografía, que no implicase lo propio a las otras ciencias de las que tales fenómenos son su objeto de estudio propio.

 

Esa contradicción histórica esencial le tocó resolverla al autor de estas líneas en el año 2012, en el contexto de una síntesis lógica por la cual: si todos los fenómenos son estados de espacio, en donde las propiedades particulares de los fenómenos desaparecen; y la geografía es una ciencia del tratamiento de todos los fenómenos por igual; luego, la geografía es una ciencia de los estados de espacio, en los cuales los atributos particulares de los fenómenos desaparecen.

 

Quedó superada así, con fundamento teórico, la contradicción histórica esencial de la geografía.  Hoy, la antigua “geografía espacista”, quedó generalizada en el hecho de que toda geografía es sólo geografía del estudio del espacio en sus múltiples estados.  Por su parte, la antigua “geografía fenomenista” quedó subsumida en la síntesis, abstraída y generalizada en los estados de espacio.  El geógrafo no ha de perderse más en esa pretenciosa fatuidad que ya desde el origen acusaba Heráclito como “la mucha ciencia”.

 

El que por siglos haya sido así, se entiende por la falta de una teorización de su objeto de estudio complejo.  Aún en los años ochenta del siglo XX, en los que el geógrafo siguió siendo un “geógrafo fenomenista”, ello se entiende en tanto que, a pesar del cuestionamiento lógicamente consistente y una propuesta fundamentada del espacio terrestre, se careció aún de un de un reconocimiento generalizado del mismo.  Pero en los años noventa del mismo siglo, una vez “oficializada” la “nueva” propuesta (que lo único que tenía de “nueva” era ser sólo la vieja propuesta bien olvidada), todos los esfuerzos de las nuevas generaciones –o por lo menos de una buena parte–, debieron dirigirse a resolver el siguiente paso: ¿qué era ese espacio?, ¿cuál era su realidad y naturaleza?  Por eso, en las generaciones de los geógrafos en los años noventa y primera década del dos mil, ya no es entendible el que continuara en algo (esa “geografía fenomenista”) que cada vez se mostraba más sin fundamento científico alguno.  Más aún, hay algo peor a esa situación: las generaciones de la segunda década del siglo XXI, ya no pueden continuar en ello; de hacerlo –cuando ya no sólo está cuestionada, sino refutada la antigua “geografía fenomenista”, y plena y científicamente fundamentada la proyección de la antigua “geografía espacista”–, será ya cerrazón oscurantista que niegue el desarrollo de la Geografía).  Esa antigua “geografía fenomenista” de insistir en ser, tendrá que demostrar lo que por mucho tiempo no se pudo: su fundamento científico, en el método de la ciencia de la modernidad.  De no hacerlo así, se hace sujeta de crítica como anticiencia por falsear la verdadera ciencia de la Geografía que la ha superado; o bien, definirse en el contexto de la “posmodernidad”, ya no como una ciencia acerca de un propio conocimiento verdadero lógicamente fundamentado (todo lo cual es negado por el “posmodernismo”), sino tan sólo como un saber válido.  En ese sentido es aceptable en la forma en que ahora la hemos caracterizado: como una “geografía ensayista literaria”, siguiendo la misma idea de la teoría del “posmodernismo”.

 

De ahí que toda aquella división y clasificación de la Geografía en sus “ramas” de “Geografía Física”, “Geografía Biológica” o “Geografía Humana” (“Económica y “Política”), han perdido sentido y utilidad, desapareciendo de conjunto con toda la “geografía fenomenista”.

 

De momento no se puede hablar de una nueva división y clasificación interna de la Geografía, de su estructura, dado que ello no es un problema de orden teórico de principio, sino práctico, resultado de su propia práctica en la investigación concreta y madura del espacio terrestre.

 

Otra cosa son los campos formales de investigación en la estructura de toda ciencia, y en nuestro caso: el campo de investigación en geografía teórica (sobre los problemas esenciales de la geografía); en el campo de la investigación en geografía aplicada (sobre los posibles desarrollos en modelos teóricos dirigidos a su aplicación en soluciones prácticas); y el campo de la geografía operativa (que más que campo de investigación, es campo de resolución directa de problemas prácticos concretos).  Históricamente, ni la geografía teórica, ni la geografía operativa, nunca han tenido dificultad de comprensión de su función y de sus procedimientos; han expresado a lo largo de la historia el verdadero pensar y hacer geográfico.  La dificultad ha estado siempre en la parte de la geografía aplicada, en donde el modelo de aplicación para examinar sus posibles contribuciones, se confundió como la geografía misma.

 

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