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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 octubre 2014 7 19 /10 /octubre /2014 22:01

 

Ponencia la XXI Congreso Nacional de Geografía.

“Síntesis de la Teoría Unificada de la Geografía”[*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri[**]

http://espacio-geografico.over-blog.es/  

02 ene 14.

 

Una geografía única sobre la base del principio unificador de la abstracción y generalización de las categorías de “fenómenos” y “espacio” en la categoría de “estados de espacio”, permite establecer con consistencia lógica en la homogeneidad, un sistema de conocimientos hipotético-deductivos desde los postulados mismos de toda ciencia, deduciendo en forma axiomatizada principios, categorías, leyes y teorías.

 

 

Postulados.

 

Un postulado es la afirmación que se hace acerca de algo, aparentemente sin necesidad de demostración, es decir, sin aparente necesidad de deducirlo lógicamente de nada; pero, en realidad, ello no se da subjetiva o arbitrariamente, sino es una afirmación deducida de la ancestral práctica histórico-social elemental.

 

Así, una afirmación, la más general y esencial dada desde la más antigua práctica histórico-social en cuanto a la naturaleza del conocimiento geográfico, es la noción que responde al dónde: esto es, a la localización, ya por referencia física, astronómica, o geográfico-geométrica, de donde se sigue que este es un conocimiento físico y matemático aplicado al entendimiento del espacio terrestre en particular, o geográfico en general.

 

Siendo el espacio un atributo físico de la realidad objetiva, de esta manera, un segundo postulado es que la geografía es, en consecuencia, una ciencia natural de la naturaleza inorgánica.

 

A partir de ello puede establecerse su conjunto breve de regularidades observadas y deducidas a manera de leyes más generales, denominadas principios.

 

 

Principios.

 

La geografía, sobre la base de sus postulados, tiene como un primer principio, el ser una ciencia de las interacciones físicas externas entre los estados de espacio.

 

En consecuencia, un segundo principio establece que por estado de espacio ha de entenderse un conjunto de propiedades medibles, o magnitudes, de una condición del espacio o forma de existencia de la materia, en primer lugar, ya como un espacio discreto (planeta) en calidad de cuerpo; para, luego, en segundo lugar, establecer su condición o forma de estado: sólido, líquido, gaseoso, plasmático, coloidal, etc; como condición suficiente, y en donde con mayores magnitudes en unidades consistentes de espacio-tiempo, es posible pasar del conocimiento de unos a otros.

 

El conocimiento de los estados de espacio en sus interacciones físicas externas supone, como un tercer principio, el principio de localización, ya como la forma condensada de una distribución, o bien como la forma desplegada de un conjunto de localizaciones.

 

Las interacciones físicas externas (inmersas en el principio filosófico de relación universal), entre los estados de espacio, establece entonces, una cuarta regularidad general como el principio del orden de coexistencias.  Esto es que, los estados de espacio se localizan y distribuyen en el espacio más general, con arreglo a la interacción física externa de sus magnitudes.

 

 

Categorías Fundamentales.

 

Al tratar el tema de las categorías, lo primero a aclarar es que que estos son conceptos fundamentales, es decir, que encierran en sí mismos desarrollos teóricos básicos, y en ese sentido se distinguen de todo otro concepto en el análisis geográfico.  Por tal razón, esos conceptos fundamentales en calidad de categorías, constituyen, en segundo lugar, un conjunto limitado, pero suficiente,, para reflejar las facetas esenciales del objeto de estudio.

 

Las categorías fundamentales, según lo anterior, forman, entonces, el aparato metodológico más general y esencial, en este caso, del conocimiento geográfico, cuyas propiedad más esencial es su carácter dialéctico.  Es decir, las categorías forman pares de contradicciones (no antagónicas), indisolubles, en las cuales un opuesto se transforma en el otro.  Romper esa dialéctica, es condenar el método más general de la geografía, a un análisis estático y mecánico, incapaz de desentrañar las causas y movimiento dela realidad y naturaleza del objeto de estudio.

 

Todo el “truco” del conocimiento científico en cualquier campo de estudio e investigación (no sólo en geografía), está en la capacidad del manejo amplio y profundo, implicando todos sus fundamentos teóricos, del conjunto de categorías fundamentales, en ese sentido hay en ello implícita una lógica, y es en ello en lo que radica la importancia esencial del aparato de categorías fundamentales.

 

De 1980 en que relacionábamos tres o cuatro pares de categorías, al 2013, ese sistema que hace la lógica de la geografía, comprende por lo menos unos diez pares de categorías.

