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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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29 septiembre 2013 7 29 /09 /septiembre /2013 22:04

Se Vota la HuelgaCuarenta y Cinco Años Ha…!  Testimonio, Comentarios y Divagaciones del 68.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

21 sep 13.

 

Vimos en el puesto de periódicos –sea esto como comentario– la Edición Especial N° 42 de la Revista Proceso: “Testimonios de Tlaltelolco, 1968-2013”, y la adquirimos de inmediato considerando la posibilidad de que dichos testimonios fuesen los que la revista recopiló, si no estoy equivocado, en el 35 Aniversario del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, con motivo de la aparición de una colección de fotografías de algunos de los que fuimos detenidos en el Edificio Chihuhahua esa noche del 2 de octubre, entre los cuales aparecía el que esto escribe.

 

Pero no, rápidamente revisamos el índice, y lo que vimos era el testimonio de periodistas extranjeros presentes aquí con motivo de las Olimpiadas y que vivieron los hechos treinta años atrás.  Guardamos la revista “para después”, y afortunadamente este “después” fue unos días con posterioridad simplemente empezando a hojearla; pero papel y pluma a un lado esperando rescatar algo, sólo hicimos una resta: 2013-1968= 45, y entonces se nos despertó la inquietud por escribir algo, y ese “algo”, resultaba importante de reiterarse una vez más a la vista de la portada de la revista y de eso que se deja sentir en general en el conjunto de testimonios de esta edición: el reducir el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 al momento de su trágica derrota por vía de la fuerza militar más brutal; que por la naturaleza de los testigos entrevistados puede entenderse ese apreciación, pero no así del todo en lo común de los recuerdos del 68.

 

Cuarenta y cinco años ha…, y otros tantas veces de llanto y de plegaria en el estar conmemorando el momento de la derrota; cuando aquello debería ser la celebración de la victoria dada en la real derrota moral e histórica del fascista Estado burgués, aún a costa del abnegado sacrificio de estudiantes y pueblo inocente presente ahí, en la Plaza de las Tres Culturas en Tlaltelolco, en una digna postura de consciencia social por un México mejor.

No-fue-derota--fue-victoria.jpg

  No fue nunca una derrota del Movimiento Estudiantil-Popular, sino la victoria política, moral e histórica, sobre un Estado despótico y su Ejército "Nacional"  Mexicanao burgués.  Si se habla de una derrota militar, quizá, pero, dicho en el lenguaje infantil: "eso no se vale, porque nosotros no jugábamos a eso"; "jugábamos" la lucha por las libertades democráticas desde la democracia liberal burguesa misma; las <<Libertades Democráticas>>, fue el emblema del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en un círculo en que tres caurtos en blanco hacían una "L", y un cuarto en rojo, representaba la "D".

 

 

Ello no es extraño –y sea esto ahora como divagación– frente al hecho de que llevamos más de 500 años plañiendo la derrota de la “Batalla de la Noche Triste” (no el acto heroico de un pueblo que se defendía de una agresión descomunal), y el llanto de Cortés (y no la victoria obtenida sobre los conquistadores en una de las más extraordinarias batallas de la historia; y para constatarlo, léase con detenimiento la narrativa del hecho en la Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo.

 

Así, recordar el 68, es recordar la tragedia, la derrota, la aparente imposibilidad ante el opresor; cuando que el 68 fue precisamente todo lo contrario: una gran fiesta, una gran celebración, una victoria; justamente así como han sido históricamente los triunfos del proletariado y los oprimidos de todos los tiempos: a costa de la riqueza de sus propias vidas.

 

Ese triunfo del proletariado en 1968, en los hijos de la clase trabajadora y de ella misma, se expresó innúmeras veces en el curso apenas de dos meses y medio (que en esos momentos nos parecieron eternos), del movimiento, pero tuvo dos momentos trascendentes en lo que fue esa victoria: cronológicamente el primero, en una victoria política, el lunes 29 de julio en las primeras horas del amanecer; y el segundo, en una victoria moral, el miércoles 2 de octubre en las primeras horas del anochecer.

