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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 febrero 2013 7 17 /02 /febrero /2013 23:03

José Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799)José Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799): los Fundamentos de la Geografía Moderna en México.  Ensayo, 2012 (1/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 mar12.

 

 

Prefacio.

 

A nuestra tesis de Licenciatura, terminada en 1981 y sustentada en 1983, le hicimos un resumen en la ponencia: Geografía. Fundamentos de su Teoría del Conocimiento, al IX Congreso Nacional de Geografía, 1982.  Quizá la ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía de 1987: La Geografía como Reflejo de la Unidad Espacial del Mundo, hubiese sido el resumen de nuestra tesis del doctorado en Geografía (inconcluso).  Luego hemos elaborado un ensayo, ahora para la Primera Jornada de Investigación, 2009, del Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos (CIDHEM), que resume nuestra tesis doctoral en Filosofía: La Dialéctica y el Materialismo en, “El Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla”, 1772; de José Antonio de Alzate y Ramírez (2009).

 

Exponemos aquí tal último ensayo, originalmente, en razón del ámbito filosófico de su presentación, titulado: La Filosofía en los Fundamentos de la Ciencia Moderna y sus Caracterización Novohispana*, pero que aquí, satisfaciendo sus fines esencialmente teórico-geográficos, hemos retitulado como: José Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799): los Fundamentos de la Geografía Científica en México, y que publicamos ahora en forma seriada, pero de manera especial, agrupada en esta misma edición dedicada básicamente a Alzate.

 

 

Resumen.

 

Al elaborar nuestra tesis doctoral: “Dialéctica y Materialismo en <<El Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla>>, 1772; de José Antonio de Alzate y Ramírez>>; partimos del supuesto de que el pensamiento de Alzate, en el momento cimero de la Ilustración, tenía que ser, por ese hecho, necesariamente, un deísta empírico-materialista, inmerso en la filosofía dialéctica monista de la consumación del vínculo dialéctico empírico-racionalista del momento.  Pretendíamos mostrar, simplemente, cómo habían operado los elementos de la dialéctica y el materialismo en la fundación del pensamiento científico geográfico, lo cual ocurre precisamente con ese documento de Alzate hacia el inicio del último tercio del siglo XVIII.

 

Pero apenas dado el primer paso en el proceso de investigación, nos encontramos, de manera paradójica, contradictoria con el pensamiento ilustrado que se expresa en Europa plenamente ya en el enciclopedismo de Diderot  y D’Alembert, explícitamente con todo lo opuesto: un Alzate teísta que se pronunciaba racionalista cartesiano, dualista, y defensor de la causa primera.  Un Alzate que profería anatemas contra los materialistas, en particular contra Spinoza, y la dialéctica, en particular precisamente contra Heráclito; un Alzate que omite en todo momento la menor referencia a Bacon o a Locke, y que si se apoya en Gassendi, lo hace subrayando la fe de éste, y la parte crítica al cartesianismo.

 

Antes que nosotros, los estudiosos de la Ilustración en la Nueva España; que por cierto, no son abundantes; tales como, desde el momento contemporáneo mismo, con Juan Luis Maneiro, y pasado prácticamente el siglo XIX, con Gabriel Méndez Plancarte, Bernabé Navarro, Pablo González Casanova, Lina Pérez Marchand, y Francisco Larroyo, en los años cuarenta del siglo XX; o los años setenta en este mismo, con Rafael Moreno y Teresa Rojas Rabiela; o en lo más reciente, con Alberto Saladino García, Roberto Moreno de los Arcos, Elías Trabulse, Mª del Carmen Rovira, Cándida Fernández Baños, y Concepción Arias Simarro; que nos han legado una rica información sin la cual no hubiéramos podido hacer nada, quedaron igualmente confundidos con tal hecho paradójico; pero la explicación intentada, en todos los casos, de uno u otro modo, ha sido la ecléctica de la filosofía novohispana; ante la que nosotros proponemos otra interpretación, basada no sólo en el aparente desarrollo interno de la filosofía misma, sino en las condiciones sociales y políticas de la época.

 

 

Introducción

 

Ofrecemos en este trabajo; expresión sintética de nuestra tesis en ese problema; una interpretación distinta a la solución de que la filosofía novohispana era esencialmente ecléctica; interpretación nuestra ahora, más bien concordante con la manera de ser de los tiempos, tanto aquí como en Europa.  En donde el más ingenuo panteísmo, ocultaba el más radical ateísmo; o el más exaltado dualismo, disfrazaba la omisión deísta de la causa primera; y en donde el racionalismo cartesiano que apenas tímidamente concedía al empirismo, se transformaba en parapeto que resguardaba las posiciones dialécticas del vínculo empírico-materialistas más consecuentes.

 

Elaboramos, así, el siguiente entimema: El ensayo de geografía espacista de José Antonio de Alzate y Ramírez: “Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla”, de 1772, es dialéctica del dualismo en el vínculo empírico-racionalista en el método científico; como de elementos del materialismo en el fundamento físico objetivo de la sustancia extensa, la causa eficiente, y los procesos empíricos de medición y experimentales; ya que ello es expresión de elementos de dialéctica y materialismo en el estudio del espacio terrestre, siendo fundamento teórico-filosófico de la ciencia moderna; y en nuestro caso, de la Geografía en México.  Y de ello derivamos tanto nuestra tesis como nuestra hipótesis.

 

La tesis que se sustenta quedó enunciada de la siguiente manera: <<El ensayo de geografía espacista de José Antonio de Alzate y Ramírez: “Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla”, de 1772, es dialéctica del dualismo en el vínculo empírico-racionalista en el método científico; como de elementos del materialismo en el fundamento físico objetivo de la sustancia extensa, la causa eficiente, y los procesos empíricos de medición y experimentales>>.

 

La hipótesis, en consecuencia, quedó enunciada como: <<El ensayo de geografía espacista de José Antonio de Alzate y Ramírez: “Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla”, de 1772, es expresión de elementos de dialéctica y materialismo en el estudio del espacio terrestre, siendo fundamento teórico-filosófico de la ciencia moderna; y en nuestro caso, de la Geografía en México>>.

 



*       Ponencia para la Primera Jornada de Investigación, del Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos (DIDHEM), 19-24 de octubre de 2009.

 

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10 febrero 2013 7 10 /02 /febrero /2013 23:03

Suplemento-al-Theatro-Americano--1755--Jose-Antonio-de-Vil.JPGJosé Antonio de Villaseñor y Sánchez (1705-1759): La Geografía como la Crónica e Iconismo.  Artículo, 2012 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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12 mar 12.

 

El Suplemento al Theatro Americano ha sido, pues, la Relación Geográfica hecha Crónica.  Pero el Mapa Geographico de la América Septentrional, ha quedado, como el mismo Villaseñor lo refiere, sólo como: un ícono, una imagen de apoyo a las Relaciones Geográficas de 1746, sobre las condiciones hidrológicas del territorio de la Nueva España.

 

Así, en un apartado titulado por Serrara en su Estudio Preliminar, como “Una Personalidad Polifacética”, éste se hace una pregunta: “¿Qué era realmente Villaseñor?  Y lo analiza, de donde citamos: “mantuvo –comenta Serrara acerca de Villaseñor– su espíritu abierto a las distintas ramas del saber de su tiempo.  Fue un hombre polifacético y “general” que se anticipó a las grandes figuras de la Ilustración novohispana de la segunda mitad de la centuria”[1]. Esto es, que, en Villaseñor aparecen, una vez más aludiéndose al geógrafo, “las distintas ramas del saber”, y lo “polifacético y general” que caracteriza históricamente al mismo.

