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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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25 enero 2015 7 25 /01 /enero /2015 23:04

Ley de la Zonalidad Planetaria 1, RiábchikovAnálisis Crítico a, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de A.M. Riábchikov (3/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

 

 

De la Introducción que Riábchikov hace a su obra, destaca, contra lo que pudiera esperarse, no la definición de “esfera geográfica”, sino la de “medio natural”, y por ello, Riábchikov entiende las “condiciones de vida y producción”, determinado en su desarrollo por tres factores: 1) radiación solar, 2) procesos tectónicos, y 3) ampliación de la producción social.  Del énfasis que ha dado ahí al medio natural, vagamente pareciera identificarse ello a la “esfera geográfica”.

 

Pero al respecto de la esfera geográfica, Riábchikov dedica su primer apartado a la explicación de ello, la cual incluye la litosfera, atmosfera, la hidrosfera, y la biosfera; considerados en su extensión bidimensional, quedan enteramente determinados por la extensión de la superficie terrestre; pero en cuanto se piensa en la coordenada de la tridimensionalidad, empieza la discusión entre diversos geógrafos soviéticos.  Para Riábchikov, la esfera geográfica llega hasta la capa de ozono (otros autores la llevan no más allá de la tropósfera a 18 km d altura, como Ermolaiev o Kalinski; o no más allá de la estratósfera, a 50 km de altura en función del efecto térmico).  Para Kalesnik en particular, fija un límite inferior ya no en la superficie terrestre, sino en la llamada capa de hipergénesis de la Corteza Terrestre (su superficie interna).

 

La esfera geográfica, según Riábchikov, está determinada, es decir, que en ello encuentra sus causas, por siete factores: 1) la masa de la Tierra, 2) la distancia al Sol, 3) la existencia de la Luna (que Riábchikov refiere particularmente a la importancia de las mareas), 4) la esfericidad de la Tierra, 5) su movimiento de traslación, 6) su movimiento de rotación, y 7) la inclinación de su eje (que Riábchikov refiere principalmente, relacionado al ciclo de las Estaciones del Año).  Al respecto de estas causas, ya a mediados de los años ochenta, nos convencimos de que la Luna ciertamente era un factor esencial, pero, geográficamente, no por cuanto al efecto de mareas, sino por cuanto que a que era ella y su masa determinando un campo gravitatorio, lo que realmente delimitaba el espacio geográfico en la intersección de sus campos gravitatorios, así como de mucho tiempo atrás, entendíamos que la inclinación del eje, más que aludir a las Estaciones del Año, era esencial en cuanto a la zonificación geográfica y la dinámica de ésta.

 

Luego Riábchikov aborda un tema eje en su trabajo: el análisis paleogeográfico por el cual se aprecia la evolución y transiciones entre cada una de sus “fases” (esto es, entre cada uno de los Elementos entendidos como la litosfera, la atmosfera, la hidrosfera y la biosfera), dando lugar, en términos de Riábchikov, a las regiones geográficas y el paisaje.

 

Riábchikov introduce aquí, pues, dos nuevos conceptos en su texto.  Acerca de la hettneriana región no va a agregar nada en especial, le da el tratamiento que puede verse en Hartshorne, en donde la región (noción de espacio) y paisaje (noción de medio natural con ciertas propiedades de unidad), tienden a identificarse.

 

Pero acerca del concepto de paisaje es más preciso: <<es el complejo territorial –dice Riábchikov– genéticamente homogéneo, en correlación con los principales componentes (las “fases” o Elementos) de la esfera geográfica>>.  El paisaje es así, hettneriano-hartshornianamente, el conjunto de las unidades morfológicas de una región.  Más aún, Riábchikov va a identificar el paisaje con el concepto de “geosistema”, e incluso con el de “ecosistema”.

 

Se hace notoriamente evidente  el análisis geográfico “fenomenista” en donde las propiedades espaciales (la región, la noción de esfera misma), son solo parte de un sistema de referencia, verdadero sistema inercial respecto del cual lo demás se extiende y se mueve, y así, dice Riábchikov, <<el surgimiento y extensión del paisaje (real objeto de estudio de esa “geografía fenomenista”, en nuestra precisión), se subordina a la ley de la zonalidad planetaria (zonalidad que opera como referencia)>>.

 

En el segundo tema de su obra, Riábchikov aborda la idea central de su modelo: los balances de energía, a partir de dividir en dos sus fuentes naturales, siendo una, la principal, la externa o solar (en el 99.98%), y la otra, la interna o tectonogénica (en 0.02%); de donde dirige la atención al análisis de la distribución de la energía solar sobre el planeta, una de cuyas resultantes principales, es la producción de la biomasa de la Tierra, en particular de la fitomasa, la cual analiza en su ciclo de renovación total, según Riábchikov, de 150 años.

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18 enero 2015 7 18 /01 /enero /2015 23:04

Ley-de-la-Zonalidad-Planetaria-y-sus-Regiones--Riabchikov.jpgAnálisis Crítico a, Estructura y Dinámica del Espacio Geográfico, 1976; de A.M. Riábchikov (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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08 sep 12.

 

Esta obra de Riábchikov de 1976, en cierta manera, con un “toque geográfico”, forma parte de los primeros estudios globales iniciados a principios de los años setenta, financiados por el Club de Roma, al estilo del más conocido de ellos: Los Límites del Crecimiento, de 1972, de Meadows (éste con un “toque más económico-ambientalista”).

 

Para cerrar esta primera parte del análisis de su trabajo, se hace muy importante comentar la síntesis de la expresión de ideas con las cuales la editorial presenta la obra en el resumen de las solapas de cubierta.  Ello no hace sino confirmar ese espíritu de laos primeros estudios globales.

