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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:13

Los Métodos

de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (13).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over.blog.es/;

México, 30 ago, 2010.

 

 

a)    La práctica como base del conocimiento

y como criterio de la verdad.

 

La base del conocimiento, de ese proceso que asciende de los sensorial al raciocinio, como reflejo de las realidad objetiva en el pensamiento humano, radica en la práctica.

 

Por práctica habremos de entender en adelante, no la simple actividad manual o física, ni lo opuesto a la teoría, sino, como teoría realizada, una transformación de la realidad.  En cuanto a la teoría, por la cual no debe entenderse a su vez un simple cúmulo de información, ni tampoco lo opuesto a la práctica, sino una práctica limitada o no desplegada, y como tal, la metodología que se deduce y se induce simultáneamente, de la transformación de la realidad.  Práctica y teoría son dos aspectos de una misma cosa: la transformación sistemática y consciente de la realidad.

 

Decimos que la base del conocimiento radica en la práctica, dado que, siendo la realidad objetiva la única fuente de nuestros conocimientos, es el proceso de transformación de dicha realidad objetiva, la práctica, la que aporta el saber sobre dicha realidad dando lugar al conocimiento.

 

Es a través de la actividad manual o física, a través de los experimentos, la lucha de clases y su más alta forma, la guerra, que la práctica como transformación de la realidad, se expresa; y desde el momento que ésta genera conocimiento, es decir, induce métodos de transformación que habrán de ser utilizadas a su vez para deducir formas distintas de expresiones prácticas, es susceptible el surgimiento de contradicciones teóricas, es decir, de contradicciones en cuanto a las formas metodológicas para la subsiguiente transformación y apropiación de la realidad.  Del mismo modo, tales contradicciones teóricas sólo corroborarán su validez, por la vía de la comprobación práctica.

 

La práctica, por otra parte, está condicionada por el grado de desarrollo social; la transformación y apropiación de la realidad por el hombre, depende fundamentalmente de su grado de organización social en el más amplio sentido, del desarrollo de su tecnología y por el hecho de hacia dónde se halla orientada la producción social, o satisfacción a sus necesidades vitales.

 

Las ciencias, que como ya lo hemos ivsto, son la expresión más alta del conocimiento, responden precisamente a la satisfacción de necesidades vitales de la sociedad, y así, la justedad de ka ciencia se corrobora en la misma práctica social..  La necesidad de resolver nuevos y constantes problemas, determinan el desarrollo de nuevas ciencias.

 

En suma, la relación que existe de la teoría a la práctica, corresponde a la relación del método a la transformación de la realidad, como a la relación de la ciencia y la técnica; por ello podemos afirmar que la ciencia sin un aparato  técnico correspondiente, no tendría confirmación y comprobación de su posible veracidad, así como todo aparato técnico sin teoríaa científica, en el caso de que fuese posible, sería innecesario, intrascendente, desarticulado.

 

Suele haber confusión en una idea muy común de considerar que la ciencia y la técnica son de hecho dos cosas separadas independientemente una de la otra, y que sólo cuando se manifiesta alguna proximidad entre ellas se habla de “ciencia aplicada”.  Este error sucede porque comúnmente la ciencia y la técnica tienen un más o menos pronunciado desfasamiento, a tal grado que muchas hipótesis científicas no ven su corroboración práctica, sino hasta que el desarrollo de la técnica ha alcanzado un suficiente nivel para comprobar dicha hipótesis.

 

Cuando no se comprende la indisoluble unidad entre la ciencia y la técnica, se ve en este desfasamiento dos cosas separadas, aisladas una de otra e incluso llamando “ciencia pura” a aquella esfera del trabajo científico que va muy delante de la posibilidad inmediata de su comprobación por la técnica.  Sin embargo, en un momento dado de la historia, tal “ciencia pura” pasará a ser “ciencia aplicada”, cuando el desarrollo de la técnica esté en posibilidad de comprobarla.

 

Puede apreciarse así, que este planteamiento equívoco al entender tales denominaciones o clasificaciones de “ciencia pura” o “ciencia aplicada”, se convierten en no más que meros artificios para explicar un hecho no bien comprendido: la relación entre la ciencia y la técnica, como la relación que existe entre la teoría y la práctica, donde una es elemento de comprobación del conocimiento expresado en la otra.  Más adelante veremos otro aspecto en la clasificación de “ciencia pura” y “ciencia aplicada”, respecto a las esferas de investigación.