 

El segundo momento, el de la victoria moral trascendente, de innúmeros testimonios aún cuando interpretados con el sentido del pesimismo, es ampliamente conocido.  El primer momento, el de la victoria política trascendente, por lo contrario, es el absolutamente desconocido por  prácticamente todos; es a ello a lo que dedicamos con plena  justificación, pues, nuestro testimonio (el cual hemos narrado ya antes en nuestro trabajo más extenso: “El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN, en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968”, publicado aquí mismo).

 

Aquel lunes 29 de julio de 1968 –y pasemos ahora al testimonio–, fue, a nuestro juicio, el día en que realmente empezó el Movimiento Estudiantil.  El 26 de julio u otros acontecimientos inmediatamente anteriores, fueron sólo sus antecedentes, y hechos en los cuales todo conflicto estudiantil era normal y pasajero.  Pero el 29 de julio por la mañana, con la toma de las escuelas y la formación de los Comités de Lucha, el Movimiento dio comienzo real y formalmente.
Los-revoltosos-esperando-como-lagartijas.jpg

Aquellos "revoltosos" vistos desde la Dirección, "sospechosamente", parecían aprestarse a la insurreción..., ¡qué casualidad que todos estuvieran ahí como lagrtijas al Sol!

 

Aquella mañana del lunes 29 de julio, los estudiantes politécnicos iniciábamos el periodo de exámenes trimestrales que entonces se estilaba en la institución, con cuestionarios impresos en común para todos.  Llegamos todos a la escuela, y como lagartijas a los rayos del Sol matinal, aguardábamos en el patio, todos del lado poniente a lo largo de la explanada central donde ya incidían los rayos solares.  Desde ahí empezó una situación curiosa espontánea: nadie llegó y se metió a sus salones de clase a esperar el fatídico momento del examen; todos, de manera natural, espontánea, nos quedamos en el patio, y ello, a la vista de las autoridades, debió ser, sin que nosotros así lo pretendiésemos, una especie de preparativo para la insurrección.  Fue eso, y la información real de que sí disponía la Dirección, lo que retardaba la salida de los profesores a la aplicación de los exámenes.  Hasta que, seguramente “con el Jesús! en la boca” y el Director en su cubículo “pasando cuentas de rosario”, una profesora, y sólo una, por fin salió de las oficinas abrazando entre sus pertenencias –eso que todas la mujeres cargan inexplicablemente, bolso, abrigo, paraguas, una bolsita más, un paquete de esto de lo otro–, además, varios rollos de los  impresos del examen que correspondía a esa fecha.

 

Estaba yo ahí con mis compañeros de grupo, y a unos metros estaban tres compañeros: Miguel Hernández, Víctor Cejudo Ayala (“el Cejas”), y Gerardo Murillo (“el Muro”), que conocía, pero con los que, hasta entonces, nunca había tratado.  Y eso, porque yo  pertenecía a un grupo cultural, la “OCET” (la “Organización Cultural de Estudiantes Técnicos”), que sin ser propiamente un grupo “feneto” (es decir, de la FENET o “Federación Nacional de Estudiantes Técnicos”), era evidentemente una cooptación de esta y así se le identificaba por los apoyos que  lográbamos sacar de ellos para nuestras actividades culturales, en lo que aquellos tres compañeros integraban el grupo de oposición a la FENET en la “Planilla Azul”.

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  A lo lejos, la profesora-señuelo se aproximaba valiente a enfrentar al estudiantado sospechoso de insurrección; atrás de ella, en la Dirección, las autoridaddes, "pasaban cuentas de rosario con el Jesús! en la boca".

