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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 febrero 2012 7 19 /02 /febrero /2012 23:01

Logotipo SMTHG scTeoría Unificada de la Geografía: w de los Fundamentos de la Teoría del Conocimiento Geográfico. Ensayo, 2012 (I).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http:espacio-geografico.over-blog.es/

04 ene 12.

 

Introducción.

 

Al considerar el pensamiento abreviado más sencillo, a la vez que el más general y esencial, acerca de la unidad de la Geografía como ciencia, podemos decir que la Geografía es unidad e identidad en la síntesis lógica, dada la dialéctica de la contradicción entre su antítesis y su tesis.

 

Nada, a la vez, más vago, por exacto que ello sea.  De ahí que tal enunciado tenga que precisarse ampliando el contenido de los conceptos: y, en primer lugar, establecer que la unidad e identidad de la Geografía como síntesis lógica, constituye una operación discursiva, un razonamiento o deducción en la lógica formal de un silogismo.  De modo que por tal síntesis, no debe entenderse un mero agregado mecánico de elementos diversos, a manera de una “síntesis combinatoria”.

 

De ello se sigue la necesidad de entender la dialéctica de la contradicción: esto es, primero, el encontrarse con la diferencia en lo que sólo pareciera idéntico a sí mismo; luego, segundo, reconocer en tal diferencia (en este caso), dos opuestos que aún contrarios entre sí, son complementarios e interdependientes; para, en una tercera fase, reconocer que esos contrarios, negándose mutuamente, constituyen la antítesis y la tesis que afirma la identidad, en este caso, de la Geografía.

 

Reconocer el carácter antitético que surge por oposición a una primera afirmación de identidad o tesis, es lo que permitirá la lógica dialéctica de la síntesis.  En ello radica el movimiento del objeto, pues es la tesis, enfrentada a la antítesis, lo que cuestiona y obliga al desarrollo.

 

Es pues, en la síntesis, en donde se obtiene una nueva identidad de ese objeto en movimiento, en este caso, la Geografía.

 

Ahora, a lo anterior, debe precisarse el contenido ya de la tesis, como de su antítesis.  Y desde el primer momento, en una primera identidad de la Geografía, ya observamos el juicio lógico que afirmaba en ella el estudio del espacio terrestre dado en el mapa.  De donde Eratóstenes introduce el término de “Geografía”.(de ge, o gea, la esfera terrestre en la diosa de la Tierra; y grafía, dibujo descriptivo, mapa en este caso), entendiéndose por ello entonces, la ciencia del estudio de la Tierra en sus mapas o representación de su espacio.

 

Y a ello se opuso, dos siglos después, el juicio antitético enunciado por Estrabón, de ser ésta, más bien, a su juicio, la ciencia del estudio de “la historia en el lugar” (el fenómeno social en ese espacio terrestre).  Así surgió, entonces, la contradicción fundamental de la Geografía; misma que implicó, en consecuencia, veinte siglos en resolverse, para, en su solución de síntesis lógica que ofrecemos aquí, dar lugar a una nueva identidad de la Geografía, siendo inherente a ello su unidad, su integridad, y su desarrollo.

 

Y ya así lo entendíamos desde 1980 cuando hacíamos nuestra investigación de tesis de Licenciatura en Geografía: “Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento” (1983).  En ella, finalmente, lo expusimos bajo el capítulo de: “La contradicción fundamental de la Geografía como ciencia, y el problema de su teoría unificada”[1].

 

Ahora bien, debemos decirlo, el reconocimiento de esos opuestos de la Geografía como el estudio del espacio terrestre dado en el mapa, o de la Geografía cono el estudio del fenómeno histórico-social dado en los lugares, no fue atributo nuestro; en primer lugar, ya estaba ahí enunciado por el mismo Estrabón; y en segundo lugar, ese reconocimiento de los opuestos, era entendido generalizadamente.  Lo que hizo la diferencia en el tratamiento del problema, fue que, mientras otros autores veían en ello sólo una “dualidad” de la Geografía, nosotros veíamos en esa dualidad una contradicción dialéctica.

 

Finalmente, se enunciaba así la contradicción teórica fundamental “que opera como motor del desarrollo histórico de la Geografía”[2]; la negación en el objeto de estudio, entre los fenómenos (naturales y sociales), y el espacio[a].

 

Incluso, ya desde entonces, explicábamos esos veinte siglos (años más años menos) de esfuerzos de pensamiento para su solución, en la indefinición científica del concepto de espacio.

 

Nosotros ya decíamos ahí: “En esta tesis no se ha de discutir con amplitud el problema de la teoría unificada, hasta aquí sólo se ha señalado en su esencial fundamento.  La razón principal que evita su discusión, es el que primero debe resolverse el problema el problema de la teoría del espacio geográfico…”[3].  Y entonces, hubieron de transcurrir treinta años, para que, definido el concepto de espacio geográfico y la esencia de su teoría, volviésemos al tema de la teoría unificada.

