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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 febrero 2012 7 19 /02 /febrero /2012 23:03

Logotipo SMTHG scTeoría Unificada de la Geografía: w de los Fundamentos de la Teoría del Conocimiento Geográfico. Ensayo, 2012 (III).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http:espacio-geografico.over-blog.es/

04 ene 12.

 

 

 

III  La Unidad e Integración de la Geografía: Subsunción Lógica en la Abstracción y Generalización del Análisis Cualitativo-Cuantitativo del Espacio Terrestre.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

 

1        De los fenómenos a los estados de espacio.

 

a)       De los fenómenos a los Elementos.

 

El principal problema del logro de una teoría unificada de la Geografía, lo fue, por siempre, el que la Geografía no pudiera ni desprenderse de los fenómenos, ni el poder entender su función en el conocimiento en esta ciencia.

 

Desde siempre, , en muchos trabajos hemos expuesto que el principal obstáculo para que a los fenómenos se les pueda dar su lugar y forma correcta de tratamiento en esta ciencia, fue, primero, el entendimiento de que el objeto de estudio era el espacio; algo que estaba ahí en la sensación de todos los geógrafos a lo largo de la historia, pero que se hacía inasible e indescifrable; luego, segundo, que no obstante ahí donde eso se llegaba a entender en mayor o en menor grado, el problema se traducía en entender qué era exactamente dicho objeto de estudio, y más aún, qué se le podía estudiar al espacio; tercero, que más allá de la voluntad de los geógrafos para avanzar en este objeto de estudio, el concepto de espacio estaba aún limitado, no obstante, con mucho de acierto, a la superada teoría física newtoniana; e inmerso en una situación contradictoria entendido como el continuum einsteniano, pero en una moderna teoría de la física.

 

La misma dialéctica materialista negaba la existencia del espacio como un “algo”, reduciéndolo a las propiedades geométricas o espaciales de las cosas, en última instancia en una identidad con el continuum einsteniano, sin que se pudiera responder al problema democritiano de qué había, entonces, entre dos últimas partículas infinitesimales, condición misma que garantiza el movimiento de las cosas.  Entender el espacio como un “algo”, era descalificado como metafísica, en mucho, al entender el vacío en una identidad con “la nada”.

 

Aun hubiesen planteamientos osados acerca de la realidad y naturaleza del espacio desde principios del siglo XX, no fue sino hasta fines de los años noventa de éste y principios del siglo XXI, que la teoría del espacio da un vuelco, permitiendo una reinterpretación de las cosas.  Fue entonces que nos acabamos de convencer en abstraer y generalizar a los fenómenos, como estados ya discretos o bien continuos, de espacio; y aún así, en el contexto de la historia de la Geografía y en las condiciones de su desarrollo teórico, este sigue siendo un planteamiento osado.

 

No obstante, esa gran abstracción y generalización, había tenido una transición estudiada entre 1976 y 1995, en los planteamientos de Carlos Sáenz de la Calzada en México, y el soviético A.M. Riábchikov, a quien el investigador mexicano José C. Martínez Nava trató de seguir.  Se trató de la abstracción y generalización de los fenómenos, antes que en estados de espacio, en la condición de los agrigentinos Elementos.

 

 

b)  De los Elementos a los estados de espacio.

 

La clave para tratar de resolver el problema de la teoría unificada de la Geografía, de lo que en su origen mencionamos como la teoría de una Geografía única, íntegra o identificada consigo misma, y en desarrollo, fue observar el desarrollo positivo de eta ciencia en último siglo, parte de lo cual ha sido nuestro propio lugar en el último tercio de esta historia.

 

Si una primera abstracción y generalización había sido dada con Vidal de la Blache entre fines del siglo XIX y principios del XX al plantear a la Geografía como la ciencia de los lugares, de la localización (1913); ello, en categorías enunciadas de manera muy unilateral, pero lo suficientemente esenciales y generales como para entender que por las mismas, a lo que muy directamente se refería de la Blache, era al estudio del espacio.

 

En ese desarrollo positivo al que nos referimos (por el cual los avances de una ciencia se dan sobre la base de lo vigente dado en su propio desarrollo), tocó a Alfred Hettner (1927), hacia el final del primer tercio de esta historia, elaborar una segunda abstracción y generalización: pasó de enunciar a la geografía como el estudio de propiedades particulares del espacio dados en categorías aisladas, al enunciado del estudio del espacio, explícitamente expuesto así.  Quedó en ello una limitación aún, pues por ese espacio, lo que Hettner consideró, fue el análisis corográfico y regional de la superficie terrestre.