 

 

Al dirigirse aquella profesora-señuelo a los salones, Miguel, Víctor y Gerardo se dispusieron a salirle al paso, pero tras ellos nos movimos todos espontáneamente convergiendo sobre la profesora; que ahora me pregunto cómo es que no se desmayó al quedar inmersa en una masa compacta de estudiantes que se suponía “en rebelión”.  Pero, valiente, dio la orden de dirigirnos a los salones.

El-Politgecnico-esta-en-Huelga.jpg

 - "¡Pasen a los salones, se va  aplicar el examen!"

- "No profesora..., el Politécnico está en huelga..."

 

 

Sin embargo, Gerardo se dirigió a las escaleras subiendo tres o cuatro escalones, se puso una mano en la cintura en lo que con la otra se apoyaba en el pasamano, en una clara actitud ed. “¡aquí no pasa nadie!”, en lo que, flanqueando a la profesora, se ubicaron Miguel y Víctor, en lo que yo quedé justo en medio frente a ella, haciéndole ver aquel que los exámenes no se aplicarían: “porque el politécnico estaba en huelga”.

 

Todos nos sorprendimos, ¡cómo que estábamos en huelga!  Pero esa era una información que profesores y autoridades realmente debían tener, al igual que Miguel, pues éste, en el fin de semana, había asistido a la Asamblea Estudiantil en que se acordó tal cosa para llevar a efecto precisamente a partir de ese día, y los que conocían el dato, solo estaban en espera del desenlace.

 

Algo discutió la profesora, algo le respondió Víctor, todos escuchábamos desconcertados informándonos hasta ese momento, hasta que la profesor dio media vuelta abriéndose paso entre la muchedumbre que respetuosamente hizo un corredor de salida, dirigiéndose rumbo, nuevamente, hacia la Dirección.

 

Entonces Miguel, con una sonrisa de picardía que revelaba que increíblemente “suplan había funcionado”, se dirigió a Víctor con la sorprendente pregunta de: ¡¿Y ahora, qué hacemos?!  Gerardo ya se había ubicado entre Miguel y yo, y todos nos quedamos tan atónitos como Víctor, que en el más profundo desconcierto sólo respondió: “¡cómo, pues si se suponía que tú sabías lo que había qué hacer!” (y aludía a que él también sabía que Miguel había asistido a la Asamblea, hecho que todos los demás desconocíamos), y Miguel sólo rió sin tener respuesta.


Ante el desconcierto de los tres, es ahí donde yo entré en escena.  De mi padre, uno de los hermanos conocidos como “los Chimales”[a], dirigente sindical de la Sección 35 en la Refinería de Atzcapotzalco[b], del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, había recibido la lección de que, si quería que los trabajadores tomaran acciones decididas, había que lanzarles una arenga bajo el Sol; pero que si quería que los trabajadores tomaran una decisión razonada y legitimadora, había que tenerlos en un auditorio.  Recordé la lección y entonces intervine y propuse que había que meter a todos los compañeros al Auditorio para informarles y tomar una decisión.

En-el-Auditorio.jpg

  Y Miguel habló..., habló..., y habló..., ¡pero no tenía la menor idea de qué hacer! (y los demás, menos).

 

Sin más, fue la solución al siguiente paso, y todos nos encaminamos con firmeza hacia el Auditorio de la escuela.  Entramos, ahí estábamos todos (ese día de examen todos estaban presentes), todo el Auditorio repleto, estudiantes entre 12 y 17 años de edad en  el nivel de Secundaria en una escuela eminentemente proletaria, en los pasillos, en los ventanales, ocupando todo el estrado, unos encima de los otros, en una enorme expectativa.