 

Habíamos dejado la solución a un futuro indefinido, llegamos a pensar que sería asunto de otra generación en un futuro más lejano del desarrollo de la Geografía.  Sin embargo, con un placer intelectual infinito, ese problema de veinte siglos del cual ya bosquejábamos su solución desde 1981, y luego expusimos en la tesis: “La teoría unificada de la geografía, que ha de hacer de la contradicción fundamental de esta ciencia, una contradicción no-antagónica, hará volver la mirada hacia las relaciones internas de la geografía, al estudio de esta ciencia por sus propias contradicciones internas; es decir, por el estudio de las contradicciones y relaciones de los objetos materiales de la naturaleza inorgánica, orgánica, y social, como formas discretas de espacio y su interacción física con el espacio mismo como cualidad transitoria continua”[4].  Y nos ha tocado a nosotros mismos –así lo creemos–, el resolverlo.  Y no podía ser casualmente, pues antes nos ha tocado resolver, también, el problema que condicionaba esta teoría unificada: la teoría del espacio geográfico.

 

La unidad de la Geografía, hemos dicho, se cifra en la síntesis, lo cual le ha implicado a sus analistas teóricos, definir la naturaleza de ésta, y de hecho, elegir entre entenderla como una “síntesis combinatoria”, o entenderla como una “síntesis lógica”.

 

El problema de la unidad de la Geografía se planteó casi desde su origen, al disentir Estrabón, en el siglo I ane, con un espíritu de historiador, del concepto de Geografía tal cual lo había introducido su autor, Eratóstenes, en el siglo III ane, en un espíritu de físico-matemático.  Pero en el origen mismo del desarrollo de las ciencias, cuando apenas comenzaba su diferenciación en el deslinde de sus objetos de estudio objetivamente dados, esa polémica no fue definitoria, y realmente no podía serlo: la geografía podía confundirse con las demás ciencias, como las demás ciencias podían confundirse entre sí.

 

Con el Renacimiento luego del siglo XV, y más aún con el momento de la Ilustración luego de la segunda mitad del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, fue entonces que el problema comenzó a plantearse como algo definitorio conforme la especialización cada vez mayor de las ciencias, y ya para el siglo XIX, por exclusión, se le planteó, entonces, como una necesidad, a la Geografía.

 

La primera solución se pretendió ver en el Todo de Karl Ritter, y a semejanza del Cosmos de Alejandro de Humboldt.  Y ese fue el modelo durante la primera mitad del siglo XIX, insostenible luego de la muerte de ambos personajes en 1859.

 

Se planteó entonces un par de soluciones a la unidad de la Geografía: la de una ciencia de los fenómenos sociales en los lugares, en función de los naturales, con F. Ratzel; y la de una ciencia de los fenómenos naturales en los lugares, en función de los sociales, con Ferdinand Von Richthoffen; con la históricamente evidente insuficiencia de una u otra propuesta (y más aún, de donde de la primera, se incurría en el llamado “determinismo geográfico”, como una anticientífica explicación de lo social, determinado por lo natural).

 

Ello llevó a que en el tránsito del siglo XIX al siglo XX, Vidal de la Blache replanteara el problema.  Para éste, la Geografía era una ciencia de la localización.

 

Mientras que la solución funcionalista lo que hacía era escindir a la Geografía, algo que habría en común a los dos casos funcionales y que en consecuencia daba su identidad, era el concepto de lugar.  La localización y el lugar, eran categorías que siempre habían estado ahí en el conocimiento geográfico a lo largo de la historia, de manera más persistente y fundamental que cualquier otro concepto vinculado a los fenómenos naturales o sociales; y con ello, como categorías espaciales, por primera vez en un siglo, se replanteaba en nuevos términos la unidad de la Geografía en torno al concepto del espacio terrestre.  Sólo que un espacio pobremente definido, no tanto por lo limitado de sus propiedades dadas por un número de categorías muy restringido, como, esencialmente, porque esas categorías apenas aproximaban a la esencialidad del verdadero objeto de estudio.

 

Treinta años después, Alfred Hettner fue más a esa esencialidad: la unidad no estaba dada por un objeto de estudio vagamente definido por un conjunto limitado de categorías particulares, en donde estas parecían ser el objeto mismo, sino por un abstracción y generalización mayor de éstas en un concepto o categoría esencial: el espacio como tal.  Sólo que, aún Hettner, tuvo que caracterizar al espacio geográfico como corografía y la región, donde las propiedades de éste quedaban dadas aún por las propiedades espaciales particulares mismas de los fenómenos naturales y sociales, cuya causa radicaba en los fenómenos mismos.

 

En la insuficiencia aún, se seguía intentando, desde el planteamiento de Emmanuel de Martonne de principios del siglo XX, de la Geografía como <<ciencia de los fenómenos naturales y sociales considerados en su distribución, en sus causas y relaciones>>, la unidad de la Geografía como una “síntesis combinatoria”, o como “sistema de ciencia”.  Mismas que, cuanto más se hacía científicamente insostenible, para la misma época de los años setenta del siglo XX, dio lugar al opuesto: la negación de la unidad de la geografía; la afirmación de que tal unidad era un mito (Alan Reynaud, 1976).