 

En su contexto geográfico y en la dialéctica materialista, der un tratado de las leyes del desarrollo de la esfera geográfica, y, por supuesto, bajo la auscultación de la geografía teórica, el primer problema que se plantea, es el qué debe entenderse por “esfera geográfica”; y como más adelante analizaremos, su concepto, en la reinterpretación en términos de la teoría del espacio geográfico, tendrá una enorme importancia, más allá de esa obsesión del geógrafo fenomenista por destacar que en ella “vive y trabaja el hombre”, con la influencia de éste sobre el medio natural y sus consecuencias.

 

No hay, pues, de principio, una identidad entre “esfera geográfica” y “medio natural”, pero en el estudio de ese medio natural, “se examinan las correlaciones cuantitativas de la energía natural del Sol”.  Esto es, que este estudio, como geográfico, no se limita a las correlaciones cualitativas, es decir, a la mera descripción empírica de lo dado a la percepción sensible, y, por lo tanto, ofreciendo un nivel, ahora, de verdadera explicación.  De la misma manera se procede con las condiciones hidrotérmicas y la productividad de la fitomasa, haciendo un análisis comparativo con el potencial de generación de energía eléctrica alcanzada socialmente en forma mundial.

 

Como era la inquietud en esos años setenta, se analiza el potencial agrario del planeta y su productividad, así como el fenómeno en ese momento muy reciente, el cual en realidad detonó este tipo de estudios globales, de la creciente contaminación.

 

A diferencia de los cinco o siete estudios globales producidos hasta 1976 (algunos no publicados, sino como meros informes rendidos a sus financiadores, principalmente el Club de Roma), este de Riábchikov va a la esencia del problema: “las contradicciones entre el modo de producción capitalista y su valor social (la naturaleza)”.

 

Termina, al igual que todos los estudios globales de la época: alertando, este en particular, sobre el amago de desequilibrios químicos y déficit del agua, reclamando, como todos, la exploración e introducción de nuevas fuentes de energía; pero, a diferencia de todos, con una propuesta de sello socialista: “pasar a la producción de ciclos cerrados”, y a una tecnología sin empleo de agua.  Treinta y seis años después, esos estudios globales, y este en particular, permanece por su contenido, como si no se hubiesen hecho, de nada han servido para corregir caminos y rumbos, y, antes al contrario, todos sus malos augurios de desastre predichos para estos años dos mil, de no hacerse nada desde ese momento, al no haberse hecho nada, son ya ahora una realidad.

 

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11 enero 2015 7 11 /01 /enero /2015 23:04

Estructura y Dinámica de la Esfera GeográficaAnálisis Crítico a, Estructura y Dinámica del Espacio Geográfico, 1976; de A.M. Riábchikov (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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08 sep 12.

 

Estructura y Dinámica del Espacio Geográfico, 1976; de A.M. Riábchikov, Jefe de la Cátedra de Geografía Física y Decano de la Facultad de Geografía de la Universidad Lomonosov, es una de las muy escasas obras de geografía que nos llegaron de la época soviética, precisamente luego de publicada en español en 1976, cuando ya estábamos de lleno en nuestros estudios profesionales de Geografía.

 

En ese sentido, esta obra parecía destinada a desempeñar un papel esencial en nuestra formación como geógrafo, pero, en su momento, lo único valioso que extrajimos, fue el criterio de las dos leyes empíricas fundamentales de la geografía: la ley de la zonalidad planetaria, y la ley de la distribución sectorial, esta última que Riábchikov complementa como “distribución sectorial de los fenómenos”, y que ahora nosotros traducimos como “ley de la distribución sectorial de los estados de espacio”.  Lo demás que veíamos en dicha obra, era, de uno u otro modo, lo mismo, aproximadamente, que estudiábamos en nuestras clases en el Colegio de Geografía.

 

Otro geógrafo soviético importante de ese entonces era Nekrasov, con sus estudios de “geografía económica”, o los geógrafos cubanos, a su vez, en diversas áreas.  Ello nos permitió entender  que, no obstante su posición desde el socialismo y su vida en el Estado socialista, no obstante la dialéctica materialista en que tales geógrafos podrían suponerse formados (particularmente os soviéticos, cuyos trabajos reflejaban la geografía “oficial” institucional de allí), o por lo menos influidos, descubrimos que, por ellos, no había una aplicación de la dialéctica materialista a los fundamentos teóricos de la Geografía, sino, a lo más, a la investigación aplicada a sus fenómenos concretos (económicos en “geografía econóica”, o físicos, en “geografía física”).  Es decir, que la geografía era la misma aquí (en el capitalismo), que allá (en el socialismo), y esa era condición suficiente para tener que aceptar a la geografía como ciencia en esos términos de “ciencia de las relaciones entre los fenómenos”, con todas las contradicciones teóricas que ello implicaba y nos hacía tan insustancial tanto la geografía de aquí como la de allá.

 

La sustancialidad de la geografía, debería venir, entonces, no del estudio de un fenómeno particular concreto y de sus relaciones, en un momento dado, con los demás, sino de la comprensión de los fundamentos teórico-científicos de todo ello.  Y así se comenzó a perfilar más decididamente nuestra autoformación en el campo de la investigación en geografía teórica, en aquel entonces, absolutamente impracticada y desconocida en México (incluso lo que nos hacía dudar de la validez de sus estudios como para cristalizarlos en nuestra tesis de grado, por más que de ello era de lo que realmente sabíamos al final de nuestros estudios; y en un feliz encuentro con el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada en un receso durante uno de los Coloquios de de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, me invitó a titularme con esa temática, sorprendiéndonos de que sí se pudiera; y entonces, con todo entusiasmo nos abocamos a tratar  de demostrar los fundamentos teóricos  científicos de esa geografía que se nos había enseñado, que, a poco, califiqué bajo el nombre de “geografía fenomenista”).