 

Miguel tomó la palabra, no sólo era el más informado, sino el único con alguna información; a su derecha hacia atrás, estaba yo, luego Víctor y luego Gerardo.  Y habló…, y habló…, y habló…, hasta que ya no tuvo más qué  hablar…, y entonces volteó y se dirigió a Víctor: “¡¿Y ahora, qué hacemos?!”  Nuevamente nos quedamos estupefactos, y Víctor no hizo más que responderle lo mismo: “¡¿Cómo, pues se supone que tu eres el que sabía qué hacer?!”.  Y con  una especie de “cinismo ingenuo”, Miguel respondía: “¡pues no!”.  Y entonces volvía a intervenir y sólo se me ocurrió decirle: “pues sigue hablando… (sic), en lo que me pongo de acuerdo con Víctor sobre lo que hay qué hacer”.  Y Miguel volvió a tomar la palabra y a saber lo que dijo, en lo que Víctor sólo me veía desconcertado; y entonces me acerqué a Miguel y le dije en lo que hablaba, que sacara la votación de si estábamos de acuerdo en ir a la huelga con todo el Politécnico.  Solución mágica, redondeó su discurso y llegó al punto: “¡¡compañeros, finalmente, los que estén de acuerdo en sumarnos a la huelga de todo el Politécnico, levanten la mano!!”.  Y en una unísona y atronadora exclamación inolvidable, todos no sólo levantaron una mano, sino las dos en una gran algarabía al grito de: “¡¡Huelga, huelga!!” (aunque ninguno de los presentes ahí, tuviéramos la menor idea de lo que eso era).
Se-Vota-la-Huelga.jpg

  "¡¡Compañeros, están de acuerdo en que nos sumemos a la huelga del Politécnico!!"...

     

 

Ahora los cuatro que habíamos armado todo aquello de la manera más espontánea y empírica, Miguel, Víctor, Gerardo y yo, sólo volteábamos a vernos con la misma pregunta en el fondo: “¡¿Y ahora, qué sigue?!

 

Y lo que seguía, lo que ahora había qué hacer, era de una lógica natural: ir a sacar al Director y a todo su personal.  Entonces todos los compañeros empezaron a salir del Auditorio al grito insistente de “¡huelga, huelga!”, con rumbo a la Dirección.

 

Los cuatro, que ahora impensadamente nos habíamos hecho del poder originando una nueva organización político-estudiantil que reemplazaba para siempre a la FENET, esperando a que todos acabaran de salir, nos sentamos en la orilla del estrado; Miguel, riendo, ahora ya con ironía pero con una enorme y sincera realidad, volvió a hacer la pregunta: “¡¿Y ahora, qué hacemos?!”, a lo que Víctor le respondió con una andanada de improperios y maldiciones, para agregar sólo al final: “¡Pues se supone que tú eras el que sabía qué hacer?!”.

 

Todos reímos de buena gana; estaba claro que lo que había qué hacer: ir a sacar al Director y a todo el personal administrativo.  Afuera, en medio de una escandalera desde la puerta del Auditorio hasta la puerta de la Dirección, los compañeros aguardaban a que saliéramos.  El problema de fondo no era tanto determinar la siguiente acción, sino, el cómo hacerlo; pero a la pregunta de: “¡¿Y ahora, qué hacemos?!”, la respuesta evidente fue: ir a sacar al Director; y entonces con decisión, nos pusimos en  marcha.  Y en “fila india” en medio del griterío, pasamos por delante de todos los compañeros rumbo a la Dirección; Miguel al frente, luego Víctor, les seguía yo, y al final Gerardo.

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  En "Fila India", Miguel, Víctor, Luis Ignacio, y Gerardo, rumbo a la Dirección en medio de un gran griterio que clamaba "¡¡Huelga!!", a que el Director entregase la escuela. 

     

 

Entramos a la Dirección, y en ese orden en  que llegamos, nos distribuimos dentro de las oficinas cual si fuésemos un “comando” que sabía lo que estaba haciendo y operaba conforme a un plan y “evidentes estrategias”.  Miguel y Víctor siguieron al fondo a la oficina del Director encerrado ahí, como se suele decir, “a piedra y  lodo”, y luego yo me quedé a medio camino, recargado sobre el mostrador de los servicios escolares, y al final, Gerardo entró y cerró la puerta de grandes vidrios.  Permaneció al pie de ella en esa actitud de “¿aquí no pasa nadie”!