 

Casi medio siglo después de Hettner, en 1976, al tiempo que se afirmaba por Alan Reynaud que la unidad de la Geografía era un mito, en sentido opuesto, A.M. Riábchikov intenta superar la causalidad de los fenómenos, mediante la generalización de éstos en la idea de los antiguos Elementos griegos, analizando de ellos, los balances de energía.  De manera semejante, y simultáneamente, Carlos Sáenz de la Calzada plantea la misma idea en los términos de las transiciones de unos Elementos a otros.

 

Si bien el compañero José C. Martínez nava todavía hasta 1995, trató de explorar la alternativa de Riábchikov dando un estudio causal distinto para el espacio terrestre; por la parte del autor de estas líneas, decidimos explorar lo que, para fines de los años setenta y aún durante los ochenta del siglo XX, resultaba algo más que complejo: la realidad y naturaleza del espacio como tal.  EN el conjunto de las ciencias vinculadas a ello, el espacio como un “algo” era inconcebible; más aún, en el ámbito de nuestro marco teórico en la dialéctica materialista, ello resultaba en metafísica.

 

No obstante, con el avance de las ciencias vinculadas al asunto del espacio, lo que ya de tiempo atrás se sospechaba (por ejemplo, con Kósiriev), comenzó a adquirir visos de verificación de hipótesis en la transición de los años noventa del siglo XX, a la primera década del siglo XXI.  Ahora, finalmente, los fenómenos naturales y sociales así generalizados en los Elementos, adquieren una abstracción y generalización todavía mayor: los estados de espacio.

 

La unidad de la Geografía como una síntesis lógica, se da precisamente en la síntesis del espacio terrestre, primero, como una abstracción y generalización en los estados de espacio; y, segundo, como una subsunción de la antítesis de los fenómenos, a la tesis del espacio.

 

Ese enunciado abreviado que exponíamos al principio en su forma más generalizada, tiene, pues, un desarrollo; involucrando los conceptos geográficos más concretos; que expresa toda la complejidad del problema:

 

La Geografía es la síntesis lógica del movimiento en el cual la antítesis de los fenómenos dados en la Relación Geográfica, se desarrolla y se transforma en la dialéctica de la contradicción, en la tesis del espacio dado en el mapa; puesto que es la subsunción de la antítesis en la tesis, en la dialéctica de la contradicción, dada mediante un proceso de abstracción y generalización de los fenómenos en estados de espacio, en el análisis cualitativo-cuantitativo del espacio terrestre.

 

Si tratamos de simplificar ese complejo entimema, la tesis a sustentar es que: la unidad e identidad de la Geografía, es reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre.

 

La hipótesis en esa subsunción de la Relación Geográfica al Mapa; de verificarse, demostrará la veracidad de la tesis: la transformación de los fenómenos naturales y sociales en estados de espacio.

 

La premisa antecedente tiene un enunciado complejo correspondiente:

 

Toda síntesis lógica en Geografía, es subsunción de la antítesis en la tesis, en la dialéctica de la contradicción mediante un proceso de abstracción y generalización de los fenómenos en estados de espacio, en el análisis cualitativo-cuantitativo del espacio terrestre.

 

Lo esencial en esta premisa, es demostrar históricamente, ese proceso de abstracción y generalización de los fenómenos en estados de espacio, por demás, en un proceso de subsunción.  Esto último corresponde a una operación lógica en una inferencia mediata, misma que queda expuesta en el siguiente silogismo:

 

Todo reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre en la ciencia de la Geografía, es la síntesis lógico-histórica de los fenómenos concretos dados en la Relación Geográfica, en los estados de espacio abstraídos y generalizados en el Mapa.

 

La unidad e identidad de la Geografía es reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre.

 

Luego entonces, la unidad e identidad de la Geografía, es la síntesis lógico-histórica de los fenómenos concretos dados en la Relación Geográfica, en los estados de espacio abstractos y generalizados dados en el Mapa.

 

En este ensayo trataremos, pues, con el contenido de cada premisa (antecedente y de tesis), y de su consiguiente (hipotético), procurando su argumentación demostrativa.

 

De acuerdo con las leyes de la lógica, si ambas premisas son verdaderas, su consiguiente será verdadero.  Demostrada la veracidad por consiguiente, ello confirmará la veracidad de la tesis.

 

Por lo tanto, el presente ensayo lo dividimos en tres apartados, correspondiendo cada uno de los cuales a la argumentación demostrativa de juicio con que se enuncia cada premisa y su consiguiente.

 

La premisa antecedente tiene, en el fondo, una solución filosófica dada desde Hegel (la síntesis como resultado de la subsunción de la antítesis en la tesis), y ésta se suele dar por ya demostrada; en ella, que la antítesis se identifique con los fenómenos, como la tesis con el espacio, no es algo que se ponga en discusión, sino, por lo contrario, algo amplia e históricamente aceptado en distintas formas de interpretación en la discusión teórico geográfica misma.