 

Imaginémonos (en un caso ideal un tanto mecánico), como los geógrafos más primitivos que podamos, haciendo conciencia por primera vez, del mundo que nos rodea.  Observamos a nuestro alrededor, y lo primero que geográficamente conceptuamos, es la pregunta deldónde, dónde se está; y responder a ello supone una lógica, como reflejo de la lógica misma del lugar, dada en su estructura o situación.  Así, dialécticamente, el lugar condensa esa situación, como la situación es el lugar desplegado.

 

El lugar más general, es la Tierra misma como planeta, y su situación se refleja, en principio, como un “Eje del Mundo” en torno al cual el firmamento “gira alrededor de la Tierra”, donde tal Eje da el sentido más primario y general de orientación, que determina ciertas direcciones básicas, con lo cual es posible dar un salto del mero sistema físico de referencia de carácter empírico concreto, a un sistema de referencia astronómico, que ya supone cierta conceptualización teórica; de modo que el sistema de referencia físico se convierte en ese momento en una estructura afín al sistema de referencia astronómico, más abstracto y general.  Y dialécticamente, así como la orientación condensa un conjunto de direcciones de referencia concreta o abstracta, ese conjunto de direcciones es la orientación desplegada.

 

Habiendo reflexionado en ello como los primeros conocimientos geográficos teóricos fundamentales, entonces el lugar se convierte en una localización; esto es, la Tierra misma se conceptúa como una localización, en este caso, respecto del conjunto de astros del Universo, que forman otras localizaciones; y lo mismo se puede plantear par una localización de la superficie terrestre respecto de otra; y de esta manera, un conjunto de localizaciones hace una distribución, o en términos dialécticos, así como una localización condensa un conjunto de distribuciones, una distribución despliega una localización.  Así, en un conjunto dado, una distribución constituye una localización en sí misma, tal como la localización se entiende como un conjunto de distribuciones.

 

Pero veremos de inmediato que ese despliegue de una localización en su distribución, implicará una extensión (lineal, superficial o volumétrica), y esa extensión podrá suponer o no, límites.  La extensión, dialécticamente, condensa los límites, como los límites despliegan la extensión.

 

En geografía, el concepto de descripción adquiere un carácter más especial que su pura connotación dada en el método de la ciencia como la enumeración simple de cualidades empírica y concretamente dadas.  La descripción en geografía denota el trazo simbólicamente abstracto de los estados de espacio en un análisis espacial (por ejemplo, cartográfico), y estos trazos, en los parámetros de un sistema de proyección de coordenadas y escala, implicarán ya un concepto no sólo cuantitativo acerca de propiedades abstractas, sino un carácter causal de las propiedades del espacio.

 

Luego, esa descripción, como toda descripción, se despliega en un conjunto de comparaciones; o, dialéctica e inversamente dicho, toda comparación, se condensará en una descripción.  Ese geógrafo primitivo que hemos imaginado en las circunstancias más primarias, en este punto estará obteniendo un conocimiento de extraordinario detalle de las propiedades del espacio, particular y geográficamente expresados en el grafos de esta ciencia: el mapa.

 

Con ello, nosotros, en calidad de ese geógrafo primitivo, estaremos en posibilidad de poder empezara establecer  ciertas relaciones entre lo existente; ya porque éstas se despliegan de manera evidente como una conexión directa, ya porque aún sin aparente conexión, esa relación existe; o inversa y dialécticamente dicho, un conjunto de conexiones posibles, se condensarán en una explicación de relaciones.

 

Nuestro conocimiento del espacio como geógrafos primitivos, adquirirá una forma, teóricamente dicho, adquirirá un isomorfismo (o una morfometría); y ésta no puede ser sino la condensación de las contradicciones entre posibles unidades morfológicas, y su situación de anamorfismo (o anamorfometría), que pareciera negarlos pero que, en su caso, por excepción, las afirma.

 

Como primitivos geógrafos del neolítico o quizá ya de la Edad de los Metales, nuestra mirada se dirigiría a las regularidades de mayor evidencia: las simetrías, distinguibles de su ausencia, las asimetrías; e incluso observaríamos que, dialécticamente, algo que a una escala aparece asimétrico, a otra, muestra su perfecto orden de simetría, y viceversa.  Lo asimétrico puede desplegar así a lo simétrico; como lo simétrico, en un momento o escala dada, puede contener la asimetría.

 

Y lo anterior, dado respecto a tres magnitudes del espacio, se traducirá en las categorías de sincronía y asincronía en la coordenada del tiempo.  Lo que en un lapso puede parecer asincrónico, en otro, a otra escala de tiempo, mostrará su plena sincronía, y viceversa.

