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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:23

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (23).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

Mexico, 11 oct 10.

  

c)            Enajenación, alienación y oscurantismo.

 

Por tal, podemos concluir que los fundamentos psicologistas de la evaluación propios de toda la llamada “Escuela Nueva”, es no-humanista y por lo mismo, no-moral (lo cual sólo quiere decir que no se propone ello, y no quiere decir tampoco, inmoral); y afirmar el carácter no-humano de dicha teoría, es afirmar su carácter enajenante del individuo y de alienación social.  Es decir, en donde el individuo es despojado en un proceso económico-social (enajenado) de su propia condición humana; de su conciencia social y del reconocimiento por sí mismo de su espiritualidad humana creativa; y escindido, fragmentado, negado a sí mismo como humano (alienado), confundiendo (fetichizando, cosificando) las relaciones humanas, con las relaciones externas a los seres humanos, y dadas entre cosas.

 

Necesariamente, en educación, una teoría de evaluación es consustancial a una teoría pedagógica y didáctica, y al respecto, vale comentar sobre el desarrollo de las teorías pedagógico-didácticas de la “Escuela Nueva”, asociadas al fundamento psicologista, analizando quid pro quo por sus efectos.

 

Ya en un fragmento de un ensayo presentado en alguna materia en nuestros estudios de Maestría, acerca de que la educación escolar es un fenómeno filosófico y sociopolítico del conocimiento científico, decíamos (y aquí iniciamos una larga autoinserción):  <<La educación escolar, siendo un proceso de humanización del ser humano por el ser humano mismo en una transformación de su esencia y que actúa ininterrumpidamente en todos los aspectos de la vida de la sociedad, tiene en su base el proceso de adquisición de conocimientos como necesario factor de conciencia.  La educación supone necesariamente entonces un proceso contrario a la enajenación de los individuos y a la alienación social.

 

Debemos sospechar –por lo menos– en consecuencia, de las teoría pedagógicas fundadas en el psicologismo bajo esta sociedad capitalista que por definición, tiene por fin la enajenación del individuo y la alienación social como condición necesaria de su existencia.  Ese ha sido el papel de tales teorías a lo largo del s.XX, más aun, dado su fundamento filosófico no siempre explícito en los diversos sistemas filosóficos, del idealismo subjetivo.

 

Esa “Escuela Nueva” aún misteriosamente descalificadora de la “oprobiosa Escuela Tradicional” prerousseana del s.XVIII, o de la “Escuela Tradicional” quizás, previa al llamado “Movimiento de Renovación Pedagógica” [1] de fines del s.XIX, o quizás de la “Escuela Tradicional” anterior a los trabajos de Granville Stanley Hall o su discípulo John Dewey en 1896; o sea, todo ello desde hace más de dos siglos; no obstante “Escuela Tradicional” en la que se aprendía finalmente, dado que –con todo–, se apegaba a las condiciones de necesidad, que la famosa “Escuela Nueva Liberadora” las omite, sin acabar de ser plenamente consecuente con sus propios planteamientos; y donde resulta que, sin embargo, el conocimiento científico positivo, está perdido; nos lleva a considerar las influencias pedagógicas en México, de fines de ese s.XIX en que John Dewey, profundamente influido por Stanley Hall y el pragmatismo de Williams James y Charles Peirce (1839-1914), funda la “Escuela Experimental de la Universidad de Chicago” (1896), dando lugar a lo que en todo caso es ya la tercera etapa de la idea de la “Escuela Nueva”, en su etapa moderno-posmodernista; esto es, a partir de la fundación de la “Liga Internacional de la Nueva Educación” en 1921.

 

Se estableció entonces que; <<El fin esencial de toda educación es preparar para la realización de la supremacía del espíritu>>[2] (concepto último por el cual no se entendía la conciencia, sino a esa ambigüedad del individuo y Dios), así como que: “La educación debe respetar la individualidad...”[3].  La orientación general de la “Escuela Nueva”, dice Jesús Palacios en su “Cuestión Escolar”, quedó cifrada como “individualista, idealista y lírica”[4]  El individualismo, tan esencial al capitalismo, se hacía presente en el alma de la “Escuela Nueva” para producir “al hombre moderno, al citadino demócrata”[5], citando a Meneses en el resumen biográfico de Dewey; y una vez exaltado ese individualismo, “en efecto, bajo apariencias colectivistas y comunitarias –citando ahora nuevamente a Jesús Palacios–, la nueva educación es profundamente individualista”[6], con lo cual se neutraliza al educando; y acto seguido, se elimina al educador: “El adulto (...) es sólo un colaborador y un guía; no es un maestro en el sentido clásico de agente de algún tipo de causalidad en la formación...”[7].  Y así, con ello, se inició el proceso del nuevo oscurantismo, abriéndose paso a lo largo del s.XX.