 

Como consecuencia, tuvo que ocurrir una tercera abstracción y generalización del espacio entendido aún limitadamente en Hettner; y ello tuvo lugar en el curso del último tercio de esta historia (1981), tocándonos a nosotros el esfuerzo intelectual de elaborarla: del espacio como lo corográfico de la superficie terrestre, pasamos al osado concepto del estudio del espacio entendido como tal.

 

El proceso de comprensión de ello ha sido largo por innúmeras vicisitudes (no sólo de la historia y teoría de la ciencia, sino incluso de la sociología misma de ello), esencialmente, dada una razón en el fondo de la historia de la Geografía: la comprensión científica en general, del concepto de espacio.

 

Fue condición sine qua non el que se avanzara en ello por el conjunto de las ciencias involucradas en su definición, para que, en función de ello, pudiese quedar definida otra abstracción y generalización en la que ya se trabajaba: la de los fenómenos abstraídos y generalizados en los Elementos; para que, de esa manera, finalmente, los Elementos mismos pasaron a entenderse, en la teoría del espacio, como estados de espacio.

 

La tercera abstracción y generalización que recayó en nuestro trabajo de geógrafo teórico, iniciado en 1981 al desentrañar al espacio como tal, como el objeto de estudio de la Geografía, culmina, así, con el paso, en la teoría geográfica, de los Elementos, a los estados de espacio.

 

Cuando nosotros mismos hicimos conciencia de ello apenas recién en 2011, al revisar el desarrollo positivo de la Geografía en el último siglo y ver nuestro propio lugar histórico en ese proceso, fue ya de necesidad el que, lo que había empezado en 1981 como “el a de los fundamentos de la teoría del conocimiento geográfico”: la definición del espacio terrestre como el objeto de estudio de la Geografía; concluyamos ahora, 2011, con “el w de los fundamentos de la teoría del conocimiento geográfico”: la teoría unificada de la Geografía.

 

 

2        El análisis de los estados de espacio, y las propiedades del espacio terrestre.

 

  a) Los estados de espacio.

 

La categoría fundamental en geografía, de “estados de espacio”, deviene en la teoría del espacio como aspecto de la estructura del espacio terrestre.

 

Entender, entonces, la teoría de los estados de espacio, implica entender, primero, el origen evolución y estructura del espacio terrestre en su propia naturaleza.  Evidentemente, no es aquí, en este parágrafo particular de argumentación de este ensayo, el lugar para discutir con detalle y amplitud el punto; no obstante, nos referiremos a ello en sus líneas generales.

 

El espacio terrestre se originó desde el momento mismo en que una partícula se constituyó en el centro de gravitación de otras más, formando, en los millones de años, el agregado de una masa protoplanetaria de ellas: he ahí la primera condición y propiedad el espacio terrestre.  De este modo, el espacio geográfico o terrestre, no sólo tuvo un origen, sino que tiene un movimiento y desarrollo simultáneo a su estructuración; es decir, que, como espacio, es diverso y cambiante; y he ahí, una segunda condición y propiedad.

 

Con el transcurrir de los millones de años, quedó integrada una masa planetaria: tercera condición y propiedad del espacio terrestre.  Pero, más aún, esa masa no ha estado nunca estática, sino que gira definiendo un eje de rotación, de donde se estructura una condición más: su condición bipolar.

 

La masa, la rotación y la bipolaridad, son causa necesaria del resto de la estructuración de ese espacio terrestre, hasta aquí, entendido de manera exclusivamente plenista.  De donde, el estado de espacio discreto más general y esencial, es la masa terrestre misma en su conjunto (y aquí el concepto “masa”, prescinde de la naturaleza lítica o litico-hidrosférica del planeta).

 

De la masa misma, deriva la formación de un llamado “campo de gravedad” (independientemente de que luego este pueda ser entendido más que como una “fuerza”, como la curvatura del espacio), el cual determina en lo más general y esencial, por una parte, el estado de espacio continuo.

 

Ese campo de gravedad considerado en una masa estática y aislada, se proyectaría por igual en todas direcciones; pero considerando a la masa en rotación y con una bipolaridad como consecuencia, ese campo de gravedad adquiere una estructura propia, cuya geometría es muy próxima a la de las líneas del campo magnético.  Pero, más aún, una distribución diferenciada de la masa en el geoide, arroja una estructuración particular  del concepto  de gravedad terrestre; y, asimismo, un movimiento de rotación con los componentes de fuerza centrífuga y centrípeta, forman una estructura un tanto más compleja del espacio terrestre[i].