 

Tendrían que transcurrir muchos años para poder valorar es su justa dimensión este trabajo de Riábchikov, de hecho, hasta ahora, 2012.  Sólo antes, quizá desde el momento mismo que se conoció esta obra, quien la estaba tomando como base del desarrollo científico geográfico, fue  el compañero José C. Martínez Nava; y la razón de ello, luego de 1985, ajena a la misma obra de Riábchikov, era una hipótesis particular en la teoría general del espacio: la hipótesis einsteniana del espacio como el continuum, que el compañero José C. Martínez Nava exploró, no compartiendo por nuestra parte tal derrotero, sino el opuesto; el del, en ese momento indemostrado vacuum, en nuestra propia propuesta.

 

La obra de Riábchikov, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, en su reinterpretación posterior a 1985 en que el compañero Martínez Nava y el que esto escribe nos conocimos, y en que, por lo tanto,a nuestra propuesta del espacio, la dialéctica de la esfera geográfica de Riábchikov, dejó de verse por la forma, y empezó a verse en una categoría de abstracción y generalización superior: los Elementos (Tierra, Aire, Agua, y Fuego), que ante la crítica de una noción tan antigua, Riábchikov, en la Introducción, se refiere a ellas (en tanto litosfera, atmósfera, hidrosfera y energía solar), como las “cuatro fases”, incluso paleogeográfica, en el proceso de transferencia de energía.  En Riábchikov se enuncian esos Elementos o “fases”, más la biosfera, algo que en la antigua alquimia de los Elementos, resultaba de la mixtura del agua y la tierra.

 

Ha sido pues, una obra trascendental para el desarrollo del pensamiento geográfico, paradójicamente, no por ella misma, sino por su reinterpretación en la teoría geográfica.  La obra por sí sola, es, en realidad, un modelo de “geografía física” aplicada, con la virtud de no ser, primero, sólo un modelo analógico (no obstante estando en él la teoría antigua de los Elementos), sino, en segundo lugar, un modelo de comprobación (un tipo de modelo que Harvey clasifica como “modelo en x”),  Y ello tendrá particular importancia, porque ofrece una nueva y exitosa solución al estudio de la Totalidad del Cosmos humboldtiano, o del Erdkunde ritteriano.  No obstante, ya veíamos desde el principio que su destino sería el mismo: 1) la repetición al infinito de la “actualización de la Totalidad”, o 2) la fragmentación y el estudio especializado por cada una de las “fases”, dadas, por lo demás, según las leyes de los fenómenos mismos.

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9 noviembre 2014 7 09 /11 /noviembre /2014 23:04

Cuadro-de-Clasificacion-de-la-Geografia[2]Análisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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08 sep 12.

 

Kedrov, para justificar su toma de posición por la “geografía fenomenista” en su clasificación de las ciencias, tiene que hacer la más amplia crítica en dos páginas, al principal al principal expositor del fundamento de la “geografía espacista”.  Lo hace con Krasnov, con Chizhov y Lukashévich, pero con Hettner desencadena, en 1976, una mayor furia que con la que Fred K. Schaefer había arremetido contra el hettnerianismo en 1953.  Kedrov, en su furia contra Hettner, lo vincula absurdamente con el “determinismo geográfico” de Ratzel, al que cierto es, conoció personalmente, tal como conoció a Richthofen, pero no por ello la posición de Hettner fue en un “determinismo geográfico”.

 

Sin embargo, todo esto tardamos en entenderlo, incluso hasta ahora, que hemos estado en real posibilidad de hacer el rescate histórico y teórico de tales autores, entre ellos, principalmente, de Hettner, que generalizó a sus antecesores desde Krasnov a Chizhov y a Lukashévich.

 

Y, en tal sentido, terminamos este análisis crítico a Kedrov, comentando la cita más esencial de todas las citas, que desde una posición marxista como la de Kedrov en 1976 (que, como hemos ha sido nada consecuente en el análisis de la geografía), explica el estado que guardaba la Geografía en ese entonces, y el cal no podía dejar de ser tal.

 

“En el sistema de Hettner –dice Kedrov– ejercieron gran influjo los conceptos idealistas reaccionarios den boga en aquel entonces.  En el espíritu de estos, Hettner separa metafísicamente la materia y las formas de su existencia, ante todo, la forma espacial”[1].

 

Esas supuestas influencias idealistas reaccionarias, fueron –según Kedrov–, precisamente del neokantismo, por lo cual Hettner separa metafísicamente la materia y el espacio.

 

En un norteamericano pragmático y reaccionario como el geógrafo Fred K. Schaefer en 1953, una iracunda crítica al hettnerianismo a través de la crítica a Hartshorne, se entiende; bien sabía Schaefer lo que estaba haciendo, y le da por oposición, y sacado entre líneas, el valor correspondiente  a ambos; en tanto que, en realidad con Hettner, y filtrado a través de Hartshorne, se introduce la dialéctica en el análisis de la geografía teórica, y, por lo tanto, en los fundamentos de la Geografía como ciencia.  Pero, ¿cómo entender ello en el filósofo Kedrov en 1976?  Kedrov, como filósofo, en realidad, no se muestra ajeno a la polémica en torno a la contradicción histórica esencial en geografía; más aún, inmerso en ella por un momento, toma partido a fin de asumir una decisión clasificadora de la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias.

 

Sin embargo, si Kedrov leyó el texto original de Hettner o sólo se dejó guiar por la famosa crítica de Schaefer a Hartshorne, es una asunto irrelevante ante los resultados, pues su opinión es absolutamente coincidente con la de aquel.  Lo que en todo caso extraña, es lo mismo que extraña en el “Excepcionalismo en Geografía” de Schaefer: la lectura  o interpretación dolosa, la, por demás, evidente falsificación de las cosas.