 

“La nueva educación –dice Ernesto Meneses Morales en sus Tendencias Educativas Oficiales en México 1911-1934, citando éste a su vez a Gilbert, 1977– se caracteriza por estar estrechamente relacionada con la psicología experimental...”[8]; esto es, agregamos nosotros, la “Escuela Nueva”, particularmente la Escuela del s.XX bajo las teorías no-directivas o psicoanalíticas a lo cual pertenece el pedagogo Francisco Ferrer Guardia, influyente del proyecto de la “Escuela Moderna, o Racionalista” del anarquismo en México en los primeros años del s.XX, “la educación deja de ser un problema de trasmisión de conocimiento y se convierte en una actividad terapéutica, o al menos profiláctica”[9].  La “Escuela Nueva” se funda pedagógicamente en el psicologismo; fundamento que aquí hemos sometido a crítica por su condicionamiento alienante.

 

Con esta condición psicologista, el sujeto de la educación (el docente pensante que realiza el proceso); es descartado en su calidad de Maestro; reducido a sólo “facilitador” del aprendizaje; o anulado vía de la evaluación por el assesment; el sujeto de la educación (debiendo ser el docente), sutilmente pasa a ser la institución misma.  Mas, “el maestro de escuela es siempre un educador.  Por tanto, es útil incluso conocer primero la estructura psicológica y espiritual del educador”[10] –anota Meneses en la interpretación de las ideas de la “Escuela Nueva” de Kreschensteiner–; es decir, el docente absolutamente enajenado por la institución e identificado con ella, siendo él finalmente el que educa, es útil –dice el autor antes citado–, conocer primero su estructura psicológica y espiritual.

 

La educación como fenómeno filosófico, es no únicamente un fenómeno gnoseológico, sino lógico (o dialéctico), y a su vez ético-estético.  La educación reducida a asunto psicologista de la conducta, de las meras adaptaciones del individuo al medio, despoja a la sociedad del profundo proceso de humanización del ser humano y de su verdadera transformación emancipadora.  La educación escolar como fenómeno social, o sociopolítico para ser más precisos, nos enfrenta a la realidad acerca de la conciencia de las condiciones de necesidad para alcanzar la libertad.  La educación escolar como fenómeno sociopolítico, es una determinación de los intereses del Estado (ese aparato de dominio en manos de la clase social en el poder: el ejército, la policía, las cárceles, el sistema jurídico, la burocracia..., y en consecuencia el mismo sistema educativo); toda consideración acerca de la educación escolar, supone tomar en cuenta antes la naturaleza de ese Estado, de la correlación de clases sociales, y de los intereses económicos del modo de producción en su fase concreta y de sus perspectivas.  La clase social en el poder, mediante su aparato de Estado y a través del sistema educativo, elaborará para la sociedad un proyecto de individuo adecuado a sus fines exclusivos.  A ello se ofrecen en la sociedad misma infinitas formas de resistencia, las más, inconscientes, por parte de la clase social oprimida.

 

Parte esencial de esa resistencia, pero consciente, es el promover el conocimiento científico dialéctico.  Todo lo que se haga para demeritar dicho conocimiento científico, contribuye, por lo contrario, a la deshumanización, y en esa relación directa, al oscurantismo>> (fin de la larga autoinserción)

 

Mas aquí agregaremos ahora que, también, parte de esa resistencia inconsciente, víctima del posmodernismo, es la situación de disposición indolente del estudiante universitario actual; y en ese sentido, parafraseando a Marx cuando éste se refiere al papel del cristianismo hacia fines del régimen esclavista diciendo que este no es en principio mas que la denuncia de la miseria real, pero que en el siguiente paso se convierte en su fundamento ideológico; así el posmodernismo es en principio denuncia de la miseria real intelectual, pero que en el siguiente paso, se convierte en fundamento de la ideología del capitalismo.



[1] Palacios, Jesús; La Cuestión Escolar; Critica y Alternativas; Editorial Coyoacan, México 2002; 1ª Ed, 1988

[2] Meneses Morales, Ernesto; Tendencias Educativas Oficiales en México, 1911-1934; Centro de Estudios Educativos, A.C; México 1986, p.3

[3] Ibid. p.3

[4] Palacios, Jesús; La Cuestión Escolar; Critica y Alternativas; Editorial Coyoacan, México 2002; 1ª Ed, 1988, p. 28.

[5] Ibid. p.21

[6] Ibid. p.133.

[7] Ibid. p.4

[8] Ibid. p.5

[9] Ibid. p.154.

[10] Ibid.p.15

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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