 

Ese geógrafo de los tiempos ancestrales, como tal, en la pureza del origen, incidirá en las propiedades del espacio objetivamente dado, y antes que ver “fenómenos” como tales, verá estados de espacio uniformes o disformes; esto es, de “forma única” o sin “forma única”; de un bosque no verá las especies de árboles, sino la expresión de las categorías geográficas dadas en su uniformidad o del rompimiento de la misma.

 

En especial hay otras categorías, que ahora mencionaremos para destacar mediante ellas un problema teórico metodológico esencial.  Son, primero, las categorías fundamentales de zonalidad y azonalidad, y sectorialidad y asectorialidad.  Aluden por forma, obviamente, a extensiones espaciales, pero por su contenido, no son arbitrarios convencionalismos de escala o magnitud de espacio, sino estructuras objetivas del espacio geográfico.  El concepto de zonalidad derivó de la teoría de las esfrágidas de Eratóstenes (conforme se vieron uniformidades, sincronías, simetrías, isomorfismo, relaciones, etc), que contrastaron las “zonas climáticas” (donde “clima”, aquí, no significa “estado promedio de la atmósfera”, sino lo que etimológicamente es: una inclinación, referida ésta al grado de latitud en relación con la incidencia de los rayos solares).  Y esas “zonas de inclinaciones”, son las gradaciones tórrida, desértica, templadas, frías, y polares, lo que dio lugar a la asociación actual de “clima” como las condiciones ambientales promedio”, pero gradación que con un sentido más propiamente espacial, objetivamente se refiere a las extensiones latitudinales de la zona ecuatorial de 0°j, a los 23°27’j, o zona de los trópicos, y de los 66°33’ja los 90°j, o zonas polares.

 

Luego, esas zonas latitudinales objetivamente dadas, se ven cortadas, interrumpidas, por la alternancia de continentes y océanos que modifican transversalmente las características del espacio terrestre, y objetivamente forman los llamados sectores.

 

De igual manera, en segundo lugar, se da en el pensamiento geográfico como reflejo objetivo de la realidad objetiva, y no como algo convencional, los conceptos fundamentales de planetaridad y regionalidad, como la relación espacial entre el todo del espacio y la parte del mismo.

 

Pero el tratamiento idealista, subjetivista y mecanicista de estas categorías (zonalidad, sectorialidad, planetaridad y regionalidad), las convierte en meras “tipologías del espacio”, en clasificación de escalas fijas, inamovibles, muertas, despojándolas de toda su riqueza metodológica.

 

Una vez más, debe entenderse que así como una categoría despliega a la otra, aquella es condensación de ésta; por ejemplo, la región despliega la planetaridad, como la planetaridad condensa las regiones; pero, a la vez, planetaridad y región (como en el caso de todas las demás categorías) son lo mismo, en dos categorías semejantes que expresan relaciones distintas en distintos momentos, y, por lo tanto, que se intercambian una a otra.

 

Aquella que en un momento dado  expresa la generalidad, en otro se hace lo particular; aquella que en un momento dado define lo particular, en otro, ello mismo expresa lo general.  Estas categorías no son “tipologías” clasificatorias, fijas y mecánicas; sino conceptos abstractos que reflejan la realidad objetiva, y como ella, se mueven, se intercambian y permiten darnos una comprensión más profunda de esa realidad.

 

Leyes.

 

La esencia de una ciencia radica en un conocimiento dirigido por el descubrimiento de las leyes objetivas que explican las regularidades del objeto de estudio.

 

Hay dos tipos de leyes que reflejan esas regularidades: 1) las leyes empíricas, de carácter descriptivo, que explican regularidades objetivas observables directamente por sus simples propiedades cualitativas; y 2) las leyes teóricas, de carácter explicativo causal, que explican regularidades objetivas deducidas luego de ciertas mediciones y análisis de propiedades cuantitativas.  Un as se siguen de otras luego de largos procesos de observación, medición y elaboración de hipótesis.

 

En la ciencia de la geografía, a lo largo de su historia, únicamente se han establecido unas cuantas leyes empírico-descriptivas de orden cualitativo; y, peor aún, estas no se han reconocido como tales sino hasta hace relativamente muy poco tiempo, a partir de los años setenta del siglo XX.

