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27 abril 2014 7 27 /04 /abril /2014 22:02

El Dominio Ideológico del Capital: "La Madre Tierra" (y otras madres)

 

Las relaciones humanas esenciales, son relaciones morales, esas que se dan por un acto de conciencia, de responsabilidad y compromiso con los demás.  Ellas representan el más alto nivel de socialización humana.  Justo por todo ello es lo más esencialmente atacado por el capital.

La relaciones morales, en tanto que actos de conciencia social, son exclusivamente entre los seres humanos.  Constituyen el deber ser por conciencia social de unos individuos con otros, y sólo entre éstos; de un individuo con conciencia respecto de mi suerte y de la de los demás, como yo hago conciencia, a su vez, de su suerte y de la de los demás, tanto como los demás hacen conciencia respecto de nosotros y nuestra suerte.

Por lo tanto, si un árbol ha de ser derribado, o un animal ha de ser sacrificado, en lo cual puede ir la vida de los demás y de uno mismo en tanto combustible y alimento, no puede causar cargo de conciencia alguna por faltas a la moral.  Más aún, si ello ocurriese innecesariamente (talar el árbol sólo por talarlo, o cazar el animal sólo por cazarlo), ello tampoco puede causar cargo de conciencia moral sólo por dañar a la naturaleza.  El cargo de conciencia moral ocurrirá única y solamente por la conciencia social de lo que la naturaleza significa para todos los demás; por esa conciencia social que me hace reflexionar en la responsabilidad que asumo para con los demás, y por lo tanto, de cómo es que hago daño, no a la naturaleza, sino, con ello, a la sociedad misma.

El problema, pues, no es que se haga daño a la naturaleza, por la naturaleza misma, sino a la sociedad, en tanto la naturaleza es un valioso bien común.

Si algo caracteriza al capital, es el ser absolutamente inmoral.  En el capital no puede haber relación moral alguna, por su propia definición: el ser una relación de explotación del trabajo asalariado.

El capital es la relación de producción mediante la explotación de la fuerza de trabajo.  El capitalismo no es una relación moral, sino económica, de producción, en la cual se niega la condición humana, enajenada cual máquina al servicio de los intereses de la ganancia máxima.

Luego entonces, una de los principales intereses del capital, es la alienación del individuo y de la sociedad, a fin de confundir en éstos el real carácter de las relaciones morales.  En esa alienación (confusión), procura mantener en el atraso ideológico a los pueblos, inculcándoles formas del pensamiento idealista metafísico (de lo sobrenatural), dualista (de la creencia en la existencia real de un mundo sobrenatural, tan real como la realidad objetiva), teísta (de culto a los dioses); formas del pensamiento del medioevo, muy lejanas al pensamiento renacentista y de la Ilustración, progresista, científico.

Esa es exactamente la finalidad de la patraña ideológica capitalista de “La Madre Tierra”, en la que se inculca una filosofía idealista metafísica vitalista o animista (de otorgar vida a las cosas, y más aún, de antropomorfizarlas, es decir, de hacerlas aparecer como humanas), por lo cual, al darle carácter no sólo humano, sino incluso, sacro, divino, a esa piedrota gigante en la cual vivimos en calidad de microbios, en el concepto de “La Madre Tierra”, entonces, ahora sí, ya se hace posible una “relación moral (conocida como idolatría) con el planeta”, no obstante ente natural (problema esencial de la bioética).

En esta nueva idolatría ya no se fuerza a los indios a adorar la Cruz, sino ahora son “libres” de quedar sumidos en las propias fantasías de su ignorancia.  A los oscurantistas ya no les importa el tipo de ídolo a venerar, mientras los ignorantes –decía Francis Bacon– no destruyan sus propios ídolos (sus prejuicios), sus explotadores existirán.

Creer, tener fe, es fácil, simple, no requiere más que pereza de pensamiento, por la cual se deja a los ídolos, a los espíritus, o a los dioses a los cuales se dan votos de fidelidad, que se encarguen de nuestra existencia (en tanto detrás de ellos, los explotadores hacen de las suyas).  Pero pensar, razonar, es lo difícil, lo complejo, requiere de nuestro esfuerzo (de estudiar, del método y paciente sistematicidad), para descifrar y entender el mundo, apropiándoselo, para intentar hasta el infinito su conquista, para, con ello, con el hecho de pensar, hacernos más humanos y erigirnos nosotros como los dioses.  Pensar para ser como dioses, implicará que la responsabilidad es nuestra y no de los espíritus.  No será “La Madre Tierra” la que, en “su sabiduría”, cansada de nuestra trapacería irresponsable, “nos castigará” y por sí sola pondrá remedio a tanto mal de la “perversidad humana” sin control.

 

Pensar, responsabilizarnos nosotros como individuos y sociedad, nos permitirá darnos cuenta que la manera de producir los bienes materiales para la sociedad en este sistema económico de la ganancia máxima de un particular haciendo uso de los recursos naturales como mercancía, es la verdadera causa de todo mal, y en consecuencia, de que es urgente ya su abolición y sustitución por un orden económico-social donde los recursos naturales no sean más mercancía, sino sólo eso, recursos para la sociedad en su producción y distribución planificada.

 

La-Madre-Tierra-y-Otras-Madres.JPG

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