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  Sin duda, un "comando" entrenado que "sabía muy bien lo que hacía". 

     

 

No recuerdo bien si ya todo el personal se había ido o si quedaban una o dos secretarias tecleando frenéticas sus máquinas de escribir como si nada ocurriese.  Miguel y Víctor aguardaban en la puerta de la oficina del Director comunicándose a gritos sin que éste  les abriera.  Yo pensaba en cómo podría resolverse esa situación, y Gerardo hacía guardia en la entrada.  Pasaban los minutos y la situación se hacía tensa en esa indefinición.  Dentro de la oficina, seguramente el Director, angustiado, hacía innúmeras llamadas telefónicas pidiendo auxilio; pero la salvación que él esperaba de parte de los “fenetos” ya no llegaría nunca más, hacía apenas unos minutos la FENET había desaparecido para siempre.  Y seguramente él mismo ya lo entendía así, y en lo que nosotros estábamos en la Asamblea, seguramente se comunicó con los nuevos dirigentes del Comité de Huelga del IPN de las Escuelas Superiores en la Unidad de Zacatenco; y de ahí, una Comisión se puso en movimiento para asistir en la complicada situación.

 

Ese escenario explica cómo es que en esos momentos más críticos y angustiantes en los que el Director no estaba dispuesto a entregar la escuela a esos jovencitos (seguramente a su juicio sólo “revoltosos”), entre 12 y 17 años de edad; y que nosotros no teníamos otra cosa mejor qué hacer, que, en la lógica necesaria de las cosas, aguardar a que nos atendiera para que entregara las instalaciones y se fuera, de pronto un par de compañeros se presentaban con Gerardo y éste les daba paso.

 

Intempestivamente uno de ellos pasó rápidamente  a mi lado y siguió  hasta donde estaban Miguel y Víctor, y tras él, otro compañero más se dirigía a mí al paso diciendo sólo: “¡Se nos adelantaron, chavos!”…  Yo sólo me encogí de hombros ante un  enunciado que se me hacía incoherente, volteando a ver a Gerardo como para aclarar quiénes eran, a pesar de que ya sobreentendía que era una Comisión del Comité de Huelga de todo el IPN, que no pudo llegar en otro mejor momento para salvar la situación sin salida.  Luego supe que el primero que entró, fue el compañero Ángel Verdugo, de la Escuela Superior de Físico-Matemáticas (ESFM), y tras él, el que se dirigió a mí, era Félix Hernández Gamundi, de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME).

 

Se presentaron con el Director, éste les abrió la puerta y entraron…, pero nos dejaron afuera.  Aquello se convirtió en una primera y dura lección de las artes políticas de la diplomacia: el qué hacer en esa situación, no era de una solución directa, sino que requería de  una mediación.

 

Luego de un tiempo cuyo lapso no recuerdo bien, el Director entregó las instalaciones a los compañeros y salió por la puerta trasera; máquinas y “stencil” quedaban a nuestra disposición para tirar volantes.  No tuvimos de ellos ninguna instrucción especial o indicaciones de qué hacer.  Entonces Ángel Verdugo volvió a salir rápidamente, quizá algo habló con Miguel, en lo que Félix Hernández Gamundi se dirigía a Víctor y a mí diciéndonos simplemente…: “Quedan a cargo, chavos”.  Y se fueron a toda prisa.  Entonces se hizo una algarabía de un entusiasmo indescriptible; todos saltaban y gritaban, ante lo que yo me quedé estupefacto, tratando de asimilar lo que habíamos hecho; y para colmo de mi estupor, la niña más bonita de la escuela, iba a mí y me obsequiaba la mordida más rica de su sabrosa paleta de limón…  Ahora éramos los dueños del mundo.

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  "¡Quedan a cargo, chavos!" 