 

La premisa de tesis: <<La unidad e identidad de la Geografía es reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre>>, es una afirmación categórica que, primero, la distingue de los criterios de la síntesis como la mecánica combinación de las cosas; y, segundo, afirma la posibilidad real de la unidad e identidad de la Geografía en esa síntesis lógica de los fenómenos y el espacio, lo cual, en su enunciado correspondiente de acuerdo con la estructura del silogismo, se demuestra en la verificación de la hipótesis.

 

Que hayamos planteado el problema de la unidad e identidad de la Geografía en nuestra tesis de licenciatura sustentada en 1983 (nuestra “Biblia”); que la solución al mismo la hayamos visto ya desde entonces condicionado a mayor claridad en el “a” de los fundamentos de la teoría del conocimiento geográfico, en su objeto de estudio dado en la teoría del espacio geográfico; y que esa esclarecimiento la hayamos elaborado con suma celeridad entre 2009 y 2011, luego de un vacío de casi quince años, ; y pudiendo hacerlo, primero, gracias a los avances al respecto en el conjunto de las ciencias; segundo, debido al análisis, ahora ya en la historicidad, de nuestro propio momento histórico, entendiendo el proceso de generalización teórica que nos correspondió hacer, y con ello, aportando precisamente a dicha teoría de nuestro objeto de estudio con el concepto de “estados de espacio”, entendido éste como abstracción y generalización teórica de los fenómenos (incluso de éstos generalizados en los Elementos), nos permite decir de este ensayo acerca de la teoría unificada de la Geografía; en el contexto de los límites que ya entonces vimos en “nuestra Biblia”; que el mismo constituye , en su consecuencia, el “w” de los fundamentos de la teoría del conocimiento geográfico; con el cual consumamos nuestro trabajo profesional en geografía teórica.  Ahora la Geografía, es lo sustentado en la plena y completa coherencia lógica dada entre ese ay w.

 

 

I  La Síntesis Lógica de la Relación Geográfica en el Mapa.

 

1        Dialéctica de la síntesis lógica.

 

a)       Antecedentes y abolición

de la vieja contradicción.

 

Se ha querido ver, desde la definición de Geografía de Emannuel de Martonne, la unidad de esta ciencia en la “síntesis”.  Y la síntesis, comúnmente se toma como el método de la sistematización del conocimiento, opuesto al análisis; y, más aún, como una oposición que llega a hacer independiente lo uno de lo otro.

 

Más allá del carácter estático y mecánico con que por lo regular se manejan estas categorías, en su consideración dialéctica, dinámica, la síntesis, más que como “lo opuesto” al análisis, es un momento más del desarrollo del análisis mismo.

 

Si por análisis lo que se entiende es la división y clasificación de las partes de un todo; la síntesis representa el momento opuesto: la integración, la unión del todo antes dividido.

 

Así, esa geografía, nuevamente en una consideración mecanicista que en su análisis resulta en una profusa división y clasificación de las ciencias particulares, no podía entenderse en su síntesis sino como la reintegración del conjunto de esas ciencias.  De ello surgió la idea de entender a la Geografía como la “síntesis de un sistema de ciencias”.  Ello, per sé, no es incorrecto, pero sólo es válido en términos de una visión estática y mecánica de lo que significan.  Pudiera decirse que es incorrecto, pero sólo en términos relativos, es decir, en relación con la visión dinámica y dialéctica.

 

Por lo tanto, en una consideración dialéctica, la Geografía, primero, necesariamente es una síntesis; pero, segundo, como síntesis, lo habrá de ser como reflejo de lo que sintetiza su objeto de estudio miso, entendido ya no como la síntesis de los fenómenos (y por ello de las ciencias como lo externo a ella), sino como la síntesis del espacio terrestre (y por ello, como síntesis de sí misma, de su internalidad); y tercero, esa síntesis no se entiende como la simple integración a manera de un agregado o simple combinación de elementos diferentes, sino como la nueva identidad deducida que aparece, como lo dijera Marx, de abolir; por lo tanto, de dejar sin valor; todo lo anterior; es decir, la contradicción antes existente entre los fenómenos y el espacio, afín a otra identidad entonces superada.

 

Desde la época de Emmanuel de Martonne, estaba en el ambiente la idea de la unidad de la Geografía como la “síntesis de las ciencias” (o de sus fenómenos objetos de estudio).  Pero, para mediados de los años setenta, era ya clara la insuficiencia metodológico científica  de tal propuesta; y de ello derivaron, entonces, dos soluciones: 1) la de declara que la unidad de la Geografía no podía desprenderse como reflejo de un objeto de estudio, vago e impreciso, sino de su método; y que para dicho método, carecía de sentido plantearse tal unidad, y por lo mismo, en consecuencia, esta unidad era un mito; y 2) la solución obvia de avanzar en el desarrollo positivo (que implicó, en una conclusión objetiva, independiente de los resultados de Hettner), retomar indirectamente al mismo Hettner y su idea del espacio y las regiones, buscando en ello una continuidad teórica.