 

Serrara cita a Osores, que menciona a Villaseñor como “cosmógrafo del reino de la Nueva España, matemático exacto y observador de los fenómenos astronómicos”[2]; es decir, las mismas características de Carlos de Sigüenza y Góngora, que son las características esenciales de todo geógrafo.  Pero justo ahí, Serrara se vuelve a hacer la pregunta: ¿qué fue entonces Villaseñor?, y lo vuelve a caracterizar, y citamos nuevamente: “Con su ansia de conocer –dice Serrara– y su afán de trabajo consiguió adentrarse en varias ramas del saber de su época; que todavía no había experimentado esa parcelación que caracterizó el conocimiento científico de las dos últimas centurias.  Aparece un hombre puente entre Sigüenza y Góngora y Alzate, también personajes polifacéticos…”[3].

 

Juan Francisco López, autor del “Parecer” que preludia al Theatro, dice de Villaseñor: “Don José es uno de aquellos ingenios a quienes con raro privilegio dotó la naturaleza de tamaña amplitud, como felicidad y acierto en todo género de asuntos humildes y sublimes, de vasta y breve comprensión…  Quien quiera experimentarlo, muévale conversación en cualquier materia y le hallará transformado en todos los milagros de las más pulidas letras y de la más amena erudición, sin que sepa discernir en cuál es más eminente…”[4].  Notable pasaje que en términos más moderados, expresa el mismo sentir hiperbolizado de Henry Baulig, que, inmerso en el comentario de Alan Reynaud, llegó a decir: <<Para muchos geógrafos –anticipa Reynaud–, la geografía no es una ciencia como las demás.  Tiene ese algo que hace de ella una ciencia aparte.  No un conocimiento, porque la geografía es el conocimiento supremo, “quizá una categoría nueva –citando ahora Reynaud a Baulig–, de la inteligencia a la que el espíritu occidental, y sólo él, acaba de acceder”>>[5].  Esto es, que hay ahí un asunto viejo y esencial en la definición de la Geografía: una natural tendencia a lo concreto y particular de los fenómenos, que reduce al absurdo enunciado por Baulig; cuando la solución ha estado justo en lo opuesto, en la abstracción y generalización de dichos fenómenos, en estados de espacio.

 

Serrara concluye diciendo, en referencia a la cita que ha hecho de Juan Francisco López: “El juicio es exagerado, apasionado incluso.  Pero refleja en alguna medida el respeto y admiración que se le dispensó en el México de su tiempo”[6].  Evidentemente, en el contexto de la teoría geográfica, es fácil ver que tal juicio no responde a ninguna exageración y menos aún a un apasionamiento, sino al reflejo objetivo de lo que parece ser la geografía; o de hecho, de lo que realmente es, pero vista en la cruda roca caliza, que, bajo ciertas condiciones (esa abstracción y generalización propia del desarrollo de toda ciencia), se cristaliza y metamorfisa en la geometría del espacio de una bella esmeralda.

 

Finalmente, la geografía de José Antonio de Villaseñor y Sánchez, hemos dicho, es la Relación Geográfica entendida como la Geografía en la Crónica descriptiva, en donde lo que interesa no es el teatro en sí (o más exactamente dicho, el escenario, el espacio), sino la obra*, lo que se escenifica.  Si bien motivo de un artículo aparte, citamos, en la estraboniana idea anterior de la Geografía como “la historia de los lugares” y “digna de mención”; directamente a Villaseñor en su Suplemento al Theatro Americano: “los historiadores, que –dice Villaseñor–, después de haber formado toda la idea en el asunto de su empresa y escrito todo el planisferio geográfico, es necesario para su ilustración ir resaltando todos los miembros del cuerpo del historial con las especiales noticias que hacen agradable a los oídos la narración de sus particulares circunstancias”[7].  Esto es, el historiador haciendo mapas (el geógrafo entendido como cronista), los cuales ilustra con las particularidades de su propia historia, en especial, la digna de mención y agradable.

 

Así, cuando ese historiador, ese “geógrafo cronista”, “forma toda su idea en el asunto de u empresa”; es decir, cuando ha elaborado la Relación Geográfica; escribe (hace el grafos, la gráfica), de “todo el planisferio geográfico”; pero, siendo ello, como complemento ilustrativo.  En ello: 1) correctamente, la Relación Geográfica es la condición del Mapa; pero, 2) incorrectamente, el Mapa no ha de ser simple apoyo, menos aún auxiliar en la exposición de esa historia, sino expresión del objeto último del saber geográfico.   Sólo que, en esto último, ese grado de abstracción del hacer geográfico, distará de la época de Villaseñor y Sánchez, aún dos siglos y medio para comprenderse.

 

1746-Mapa-General-del-Virreinato-de-la-Nueva-Espana--Jose.jpg 

Yconismo Hidrotérreo,

Mapa General del Virreinato de la Nueva España, 1746.

de José Antonio de Villaseñor y Sánchez

Ochenta años después del Mapa General de la Nueva España de Sigüenza, lo que para éste fue objetivo, para Villaseñor fue sólo medio; por demás, en el que sigue presente el “horror vacui” en una cartografía Itineraria Picta.

 



[1]        Ibid. p.41 (subrayados nuestros).

[2]        Ibid. p.41  Independientemente de que, dice Serrara, “utilizó el título de Cosmógrafo.., si bien no hemos podido constatar la existencia de tal nombramiento” (Op. Cit. P.42).

[3]        Ibid. p.43.

[4]        Ibid. p.44.

[5]        Reynaud, Alan; El Mito de la unidad de la Geografía; en “GeoCrítica”, Nº 2, marzo 1976; Universidad de Barcelona, España, 1976; p.26 (subrayado nuestro).

[6]        Ibid. p.44.

*        Obra que incluso en el contexto de la época la narra como el Génesis Bíblico.

[7]        Ibid. p.96 (subrayado nuestro).

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3 febrero 2013 7 03 /02 /febrero /2013 23:03

Theatro-Americano--Jose-Antonio-de-Villasenor-y-Sanchez-.JPGTheatro-Americano--Contraportada-Original.JPGJosé Antonio de Villaseñor y Sánchez (1705-1759): La Geografía como la Crónica e Iconismo.  Artículo, 2012 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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05 mar 12.

 

La Geografía hecha como la Crónica, es el hacer de la Relación Geográfica, la Geografía misma, en la medida en que la Relación Geográfica no se limita al censo, sino se comenta en una narrativa descriptiva.  Y la Geografía hecha no sólo como esa crónica, son, además, como iconismo (lo que se traduce como “culto a la imagen”), es una Relación Geográfica como lo esencial de lo geográfico, con apoyo descriptivo en los mapas.  Y esto fue lo esencial de la geografía en José Antonio de Villaseñor y Sánchez a mediados del siglo XVIII.

 

El período histórico de la Ilustración se considera del momento de la Revolución Inglesa de 1688 que instaura definitivamente el orden capitalista ahí, a una difusa transición del siglo XVIII al XIX, que, en todo caso, termina con las guerras de independencia en América.  El virreinato novohispano no fue ajeno a la totalidad de ese período con sus particularidades coloniales, que en el origen, en esa segunda mitad del siglo XVII, tiene a pensadores ilustrados como Sor Juana Inés de la Cruz, o a Carlos de Sigüenza y Góngora.

 

Esas particularidades coloniales no se reducen al barroco ni ello es lo importante, sino a una pérdida de continuidad en el desarrollo de la ilustración novohispana durante la primera mitad del siglo XVIII, que se termina con la necesidad del Estado, por obtener un conocimiento más preciso del virreinato, y de donde surge la ordenanza de 1841, encomendada a José Antonio de Villaseñor y Sánchez a partir de 1842, para el levantamiento de la Instrucción y Memoria que dio lugar a las Relaciones Geográficas publicadas finalmente en 1846 y 1848.  Tras ello, el virreinato de la Nueva España culmina, por forma, simultáneamente con Europa, el período ilustrado, cuya última etapa fue de 1760 a la transición al siglo XIX; aun cuando por contenido, será manifiesto un enorme desfasamiento en lo avances de una parte del mundo y la otra, como consecuencia de aquellos cincuenta años perdidos de la primera mitad del siglo XVIII.