 

Como ejemplo expongamos obligados brevemente.  Hettner se va a referir a los neokantianos Windelband y Rikert como “dos excelentes filósofos” (lo mismo pudo decir de Hegel o de Platón sin faltar a la verdad, y ello no lo hace ni neohegeliano ni neoplatónico), quienes, en la terminología kantiana diferencia entre ciencias nomotéticas e idiográficas.  Hettner explica los conceptos, uno referido a la ciencia de leyes, el otro, “orientado a lo singular”.  “Sin embargo –dice  Hettner–, la diferencia no es nítida, ya que en algunas ciencias se encuentran ambas métodos lógicos”[2].  Es decir, queda claro que Hettner no está de acuerdo con tales conceptos y clasificación de las ciencias.  Más aún, seamos enfáticos obligados por lo drástico del problema.  Hettner afirma: “…aquí se trata sólo de preguntarse  si puede ser determinante para la clasificación y la delimitación de las ciencias.  Y esto –dice Hettner–, lo tengo que negar”[3].  Hettner, pues, explícitamente y con argumentos, niega y no acepta los conceptos kantianos.  Ello, agrega dicho autor, ni corresponde a la evolución de la ciencia, y separa lo que por su contenido es un mismo conjunto.  Entonces, ¿de dónde el absurdo de descalificar a Hettner como kantiano?

 

Se puede apreciar una idea como brillante, como por ejemplo, salvando la metafísica, la idea de la mónada de Leibniz, y se puede explicar aduciendo que, en última instancia, el espacio es la geometría de la mónada, tal como lo pudiéramos decir contemporáneamente del campo de Higgs; y ello. Como un dato aislado, acaso como un modelo analógico, ni nos hace necesariamente leibniznianos ni higgsianos.  De manera semejante, Hettner se refiere a un Kant que antes no ha aceptado, cuando éste en su Geografía Física expone, aparte de las ciencias concretas o sistemáticas, la necesidad de una ciencia del espacio, que sería la Geografía.  Pero, desde luego, tomar aisladamente y en el sentido del desarrollo positivo del conocimiento esa idea de Kant, por demás brillante, no lo hace, por sí sólo, kantiano.

 

Kedrov acusa a Hettner de omitir el tiempo, la historicidad de las cosas, pero Hettner afirma: “En geografía no es posible presentar un cuadro que prescinda de los cambios temporales”[4].  Luego entonces, ¿dónde leyó Kedrov a Hettner?

 

La única razón que vemos, por la cual Kedrov hace eco de las descalificaciones reaccionarias a Hettner, es por dos razones reducibles a una: 1) su necesidad de ubicar a la geografía en la clasificación de las ciencias; pero lo cual queda reducido a, 2) el tener que clasificar la geografía, ciencia del espacio, como ciencia acerca de la forma de existencia espacial de los fenómenos, porque esa era la posición de la dialéctica materialista  “oficial”, que había tomado partido por la teoría del continuum de Einstein, por la cual, no viendo condición sustancial en el espacio que no fuese en la geometría de los cuerpos mismos, todo espacio separado de un cuerpo (todo espacio sin sustancia, y más aún equívocamente dicho: sin “materia”), era una abstracción metafísica.

 

Extraña, por supuesto, sobremanera en Kedrov como filósofo, en que no sería admisible esa identidad entre materia y sustancia, pero a la vez, en donde no se acepta que el espacio podía ser materia sin ser cuerpo.  Eso identificaba al espacio con el vacío y las reminiscencias newtonianas, por lo que, en una posición más modernizada, adopta la teoría del continuum einsteniano en donde el vacío  quedaba negado e identificado  filosófica y metafísicamente con “la nada”.  Krasnov, Chizhov, Lukashévich y Hettner no estaban equivocados; sólo habían adelantado su pensamiento en más de un siglo.  Kedrov no estaba en posibilidad de entenderlos, y a duras penas, nosotros, estamos hasta ahora tratando de rescatar sus ideas.

 



[1]        Ibid. p.80 (Una apostilla nuestra al margen, reza: “comprendido hasta octubre de 1985”).

[2]        Hettner, Alfred; La Naturaleza y los Cometidos de la Geografía; Geocrítica, Universidad de Barcelona, julio, 1987; p. 26.

[3]        Ibid. p.26.

[4]        Ibid. p.46.

 

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2 noviembre 2014 7 02 /11 /noviembre /2014 23:04

B.M. KedrovAnálisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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08 sep 12.

 

Kedrov no es geógrafo, no está desprendiendo del estudio de los geógrafos rusos la teoría de la geografía, sino, por lo contrario, dada esa teoría del orden de las ciencias como el orden de la geografía, explica, en su interés, la “corriente geográfica” en la clasificación de las ciencias.  Nosotros aquí, haciendo abstracción ya de la “lógica interna de la geografía en el orden de las ciencias” (lo que nos llevó a estudiar esta obra en 1979), estamos tratando de rescatar los aportes de los geógrafos rusos que Kedrov analiza.

 

Y en ello Kedrov anota: “Igual que Chizhov, Lukashévich  no considera la geografía como ciencia particular, sino como expresión de cierto punto de vista general espacial o (respecto de la superficie de la Tierra), geográfico”[1].  Esto es, como se suele decir, una especie muy repetida.  No es que no se considere a la geografía, como una ciencia particular, sino el que ésta, a lo que se refiere en tanto su objeto de estudio, es a eso nuevo complejo: el espacio terrestre.  Ello es lo que está oculto o confuso a la vista de  las críticas como en el caso de Kedrov, no-geográficas, o de ciertos “geógrafos fenomenistas” con un  análisis si no doloso, por lo menos subjetivista (como en el caso de Schefer).

 

Kedrov, para los fines de su discusión de la clasificación de las ciencias, tanto criticando la “corriente geográfica” de clasificación, como fundamentando la ubicación de la Geografía, toma a estos “geógrafos espacistas”  (Krasnov, Chizhov, Lukashévich), para criticarlos; pero con ello nos ha dejado una preciosa joya para la teoría geográfica: ahora podemos ver que Hettner no fue una exceción en el planteamiento teórico espacista, sino que ya venía una corriente teórica objetiva en ese sentido, claramente definida desde la segunda mitad del siglo XIX.  Así, el problema del espacio como objeto de estudio, no apareció con Hettner ya en 1905 o hasta 1927, sino venía ya en el pensamiento de estos otros autores, Krasnov, Chizhov, que luego de la muerte de Humboldt y Ritter, no fueron en la opción ni de richthofen ni de Ratzel.