 

Comenzó entonces, a partir de mediados de los años setenta a principios de los años ochenta del siglo pasado, un difícil proceso de abolición de la vieja identidad que se sintetizaba en la contradicción milenaria (y de ahí en parte la dificultad), de los fenómenos o el espacio (la “historia en los lugares” de Estrabón; o los “lugares y su grafía o mapas” de Eratóstenes), difícil proceso de abolición que dura ya treinta años.

 

En ese proceso, este ensayo aporta los elementos teóricos esenciales y fundamentales para culminar la transición a una nueva identidad, dada en una nueva síntesis lógica; y para entender la misma, deberemos explicarla tanto en el proceso de abolición de la vieja contradicción, como en el movimiento y desarrollo de la nueva contradicción, simultáneamente en el proceso de abstracción y generalización, así como de deducción lógica, que implica toda síntesis de esta naturaleza.

 

Resumamos, pues, primero, el proceso de abolición de la vieja contradicción.

 

Luego de una larga historia del proceso empírico espontáneo del conocimiento de esa faceta de la Tierra que se pierde en los tiempos, Eratóstenes, en el siglo III ane, elabora la primera gran síntesis de ese saber, en lo que él denomina: Geografía, dando lugar, con ello, en una primera gran identidad al entender dicho conocimiento como el dado por la grafía de la Tierra, es decir, por el dibujo descriptivo, como el inicial conocimiento científico de la misma, en sus mapas.

 

Poco después, Estrabón, en el siglo I ane, critica la “estrechez” “fisista” y “matematicista” del concepto de Eratóstenes, y hace ver, en lo que sólo parecía idéntico a sí mismo, su desdoblamiento en lo diferente: si bien el conocimiento geográfico tenía qué ver con los lugares, éstos no podían ser –en palabras que tomamos de Paul Claval–, a manera del “espacio vacío de los geómetras”.  En ellos, a decir de Estrabón, reinaba el hombre, y la geografía debía referirse a éste, y más aún, dicho de una manera evidentemente subjetivista por él mismo, sólo a aquello digno de importancia.  Y el mismo Estrabón que no sólo planteó la diferencia y su contrariedad, hizo desde el primer momento en ello la contradicción, es decir, la exclusicón o negación de un opuesto por el otro.

 

Y luego de más de veinte siglos del movimiento y desarrollo de la Geografía bajo esa contradicción, generados nuevos elementos del conocimiento acerca de la Tierra, a los geógrafos se nos ha planteado la necesidad de una nueva síntesis lógica del conocimiento al respecto.  La solución de aquella negación en la contradicción, no estaba en la exclusión, no era ésta una contradicción antagónica (como ya bien lo veíamos desde 1981 y así lo enunciamos en nuestra tesis de licenciatura en 1983), sino que su solución debía darse por el proceso lógico deductivo en la subsunción (o asimilación) de un opuesto en el otro; en la asimilación del opuesto antitético, en el de la tesis esencial y objetiva; en la subsunción de los fenómenos en el espacio , del “hombre en los lugares”, de la Relación Geográfica, en el Mapa; dando lugar, en cuya síntesis, a una nueva identidad de la Geografía  como ciencia.

 

 

I,1  b)  Movimiento y desarrollo

de la nueva contradicción.

 

Materialista dialécticamente, todo cuanto existe, existe dado en una contradicción, y ésta, no siempre evidente.

 

La vieja contradicción que movió a la Geografía por más de veinte siglos, dada entre los fenómenos o el espacio, se ha resuelto; como aquí lo demostraremos, en la subsunción de los fenómenos dados en la Relación Geográfica, en el espacio dado en el Mapa; y en dicha síntesis, lo que ha quedado en el desarrollo positivo como tesis en el Mapa, es el estudio del espacio terrestre; y he ahí, en ello, la nueva identidad de la Geografía.

 

Pero, justo en esa nueva identidad por la que la Geografía parece ser ahora única, e indivisa en múltiples y diferentes formas, está contenida realmente una diferencia de contrarios.  Dialécticamente tiene que ser así, o esta ciencia ya no se movería, permanecería estática, siempre una y la misma.  Sin embargo, en el objeto de estudio ahora plenamente definido, subyace una contradicción que mueve a la ciencia como reflejo del movimiento mismo del objeto de estudio.  Sólo que esa contradicción, ahora, es fácilmente entendible como no-antagónica.

 

La Geografía en esa identidad como ciencia del espacio terrestre como su objeto de estudio, contiene este una notable diferencia: lo pleno, y lo vacuo, mismos que se manifiestan en diferentes formas, como lo discreto y lo continuo, o como la substancia y el campo.  En su interdependencia, forman una contrariedad, y de ahí que el movimiento del espacio lo veamos precisamente en la unidad y lucha entre estos opuestos, formando una contradicción no-antagónica; es decir, en donde un opuesto, para ser, no sólo no excluye al otro, sino lo presupone.

 

El espacio, como una contradicción o como una unidad de opuestos, es eso, una unidad de lo pleno y lo vacuo (y sus derivados); el espacio se manifiesta así.  Pero cuando tenemos que traducir esas categorías generales del espacio, como categorías de “espacio terrestre”, lo pleno es –helo ahí de nuevo–, los fenómenos; y lo vacuo, es lo que en esencia es: el espacio en su propiedad más general y esencial.