 

Pero esas consideraciones particulares que determinan sobre el campo de gravedad como estado de espacio continuo más general, también puede hacerse para el caso del estado de espacio discreto, a su vez, más general.  El geoide no sólo es de forma irregular por su concentración diferenciada de masas, sino, incluso, por la naturaleza diferenciada de los componentes mismos de la masa, es irregular en el contenido de su composición; es decir, que se forman estados de espacio como masas particulares diferenciadas por su distinta naturaleza.

 

Lo más evidente e ello a la percepción sensible, es la diferenciación entre las masa litosférica e hidrosférica.  Hay ahí dos grandes estados de espacio discretos, de cuya distribución se forman las estructuras del espacio terrestre (antes, la estructura primaria ha sido –lo hemos dicho más atrás–, la masa terrestre misma).

 

Sin embargo, en el curso de la historia de la Tierra se ha formado un estado de espacio más como componente inmediato más: la atmósfera.  Su sola existencia está vinculada a la masa terrestre misma, y su movimiento lo es, como efecto, del movimiento y estructura bipolar de dicha masa terrestre.

 

Riábchikov, Sáenz de la Calzada, o el compañero José C. Martínez Nava, podrían hablar aquí de a estructura del espacio conforme los Elementos, Tierra, Agua, Aire.  Pero son éstos los estados de espacio más generales que estructuran el espacio geográfico o terrestre en su conjunto.  Y aún falta mencionar el Elemento Fuego: la energía.

 

La energía es, a su vez, un estado de espacio, en este caso, continuo, y se presenta en el espacio terrestre de dos formas: 1) endógena, siendo la fuente de la misma la propia masa terrestre ya por su masa en sí y su campo de gravedad, ya por el efecto de dínamo interna en ella, que genera un campo magnético, ya por los efectos externos de su rotación y bipolaridad en la dinámica hidrosférica y atmosférica; así como por la actividad tectonogénica, que da lugar a la composición de otras formas de estados de espacio aún más particulares de la litósfera; y, 2) exógena, proveniente de fuera de la Tierra, esencialmente del Sol.

 

Hasta la consideración de la energía en su faceta endógena, la estructura del espacio terrestre ha sido explicada por la composición de sus estados de espacio (discretos o continuos), determinados por causas internas.  Pero al irrumpir el factor cósmico, el espacio terrestre deja de considerarse aislado y por sí mismo, para entenderlo ahora en sus determinaciones externas.  Y no nos detendremos aquí, porque no es su lugar, a la explicación de la teoría de las esfrágidas de Eratóstenes, que reconstruida a la luz de la teoría del espacio, permite reelaborar sorprendentemente –como es de esperarse– la geografía misma.  Sólo diremos aquí que, dada esta faceta exógena, un estado de espacio, incluso vacuo, de latitud jc, queda determinado por la componente del tiempo dado en el movimiento, ahora, de traslación de la Tierra (th), asociado a los efectos de las Estaciones del Año.  Esto es que, jc = f (th), cuya riqueza teórica de particularidades debe explicarse en otro lugar.

 

 

b) El estudio de los estados de espacio.

 

Hoy está internacionalmente aceptado que la Geografía es la ciencia del estudio del espacio terrestre, aun cundo por éste se entienda la subjetividad kantiana de un espacio que no existe objetivamente, sino que es socialmente construido, de tal manera que el estudio de este “espacio” se aborda por las propiedades del proceso social, dando lugar a una “geografía” a manera de una “sociología de los lugares”.

 

Una definición objetiva del espacio, pero donde por espacio se entiende limitadamente sólo las propiedades espaciales de las cosas, quedó dada en los trabajos de Riábchikov-Sáenz de la Calzada-Martínez Nava.  Pero de una definición objetiva del espacio donde por éste se entiende “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”, sus propiedades son ya inherentes a dicho espacio, es decir, son propiedades dimensionales, y de la dialéctica continuo-discreta de los estados de espacio.

 

Esas propiedades dimensionales se refieren a las propiedades adimensionales del punto en una localización, unidimensional de la línea en una distancia; bidimensional del plano o superficie en una distribución discreta o en una extensión continua; tridimensional del volumen ya en un sólido discreto o bien en un vacuum continuo; e incluso tetradimensional del espacio-tiempo del vacuum en movimiento y transformación.