     

 

Miguel tomó la palabra y “giró las primeras instrucciones del Comité”: ir a los salones a sacar las butacas y amontonarlas cual barricada en la reja de entrada de la escuela; pronto se formó un denso montón de sillas.  De momento me pregunté acerca de para qué ese desorden, pero, a no mucho, entendí la necesidad de ello: desde un  automóvil en marcha, se nos hicieron varios disparos hacia la entrada de la escuela.  Apenas hasta hace unos años aún  se conservaba la antigua fachada de su enrejado tubular en el que en el que quedaron las horadaciones de las balas.

 

A partir de ese momento, la Escuela Tecnológica Prevocacional N° 5, la “Prevo 5”, estaba en huelga, se sumaba al paro del todo el Instituto Politécnico Nacional en protesta por los acontecimientos represivos de los días anteriores, en especial del 26 de julio en que todos habíamos participado y vivamente conocíamos.  Las autoridades no simplemente suspendieron las actividades, o esa Comisión de compañeros de las Escuelas Superiores llegaron a decirnos sin más que nos podíamos ir a nuestras casas.  Por lo contrario, en esos maravillosos azares de la historia, nosotros, estudiantes de Secundaria entre 12 y 17 años de edad, finalmente supimos “qué hacer” para legitimar tanto una nueva organización estudiantil, como para tomar la escuela e instalarnos en huelga.

Y-nos-hicimos-los-duenos-del-mundo.jpg

  ¡¡Y nos hicimos los dueños del mundo!!  Todo el mundo gritaba y dab de saltos...; y la niña más bonita de la escuela, fue a mí, y me obsequió la más rica mordida de su paleta de limón. 

     

 

Ahí, y así, nació una nueva generación de jóvenes que, con todas las limitaciones y condiciones de la época que les tocó vivir, al final, con el sacrificio de la libertad de muchos y la vida de otros más, en una descomunal victoria política al principio y otra moral al final, combinadas, le dio una nueva forma al México contemporáneo.

 

Pero concluyamos con algunos comentarios y divagaciones más.  Esa misma generación del 68 empezó a entrar en contradicción con su propio momento histórico veinte años después, a partir de 1987 (difícilmente perceptible en ese momento), y finalmente agotó todo su impulso histórico y su inercia en el 2006 (hecho que finalmente quedó evidente en el 2012).  Todo cuanto se hizo hasta ese año de 2006 estaba justificado en la propia lógica de aquel “Movimiento por las Libertades Democráticas” que dio lugar a un nuevo momento histórico.  Pero, a partir de ahí, de ese 2006, comenzó a vivirse una nueva época; por lo menos los antecedentes de las nuevas condiciones de un momento histórico totalmente distinto, con nuevas necesidades que reclaman nuevas soluciones.

 

Cuando redactamos estas líneas sobre nuestra mesa de trabajo, en ese mismo momento en la Ciudad de México estaba teniendo lugar el acto convocado justo por todo aquello que fracasó entre 1988 y 2006.  Con qué autoridad moral, quienes no tuvieron valor para responder por la voluntad popular que les otorgaba el todo en el poder, pretenden ahora defender la parte, en una industria energética “nacional” (“nacional”, entendido como el “Estado-Nación” = propiedad capitalista de la burguesía “nacional”, que casi sólo por defecto otorga algún beneficio al proletariado de este país), para una dependencia energética permanente del petróleo, frente a su “privatización” (“privatización” o apropiación por un particular o un consorcio, de un medio de producción social = apropiación capitalista de la burguesía monopolista mundial), para someternos, a su vez, a la  dependencia permanente del petróleo; en donde al proletariado ya “ni le va ni le viene” ninguna de las dos cosas; por lo demás, de una industria obsoleta que impide el progreso y el desarrollo social obstruyendo la necesaria revolución científico-técnica a partir de la energía solar, para empezar a dar solución efectiva al momento crítico que ya hoy nos encamina al punto de colapso del sistema ambiental planetario en el 2020; haciéndole el juego a los grandes monopolios mundiales del petróleo para mantenernos bajo esa dependencia.

