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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:13

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (13/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

21mar 11.

 

El conocimiento de la esfera terrestre se ha completado en cuanto a su dimensión espacial, incluso por cuanto a la configuración de sus continentes y océanos, sustento material del “Medio Geográfico”.

 

La Geografía posterior, en sus expresiones más avanzadas, por una parte, prácticamente va a ceder al campo de la geodesia la ulterior investigación de las proyecciones cartográficas, y por otra parte, va a dedicarse –no casualmente–, a revivir la Geografía Descriptiva fenomenista, enciclopédica, precisamente a partir de los trabajos de Varenio (fig. 58).  Lo importante será ahora nuevamente, como en la época de Estrabón, saber qué hay en los lugares, y dónde y cómo está, a fin de, con ello, completar el nuevo levantamiento cartográfico que se había incluido con la configuración del nuevo mapa de la esfera terrestre.


58-Portada-de-la-Geografia-General--B.-VArenio--1650.jpg

 

El carácter hipotético-deductivo de este período está relacionado con una medición de precisión de la esfericidad de la Tierra que condujo a la determinación cada vez más exacta de sus forma y a las causas que le determinan.

 

Hasta entonces, la Tierra había sido considerada como una esfera perfecta; sin embargo, con la hipótesis física de forma elipsoidal de nuestro planeta tras la polémica entre Newton y Cassini, y resuelta con los trabajos de La Condamine y Maupertuis, que comisionados por la Academia de Ciencias de Francia, se encargan de medir cada uno el valor de 1º de latitud sobre un arco de meridiano; Maupertuis en Círculo Polar Ártico, y La Condamine en el trópico americano, siendo aquí donde la curvatura de un arco de meridiano resultó ser mayor, y, por consiguiente, el valor de distancia de arco de 1º de latitud, menor.

 

Se comprobó, en consecuencia, que la Tierra no era una simple esfera, sino que ést estaba deformada en un elipsoide de revolución como lo establecía la hipótesis de acuerdo con Newton (fig.59).  Mas tarde, con los vuelos satelitales, el elipsoide también se apareció imperfecto, definiéndose entonces como periforme; pero, finalmente, ni una masa gravimétrica asimétricamente distribuida que le daba una figura periforme, permitió definir su figura, lo cual, finalmente, se determinó como un geoide; es decir, una figura especial que se identifica únicamente con la figura de la Tierra misma; lo cual hizo que la cartografía involucrase cada vez una mayor precisión, y con ello una mayor dificultad de cálculo para el manejo del espacio terrestre.


59-Forma-del-Elipsoide-de-Revolucion.jpg

 

Hasta la época de Sanson y Nicolosi a mediados del siglo XVII, la construcción cartográfica había sido suficiente con conocer el parámetro del radio de la Tierra; en lo subsiguiente, desde los trabajos de Goone, Lambert, Mollwide y Albers, la construcción cartográfica supuso los cálculos sobre un elipsoide de revolución, y por lo tanto el manejo de una mayor cantidad de parámetros, entre ellos, simplemente por ponerlo de ejemplo, ya no un radio, sino tres: un radio mayor, un radio menor, y un radio de curvatura.

 

El saber geográfico hipotético-deductivo que prácticamente se incia en el siglo XVI, se elaborará durante los siglos XVII a XX con personajes tales como Jean Picard (1620-1682), Cassini (1625-1712), D’Anville (1697-1782), La Condamine (1701-1774), Maupertuis (1710-1770); cuyo pensamiento se mueve ahora en función de un planteamiento: la elipsoidalidad de la Tierra, que nutre el saber geográfico espacista.

 

Sin embargo, dos factores velan este hecho: 1) dichos personajes contribuyen más, propiamente, a la especialidad de los conocimientos geodésicos, aun cuando con ello lo hacen indirectamente a los conocimiento geográficos; y 2) la aparentemente acabada imagen espacial del mundo, induce a que la Geografía, ciencia del espacio, sea criticada y suplantada; tal como lo fue en los tiempos de Estrabón, criticada por éste como “visista” y “matematicista”, y a su vez, así, sustituida por una limitada geografía fenomenista, descriptivista y enciclopédica; pero al fin y al cabo, significando la Geografía correspondiente a su tiempo.

 

Hemos dicho antes, que la hipótesis no se reconoce como elemento metodológico sino hasta básicamente el siglo XIX, siendo lo que caracteriza a la ciencia contemporánea.  Sin embargo, aún desde entonces, salvo casos excepcionales a la altura de su tiempo en México, se practica dominantemente la misma geografía teórico-intuitiva o conjetural que viene desde la Antigüedad, debido a los dos factores antes expuestos, lo cual ha sido así, de hecho, hasta inicios de la década de los años ochenta del siglo XX, en que nuevamente el problema del saber geográfico se vuelto a redimensionar.

 

A partir de entonces, el pensamiento geográfico entra en un proceso de revisión histórica y de crítica, y muchas de sus humboltianas y decimonónicas bases fenoménicas dadas ya por definitivas, son replanteadas para tratar de actualizrse al nivel de las ciencias con un fundamento hipotético-deductivo.  El presente texto, corresponde a esta corriente de pensamiento en México.

 

Con un espacio geográfico bidimensional plenamente determinado por un perímetro y superficie de la esfera terrestre conocidas con certidumbre, que dan lugar a una cartografía ampliamente difundida sobre la base de diversos sistemas de proyección con los parámetros de latitud y longitud, desde fines del siglo XVI, y prácticamente desde el siglo XVII, se planteó la necesidad de resolver el manejo de la coordenada de altitud en los mapas, lo cual constituyó el primer paso en dirección al salto cualitativo de un espacio geográfico bidimensional, a uno tridimensional.

 

En 1756, Philip Bauche resuelve un problema que duraba ya siglo y medio: la representación exacta del relieve terrestre, mediante el empleo de isolíneas (líneas que unen puntos, en este caso, de igual elevación sobre el nivel medio del mar), denominadas Curvas de Nivel (fig. 60, 61).


60-Isolineas--P-Bauche--1756.jpg61-Representacion-del-Relieve.jpg

 

Fue un primer paso hacia el estudio del espacio tridimensional, pues en última instancia, el relieve sólo representaba, a escala planetaria, una ligera deformación de la superficie terrestre.

 

El verdadero y asaz salto cualitativo, fue dado por Alejandro de Humboldt en el siglo XIX, con la publicación de su Cosmos, entre 1843 y 1858, en el cual habla ya del método de las isolíneas, ampliamente utilizado desde 1817, en que éste lo desarrolla, sobre los conceptos que tienen que ver con los campos físicos: término, barométrico, geomagnético, etc; y su expresión cartográfica.  Con Humboldt da inicio definitivo entre el siglo XVIII y XIX, del estudio del espacio tridimensional.

 

Para los geógrafos enciclopédicos descriptivistas, otros son los méritos que han destacado de Humboldt, precisamente los fenomenistas, ocultando ese aspecto esencial arriba destacado en el proceso de avance del saber geográfico como ciencia del espacio.  Esa fue la Geografía que había dominado sin consistente objeción, hasta inicios del último quinto del siglo XX.

 

Para fines de 1994 en que se redacta este trabajo, se puede ver ya una geografía científica de perspectivas infinitas.  Estos son apenas, sus primeros fundamentos contemporáneos, y es de esperarse numerosas actualizaciones.

 


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