 

Un estado de espacio, geográficamente, será estudiado en correspondencia con esas propiedades dimensionales, en su métrica y sus magnitudes.  Desde sus magnitudes básicas de longitud (m), masa (km) y tiempo (seg), en sus magnitudes derivadas de área (m2), volumen (m3), densidad (kg/seg2), presión (N.m2), velocidad cinemática (m2/seg), o  viscosidad dinámica (N.seg/m2); pudiendo ser, en un momento dado, funciones que describan procesos más complejos.

 

A nada de esto se ha llegado por “ingenio”, sino siguiendo la deducción lógica objetiva del espacio y de sus propiedades.  Al principio por su elementalidad no puede sino parecer, y hasta ser, físicas o quizá geofísica; pero, primero, estudios en un modelo así no hay; y segundo, conforme se avanza y se descubren cosas insospechadas, o incluso por la simple presentación diferente de las cosas, esos estudios se irán definiendo más claramente como lo esencialmente geográfico.

 

Tampoco hay en esta la fantasía de la ciencia-ficción (más aún, hoy, como en el origen, nos estamos reservando cosas que aun cuando para nosotros ya no es ciencia-ficción, planteando así sin más, a la vista de los demás sin duda lo parecerá), por más que dicha ciencia-ficción juega un papel eminentemente importante en el desarrollo de la ciencia.

 

Expresar en términos de ciencia-ficción (o casi de ciencia-ficción; por lo menos de una ciencia-ficción sospechosa), la unidad e identidad de la Geografía, en las últimas consecuencias de la lógica de estos fundamentos de su teoría unificada, nos permite retomar el postulado de Albert Einstein acerca de que, lo que hace que se curve la trayectoria de un rayo de luz, no es el campo de gravedad generado por una masa, sino que ello es producto de la curvatura del espacio mismo ante la presencia de una masa.  Y, yendo más allá, siéndonos en esos límites entre la ciencia y la ficción, pero como un consecuente lógico, pudiéndose decir, quizá, que no es la masa la que curva el espacio, sino, inversamente, que la curvatura del espacio, es en un alto grado de su vórtice, es la que genera dicha masa.  Así, en consecuencia, el peso (y las unidades derivadas, como la densidad), sería sólo una medida de la curvatura del espacio; como el grado y densidad de curvatura del espacio, una medida ya de sus estados discretos, o bien de sus estados continuos; una medida de lo pleno o de lo vacuo.

 

Pero, en esa dialéctica físico-matemática del espacio, expresado en términos geográficos, el espacio terrestre viene a ser una especie de espiral de un alto grado de curvatura en su masa lítica, a cada vez un menor grado de curvatura dada en su hidrósfera, y exponencialmente en un menor grado de curvatura de espacio, siguiendo en su atmósfera, en su biósfera y sociósfera, y luego en su exósfera.

 

El consiguiente es que hay una unidad material del mundo expresada en la faceta espacial, por la que todo es espacio en grados de curvatura; de donde deviene las formas discretas o continuas, plenas o vacuas, del espacio, y que, por lo tanto, la Geografía como reflejo de esa unidad material del mundo expresado en su faceta espacial[j], encuentra en ello mismo, finalmente, su propia unidad e identidad.

 

 

Conclusión.

 

El principio universal de la lógica dialéctica es que, si en la estructura de los juicios en el silogismo de la lógica formal, además de corresponder al arreglo de sus leyes, son reflejo lo más fiel de la realidad misma, entonces esos juicios, como premisas antecedente y de tesis, serán verdaderas.  Y si, siendo verdaderos los juicios de las premisas, entonces será verdadero el juicio en calidad de hipótesis derivado en el consiguiente.  E, inversamente, demostrado el consiguiente como verdadero, entonces ello corroborará la veracidad, en particular, de la tesis.

 

En este ensayo acerca de la teoría unificada de la Geografía, partimos de la premisa filosófico-histórica antecedente de que : <<Todo reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre, es la síntesis lógico-histórica de los fenómenos concretos dados en la Relación Geográfica, en los estados de espacio abstracto y generalizado dados en el Mapa>>.

 

Dicha premisa antecedente, a pesar de su demostración histórica de manera empírica, no ha sido, no obstante, del todo evidente, en mucho, por el planteamiento antitético antagónico en la contradicción que encierra: es decir, que entre los fenómenos y el espacio, como entre la Relación Geográfica y el Mapa; se vieron no sólo dos cosas contradictorias entre sí, sino que en su negación, un opuesto era excluyente del otro de manera absoluta.