 

Era inevitable que Kedrov tomara una posición respecto a la determinación de la Geografía, ya como ciencia espacista, o bien como fenomenista, y optó por ésta última, asumiendo el reto de su clasificación en esas condiciones.  Y resultó evidente que se enfrentó a la contradicción esencial: las geografías fenomenistas  -acepta él mismo–, no se pueden unir completamente, menos aún, continua, se pueden subordinar una a la otra, ni tampoco aislar una de otra: “por lo tanto –dice Kedrov justificando la “geografía fenomenista”–, aquí la solución debe buscarse en el reconocimiento de la unidad dialéctica…”[2]; y ello está bien en una posible consideración dialéctica; sería, como él mismo dice, la unidad de lo diferente.  Así, en nombre de ese principio de la dialéctica, quedaba justificada la existencia de geografías varias.

 

La opinión a ese respecto es compleja: 1) el principio da lugar a una posible solución correcta, en tanto expresa la unidad dialéctica y material del mundo; pero, 2) la expresión de esa unidad (hecho en el marco de la Geografía), es incorrecta, pues hace de la Geografía una “ciencia de ciencias”, y no resuelve el problema real de la lógica interna de la geografía.  Reductio ad absurdum, lleva al mismo Kedrov a incurrir en el defecto del problema que criticaba: la “corriente geográfica” en la  clasificación de las ciencias, en donde el orden de las ciencias da el orden de la geografía.  La lógica interna de la geografía, tenía que buscarse no en una expresión externa con la que se identificase (las relaciones entre los fenómenos); sino, paradójicamente, en sus relaciones internas.  Para ello, lo primero era aplicar el método dialéctico materialista que Marx nos enseña en El Capital: determinar una categoría fundamental esencial, y elaborar toda la teoría de la geografía a partir de todos los vínculos y relaciones de dicha categoría.  Y esa categoría ahí estaba, ahí había estado siempre: el espacio.  De este modo, ya no se trataría de encontrar la lógica interna de la geografía en la clasificación de las ciencias, sino de encontrar en la clasificación de las ciencias a la Geografía, dada su lógica interna en el estudio del espacio terrestre.  Fue en ese sentido inverso que la obra de Kedrov nos fue muy valiosa.

 

De ello se sigue el que no se trata en geografía del estudio de los nexos concretos y particulares entre los fenómenos (como por mucho tiempo se entendió en la “geografía fenomenista”); sino de los nexos en cierto grado de abstracción y generalización en tanto considerados los estados de espacio.

 

En última instancia, no son los fenómenos y sus relaciones por sus propias leyes y propiedades lo que estudia la geografía, sino lo que estudia son los estados de espacio y sus relaciones, por las propiedades y leyes espaciales o de su espacialidad.  E históricamente, hay que salvar otra premisa falsa de Kedrov: la afirmación de éste, por la cual, el que Krasnov, Chizhov, Lukaéhvich, o Hettner, revelaran que la geografía es la ciencia de las relaciones espaciales, de ello no se sigue, en consecuencia, el que se omitan las relaciones temporales, ello no es así; las relaciones espaciales entre los estados de espacio, suponen a su vez, sus relaciones temporales,  Nos parece que, con todo, no hay (no podría haber), tal mecanicismo en ninguno de tales autores.

 

Como esta premisa falsa, está el inveterado prejuicio del “kantismo hettneriano”.  No hay tal; Hettner niega incluso explícitamente el kantismo, que dice no aceptar, precisamente, previo a hacer alguna consideración sobre las afirmaciones de los neokantianos Wildelban y Rickert, acerca del concepto de espacio en Kant.  Hay otras generalizaciones absurdas que se hacen respecto de Hettner, tan sólo como condición necesaria para negar su fundamentación de la geografía como ciencia del espacio terrestre, como el que “la geografía no es una ciencia encerrada en si misma”[3]; absurdo insostenible dada la práctica misma de la geografía en dicho autor.

 

La geografía, ciertamente, según Hettner, apunta Kedrov, “se extiende a todos los reinos de la naturaleza”[4].  Tiene que ver con todos los fenómenos.  Pero, ¿cómo estudiar al mismo tiempo todos los fenómenos?  Pues, no por ellos mismos en tanto tales, asunto de otros especialistas, sino en su “aspecto”, lado en común, o abstracción y generalización espacial.

 



[1]        Ibid.p.160.

[2]        Ibid. p.476.

[3]        Ibid. p.80.

[4]        Ibid. p.80.

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2 noviembre 2014 7 02 /11 /noviembre /2014 23:01

Ícono Filosofía-copia-1Los Estados de Espacio y la Geografía Única.  Artículo, 2012 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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26 abr 12.

 

No sólo “nos pusimos al día”, más aún, volvimos a adelantar el conocimiento geográfico.  De frente estaba ya, entonces, el tercer paso: qué era, y cómo abordar el estudio de esa dimensionalidad continuo-discreta, a la que denominamos como el vacuum (por oposición al continuum einsteniano).

 

Finalmente, superando el estado de conocimientos del espacio en la dialéctica materialista dada hasta los años ochenta, nos decidimos a exponer la condición material y objetiva  del espacio como un “algo”.  Dejamos de lado su condición subjetiva por la cual se prescindía del vacío y reducía a ser sólo “la espacialidad de las cosas”, el conjunto de las propiedades espaciales de las mismas; subrayando en ello el rechazo a su condición metafísica del vacío entendido como “la nada”.  Adoptamos al vacío como una forma más de movimiento de la materia, una de cuyas cualidades esenciales, es su identidad con el espacio como forma de existencia de la materia.  Todo ello era condición filosófica y física necesariamente para poder dar ese tercer paso.

