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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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22 enero 2012 7 22 /01 /enero /2012 23:08

Nave-Venusina--George-Adamski.jpgFenómenos Paranormales, “Extraterrestres”, y Ciencia.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

23 ene 12.

 

Que los llamados “fenómenos paranormales” existe, en efecto, existen, son una realidad incontrovertible a la luz de la objetividad.  Y se suele decir por el lego en ciencia, que tales fenómenos “no los explica la ciencia”; con ese dejo oculto, tácito, de que, dicho en forma absoluta, <<la ciencia no los puede explicar>>.

 

A quien se confunde con ello hay que decirle, entonces, que en el origen, todos los fenómenos del conocimiento humano, han pasado por ser “paranormales” (no sólo esos poderosos fenómenos como la caída de un relámpago, sino la lluvia, o el nacimiento de una flor), en tanto en su momento se desconocían las causas del mismo.  Y a imagen y semejanza de las capacidades humanas, ante tan portentosos fenómenos, “alguien” debía producirlos de algún modo: y entonces el ser humano creó, en un principio, a los dioses; y en un pensamiento animista, creó a un dios para cada fenómeno.  Luego le ha llevado toda la historia de la humanidad el despojarse paulatinamente de todo ello, conforme la ciencia ha venido explicando lo que antes se creía “inexplicable”.

 

Así, ante los fenómenos paranormales de hoy, no es que “la ciencia no los pueda explicar”, sino que la ciencia no los ha explicado aún, pero andando el tiempo, ya los explicará, uno a uno.

 

Nada de ello nos debe inquietar, no hay un “más allá”, no existe un “mundo sobrenatural” por fuera de nuestro mundo natural real y objetivo; sólo hay, ciertamente, fenómenos complejos aún no explicados; y muchos de ellos, incluso, ni siquiera formalmente investigados, de entre los cuales, el fenómeno “OVNI”, ha venido siendo una excepción en el curso de los últimos sesenta años.  De ser un “fenómeno paranormal”, del “mundo sobrenatural”, antes de mediados del siglo pasado, pasó a ser un fenómeno perfectamente físico de nuestra realidad objetiva; ciertamente, un fenómeno altamente complejo.

 

No hay duda d que es un fenómeno que implica cierta ciencia y tecnología, y un comportamiento inteligente; y ante ello, tenemos que asumir que la especie humana, entonces, está apenas en el primer peldaño de la inteligencia racional (por lo cual, a diferencia del chimpancé, o del delfín, nos es posible darnos cuenta o hacer conciencia, de lo que ocurre), y que esta inteligencia aún continúa con un potencial insospechado, en un proceso evolutivo dado ya en otras especies en el Universo.

 

Puestos en el rango de la inteligencia racional (de la elaboración de juicios lógicos), así sea en el la primer escala, nuestra relación con una inteligencia superior ha de ser, necesariamente, otra, muy diferente a la relación que tenemos con especies inferiores de inteligencia no-racional.

 

La extrapolación de todos nuestros patrones: de juicios intelectivos o cognoscitivos, de juicio moral o de juicio estético, es una condición necesaria y natural para entender lo que adelanta en mucho a nuestras propias capacidades, dando lugar a diversas posibles interpretaciones, que, en general, se reducen a dos: la religiosa (o teológica), y la científica.

 

Pero hemos visto, en un artículo anterior, que trascender como especie humana, implica la abolición de toda religión; esto es, el desechar toda interpretación metafísica del “mundo sobrenatural”.  La identidad de lo humano, está en la identidad en la ciencia, reflejo de sus propias capacidades; y  no debe haber lugar a otra interpretación, mas que esta.

 

En esa extrapolación de nuestros conocimientos en la obligada y natural analogía: 1) seguramente debe haber, entonces, más de una civilización no-humana en relación con nosotros; 2) entre ellos, debe haber, en consecuencia, diferencias de desarrollo e inteligencia misma; 3) deben darse, por lo tanto, diferencias de interés, y con ello, patrones de conducta diferentes, tales que expliquen, por ejemplo, situaciones extrañas como la observada en Basilea, Suiza 1566, en la que en un grabado de la época se describe una batalla entre objetos voladores no identificados a plena luz del día; o esa situación de los “pueblos elegidos”; ya por “arcángeles”, ya por “vimanas”, o bien por “Quetzalcoatl”, especialmente ahí donde “los dioses” hicieron diferencia entre los humanos y aparentemente favorecieron a una parte.

 

Los perros, una especie inferior no-racional, claramente toma partido por sus amos humanos, entre los cuales, por su parte, hay profundas diferencias que los conducen incluso a la guerra entre sí.  En la extrapolación de lo que comprendemos de la naturaleza y diversidad de las especies con patrones de comportamiento comunes, ¿qué tanto se podría proyectar ello con, y entre, especies no-humanas de inteligencia más desarrollada?  Y ante ello, qué nos dará la continuidad de la identidad como humanos…; en la analogía, qué nos hará continuar evolucionando de manera natural; como lobos en el bosque; o nos despojará de identidad, y “domesticados”, nos diferenciará como perros de raza con distintas funciones.

 

El momento histórico para las más profundas definiciones para la humanidad, de pronto se nos encima…, pero no es sorpresa, y ase estimaba así, desde los años setenta; el problema real, es que llegó el momento.

 


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