 

Al argumentar aquí, por nuestra parte, tal premisa con base en el análisis dialéctico materialista, tal contradicción la hicimos relativa, y la resolvimos en un proceso lógico no antagónico, o de subsunción.  Así, dada esa premisa antecedente en esos términos, pudimos elaborar, en una generalización teórico-histórica, el juicio de la premisa de tesis sustentada en este ensayo: <<La unidad e identidad de la Geografía, es el reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre>>.

 

Tal tesis la habíamos elaborado desde 1981 cando descubrimos que el espacio era el real objeto de estudio de la Geografía, y siendo la ciencia el reflejo teórico de su objeto de estudio, todo lo que diese unidad e integridad al objeto de estudio, lo haría con la ciencia dándole su propia identidad.

 

De ambos juicios pudimos derivar la hipótesis: <<La unidad e identidad de la Geografía, es la síntesis lógico-histórica de los fenómenos concretos dados en la Relación Geográfica, en los estados de espacio abstractos y generalizados, dados en el Mapa>>.

 

La nueva tecnología satelital a partir de los años setenta, no suple la función de la Relación Geográfica, sino sólo la ha transformado; de ser antefacto fuente necesaria de datos, a ser posfacto, medio de verificación; y ello, como ningún argumento teórico, ha hecho evidente en geografía, que la Relación Geográfica y los fenómenos, ha sido siempre sólo un medio; en tanto que el Mapa y el espacio, ha sido siempre el objetivo.  Y es a partir de ello en consecuencia, que debe realizarse la investigación científica en el análisis cualitativo y cuantitativo del espacio terrestre.

 

Nuestra investigación de tesis de licenciatura (1981), con el aporte de la definición del espacio como objeto de estudio de la Geografía, fue el “a de los fundamentos teóricos del conocimiento geográfico”.  En ella previmos el objetivo esencial a alcanzar en la teoría geográfica: elaborar la teoría de su condición como ciencia única, íntegra; como tal, idéntica a sí misma; y en desarrollo.  Nunca pudimos haber imaginado entonces, que treinta años después, tal teoría de una Geografía única, brotara de una manera fluida nuevamente de nuestra pluma[k].

_____

 

Teoría Unificada de la Geografía: w de los Fundamentos de la Teoría del Conocimiento Geográfico.

 

Introducción.

 

I  La Síntesis Lógica de la Relación Geográfica en el Mapa.

1         Dialéctica de la síntesis lógica.

a)       Antecedentes y abolición de la vieja contradicción.

b)      Movimiento y desarrollo de la nueva contradicción.

2        Síntesis del espacio terrestre.

a)  La preparación de las síntesis en el análisis cualitativo-cuantitativo.

b)  La preparación de la síntesis en la abstracción y generalización.

 

II  La Unidad e Identidad de la Geografía: síntesis del movimiento de desarrollo y transformación de las Relación Geográfica en el Mapa.

1        La Geografía como síntesis de su historia.

a)      Exploración y Relación Geográfica: una geografía no desarrollada.

b)      De la Relación Geográfica al Mapa: una geografía desarrollada.

2        La síntesis geográfica: el mapa como el estudio del espacio.

a)       Abstracción y generalización del espacio terrestre.

b)      Subsunción del espacio concreto.

 

III  La Unidad e Integridad de la Geografía: Subsunción Lógica de la Abstracción y Generalización en la Abstracción y Generalización del Análisis Cualitativo-Cuantitativo del Espacio Terrestre.

1        De los fenómenos a los estados de espacio.

a)       De los fenómenos a los Elementos.

b)      De los Elementos a los estados de espacio.

2        El análisis de los estados de espacio, y las propiedades del espacio terrestre.

a)       Los estados de espacio.

b)      El estudio de los estados de espacio.

 

Conclusión.

 



 [i]       Aquí queremos hacer la nota al pie, de que pudiera argumentar que “esto es geografía física”, como si aparte pudiese haber otra “geografí biologiaca”, o “geografía huana”, etc.  Si hay tal sentido físico, es sólo porque el espacio es atributo físico de la realidad objetiva y lo que la geografía estudia, es eso; de modo que la Geografá no puede ser más que “fisica”.

 

[j]       Aspecto que ya habíamos previsto y expuesto desde el XI Congreso Nacional de Geografía en México, en 1987, en la ponencia: “La Geografía como Reflejo de la Unidad Espacial del Mundo” (en http://espacio-geografico.over-blog.es/; v. Ponencias.  De Congreso, “extrañamente”, no se publicaron las Memorias).

[k]       Este ensayo lo redactamos entre el 4 y 14 de enero de 2012.



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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