 

Pero he aquí que los fenómenos como formas discretas o continuas de espacio, en la teoría del espacio, ya no importan como fenómenos; los fenómenos sólo son ahora, en general, una forma dada del espacio, pero, en particular, formas de estados de espacio.  La consideración de los mismos ya no ha de ser por las leyes que rigen a esos fenómenos como tales, sino por las leyes y propiedades de lo que, como estados de espacio, significan[b].

 

Por su parte, lo vacuo como forma general y esencial del espacio, puede considerarse como “estado de espacio general y esencial”.  Aquí vuelve a cuento aquella expresión de Paul Claval de que el geógrafo no estudia el “espacio vacío de los geómetras”; por lo que sólo expresaba un ferviente deseo que, a la larga, fue su contrario: el geógrafo sí estudia ese espacio; más aún, es la forma original y esencial de que lo estudia en cuanto al espacio (a pesar del desconcierto que lo nuevo pueda causar).

 

La pregunta clave aquí, está en cuanto a cómo se operó toda esa afirmación anterior en la “piedra angular” que ha significado la categoría de estado de espacio.

 

El concepto de “estado de espacio” estuvo desde el primer momento, tomado intrascendentemente de alguna lectura de los autores soviéticos que no recordamos, en donde sólo se mencionaba sin mayor explicación, pero igualmente inmanejable por nosotros en ese momento, y luego, por mucho tiempo, por lo que no lo retomamos sino mucho después.  Y estuvo ahí con el misterio de algo cuyas propiedades le darían el lugar de “piedra angular”, pero las cuales no entendíamos realmente con cierta plenitud, sino hasta tiempos muy recientes.

 

Y es que entender la importancia del concepto de “estado de espacio”, estuvo vinculado a entender la importancia del desarrollo positivo de la Geografía desde Vidal de la Blache a nuestros días, en torno al desarrollo del concepto de espacio como objeto de estudio de esta ciencia.

 

Y entonces entendimos que en ese desarrollo positivo se habían dado tres generalizaciones teóricas fundamentales: 1) de Hettner (1927), generalizando las propiedades particulares vidaleanas del espacio, en el espacio mismo como objeto de estudio; 2) de A.M. Riábchikov-Carlos Sáenz de la Calzada-José C. Martínez Nava (1976-1995), generalizando los fenómenos en los Elementos; y 3) la nuestra, el autor de este ensayo, en una generalización doble: del espacio hettneriano corográfico y regional, en el espacio como el vacuum (1981); y de los fenómenos-Elementos, en “estados de espacio” (1995-2011).

 

Fue esa generalización doble la que permitió hacer converger en la teoría del espacio geográfico, la categoría, ahora esencial, de los “estados de espacio”, redondeando la teoría misma.

 

La contradicción ahora, es, entonces, interna, en el desarrollo positivo de la teoría del espacio geográfico.  Antes que negar la unidad e integridad e la Geografía, antes que eludirla en calidad de mito y aceptar una condición incoherente y desmembradora de esta ciencia, ahora, la síntesis lógica en la contradicción dialéctica, contribuye a su unidad, integridad y desarrollo.

 

 

I,2  a)  La preparación de las síntesis

en el análisis cualitativo-cuantitativo.

 

El análisis, como en cierto modo observa Fichte, se refiere ciertamente a la división y clasificación de los elementos en un todo, pero donde ese todo está formado de la unidad tesis-antítesis, de donde surge la síntesis, así, como una forma desarrollada del análisis.

 

 Nos referiremos en este apartado a la preparación de la nueva síntesis lógico-geográfica, entonces, en el análisis cualitativo-cuantitativo de la nueva unidad de contrarios dada en la relación plenista-vacuista del espacio terrestre, entendiendo en ello la forma en que se da la unidad de la Geografía.

 

El análisis cualitativo en la vieja contradicción, era la descripción de los procesos estables de cada uno de los fenómenos, ahora, en la nueva síntesis, es la descripción de los procesos estables de los estados de espacio.  Es decir, no se trata ahora de describir un bosque por la asociación de cierto tipo de vegetación; sino por el conjunto de sus propiedades espaciales; desde las básicas como su longitud, superficie, volumen; a las propiedades derivadas o de funciones, como el perímetro o la densidad; hasta propiedades complejas como el movimiento de su distribución diferencial en el tiempo.

 

No se trata del estudio del fenómeno social en la descripción de los procesos estables de una urbe, sino del estudio de las correlaciones, de los principios, de las leyes y propiedades del espacio aplicadas a la urbe y sus elementos entendidos en un forma más generalizada, como estados de espacio.

 

Un desconcierto aquí, puede darse al considerar que en ello se está incurriendo en reduccionismo; es decir, en pretender entender un fenómeno no con sus leyes propias, sino, en este caso, con las leyes físico-matemáticas del espacio.  Pero tal reduccionismo es inexistente, pues lo esencial del conocimiento geográfico ahora, no es la pretensión del estudio de los fenómenos, sino del estudio de las propiedades espaciales de formas discretas o continuas de espacio, es decir, de estados de espacio entendidos bajo sus propias leyes, abstracción hecha de sus atributos como fenómenos naturales o sociales que en tanto tal, es objeto de estudio de sus ciencias correspondientes y bajo sus propias leyes.