 

Con José Antonio de Villaseñor y Sánchez en ese momento tardío del segundo de tres momentos de la Ilustración novohispana, están algunos otros pocos autores, como Juan José Eguira y Eguren (1696-1763), escritor literato; o Lorenzo Boturini (1702-1751), historiador, deportado en 1743; en tanto que en Europa producen la ciencia desde un Newton, hasta un Carlos Linneo (1707-1778).

 

Resulta interesante que Ramón María Serrara en su Estudio Preliminar al “Suplemento al Theatro Americano”, se expresara respecto de Villaseñor y Sánchez, de la mima manera que Irving A. Leonard lo hiciera respecto a Sigüenza y Góngora en referencia al “Mapa General de la Nueva España” elaborado por éste.  “El Theatro Americano –redacta Ramón María Serrara–, la primera geografía regional de México elaborada en Nueva España por un mexicano”[1].  He ahí, por ese sólo hecho, la importancia histórica de José Antonio de Villaseñor y Sánchez.

 

En 1742, Villaseñor publicó su “Observación del Cometa que Apareció en el Hemisferio de México…”; pero lo mismo escribió un “Romance Lírico…”, que hizo trabajo cartográfico: un mapa de fortificaciones costeras y presidios internos, titulado: “Yconismo Hidrotérreo o Mapa Geographico de la América Septentrional”, de 1746; un “Plano de la Capital Virreinal”, de 1750; el “Mapa Geográfico de la Provincia de la Compañía de Jesús de la Nueva España”, de 1751 (un mapa desde Honduras hasta California); y publicó, en 1756, su “Matemático Cómputo de los Astros”.  Pero, a criterio de Ramón Serrara, citamos de éste su juicio: “su trabajo más importante de toda esta época de madurez es, sin duda, una descripción de la capital virreinal titulada “Apuntes o Ensayo para la Ilustración y Suplemento del Theatro Americano”[2], de 1755.

 

Y es este documento el que, precisamente, de manera más enfática se presenta como crónica sobre la base de las Relaciones Geográficas de 1746, y, ciertamente, como afirma Serrara, a lo que le asigna más importancia, por sobre su mismo Mapa Geographico de la América Septentrional de 1746, curiosamente titulado a su vez: “Yconismo Hidrotérreo”.

 



[1]        Serrara, Ramón Mª; Estudio Preliminar; en “Suplemento al Theatro Americano”; 1ª edición, México, 1980; p.17.

[2]        Ibid. p.38.

 

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27 enero 2013 7 27 /01 /enero /2013 23:03

Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700)Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700): Primer Geógrafo Mexicano de la Ciencia Moderna.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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27 feb 12.

 

Por un producto eminentemente del saber geográfico: su Mapa General de la nueva España (entre 1668 y 1671), Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700), es acertadamente calificado, tanto por Irving A. Leonard en la biografía de aquel de 1929; como por Miguel Sánchez Lamego que retoma la idea (no sabemos si independientemente), en su ponencia a la VII Reunión del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH), de 1955: Primer Mapa de México Hecho por un Mexicano, con motivo de que, recién unos años antes, había encontrado dicho mapa en la Colección de “Mapas Españoles de América de los Siglos XVI, XVII y XVIII”, en su edición de 1951 por la Real Academia de Historia de Madrid, luego de que el mismo estuviese extraviado desde fines del siglo XVIII.

 

Mapa-Siguenza--1668-1691 

Mapa General de la Nueva España, 1670; de Carlos de Sigüenza y Góngora.  Primer Mapa de México, hecho por un mexicano.

 

Ese calificativo en Irving A. Leonard, se expresó como: “el primero en haber hecho un mapa general de Nueva España”[1]; o, en la expresión de Miguel A. Sánchez Lamego, en el ser: “el primer mapa de México hecho por un mexicano”[2].  Por ello, es que podemos considerar a Carlos de Sigüenza y Góngora, como el primer geógrafo mexicano de la ciencia moderna.

 

Sin embargo, no es sólo por ese hecho que hacemos tal afirmación, si bien es lo esencial, sino incluso por el conjunto de sus estudios y trabajos, por las cuales fue nombrado en 1680 por Carlos II, como “Cosmógrafo Real”; término elástico –dice correctamente su biógrafo más reconocido, Irving A. Leonard– que lo mismo es atributo del catedrático en Matemáticas que era Sigüenza, o designa al astrónomo, agrimensor y cartógrafo, e incluso al ingeniero y mecánico, como, agregamos nosotros, al geógrafo; investigaciones todas ellas, a las que –dice Leonard– ciertamente de cuando en cuando se entregaba.  Y en que, de las observaciones astronómicas y cálculo matemático que ello implica, estableció la longitud de la Ciudad de México, fundamental para su elaboración cartográfica, y con ello, para su estudio sobre el desagüe de éste (de donde se involucra por último, la ingeniería y mecánica).

 

Pero, ahora bien, ni es alguna especialidad de ellas echando mano de las demás, ni todas ellas por separado pero reunidas en una sola persona, y mucho menos un asunto de sabiduría aristotélica de todo ese conocimiento justo como una Totalidad (a lo que se podría agregar sus estudios de historiador, antropólogo y arqueólogo, y que por lo tanto bien le correspondería); sino poniendo de manifiesto todo ello, de forma primaria, aún no desarrollada, el conocimiento de una sola especialidad: la geografía.

 

Carlos de Sigüenza vivió en la segunda mitad del siglo XVII novohispano, en que hubo una relativa y cierta apertura de pensamiento, concordante con la revolución de pensamiento que se estaba dando por entonces en Europa con los sucesores de Galileo, Kepler, Bacon y Descartes; esto es, con Pascal, Boyle, Malpighi, Huygens, Leeuwenhoek, Hook, y final y un tanto forzadamente, con Newton, que e su madurez se adentra ya en el siglo XVIII.  Infortunadamente para el desarrollo de esa ciencia moderna novohispana naciente en ese momento, el imperio español de tintes monárquicos absolutistas feudales, fue puesto a la defensiva por el avance de las monarquías ilustradas constitucionalistas en donde se abría camino el orden capitalista.: Inglaterra, Países Bajos, Francia; y España se cerró a eso que calificaba de “perniciosas influencias”, que amenazaban con arrebatarle sus colonias en América; perdiéndose así, la continuidad del desarrollo científico novohispano en la primera mitad del siglo XVIII.  Fue eso, pues, lo que hizo esa aparente excepcionalidad de mentes como la de Juana Inés de Asbaje (Sor Juana Inés de la Cruz), y de Carlos de Sigüenza y Góngora.

 

No sabemos en qué medida, si es que lo fue, Sigüenza pudo haber hecho uso de las Relaciones Geográficas del siglo XVI en la elaboración de su Mapa General de la Nueva España; creemos que necesariamente debió haber sido así; pero ni éste, ni aún sus mapas de área local como el “Mapa de las Aguas de la Laguna de Tescuco” (1691), laguna y sus alrededores que Sigüenza conocía muy bien, revelan algún apoyo en exhaustivas Relaciones Geográficas que, en todo caso, ponen de manifiesto su imperiosa necesidad.

 

Acerca de ese último mapa generalizable a toda su obra, Irving A. Leonard dice: “Comparado con la obra de cartógrafos modernos parece burdo, desde luego, y sin embargo da una buena idea de la disposición general de la región que circunda la capital.  Las diversas posiciones no están fijadas con absoluta precisión, ni las montañas están en estricto acuerdo con la naturaleza.  Como ha dicho cierta autoridad [Manuel Orozco y Berra], los montes <<los vemos allí dispuestos por el dibujo, más como adorno de la imaginación, para llenar el espacio y darle cierta apariencia, que siguiendo su verdadera dirección>>”[3].