 

Que haya pocas leyes empíricas no es lo grave; es algo, en principio, normal, lo suficiente; lo que verdaderamente motiva a una seria reflexión, es el que en geografía, desde el siglo XVIII en que lo empezaron a hacer todas las ciencias, no se haya enunciado regularidad que implique una ley teórica.  Y la reflexión no va tanto en el sentido de entender por qué ha ocurrido esto; que evidentemente ha sido a falta de claridad en la determinación y definición de su objeto de estudio; sino precisamente ene le sentido de que un trabajo científico objetivo a partir de la ciencia de la geografía dada hasta el siglo XVIII (la cartografía con la propiedad de la conformalidad, de Mercator, la cartografía con la propiedad de equivalencia, de Sanson, la determinación de la coordenada de altitud, por Bauche, e incluso la fuerza de desviación como consecuencia de rotación de la Tierra, por Gaspar Coriolis), de haberse continuado consistentemente, habría hecho luz acerca del objeto de estudio: las propiedades del espacio.

 

Lo cierto es que ello no ocurrió así, en los hechos, el pensamiento geográfico materialista del siglo XVIII, al paso del siglo XIX, fue sustituido por el pensamiento geográfico idealista, y los estudios espacial-cartográficos fueron reemplazados por el fenomenismo naturalista, y un saber enciclopédico que fundamentó el hacer geográfico hasta los años setenta del siglo XX.

 

Al darse un viraje nuevamente al pensamiento geográfico de origen en los años setenta a ochenta, fue entonces que afloró nuevamente el espíritu científico en geografía, y comenzó a hablarse de las primeras leyes empíricas por Riábchikov, en 1976, en su obra Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica.

 

Alexandr Maximovich Riábchikov menciona dos leyes empíricas del espacio terrestre, y en ese sentido, geográficas: 1) la ley de la zonalidad planetaria; y 2) la ley de la distribución sectorial.  La primera enunciada desde la Antigüedad por Eratóstenes; y la segunda, quizá si atribuible a Riábchikov.  Sus regularidades cualitativas están a la vista, son producto de la observación, no tuvieron que ser deducidas teóricamente.

 

Pero siguiendo esa libertad de Riábchikov, puede rescatarse la mencionada ley de la desviación por efecto de rotación (más conocida como ley de Criolis), establecida por Gaspar Coriolis (1742-1843), a principios del siglo XIX), de evidentes efectos espaciales  Pero de igual manera, en orden histórico, pueden enunciarse por nuestra parte como leyes empíricas, ciertas regularidades espaciales básicas como: 1) la ley de a bipolaridad de la Tierra; 2) la ley de la simetría-asimetría hemisférica; 3) la ley del campo de gravedad de la Tierra como determinante del espacio geográfico; 4) la ley de la precesión de los equinoccios; 5) la ley del giro del eje de los nodos; 6) la ley de la sucesión de las estaciones del año; 7) la ley de la sucesión del día y la noche; 8) la ley de la ortodromia; 9) la ley de la loxodromia.

 

Todas ellas refieren, pues, propiedades básicas del espacio terrestre, que se emplean con inexorable regularidad permitiendo la predicción científica en general en geografía.

 

Y si como leyes empíricas espaciales empíricas revelan su importancia, el reto para una geografía unificada, claramente ya determinado y definido su objeto de estudio, está en descubrir, en forma deductiva, sus leyes teóricas.

 

 

Teorías.

 

Las teorías en la ciencia, expresan su avance, su desarrollo.  Las teorías en la ciencia pueden ser de diversos tipos, según aquello a lo que están referidas, y en general, expresando los avances de la ciencia, sus aspectos de punta, que suelen darse en forma contradictoria.

 

En geografía, la teorías, nuevamente como en el caso de  las leyes, sólo hay enunciadas de carácter cualitativo; teorías rigurosas cuantitativas que impliquen medición y experimentación, inferencias hipotético-deductivas, no hay elaboradas en esta disciplina de conocimientos.

 

Ya desde 1969 David Harvey hacía la crítica a ello; pero, nuevamente como para el caso de las leyes, cuando no había claramente determinado y definido su objeto de estudio respecto del cual precisamente teorizar, era vano pretender la aparición d teorías científicamente rigurosas.

 

La importancia de disponer ahora de una teoría única de la geografía ya exclusivamente como ciencia del espacio, es que ello le permitirá centrar sus esfuerzos en los registros propios, afines al objeto d estudio, y en la elaboración de teorías cuantitativas, de medición e hipotético-deductivas acerca de las propiedades del mismo, superando las teorías cualitativo-descriptivas, que sólo disertaban, o acerca de otros campos de estudio, o sobre propuestas acerca de su identidad.

 

Como consecuencia de este nuevo nivel en la investigación geográfica, la previsión científica en geografía será a su vez, de mayor rigor científico, siendo así, ahora, más que por fin educativo básico, realmente de mayor utilidad social.

 

 

Conclusión.