 

Pero eso filosófico y físico por sí solo no podía ser suficiente; se nos imponía, a su vez como condición necesaria, desprender las cosas de la historia y la lógica geográfica misma.  Hecha esa distancia de treinta años, entonces ya podíamos empezar a dimensionar nuestro propio momento histórico en el desarrollo del conocimiento geográfico, y nos dispusimos a revisar detenidamente ese momento en el contexto de su contemporaneidad dada por lo hecho en el siglo XX, a partir de los postulados de Vidal de a Blache.  Entonces, ahora sí, descubrimos algo nuevo nunca antes ni visto ni tratado por nadie: tanto el proceso de síntesis lógica en geografía, como el proceso de abstracción y generalización de sus categorías fundamentales (el espacio y los fenómenos).  Y de la conjunción de ambas cosas, pudimos entender tres grandes momentos de síntesis en la abstracción y generalización de esas categorías fundamentales.

 

En cuanto al espacio, de las consideraciones del estudio de las propiedades aisladas como localización y lugar de Vidal de la Blache, o de distribución y relaciones de Emnnuel de Martonne, esto es, del espacio como las cosas y sus relaciones, se abstrajo y generalizó el estudio del espacio mismo, si bien no como tal, sino en su consideración como lo corográfico regional (la descripción de la morfología representada en el “paisaje” de los lugares); luego de esas unidades morfológicas o fisiográficas  de los lugares, se abstrajo y generalizó la propuesta del estudio del espacio en el continuum einsteniano, mediante lo entendido como los Elementos (tierra o litósfera, agua o hidrósfera, aire o atmósfera, y fuego o tanto radiación solar como tectonogénesis), en cuanto a sus balances de energía, independientemente expuesto tanto por Riabchikov como por Carlos Sáenz de la Calzada.  Finalmente, en una tercera abstracción y generalización paralela a la de los Elementos, se efectuó la síntesis del espacio como tal, dada en nuestra teoría del vacuum.

 

Y en cuanto a los fenómenos, se abstrajo y generalizó de estos las unidades morfológicas o fisiográficas; para, luego, de ellas, abstraer y generalizar los Elementos; y, por último, abstraer y generalizar todo ello en la síntesis lógica de los estados de espacio; en los cuales se da el estudio del espacio mismo como tal, según sus diversos estados continuos o discretos.

 

Esa síntesis lógica en la abstracción y generalización en los estados de espacio, se supera, finalmente, el problema de las contradicciones metodológicas en el estudio fenomenista (que aún se escondía en el estudio de los Elementos mismos).

 

Esa vieja contradicción histórica entre la “geografía espacista” (cartográfica, regional), y la “geografía fenomenista” (física, económica, política, etc), queda finalmente superada.  Ambas corrientes de pensamiento geográfico han de desaparecer , en su subsunción, en una síntesis de la nueva contradicción dialéctica que mueva ahora al conocimiento geográfico: la teoría de los estados de espacio en geografía.

 

La geografía “dual”, del espacio y los fenómenos; o peor aún, las innúmeras “geografías múltiples” humboltiano-ritterianas del siglo XIX acerca de los fenómenos; ha dejado su lugar a una geografía “monista”, única: la Geografía exclusivamente como ciencia del estudio del espacio terrestre; del espacio geográfico representado en los mapas, en los cuales se analiza el espacio mismo por cuanto a su estructura, composición y movimiento, dados los estados de espacio por sus propiedades y leyes espaciales como tales, es decir, como formas del espacio mismo, en una Geografía única.

 


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26 octubre 2014 7 26 /10 /octubre /2014 23:04

Clasificacion-de-las-Ciencias--1976--Kedrov.jpgAnálisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

La Clasificación de las Ciencias, 1976, de B.M. Kedrov, particularmente en su Tomo II, una de cuyas partes que aquí analizamos, es una obra fundamental para entender los problemas de la ciencia contemporánea.  La trabajamos con cierta profusión en aquellos años de 1979 a 1981 en que elaborábamos nuestra tesis de licenciatura en Geografía, y a través suyo pudimos vislumbrar el estado de la posición en la Unión Soviética respecto de la Geografía, y, por lo tanto, de la existencia de aquella geografía en el “mundo oriental” en la corriente espacista; y, más aún, y ello es lo que motiva este análisis, esta fue una de esas primeras escasas fuentes de donde abrevamos sobre el pensamiento hettneriano, que, como veremos, mal entendido a su vez por Kedrov, lo que nos dificultó aún más la comprensión plena de Hettner por mucho tiempo.

 

En los años 1979 a 1981 trabajamos esta obra con objetivos más amplios: era el conocimiento de los autores y su posición, de su definición del objeto de estudio y método de la geografía, de su solución a la contradicción histórica esencial de esta ciencia, etc.  Ahora que volvemos a ella treinta años después, lo hacemos yendo directamente a los subrayados y discriminando en ello todo cuanto no está ahora en nuestro marco teórico geográfico (espacista); lo que nos plantea una reinterpretación de la lectura rescatando dialécticamente lo que estaba sujeto a una interpretación dada en aquellos años setenta en una línea de pensamiento marxista en ese entonces, y ello es, en esencia, a saber, la interpretación filosófica que se hacía del espacio como conjunto de propiedades objetivas de la geometría de las cosas, por las cuales no es que el espacio como tal exista, sino que la existencia de las cosas es espacial.; aspecto determinante para poder entender las posiciones respecto de la geografía como ciencia estudiosa del mismo.

 

Así, para Kedrov, centrada la geografía en las coas (y no en el espacio que llenan a lo metafísico), de principio, hay ya un gran sesgo que lo va a extraviar en los entreveros del fenomenismo, que él, particularmente, trata entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en Rusia.