 

1691-Mapa-de-las-Aguas-de-la-Laguna-de-Tescuco--16-copia-1.jpg 

"Mapa de las Aguas de la Laguna de Tescuco” (1691),

Carlos de Sigüenza y Góngora.

 

Ello, sin duda, revela el clásico “horror vacui” en una cartografía que aún era imprecisa en la definición de la métrica de su espacio vacuo continuo; es decir, en la determinación de las coordenadas de cada lugar.  Ese mapa era en realidad aún un “Itineraria Picta”.  Pero su mapa anterior de treinta años atrás, su Mapa General de la Nueva España, si bien deja ver desde entonces ese “horror vacui”, por lo contrario, dispone éste de una métrica en un sistema de coordenadas para la definición de ese espacio vacuo continuo (por cuyas características a partir de una discusión en cuanto al posible Meridiano de Origen, amerita dicho mapa un tratamiento aparte).

 

El desfase con la cartografía europea es notable en todos sus aspectos, pero así nació, con esas condiciones y con esas características, la geografía propia, la geografía científica moderna en México.

 



[1]        Leonard, Irving A; Don Carlos de Sigüenza y Góngora.  Un Sabio Mexicano del Siglo XVIII; Fondo de Cultura Económica, 1ª edición, 1929; México, 1984; p.98.

[2]        Sánchez Lamego, Miguel A; Primer Mapa de México Hecho por un Mexicano; IPGH; México, 1955.

[3]        Leonard, Irving A; Don Carlos de Sigüenza y Góngora.  Un Sabio Mexicano del Siglo XVIII; Fondo de Cultura Económica, 1ª edición, 1929; México, 1984; pp.97-98.


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20 enero 2013 7 20 /01 /enero /2013 23:03

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1651-1695);Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana; Primero Sueño…: El Movimiento Aparente de Rotación de la Tierra.  Artículo, 2012 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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20 feb 12.

 

Y de esa apolinea ciencia, cuando el alma despierta, cuando nos adentramos en la racionalidad, en la ciencia; y esa separación del espacio terrestre entendido por el movimiento de rotación de la Tierra expuesto por su efecto en el movimiento aparente por Juana Inés de Asbaje, siendo ya Sor Juana Inés de la Cruz, de ella, en erudición de prodigiosa memoria, así deliberadamente ejercitada, nos recitaría el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada:

 

“…  Llegó, en efecto, el Sol cerrando su giro/ que esculpió de oro sobre el azul zafiro;/ de mil multiplicados/ mil veces, flujos mil dorados/ –líneas, digo, de luz clara– salían/ de su circunferencia luminosa,/ pautando al Cielo la cerúlea plana;/ y a la que antes funesta fue tirana,/ de su imperio, atropadas embestían;/ que sin concierto huyendo presurosa/ –en sus mismos horrores tropezando–/ su sombra iba pisando,/ y llegar al Ocaso pretendía/ con el fin (sin orden ya) desbaratado/ ejército de sombras, acosado/ de la luz que el alcance le seguía.

 

Consiguió, al fin, la vista del Ocaso/ el fugitivo paso,/ y –en su mismo despeño recobrada/ esforzado el aliento en la ruina–/ en la mitad del globo que ha dejado/ el Sol desamparada,/ segunda vez rebelde determina/ mirarse coronada,/ mientras nuestro Hemisferio la dorada/ ilustraba del Sol madeja hermosa,/ que con luz judiciosa/ de orden distributivo, repartiendo/ a las cosas visibles sus colores/ iba, y restituyendo/ entera a los sentidos exteriores/ su operación, quedando a luz mas cierta/ el Mundo iluminado, y yo despierta”.

 

En la literaria personificación, en el movimiento aparente, llega el Sol cerrando su órbita, llenando el azul zafiro del Cielo con el dorado resplandor; “pautando al Cielo la cerúlea plana”, esto es, enmendándole, corrigiendo al Cielo lo que tenía establecido por la oscuridad de la Noche, “la que antes funesta fue tirana”; y ésta huye, se repliega torpe y presurosa, y la Noche misma proyecta su sombra con el Sol tras de sí, de modo que ésta iba pisando su propia sombra, pretendiendo llegar al Ocaso derrotada por la luz del Día que iba tras ella y le seguía.

 

La oscuridad, la Noche, la que huía, llegó al fin al Ocaso, y despeñándose al otro lado del globo que el Sol había dejado desamparado, recobra entonces de su ruina su aliento, y vuelve a verse coronada; mientras en el Hemisferio iluminado por la melena del Sol, que iba repartiendo a todo sus colores; restituyendo por entero los sentido con los que se percibe ese Mundo exterior, con su luz más cierta; quedando ese Mundo iluminado, y ella despierta.

 

Luego de mediados del siglo XVII, la teoría copernicana, pues, está plenamente presente.  La Tierra, como ptoloméico centro del Universo, deja de ser el escenario mismo de la existencia del Cosmos, el espacio terrestre deja de contener al Universo mismo, y ahora sólo lo es del espacio en el que se escenifica la eterna lucha entre el Día y la Noche.

 

Si con la muerte de Hipatia en manos de las turbas de San Jerónimo al inicio del siglo V, moría la luz de ciencia griega y se hacía la larga noche medieval; con Juana Inés de Asbaje en la segunda mitad del siglo XVII, esa luz de la ciencia renacía, y se hacía la resplandeciente luz que todo lo iluminaba en el nacer de la ciencia de aquel México-novohispano.

 


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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:03

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1651-1695);Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana; Primero Sueño…: El Movimiento Aparente de Rotación de la Tierra.  Artículo, 2012 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

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13 feb 12.

 

Juana Inés de Asbaje y Ramírez (Sor Juana Inés de la Cruz, 1648-1695), la “Décima Musa”; y no hay en ella ningún “virtuosismo ecléctico”, tal como los estudios en general de la Ilustración novohispana pretenden minimizar al avanzado pensamiento dialéctico y materialista de los primeros mexicanos hacedores de la ciencia en estas tierras.  Y si algo ha de desmentir eta afirmación, es precisamente el Primero Sueño, obra maestra de Juana Inés de Asbaje y Ramírez.


“Es un poema –nos dice F. Díaz Rejón en su sinopsis para el Parnaso, Diccionario Sopena de Literatura– llena de resonancias filosóficas: el glorioso mundo material y superficial de Góngora se convierte para Sor Juana en un profundo problema epistemológico”[1].  El mundo material y “superficial”, es decir, corrigiendo la distorsión, el mundo de los objetos materiales dados a la percepción sensible, principio, condición primera del pensamiento materialista filosófico.  Y ello, como “problema epistemológico”, no es otra cosa que el profundo análisis gnoseológico (o de la teoría del conocimiento), en la filosofía dialéctica.  Eso es, en su esencia, el pensamiento ilustrado, que en Juana Inés de Asbaje, esa ilus, ese “dar luz”, “…es la hondura de pensamiento siempre revestido con un ropaje deslumbrador”[2], que adelantaba en casi dos décadas al inicio de la Ilustración en Europa, reconocida apenas como consecuencia de la Revolución Inglesa de 1688.


El Primero Sueño, es un poema de geografía teórica, deslindador del espacio terrestre, de su subordinante espacio cósmico.  Es, en términos literarios, elaborado en la mitología; el alma, “entre sueños se eleva a una contemplación del Universo e intenta abarcarlo todo con un simple acto del intelecto intuitivo; pero no puede y retrocede deslumbrada.  Recurre luego al conocimiento discursivo, examinando las cosas una por una, haciendo abstracción gradualmente de los universales y acercándose así, poco a poco, a otra visión total del cosmos”[3].