 

 

Lo que nunca creímos que quedaría en nuestras manos, finalmente sí quedó nos quedó elaborarla: la teoría unificada de la Geografía.  Con ello, nuestra contribución profesional ya no fue parcial, sino de una conversión total y sustancial del concepto de esta ciencia, con la más profunda satisfacción profesional, y tanto más, cuanto lo logramos contra toda adversidad, llevada a un extremo insospechado, no creíble por la intolerancia extrema contenida en ella en forma de una represión política por defender públicamente en la Reforma Educativa en México (2012-2013), una educación fundada en el concepto de la ciencia y el método de la ciencia de la modernidad ilustrada.

 

 

 

Nuestra vida profesional se inició prácticamente con la ponencia al IX Congreso Nacional de Geografía que resumía nuestra tesis de licenciatura en esta especialidad: “Geografía: Fundamentos de su Teoría  del Conocimiento” (1983).  Luego participamos en el X Congreso Nacional de Geografía (1985), y en el XI Congreso Nacional de Geografía (1987).  Tras una larga “proscripción” impuesta por la geografía “oficial” institucional (una persecución inquisitorial institucional oscurantista por poco más de veinte años, que hasta 1994, antes de la crisis económico-social, pudimos contrarrestar, quedando tras ella en calidad de la no-existencia por quince años, hasta el 2009 en que creamos nuestro Blog: espacio-geografico.over-blog.es, y en los cinco años siguientes (2009-2014), no sólo recuperamos ese tiempo “perdido”, sino con las ideas maduras, pudimos culminar todo el trabajo teórico que implicaba la consolidación de la Geografía como ciencia rigurosa, prevista ya en nuestra tesis de licenciatura, primera en el campo de la geografía teórica en México.

 

 

 

Apasionados de la simetría, circunstancialmente en el año 2010 tuvo lugar el XIX Congreso Nacional de Geografía (diez congresos después del primero en que participamos), y con una “ponencia virtual”, forzamos nuestra presencia moral en el hacer de la ciencia de la geografía en México; de la misma manera lo hicimos con el XX Congreso Nacional de Geografía (2012), y finalmente en este XXI Congreso Nacional de Geografía (2014), con el cual ponemos punto final a nuestra vida profesional, y con ello al compromiso moral e intelectual para con la geografía en México, que al final, gracias a la Red Internacional de Información (Internet), se convirtió en compromiso moral e intelectual con la comunidad mundial de geografía.  Cuando transcribimos esta conclusión, puesto lo más posible en orden nuestros últimos materiales, ya es 14 de marzo de 2014, a unos días de dedicarnos de lleno a un enfrentamiento con el Gobierno del D.F. por su represión nazi-fascista sobre nuestra persona ya por un año.

 

 

 

Lo que dejamos a las futuras generaciones de geógrafos no es mucho, simplemente es todo; requerirán de una gran entereza ética profesional (en una lucha contra el oscurantismo), para poder avanzar en nuestra propuesta, que en tanto objetivamente dada, es el desarrollo objetivo mismo de la ciencia de la Geografía; no hay otro modo, y los falsos caminos, como el plagio de ideas, como la historia de la ciencia lo prueba una y otra vez, más tarde o más temprano evidenciarán la deshonestidad, y breves momentos de “gloria”, serán tornados en vergonzosa eternidad para la historia, que no perdona.

 

 

 

 

Recibimos una disciplina de conocimientos en el más absoluto caos, desarticulada en múltiples geografías dadas en innúmeras aplicaciones confundidas como “ramas” de especializaciones de la Geografía misma; sin definición científicamente fundada de su objeto de estudio; sin definición de método propio; pretendiendo ser todo y siendo nada a la vez; sin orden histórico, sin fundamento teórico lógico.  Entregamos una ciencia de la Geografía con pleno fundamento en todo ello coherentemente determinado y definido.  Por nuestra parte, en el compromiso moral, intelectual y profesional que nos impusimos, hemos cumplido.  Damos por terminada nuestra vida profesional con todas sus contribuciones hechas, no por “México”, o por la “geografía mexicana” ni nada de esas pamplinerías ya absurdas.  Nuestras contribuciones han sido por la ciencia, que hoy ya no puede ser sino proletaria, al servicio del proletariado como la clase social depositaria del futuro.

 

 

 

 



[*]    Ponencia al XXI Congreso Nacional de Geografía, Monterrey, N.L; 20-27 de octubre de 2014; presentada en forma “virtual” al ser publicada el lunes 20 de octubre de 2014 en http://espacio-geografico.over-blog.es/

 
 

[**]  Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc (SMTHG).  Editor de: <<“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica>>.


 
 

 

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