 

Teniendo siempre presente que el problema de Kedrov es el de la clasificación de las ciencias, esa “geografía fenomenista” le va a representar un enorme problema que, como tal, revisa en diversos geógrafos, principalmente del período de la influencia dominante del positivismo, fundado en el principio de coordinación de las ciencias, y de las cuales va a examinar sus diversas corrientes en las teorías clasificadoras (evolucionistas, sociologistas, y geográficas).

 

Para una “geografía fenomenista”, resolver una clasificación de las ciencias, es resolver su “lógica interna”, y de ahí surge la llamada “corriente geográfica” en la clasificación de las ciencias.  Tratará cinco autores esenciales de la segunda mitad del siglo XIX: Semionov Tian-Shanski, Mechinkov, Anuchin, Krasnov, y Chizhov, siendo los dos últimos de particular importancia.

 

Kedrov comienza por analizar las posiciones de Seionov Tian-Shanski, eminentemente ritteriano.  Seguidor de éste ubica a Krasnov, para quien la geografía: “…se dedica –dice Krasnov– al estudio de la superficie de nuestro planeta…, las demás geografías son generalizaciones…, de carácter geográfico de la ciencias…”[1].  Por lo que, ecidentemente, ni por la definición del objeto de estudio que da Krasnov, ni por su explicación teórica de las generalizaciones geográficas; ni a fines de los años setenta como hoy menos; podemos considerar a Krasnov como “geógrafo fenomenista”, sino claramente espacista; que, además, nos está avanzando ya desde el siglo XIX un fundamento teórico de esencial importancia.  De Mechinkov critica Kedrov su fenomenismo que desemboca en planteamientos de determinismo geográfico, y de Anuchin, por lo contrario, se rescata una posición eminentemente fenomenista.

 

Kedrov, sin embargo, como a diferencia de Kranov, si va a reconocer en Chizhov una “geografía espacista”, y de tal importancia, que le dedica un extenso apartado.

 

Chizhov, buscando esa lógica interna de la geografía en la clasificación de las ciencias, elabora la suya en 1896, con un fundamento positivista.  Para Chizhov, apunta Kedrov, la geografía es una ciencia descriptivista (concreta) que falta en la serie básica de la clasificación de Comte, siendo semejante –dice Chizhov– a la astronomía.

 

La manera en que Kedrov interpreta a Chizov es muy interesante: todo el campo de conocimiento constituye una cadena de fenómenos, en donde puede uno imaginarse a cada ciencia como un eslabón, y cita de Chizhov:  “Pero se puede separar no eslabones enteros, sino lados, o aspectos, de la misma cadena de fenómenos y analizarlos de parte a parte en todos sus eslabones…”[2].  Y más aún, tomando de Anuchin una cita que hace éste de Chizhov, dice: “La geografía estudia independientemente sólo un género de dependencia: la condición y la dependencia de los fenómenos heterogéneos, que devienen de las relaciones espaciales”[3].

 

Kedrov, sin dar más elementos, interpreta que Chizhov no se limita a considerar “la yuxtaposición exterior de las cosas” en el tratado de un lado de la cadena, sino lo vínculo internos de los fenómenos o eslabones.  Ahora entendemos que no necesariamente pudiera ser así, sino que, lo que pudiera ser, es que Chizhov se refiere a las propiedades espaciales de los fenómenos.

 

El problema de Kedrov no sólo fue el sesgo del concepto de espacio en la dialéctica, sino una geografía teórica aún poco desarrollada, que no había teorizado –y difícilmente podría haberlo hecho–, sobre el concepto de espacio.

 

Luego Kedrov aborda al geógrafo ruso de la primera mitad del siglo XX: Lukashévich, que lo ubica como continuador de Chizhov y Hettner en el inicio del poder soviético.

 

Lukashévich, hettneriano, en 1919, se inclina por los estudios geológico-geomorfológicos en geografía, y en cuanto al problema de la lógica interna de esta como hasta entonces se intentaba, dada en la clasificación de las ciencias, simpatizaba, a decir de Kedrov, por la clasificación de Comte “con algunas modificaciones”, y entre ellas, el que Lukashévich habla de las ciencias derivadas de la sucesión básica, y entre ellas menciona lógicamente a la Geografía, de una manera que comienza a ser más consistente con los criterios de la clasificación de Engels.

 



[1]        Kedrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; Editorial Progreso, T. II; Moscú, 1976; p.134.

[2]        Ibid. p.135 (subrayado suyo).

[3]        Ibid. p.136

 

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26 octubre 2014 7 26 /10 /octubre /2014 23:01

Ícono Geografía Educativa (Globo TerráqueoLos Estados de Espacio y la Geografía Única.  Artículo, 2012 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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26 abr 12.

 

 

El tramo definitivo del camino de la Geografía a estatuirse en ciencia moderna, nos tocó darlo a nosotros en un largo lapso que ha ido de 1981 en que llegábamos independientemente a la conclusión de que el espacio terrestre constituía el objeto de estudio de la Geografía.

 

Si bien eso no fue un “descubrimiento” como tal, pues ello ya estaba en el pensamiento geográfico de todos los tiempos y en esa forma conclusiva ya antes Alfred Hettner (1927) lo había establecido, aun cuando con alguna inconsistencia lógica o insuficiencia en la exposición dl contenido y extensión real del concepto; cierto es también, que ello era tan nuevo como un planteamiento teórico bien olvidado, y algo que logramos hacer, primero, independientemente; y segundo, con el real aporte de la aplicación de la dialéctica materialista, que dio oro ángulo interpretativo.

 

Ocupados toda la década de los ochenta en demostrar que lo que la geografía estudiaba no eran los fenómenos, sino el espacio (lo que ello fuera), cometimos la omisión de no definirlo (en última instancia aún no era ese el propósito).  Esa no fue una tesis aceptada en la práctica sino hasta fines de 1989 en el Foro Académico del Instituto de Geografía, UNAM.