Ni qué decirle al conocedor de la historia de la Geografía, cómo ahí Juana Inés de Asbaje y Ramírez anticipa los afanes teórico geográficos “totalizadores”  de Ritter y Humboldt de dos siglos después, y ese “retroceder deslumbrados”, de Richthoffen, Ratzel, Davies y Kjelen, que intentan luego el conocimiento examinando las cosas una por una.  Y lo podrían hacer, tanto más, cuanto mayor se su especialización en cada cosa.  Y he ahí una nueva y desconcertante tragedia: pretendiendo así el conocimiento geográfico, cada vez se ven más impelidos a abandonarlo.  Cuanto más geólogo es Richthoffen, más conoce el fenómeno, pero, misteriosamente y en forma cada vez mayor, se aleja de la geografía; cuanto más geomorfólogo es Davies, más entiende los procesos de las cosas de la litósfera, pero, paradójicamente, más se pierde la idea, o el espíritu de lo geográfico; cuanto más sociología hacen Ratzel o Kjellen, más aportan a esas especialidades de la sociología o la política, pero, menos aún se estudia la geografía.


Aún en la segunda mitad del siglo XVII, para el pensamiento ilustrado en Juana Inés de Asbaje y Ramírez, es una necesidad la crítica a la escolástica y a los universales.  Lo universal, como la naturaleza creada por Dios, la teísta “causa primera” en el ante rem de la contemplación y el intelecto intuitivo del realismo medieval, ha de ser desechada y suplida por la aristotélica y deísta “causa eficiente”, que poco a poco aproxima a la causalidad científica del conocimiento discursivo o racional, que prescinde de todo acto divino en el ateísmo, y, en una naturaleza cuyo movimiento divino sólo es mítico.


Y es justo aquí donde resuena en nuestro recuerdo cualquier clase impartida por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada: ahí, ese conocimiento discursivo, en la dialéctica, aparece en Juana Inés de Asbaje y Ramírez la apolínea ciencia.


Cuando, luego de hundida en el sueño, el alma despierta, empieza ahí el “conocimiento discursivo”; el ciclo de la noche y el día, es la metáfora del ciclo de la edad oscura medieval, a la ilustración de la época moderna y la ciencia; y con ello, Juana Inés de Asbaje y Ramírez, lo hace separando del espacio cósmico, el espacio terrestre, entendido por el movimiento de rotación de la Tierra expuesto por su efecto en el movimiento aparente.

 


[1]        Díez Rejón, F; Parnaso, Diccionario Sopena de Literatura; Tomo I, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1982 (v. Juana Inés de la Cruz).

[2]        Ibid. (v. Juana Inés de la Cruz) (p.423)

[3]        Ibid. p.423.


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7 octubre 2012 7 07 /10 /octubre /2012 22:05

1836 Mapa de la República Mexicana Antes de 1836 (AnónimoHistoria de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Ponencia al XX Congreso Nacional de Geografía, 2012.  Quinta Parte, Conclusiones.

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8 oct 12.

 

Conclusiones.

 

Hay, pues, una clara y evidente determinación histórica sobre la ciencia (determinación externa), que condena a la ciencia a servir a determinados intereses económicos, sociales y políticos; pero, a su vez, hay una, a veces no diáfana, determinación teórica (determinación interna), en la ciencia, en función de su interpretación teórico-científica de la realidad.  La Geografía en México en el siglo XIX, por sus determinaciones externas, hemos visto, era ya una “ciencia burguesa” progresista o liberal; o bien una “ciencia burguesa” retrógrada, de resabios monárquicos virreinales o conservadora.  Pero por sus determinaciones internas, la lucha entre liberales y conservadores en cuanto a la ciencia de la geografía en el Colegio de Minería, se centraba en: 1) cuál de ambas partes la impartía (en curso de Geografía que tenía por contenido la Cosmografía, Astronomía y Geodesia); y 2) la impartición o no de los cursos de “Delineación” (Cartografía).

 

En cuanto al primer punto, cuál posición de clase impartía la geografía por su contenido, tendría que radicar, necesariamente, en la visión científica o de influencias teológicas en la interpretación del conjunto de la realidad objetiva, según fuese por liberales o conservadores respectivamente.  En cuanto al segundo punto, acerca de cuál posición clasista abogaba o no por los cursos de Cartografía, empujaba, en un caso, el liberal, en hacer de la geografía una expresión cartográfica tanto más dinámica (dialéctica), como de mayor ingeniería (de mayor operatividad en su función social); y en el otro caso, el conservador, en separar la geografía de la cartografía, reduciendo ésta no sólo al dibujo (“Delineación”), sino incluso llegando a dividir y seriar este al curso de “Dibujo del Paisaje”.  De la narrativa de Santiago Ramírez, sobre ningún otro curso se trasluce una lucha tan marcada entre liberales y conservadores como sobre los cursos que involucraban la geografía, en lo que se ponía de manifiesto con toda evidencia, el control de unos u otros en esa política científico-educativa que, entre comillas, hemos ido denominando ya como “dictadura liberal”, o bien como “dictadura conservadora”.

 

El origen del Colegio de Minería desde fines del siglo XVIII como la máxima expresión de la ilustración virreinal novohispana, queda, por ello, determinado; pero, más aún, por el control de esa “dictadura conservadora virreinal” que venía en la dinastía “Velázquez de León”.  Romper ese control o “dictadura”, implicó desde el principio el cierre y conversión misma tanto del Colegio de Minería, como de la Universidad con su carácter pontificio religioso, lo cual se intentó en la creación de los Establecimientos de Ciencias; lo cual duró, lo que duró cada vez el control o “dictadura liberal”.  Y tal situación no quedó definida conclusivamente, sino hasta 1867, con la derrota del intento monárquico imperial francés de Maximiliano y el grupo de sus collaborateurs, los cuales, en nada que minimizar, fueron principalmente geógrafos, entre ellos, el primer Ingeniero Geógrafo en México.  Pero, propiamente, a ellos se contrapuso un grupo de geógrafos aún más importante y trascendente en el partido liberal y progresista.

 

Las lecciones históricas son enormes, a tal punto que se revela que ello no es historia muerta, sino la cotidianeidad de todo momento histórico, y la historia viva de nuestro presente; y en ella, los “1867” sin que nada aprendan de ello los eternos conservadores, que se repetirán una y otra vez en mayor o en menor escala, <<estando de antemano –como decía Juárez–, moralmente derrotados>>.  El cómo lo enfrentemos está en el carácter de cada cual.  Y ante ello, quienes tenemos una posición más avanzada y progresista, tenemos, en un futuro más lejano o más próximo, ganada la partida, necesariamente.

 

Qué es hoy ese grupúsculo inquisitorial de la “dictadura burguesa” que controla la geografía institucional actual, si no un vergonzoso oscurantismo intrascendente, que tanto más nos intentó hacer “no-existentes”, tanto mayor su condena histórica, en la medida en que tengamos la razón; y hasta ahora, la hemos tenido plena.

 

Ella trasciende como ha trascendido en la historia: en el anonimato, por lo ominoso de sus actos.  ¿Cómo podría la historia de la Geografía en México rescatarlos, si no es omitiendo la historia en sus plenas determinaciones; si no es eludiendo la esencia teórica de su pensamiento?  De ahí que el origen de la historia institucional de la Geografía en México, no está en el conservador monárquico virreinal del primer Ingeniero Geógrafo en México, José Salazar Ilarregui; sino en la pasión del geógrafo liberal Manuel Antonio Castro.  No está en un conservador como Joaquín de Mier y Terán, Sino en un liberal progresista como Blas Balcárcel, como Francisco Díaz Covarrubias, o como un Antonio García Cubas; tanto por su pensamiento progresista, como por sus aportes a la ciencia de la Geografía, que aún se proyectarán hasta buena parte del primer cuarto del siglo XX.

 

 

Bibliografía.

 

Apenes, Ola; Mapas Antiguos del Valle de México; Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería, UNAM (SEFI), México, 1984.