 

Así como al final del siglo XVIII el tiro de caballo fue suplido por la máquina de vapor que abrió la era del carbón; así a fines del siglo XIX se detuvieron los engranes y émbolos movidos por las calderas cuya energía radicaba en éste, suplido ahora por los combustibles refinados del petróleo; pero, de la misma manera, así ahora, prácticamente desde fines del siglo XX, en lo esencial, deben desplazarse ya las refinerías de combustibles fósiles, suplidas por la energía de paneles solares.

 

Una sociedad humana en riesgo ya de hacer irreversible el proceso de su propia extinción como especie, considerando que de los años setenta del siglo XX a nuestros días, se ha aumentado la temperatura global promedio en 1°C, y que para el año 2030 se alcanzarán los 2°C prácticamente ya de manera necesaria en tanto que no se ha hecho nada efectivo en las causas para variar el proceso, tiene el riesgo de que, de continuar las mismas condiciones causales (la energía basada en los hidrocarburos), para mediados del siglo XXI se alcanzarán entonces los 3°C, que implicarán un cambio climático ya de muy difícil reversión.

 

Los estudiosos burgueses del problema hablan de las medidas de “mitigación” del cambio climático, y de una “adaptación” a ello; lo primero revelando su incapacidad para ir a las causas reales y esenciales del problema, y lo segundo siendo una falaz salida.  La condición de necesidad para la solución en sus causas esenciales de tal problema contemporáneo, está en sustituir la depredadora economía capitalista de mercado en donde los recursos naturales son mercancía sujeta a la “ganancia máxima”, por una economía socialista (o si es posible inventar algo como un “Modelo Neokeynesiano” en una Democracia Popular ya no de simple “regulación”, sino de control pleno del Estado tal que garantice la planeación), de la producción, distribución y consumo planificado, donde los recursos naturales sean medios necesarios (y no de comercio especulativo) para la subsistencia de la sociedad.

 

Si ante tal panorama del cual tenemos ya conocimiento hoy, no resolvemos el problema por sus causas esenciales, nada impide pensar que bien se pudiera  llegar a los 4°C en los años ochenta, y finalmente a los fatídicos 5°C a fin de siglo, según lo cual, los últimos seres humanos en penosas condiciones, estarían viviendo ya sólo a principios del siglo XXII.

 

Por último, hay que decirlo, las condiciones materiales que determinan la acción sociopolítica de las nuevas generaciones, son muy diferentes, totalmente nuevas, que reclaman ya  lo mismo de la necesidad de una radical revolución científico-técnica principalmente dirigida a la fuente de energía; como de una revolución económico-política, dirigida a pasar de una economía de mercado, a una economía planificada, siendo todo ello no un asunto de futuro, sino de urgente necesidad ya hoy.

 _____

[a]    Los "Chimales": José María, Ismael, Miguel e Ignacio Hernández Alcalá, hermano cuyo sobrenombre derivada de "Chema" (como se les suele denominar a los "José María", nombre del hermano mayor), y de a "los Chemales", y luego a los "Chimales".  En nahuatl, "chimalli" quiere decir, "escudo", elemnto de defensa, y de ahí que como dirigentes y representantes de los trabajadores se identificara el sobrenombre como derivado de la palabra nahuatl.

[b]     Ignacio Hernández Alcalá, como Secretario General de la Sección 35 que tenía adscrita la Refinería de Atzcapotzalco del Sindicato de Trabajdores Petroleros de la República Mexicana, históricamente ha sido el único dirigente petrolero en llevar a la huelga en 1957 a los trabajoderes petroleros, después de la expropiación de 1938, logrando un paro de la Refinería en una lucha por que se otorgra un aumento salarial que el Comté Ejecutivo Nacional del STPRM, en conivencia con la Administración de PEMEX, había prorrogado.

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