 

En la vieja contradicción el análisis cualitativo no sólo preparaba en ese sentido de la descripción de lo estable, la investigación del objeto de estudio en aquel entonces entendido (los fenómenos), sino, en la mayoría de los casos, se quedaba ahí, haciendo de la Geografía un saber puramente descriptivo y desmembrado, incoherente en una amplia diversidad de unidad posible de fenómenos; que, cuando intentaba superar la pura descripción, entonces se especializaba cada vez tanto más; en una descripción explicativa provocando el rompimiento de una unidad e identidad en una mayor y más profunda desmembración, hasta el punto en que, o se afirmaba que esa otra especialidad (antepuesta la partícula “geo” a su nombre), era también geografía; o el último vestigio que quedaba de ella era el mapa.

 

La manera en que ahora, en la nueva contradicción dialéctica, el análisis cualitativo contribuye a la integración y a la unidad e identidad de la geografía, está en que, su descripción del espacio por sus estados, no sólo prepara la investigación de su objeto de estudio propio, sino el que, trascendiendo a una descripción explicativa que por sus propiedades espaciales se expresan en el mapa, profundiza en el conocimiento de las facetas y propiedades del mismo objeto de estudio, propiciando la integridad, y la unidad e identidad de la Geografía.

 

Y si el análisis cualitativo describe por excelencia lo estable, el análisis cuantitativo ha de describir los procesos variables.  Luego, si en algún aspecto se revela el atraso y acientificidad de aquella geografía de la vieja contradicción, es en el análisis cuantitativo, para el que esa vieja geografía no sólo no estaba preparad, sino para el que carecía de elementos; o, cuanto más las intentaba poner en juego, más evidencia sus limitaciones.

 

Nuevamente hay que decirlo, desde el punto de vista dialéctico materialista, lo cuantitativo, sólo es un momento del desarrollo de lo cualitativo; o dicho de otra forma, lo cuantitativo no es sino lo cualitativo desplegado.  Hay pues, una unidad dialéctica indisoluble entre ambos momentos del conocimiento.  Y así, ello explica el por qué lo cuantitativo estuvo desde el primer momento en el origen de todas y cada una de las ciencias, incluyendo a la Geografía en manos de Eratóstenes.  Lo que ocurrió después, precisamente a partir de Estrabón, fue la confusión.  Una confusión natural y explicable en cierto modo en su tiempo, pero no sólo y inaceptable para el siglo XXI, sino confusión que se hizo culto deliberado y perverso, hacia los años setenta del siglo XX.

 

Los teóricos de la Geografía de entonces, en una ignorancia supina, ya porque deberían saber lo que no sabían, ya porque lo que “no sabían” (o decían no saber), estaba siendo ocultado y sujeto a deliberada confusión: descalificaba el trabajo cuantitativo, primero, haciéndolo ver como una pasajera “moda” más en geografía; y segundo, atribuyéndolo de manera absoluta al positivismo, filosofía que ciertamente había hecho de lo cuantitativo principio científico absoluto, y luego refutada toda ella de conjunto.

 

Cuando en Estados Unidos se había empezado a desarrollar lo cuantitativo en geografía en los años cincuenta; en México, por ejemplo, en nuestra experiencia viva, no se comenzó a discutir su posibilidad sino hasta los años setenta sin que finalmente tuviera seguimiento.

 

Finalmente, dada la dominante exclusión de lo cuantitativo en la vieja geografía, tenemos que decir que la manera en que lo cuantitativo habrá de contribuir  la integridad, unidad e identidad de lo propio, es decir, de las propiedades espaciales de los estados de espacio; y más aún, de sus procesos variables que escapan a la empírica percepción sensible (y en ello, todo, absolutamente todo, está por hacerse).

 

 

I,2  b)  La preparación de la síntesis

en la abstracción y generalización.

 

La integridad, unidad e identidad de la Geografía en la nueva síntesis objetiva e históricamente dada, vino, insospechadamente, de los procesos de abstracción y generalización, como un par de procesos dialécticos presente en toda síntesis, pero de manera especial, de necesidad en la solución de este problema histórico en Geografía.

 

La abstracción es un momento del desarrollo de lo concreto, en tanto que la generalización lo es de lo particular.  En la vieja geografía siempre se buscó la solución a su problemática teórica, precisamente en lo opuesto a estos desarrollos dialécticos; es decir, buscando la unidad en lo concreto y particular; y justo ello es lo que hizo tan especial entender aquello opuesto.

 

Si lo concreto y particular se refiere a los fenómenos (al conjunto de las ciencias particulares), y ello sólo contribuía una y otra vez al proceso de desmembración y pérdida de identidad de la geografía; descubrir la necesidad de lo opuesto, no sólo por forma en cuanto a la condición de la síntesis, sino por su contenido en cuanto a qué y cómo podría ser esa abstracción y generalización, fue de trascendental importancia en la elaboración de la nueva síntesis histórica.