Olavarría y Ferrari, Enrique; México Independiente, 1821 a 1855; en “México a Través de los Siglos”; Editorial Cumbre, México, 1967.

Porrúa; Diccionario de Historia, Biografía y Geografía de México; Editorial Porrúa, México, 1964.

Ramírez, Santiago; Datos para la Historia del Colegio de Minería; Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería (SEFI); México, 1992.

 



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7 octubre 2012 7 07 /10 /octubre /2012 22:04

1866 Desagüe del Valle de México, 1866Historia de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Ponencia al XX Congreso Nacional de Geografía, 2012.  Cuarta Parte, 1855-1867.

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8 oct 12.

 

De 1855 a 1867.

 

Para 1856, José Salazar Ilarregui ha concluido los trabajos de delimitación fronteriza, y en mayo de ese año, citando a Santiago Ramírez: “La Junta Facultativa del Colegio expide el primer título de Ingeniero Geógrafo, distinguiendo con él al Sr. D. José Salazar Ilarregui <<para darle un testimonio honroso del alto concepto que merece por su carrera científica y sus servicios>>”[4].  No es, pues, el primer geógrafo, pero sí el primero con el título de “Ingeniero Geógrafo”.  En su persona y por sus trabajos, la ciencia de la Geografía deba un paso más en su formalización institucional.

 

A principios de septiembre de 1856, muere De la Rosa, y se vuelve a suscitar el problema del sucesor en el cargo entre Blas Balcárcel (Director Interino), y José Salazar Ilarregui, principales candidatos de liberales y conservadores respectivamente; lo que no se define incluso, durante todo el año de 1857, hasta que en diciembre del mismo ocurre el golpe de Estado del conservador Félix Zuloaga, y para marzo de 1858, por supuesto, Joaquín Velázquez de León está de regreso como Director del Colegio de Minería, haciéndole entrega del cargo Blas Balcárcel.  La Universidad Pontificia había vuelto a ser suprimida en septiembre de 1857, pero bajo el gobierno conservador de Zuloaga y la Dirección del Colegio de Minería en Velázquez de León, la Universidad se vuelve a restablecer en marzo de 1858.

 

Mientras en el gobierno de la “dictadura liberal” anterior se había pedido a todos los funcionarios públicos el jurar la Constitución; ahora, en el gobierno de la “dictadura conservadurista”, se exigió una “conducta religiosa”.  La aplicación de ello en los estudiantes del Colegio de Minería, provocó una revuelta tras la expulsión de tres alumnos por su “conducta irreligiosa”; tras la revuelta fueron expulsados seis alumnos más, lo que hizo crecer el movimiento, así como las medidas de represión, ante lo cual sólo permanecen finalmente catorce estudiantes (entre ellos, el mismo Santiago Ramírez, en ese momento alumno; y Francisco Díaz Covarrubias, en proceso de titulación, el cual lleva a cabo el 24 de agosto, siendo el segundo Ingeniero Geógrafo en México).  Como consecuencia de ello, ocurrió lo que no fue así ni durante la guerra de intervención norteamericana: el cierre del Colegio de Minería, el 20 de julio de 1858, “hasta nueva orden”; y la “nueva orden” vino diez días después, y aún cuando se concedió la vuelta a clases de los que las habían abandonado, éstos (más de 60), no volvieron.

 

Durante la “dictadura conservadora” al interior del Colegio de Minería durante el gobierno de Félix Zuloaga, en 1858 se expide la ley que reglamenta, entre otras, la carrera de “Ingeniero Geógrafo”, que suple a la denominación de “Geografía y Naturalista”.  Y si bien por una parte se consolida la institucionalidad de la Geografía, por otro aparte, ello ocasionará que se deje de impartir el curso especial de Geografía.

 

Para 1861 ha triunfado la Guerra de Reforma con el gobierno de Benito Juárez, y la “dictadura liberal” al interior del Colegio de Minería se restablece.  Obvio, deja la Dirección Joaquín Velázquez de León, y cede el cargo, nuevamente, a Blas Balcárcel.  A fines del mes se abre el Colegio a los estudiantes que se retiraron en la revuelta de 1858, y a iniciativa de Ignacio Ramírez, se vuelve a establecer la clase especial de Geografía.

 

Sin embargo, para abril de 1862, ocurre la Intervención Francesa en México.  Cuatro años después, en 1866, Napoleón III decide retirar sus tropas, en tanto Maximiliano decide no abdicar; y el 15 de mayo es capturado en Querétaro, y fusilado bajo la “dictadura liberal” juarista.

 

1866 Desagüe del Valle de México, 1866 

Desagüe del Valle de México, 1866.  No sólo terminaba una época política en México; las necesidades económico-sociales demandaban de la geografía atender el grave problema de origen de la misma Ciudad de México, dado en sus condiciones hidrográficas, a tal punto que a iniciativa de Blas Balcárcel, a la creación de la Escuela de Ingeniería en la Universidad Nacional, se crea en ella la carrera de “Ingeniería en Geografía e Hidrografía”.

[Fuente: Apenes, Ola; Mapas Antiguos del Valle de México; Sociedad de Exalumnos de la Faculta de Ingeniería, UNAM, México, 1984]

 

En el inter, Balcárcel había permanecido como Director del Colegio desde su nombramiento por Juárez, suprimiendo las prácticas religiosas; pero hacia fines de junio de 1863, bajo la intervención francesa, toma posesión del cargo de Ministro de Fomento, Joaquín Velázquez de León, y como Subsecretario de Fomento, “el antiguo alumno y catedrático del Colegio, D. José Salazar Ilarregui, nombrado en esta fecha por el Supremo Poder Ejecutivo”[5]; esto es, por el poder del Imperio monárquico francés, que recientemente (apenas el 10 de junio de 1863), había tomado la capital, y la Regencia ofrecía la corona a Maximiliano (que arribaría a México un año después).  Así, tanto Joaquín Velázquez de León como el conservador Ingeniero Geógrafo José Salazar Ilarregui, se convertían en colaboracionistas del Estado extranjero interventor.

 

Como Ministro de fomento, de lo cual dependía el Colegio de Minería, Salazar Ilarregui decreta el reordenamiento de los estudios del mismo.  Se restablecen las prácticas religiosas, y se elimina el curso especial de Geografía.

 

Para marzo de 1864 (“dictadura conservadora” de por medio): “El Sr. Salazar Ilarregui es nombrado Presidente Honorario de la Comisión Científica, Literaria y Artística de México…, y a la vez, Presidente dela Sección de Astronomía, Física del Globo, Geografía, Hidrología y Meteorología”[6] (sic)[7]; unos días después de ello, el primer Ingeniero Geógrafo en México, José Salazar Ilarregui, es nombrado Comisario Imperial de la Península de Yucatán; y más tarde llegará a ser Ministro de Gobernación (prácticamente el segundo después de Maximiliano).  Entonces es que Manuel Orozco y Berra, es nombrado Subsecretario de Fomento, haciéndose así, a su vez, un collaboratour más del Imperio.  En la misma condición quedará el antiguo egresado y catedrático del Colegio de Minería, Joaquín de Mier y Terán.  Por estos años, es estudiante de ingeniería geográfica, Antonio García Cubas.

 

Y en 1866, en las viejas historias de plagio intelectual, propias del conservadurismo y de los momentos de reacción, el Ingeniero Geógrafo Francisco Díaz Covarrubias, se inconforma ante el imperial periódico “La Sociedad”, por haber publicado su Carta levantada en 1863, que mantenía inédita, sin su autorización, y sin su nombre.