 

Pero por si ello no fuese suficiente, cabe agregar que en la sociedad capitalista contemporánea, en donde sus ideólogos burgueses han sido precisamente quienes han introducido tales conceptos de manera equívoca con un sentido artificioso para justificar la incapacidad del sistema capitalista de hacer un despliegue amplio del quehacer científico.  Esto no quiere decir que en la sociedad capitalista no se haga ciencia, sino que ello queda sólo reservado para determinadas instituciones, siendo vedado para el profesionista común egresado de cualquier universidad; todo lo cual se hace más evidente y se comprueba, en las sociedades capitalistas subdesarrolladas de África y América Latina, por ejemplo.

 

Esta pequeña aparente digresión, no obstante, nos permite pasar del punto de la práctica como base del conocimiento, al punto de la práctica como criterio de la verdad.

 

En términos generales, hemos visto que es en la práctica, que se comprueba la veracidad de la teoría; sin embargo, hemos distinguido estas dos partes, ya que conocer, no implica necesariamente, conocer la verdad, el conocimiento de la verdad implica un proceso de conocimiento determinado.

 

El camino al conocimiento cada vez más profundo de la realidad objetiva, y tal camino, decía Lenin, va “de la contemplación viva al pensamiento abstracto y de él a la práctica”.  Es decir, de la realidad objetiva como fuente del conocimiento, a su reflejo en el cerebro humano en el proceso de la sensación, percepción, representación, concepto, juicio, y raciocinio final que se expresa en el pensamiento inacabado del conocimiento de la realidad, y de ello a la comprobación de su veracidad mediante la práctica, o sea, mediante el experimento o las múltiples expresiones de la lucha de clases, etc.

 

Como ejemplo, alguien que radica en un país capitalista, puede viajar por un período más o menos largo a un país socialista, ver su forma de vida, etc; ver su realidad; pero tal visión de la realidad será inacabada, su conocimiento del socialismo será de lo externo, de lo superficial, del fenómeno, y no de su esencia; y en tanto su conocimiento del socialismo no considera las leyes de su surgimiento y desarrollo, las leyes que permiten explicar su forma, el conocimiento que éste tenga  de la realidad del socialismo, será de lo aparente, y no de la verdad, su conocimiento no será un conocimiento verdadero.

 

El conocimiento verdadero, en consecuencia, es un conocimiento objetivo concreto, lo concreto pensado; es decir, un conocimiento teorizado, sustraído de la interpretación por hombre, de la realidad, mediante la práctica, y abordada multifacéticamente hacia la esencia de los objetos o fenómenos.

 

De lo anteriormente expuesto, se sigue que, de acuerdo a la multilateralidad y profundidad del conocimiento, puede haber una verdad relativa o una posible verdad absoluta en el conocimiento.  Será verdad absoluta, en tanto que una vez que se penetra la esencia de la realidad, se descubre la ley, y con ello se avanza un paso en el conocimiento.

 

Es la práctica nuevamente, la que va a definir en un momento dado, el carácter de la verdad.  “El movimiento del conocimiento humano hacia la verdad absoluta, se realiza a través de numerosísimas verdades relativas, es decir, de conceptos, tesis, y teorías que, en lo fundamental, reflejan fielmente los fenómenos de la realidad objetiva, aunque este reflejo tiene un carácter aproximado que expresa el nivel histórico del desarrollo de las conocimientos humanos[1].

 

Así, históricamente, una verdad absoluta se convierte en relativa, en la medida de la profundización y ampliación del conocimiento, y esto es, porque .decía Lenin– la verdad absoluta es una suma de verdades relativas, y en ese sentido la verdad absoluta es inagotable.

 

Todo esto muestra que el conocimiento no es estático, sino que refleja el movimiento mismo de la realidad; el conocimiento es inagotable, tanto como es inagotable la realidad misma, y por tal razón la verdad absoluta resulta a su vez inagotable.

 

El que una verdad absoluta se convierta en relativa en un momento dado, no significa que el conocimiento haya sido no-verdadero, o que ello demuestre la imposibilidad del conocimiento de la realidad en su esencia, y que todo el conocimiento es exclusivamente relativo o relativista; sino significa precisamente, el paso continuo e infinito del fenómeno a la esencia, y de esta esencia primaria a una esencialidad cada vez más profunda.

 

Por otra parte, la verdad no corresponde a los hechos aislados, no hay una verdad para cada cosa, sino que la verdad es una generalización para los procesos semejantes, pues la verdad es universal, y así, dos procesos o fenómenos físicos iguales, por ejemplo, no puede haber una verdad distinta para cada uno.

 

La práctica, con base en el conocimiento y criterio de la verdad, se refiere esencialmente en consecuencia, a la práctica social, a la transformación, socialmente dada, de la realidad, que es lo que da a la verdad del conocimiento un carácter universal.

 



[1]     

 


 

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