 

Aquella vieja geografía que era realmente todo lo que ella misma criticaba (a semejanza de la clásica fuga del ladrón que en el tropel de la persecución se suma a la muchedumbre gritando a la vez: <<¡agárrenlo!>>, señalando a lo indefinido): mecanicista, positivista, empírica, descriptivista, enciclopédica, reduccionista; sólo podía ser superada con los fundamentos de la dialéctica materialista, con el pensamiento marxista; y lo cual, para más, estaba ocurriendo, luego de 1990, en un momento histórico de derrumbe del bloque socialista y el reflujo de su teoría.  Pero, entre tanto, maduró el avance del conjunto de las ciencias, nuestro pensamiento geográfico, nuestra formación filosófica; y con ello, en l oportunidad de volver a la reflexión teórico-geográfica en el Blog “Espacio Geográfico, Revista Electrónica de Geografía Teórica”, nos tocó descubrir ese proceso de abstracción y generalización que ha dado la nueva síntesis, en la unidad e identidad de la Geografía.

 

Así, si los fenómenos era lo concreto, en el proceso de abstracción había que separar de “algo”, y reelaborar el concepto; y sucedió que en realidad ese concepto abstracto ya estaba ahí, aun cuando inintelegible; lo que faltaba, era descubrir el proceso de cómo se llegaba a él: al concepto de “estados de espacio”.  Y eso fue lo que descubrimos al hacer el análisis histórico de nuestra propia historia, desde sus antecedentes hasta sus consecuentes.

 

Mencionamos esto aquí como antecedentes, de acuerdo con la naturaleza  de los argumentos que corresponden a esta premisa; a su contenido nos referiremos específicamente en el tercer capítulo de este ensayo.

 

El geógrafo no estudia los fenómenos, sino –como lo expresara Emmanuel de Martonne– “considerados en su distribución y relaciones”, por la sola, simple y sencilla razón de que estos existen; dado que, “si la geografía tiene que ver con los diversos formas de movimiento de la materia (objetos, fenómenos o procesos de l naturaleza y sociedad), sólo lo es en tanto que determinantes de las propiedades espaciales…”[5]; o dicho más específica y concretamente; si la geografía estudia los fenómenos, es sólo por cuanto estos existen; en tanto todo lo que existe, existe tanto en el tiempo como en el espacio y determina sus propiedades.  En ese sentido, interesándonos descubrir las causas de los efectos, siendo la naturaleza del espacio un efecto, éste lo es teniendo como causa a los fenómenos en tanto estados de espacio.  No debemos pues, perdernos indefinidamente en las causas, sino aclarar éstas explayándonos en la explicación de los efectos, que es lo que, de manera científica, como conocimiento nuevo, interesa esencialmente.

 

No obstante, si estudiamos el fenómeno natural o social como causa por sus propiedades concretas, no podremos descubrir nada acerca de sus determinaciones espaciales; de ahí que de dichos fenómenos tuviese que generalizarse y separarse su faceta espacial, de donde son tomdos como estados de espacio, y una vez ubicados en tales propiedades y leyes, analizar cómo opera causalmente en propiedades del espacio más generales y esenciales.

 

De un bosque mixto, de pinos, fresnos y encinos, geográficamente no nos interesará ni siquiera en esa abstracción general como “árboles”, mucho menos en su naturaleza, o las aves que los anidan y las ardillas que juguetean correteándose en la enramada.  Dicho bosque en tanto estado de espacio, sólo será la extensión de un volumen tridimensional plenista con un cierto grado de densidad (o simple relación funcional de su masa en relación a su volumen), entre otras relaciones semejantes, como su movimiento o transformación, y la manera en que, sólo con ello, determina en sus relaciones físicas externas sobre las propiedades de un espacio más general y esencial[c], el llamado “espacio regional”.

 

Esa dirección del trabajo de investigación geográfica hacia la abstracción y generalización, sólo lo es respecto de los fenómenos concretos y particulares; pero, dialécticamente, al mismo tiempo, significará una concreción y particularización respecto de la naturaleza y propiedades del espacio.  En su esencia, esto es lo que definimos en el origen como el espacio geográfico: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta".


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[1]        Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento; Tesis, UNAM; México, 1983; p.39.

[2]       Ibid. p.40.

[a]        Ibid. p.40

[3]       Ibid. p.41

[4]        Ibid. p.41.

[b]       Ciertamente el geógrafo, acostumbrado a que todo el conocimiento le viene dado, y sin una formación en la real investigación científica, preguntará que cuáles leyes y cuáles propiedades.  Y, para su desconcierto, habrá que decirle que, si bien algo hay ya de eso en general, todo ello está por investigarse.

[5]        Ibid. p.131.

[c]       Ciertamente, a un geógrafo fenomenista que “se habilita” de biólogo, tal solución le parecerá una “simplificación” (y en realidad lo es respecto a la biología).  Pero a un biólogo, esa solución le parecerá justo lo que busca y espera del geógrafo en su análisis espacial.

  



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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