 

En junio 20 de 1867, a un mes del fusilamiento de Maximiliano por la “dictadura liberal”, se cierra el Colegio de Minería; y desde luego, otra vez Blas Balcárcel es nombrado Ministro de Fomento, y como tal, Director del Colegio de Minería, el cual se reabre a principios de agosto de ese año de 1867, pero sólo para que, en diciembre, el antiguo “Colegio de Minería”, quedara transformado en la nueva Escuela de Ingenieros, formado parte de ella la nueva carrera de geografía, denominada ahora, de: “Ingeniería en Geografía e Hidrografía”.

 ______ 

[4]        Ibid. p.391.

[5]        Ibid. p.436.

[6]        Ibid. p.442.

[7]        En el absurdo más incomprensible, cuatro meses después de ese acto, Salazar llarregui, “…expide la Convocatoria para la construcción del monumento a la Independencia Nacional” (sic) (Op. Cit. p.444).  La desfachatez o la inconsciencia más absolutas.

 

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7 octubre 2012 7 07 /10 /octubre /2012 22:03

1866-Desague-del-Valle-de-Mexico--1866.jpgHistoria de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Ponencia al XX Congreso Nacional de Geografía, 2012.  Tercera Parte, 1843-1855.

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8 oct 12.

 

 

De 1843 a 1855.

 

Así se llegó al año 1843, en donde se inicia la tercera historia que confluye hacia 1867 en un vaiven entre liberales y conservadores bajo el santaannismo; y el 18 de agosto de ese año, bajo el directo gobierno de Santa Anna siendo Ministro de Instrucción Pública el conservador Pedro Vélez; se emite un decreto por el que se crea la carrera de “Geografía y Ciencias Naturales”[c].  En los nuevos estudios formales de la carrera de “Geografía y Ciencias Naturales”, la geografía continúa dividida en dos: la parte de Cosmografía, y la parte de “Delineación” (Cartografía); y a dos años de fundada la carrera, el catedrático Manuel Antonio Castro, de origen agrimensor (1809), solicita ser autorizado para ejercer la profesión de geógrafo, concediéndosele con fecha 31 de 1845, convirtiéndose así, en el primer geógrafo de la vida institucional de la Geografía en México.

 

Justo en ese momento era uno de los primeros estudiantes de la carrera, José Salazar Ilarregui, junto con Manuel de Mier y Terán, de pensamiento conservador, y el liberal José Joaquín de Herrera (que tras una insurrección en diciembre de 1844, ocupa la presidencia hasta diciembre de 1845, en que, tras otra insurrección, es destituido), siendo estudiante de la carrera aún en 1846.

 

En 1843, egresaba de la carrera de agrimensor, Blas Balcárcel, de pensamiento liberal, quien en enero de 1846 forma parte de la Junta Facultativa como Vocal Propietario, junto con los liberales, Tomás Ramón del Moral y Manuel Antonio Castro, y para noviembre del mismo año funge como profesor de la clase de Geografía, teniendo como alumnos a Blas Múzquiz, Manuel Gil Pérez, y a José Joaquín de Herrera; a la vez el geógrafo recién egresado, José Salazar Ilarregui, se hace cargo del curso de Cosmografía, siendo uno de sus alumnos Joaquín de Mier y Terán.

 

Con motivo de la intervención norteamericana en México en 1847, el entonces Director del Colegio de Minería, José Ma. Tornel, obedeciendo a la orden de que todos los funcionarios de gobierno evacuaran la plaza de la Ciudad de México, deja interinamente en el cargo de la Dirección a Blás Balcárcel, que la ejerce manteniendo la movilidad de los cursos, aún a pesar de la ocupación norteamericana, a la vez que José Joaquín de Herrera ejerce como Presidente Interino de la República.

 

1847 Batalla de Sacramento, Pedro García Conde; 1847 

Mapa de la Batalla de Sacramento, elaborado por Pedro García Conde, 1847.  En él se puede apreciar el tipo de mapas que en general se elaboraban para los levantamientos de los reales de minas: un levantamiento topográfico (quizá con un sistema de coordenadas locales con Meridiano Central en la Ciudad de México), señalamiento de orientación, escalas, leyendas y simbología, y una representación del relieve mediante la técnica de perpendiculares.

[Fuente: Apenes, Ola; Mapas Antiguos del Valle de México; Sociedad de Exalumnos de la Faculta de Ingeniería, UNAM, México, 1984] 

 

Sobrepasada la Guerra de Intervención (1847-1848), por la que México pierde la Alta California, en 1849 el gobierno nombra a José Salazar Ilarregui, Geómetra de la Comisión de Límites México-Estados Unidos, a cargo ésta, de Pedro García Conde.

 

De este modo, desde 1843 aún siendo Presidente de la República Antonio López de Santa Anna, hasta 1853, al interior del Colegio de Minería se había dado un giro a la “dictadura conservadora”.

 

En julio de 1854, cuando ya la Revolución de Ayutla estaba en marcha, el gobierno de Santa Anna reinstala la Universidad.  Al mes siguiente, el 22 de agosto de 1854, muere Manuel Antonio Castro, primer geógrafo de la vida institucional de la Geografía en México, quien se hizo geógrafo, porque deseó serlo.  Para ese año, un nuevo geógrafo, Francisco Díaz Covarrubias, forma parte de la Junta Facultativa del Colegio de Minería.

 

A mediados de 1855 triunfa la liberal Revolución de Ayutla con Juan Álvarez, y al interior del Colegio de Minería se da un nuevo giro, que Santiago Ramírez narra de la siguiente manera: “Agosto 8.- El Oficial Mayor del Ministerio de Fomento, D. Miguel Lerdo de Tejada, dice al Sr. D. Joaquín Velázquez de León que el General Presidente le concede dos años de licencia para que pueda separarse de la Dirección del Colegio, la que quedará a cargo del catedrático que nombre”[3]; lo que, evidentemente, ante la concesión de una licencia no solicitada, ello no era otra cosa que, muy elegantemente, sacar del Colegio de Minería, al último de la dinastía virreinal, bajo la nueva “dictadura liberal”.  Y en esos retruécanos diplomáticos, en la “facultad” que Juan Álvarez le otorga a Joaquín Velázquez de León de nombrar su sucesor, éste no podía ser otro, que el liberal Blas Balcárcel, que ocupa la Dirección el 12 de agosto.

 

Balcárcel no está más de tres días en la Dirección, cuando se suscita una revuelta (15 de agosto, al parecer entre docentes), en la que se pide el nombramiento en la Dirección, a José Salazar Ilarregui, en ese momento en los trabajos de la Comisión de Límites; mediándose la situación, en septiembre se nombra a Luis de la Rosa, un connotado liberal externo al Colegio.

 

“Algo”, que Santiago Ramírez no nos narra, ocurre entre octubre y noviembre de 1855, que en la “Ceremonia de Distribución de Premios” en el Patio Principal del Colegio de Minería, y ante la presencia del Presidente de la República Juan Álvarez, el Director Luis de la Rosa es abucheado por los estudiantes impidiéndole pronunciar su discurso.  Lo más que podemos deducir de tales hechos, es que, no obstante ser Luis de la Rosa un prestigiado liberal, es externo al Colegio, y parece ser claro que la comunidad del Colegio de Minería deseaba que el Director fuese Blas Balcárcel; no obstante, De la Rosa continuará por un año más en el cargo.

 

 

 


 

 

[c]       Ramírez, Santiago; Datos par la Historia del Colegio de Minería; Sociedad de Exalumno de la Facultad de Ingeniería (SEFI); UNAM, México, 1982; p.313.

[3]        Ibid. p.384.

[4]        Ibid. p.391.

 

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7 octubre 2012 7 07 /10 /octubre /2012 22:02

1847-Batalla-de-Sacramento--Pedro-Garcia-Conde--1847.jpgHistoria de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Ponencia al XX Congreso Nacional de Geografía, 2012.  Segunda Parte, de 1802-1843.

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8 oct 12.

 

 

De 1802-1843.

 

<<La Historia de la Geografía –hemos dicho–, es un proceso dialéctico y socialmente definido>>.  Ello lo haremos ver demostrativamente comentando uno de los pasajes en donde confluyen la historia de México en uno de sus momentos de consolidación, con una sociedad de una estructura particularmente compleja de difícil interpretación, y el despliegue de la geografía en su función social.

 

Tres historias aparentemente independientes confluyen poco a poco hacia 1867: 1) la historia de la definición del territorio de México que ya desde el virreinato sufría las presiones de los imperios para ser despojado de la terra ignota en el extremo norte, y luego ocurriendo de facto con el despojo de Texas a la Alta California por naciente imperialismo norteamericano; 2) la historia social del país, reflejada de manera diáfana en el ámbito institucional de la educación superior y del hacer de la ciencia, de lo cual referiremos al Colegio de Minería, cuya historia venía desde fines del siglo XVIII en manos de la dinastía de los descendientes de Diego Velázquez, el gobernador de Cuba luego de los viajes de Colón, una dinastía virreinal, pues, de larga proyección; y 3) la historia de una ciencia, particularmente retomada a partir de su institucionalización en México, lo cual ocurre en la reforma al Colegio de Minería de 1843, fundándose la carrera de “Geografía y Naturalista”.

 

En la primera historia, apenas a quince años del México independiente, ocurre la Guerra de Texas de 1836 a 1845, que lleva a la separación de dicho territorio, pero que culmina con la anexión al oriente del territorio de Nuevo México.  La voracidad de ese imperio naciente que venía desde 1776, no se detuvo ahí, y propició la intervención armada de la guerra de 1847-1848, tras lo cual, finalmente, se pierde el territorio de la Alta California.

 

 1836 Mapa de la República Mexicana Antes de 1836 (Anónimo

Mapa de México antes de 1836

[Anónimo, inserto en México Independiente, 1821 a 1855, de Enrique Olavarría y Ferrari; en “México a Través de los Siglos”, Tomo IV]

 

La segunda historia, al interior del Colegio de Minería, era reflejo directo de la lucha política e ideológica nacional entre liberales y conservadores.  Tantas veces los conservadores tomaban el poder, tantas veces la dirección del Colegio de Minería quedaba en manos de Joaquín Velázquez de León, nieto homónimo de la dinastía virreinal, fundadora misma del Colegio de Minería a fines del siglo XVIII; luego, tantas veces los liberales tomaban el poder, tantas veces la dirección del Colegio de Minería quedaba en manos de Blas Balcárcel, que andando el tiempo, sería un importante juarista.

 

En 1802 a las presiones de cambios que se avecinaban, el Colegio de Minería experimenta una reforma en la que se elaboran unas Instrucciones para el procedimiento de los estudiantes en su informe final, destacando en ello la importancia de la Geografía, la cual tenía por contenido los conocimientos de Cosmografía, Astronomía de Posición y Geodesia, complementada con el curso de “Delineación” (Cartografía), para el que iban especialmente dirigidas las mencionadas Instrucciones en el procedimiento del levantamiento cartográfico del real de minas.  Luego, se inicia en septiembre de 1810 la Guerra de Independencia, y en noviembre caen los primeros fusilados antiguos egresados del Colegio de Minería: Casimiro Chovell, Ramón Fabié, y Rafael Dávalos, quienes habían tomado partido por el movimiento independentista, y hasta fines de 1824 y principios de 1825, es que se empieza a notar, de acurdo con la obra “Datos para la Historia del Colegio de Minería”, de Santiago Ramírez, la influencia del nuevo Estado independiente mexicano al interior del Colegio de Minería rígidamente controlado por el conservadurismo virreinal, en una especie de “dictadura conservadora”, mediante un nuevo Reglamento y Plan del Colegio; sin embargo, aún hasta 1832 (en el gobierno de Anastasio Bustamante y la ejecución de Vicente Guerrero), domina en él, el control por parte de los conservadores.  Santiago Ramírez retoma sus datos para la historia del Colegio de Minería luego de omitir el año 1832 de los acontecimientos de la destitución de la presidencia y asesinato de Vicente Guerrero, y vuelve a ellos a partir de 1833.  Antes, en marzo, Antonio López de Santa Anna, toma posesión de la presidencia, y a partir de abril, la deja en manos del liberal Valentín Gómez Farías, con quien se cierra la Universidad (religiosa y centro del conservadurismo), y se crean los Establecimientos de Estudios, donde al Colegio de Minería le tocó convertirse en el Tercer Establecimiento, de Ciencias Físicas y Matemáticas, en donde se impartía el curso especial de Geografía, integrado al de Cosmografía y  Astronomía.

 

La tercera historia que confluye es la trayectoria de la Geografía como ciencia institucionalizada en México.  Fue Subdirector de este Establecimiento, Manuel Antonio Castro, que una docena de años después se convertiría en el primer geógrafo de la institucionalización de la Geografía en México; y sin embargo, tocó a Joaquín Velázquez de León, impartir el curso de Cosmografía (que integraba al de Geografía), por lo menos hasta noviembre de ese mismo año, en que, narra Santiago Ramírez: “…la cátedra de Cosmografía se suspende…; y y que si los catedráticos de Matemáticas quisieran permutar sus respectivas clases, pueden hacerlo”[1].  Donde el primer catedrático de Matemáticas era precisamente Manuel Antonio Castro.  No obstante, se nombra una terna, en la cual éste no participa, y se asigna el curso a León Varela[a].

 

 

En esa circunstancia de dominio liberal, en enero de 1833, bien hace notar Santiago Ramírez desde su posición conservadora moderada, el que, citamos: “Llama la atención sobre haber omitido en la ley las plazas de Dibujo y Delineación…”[2]; donde tal curso involucraba la geografía en forma de cartografía; esto es, esa falta que Santiago Ramírez tácitamente reconoce que pudiera ser lógica entre los conservadores, no lo es en la posición liberal; pero el hecho se vuelve a explicar por la “dictadura liberal”: a cargo del curso estaba José Manuel Delgado, un seminarista religioso.  Así, es hasta abril de 1833 que se restablece tal curso, ahora a cargo de José M. Echandia, poco antes del regreso de Santa Anna al cargo de la presidencia en ese mismo mes, favoreciendo las posiciones conservadoras.  Seis meses después, Santa Anna disuelve el decreto de formación de los Establecimientos, y en noviembre de 1833, todo vuelve a su condición original, incluso con el anterior personal a cargo[b].

 

 

 


[1]        Ramírez, Santiago; Datos par la Historia del Colegio de Minería; Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería (SEFI); UNAM, México, 1982; p.288.

[a]       Es clara la “dictadura liberal” frente a la resistencia conservadora en ese período, exactamente tanto como la “dictadura conservadora” de origen virreinal; por ello no nos extraña; y antes nos ha regocijado; nuestro rechazo a la cátedra en el Colegio de Geografía en 1987, bajo la “dictadura conservadora burguesa”, que por exclusión, nos define como lo que somos.

[2]        Ibid. pp.292-293.

[b]       En 1987, en esa misma lucha de poder entre” dictaduras”, nosotros no quisimos comprometer la posición de ningún docente o investigador, más allá de la que los estudiantes en apoyo nos daban.  Esperamos algún atisbo de apoyo de estos, pero la correlación de fuerzas era totalmente desproporcionada, hasta lo nulo de una verdadera posición progresista (que entonces se ufanaba de existir).  Tenemos la paciencia para una partida de Ajedrez, pero en el Ajedrez humano, nosotros no sólo no somos los que cedemos, sino que a la menor resistencia y objeción, damos el manotazo en el tablero (ciertamente, nuestra “dictadura” es “stalinista”; así somos, así hemos sido siempre, para bien o para mal.  Cuando el Tribunal del Santo Oficio geográfico nos “proscribió”, ese fue el mismo decreto, sin medias tintas, con el que lo condenamos históricamente.

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia de la Geografía en México
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