 

A partir de ahí, si por una parte ya se nos había “proscrito” desde 1985 (es decir, se nos aplicó la “muerte geográfica”, y hoy hablamos desde ultratumba), por otra parte, la institucionalidad, tras ese Foro Académico, debió abordar decididamente la investigación sobre ese objeto de estudio desde su realidad y naturaleza.  Si así lo hizo y dados los resultados esos trabajos se convirtieron en ocultamiento de documentos conventuales, malo; pero menos malo que si lo que se hizo, fue nada.

 

Que en los años setenta, y en cierto modo aún en los ochenta, los estudios de la geografía aún seguían produciendo por su contenido una geografía decimonónica, ello era perfectamente entendible: no había una teoría superior, o, por lo menos, aún no era la suficientemente firme.  Pero luego de 1989, la firmeza de esa teoría superior ya era tal, que tuvo que ser reconocida institucionalmente al fin (y ese proceso, para quien sabe de historia de la ciencia, es perfectamente entendible); pero desde ese momento, toda geografía de contenido decimonónico era ya absolutamente condenable, era ya una posición retrógrada.

 

Hasta allí, nosotros íbamos, por lo menos, diez años adelante en el conocimiento geográfico.  Pero con la crisis económico-social de 1994-1995, todo se detuvo; y por quince años nos vimos forzados a salir de la escena del hacer geográfico.  Esa fue la oportunidad para que plagiarios de ideas y usurpadores de teorías sin mérito propio, piratas con patente de “oficialidad” institucional que embusteramente hicieron pasar raras fuentes documentales por el contenido de la nuestra, se hicieron de nuestras ideas y las presentaron, primero, en forma mecánica, ajenas a la dialéctica materialista propia en que fueron expuestas; y segundo, en forma retorcida de modo tal que, “estudiar el espacio”, resultaba estudiar nuevamente los fenómenos y sus relaciones repitiéndose así el contenido geográfico que venía desde el siglo XIX.  El concepto de “espacio” se convirtió, en esa intelligenticia, en no más que un “discurso” intelectualoide, en un sinónimo baladí para referir lo que como estudiosos de la geografía, sería “lo nuestro”.

 

En 2009 volvimos al proscenio, y, nuevamente, en tres años, tuvimos que recuperar aquellos tres lustros perdidos.  Y, en consecuencia, luego de aquel primer paso encaminado a la Geografía en el rigor de la ciencia moderna con un fundamento de su teoría del conocimiento lógicamente consistente, dado desde 1981, dimos, por fin, treinta años después, en el 2010, el segundo paso: expusimos la definición de “espacio geográfico”; eso es: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”.  Lo que el geógrafo estudia es eso, las relaciones internas y externas de la condición tridimensional, y más aún, tetradimensional incluyendo al tiempo; y así, no de nada metafísico subjetivo, sino de los estados generales continuos y discretos del espacio terrestre.

 


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12 octubre 2014 7 12 /10 /octubre /2014 22:04

Cristal de Sal Gema; MineralogíaAnálisis Crítico a, El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en la Explicación en Geografía; Tercera Parte de la “Explicación en Geografía”; de D. Harvey, 1969 (5/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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12 jul 12.

 

Suele aceptarse tan fácil un modelo empírico sin más justificación en calidad de teoría, “hasta –dice Harvey– la total consagración del modelo como quintaesencia de la propia realidad”[1].  Y se hace necesario recordar, dicho por Harvey, en 1969 hace poco más de cuarenta años siendo tan válido aún hoy o más, que como lo era entonces.  Ello habla de un profundo atraso y estancamiento en geografía; pero hay una salvedad: ello ocurre en la geografía “oficial” institucional; otra cosa es lo que ocurre en ciertas prácticas de una geografía independiente.

 

Es en esa geografía “oficial” institucional en donde se cumple lo dicho por Harvey: “que el maestro proponga el modelo (a menudo plenamente del papel de ésta), que los discípulos lo consagrarán ciegamente”[2], y esa “consagración” consiste en tomar dicho modelo temporal y de prueba, como teoría acabada, dice el mismo Harvey.  Esta adicción ciega en geografía a los modelos, lleva a Harvey a expresar incluso que: “la historia del pensamiento geográfico podría, por eso, considerarse como historia de modelos mal aplicados”[3].

 

No obstante toda esa limitación de método, por último, Harvey, nos ha dado un apunte valioso a nuestro propósito: “…en términos de investigación básica (o investigación teórica) –dice Harvey–, la función principal  de l modelización en geografía, debe apuntar a la creación de teoría geográfica”[4].  Se refiere, obvio, a los modelos analógicos los cuales cumplen esa función inicial.  Y justo ahora eso es lo hemos estado haciendo.

 

Al concluir Harvey su tercera parte de su obra, trata con tres aspectos importantes: 1) el propósito (“objeto de estudio”); 2) la forma (el método); y 3) la estrategia de la investigación en geografía.

 

Harvey vuelve a su condición de método: el punto de partida es juzgar a la geografía empíricamente como dada; la geografía es, así, tal cual se conoce; luego, retoma nuevamente a Hettner, y hace ver cómo en él se dan los postulados básicos de la teoría geográfica: los dados, dice Harvey, en la dicotomía entre los postulados morfométricos propios de la geografía, y los postulados derivados de otras ciencias (es decir, esa condición de la contradicción esencial de la geografía entre espacio y fenómenos).  En esa condición, el propósito (objeto de estudio), queda impreciso, y como algo a determinar en el proceso inductivo.  Y en cuanto a la forma, Harvey se refiere al proceso explicativo, para el que, sin leyes ni teorías, “en estas condiciones –dice Harvey–, bien pudiera ser que las explicaciones basadas en el conocimiento intuitivo sean más efectivas”[5].  Nunca Harvey, en consecuencia fiel al positivismo de Mill, se pronuncia por el método deductivo,  y por la generalización teórica de la cual deducir; una y otra vez se devuelve a la empírica inducción, y en ello mata las posibilidades de resolver.

 

De ahí que exponga, en ese 1969, trágicamente para la geografía: “Todavía no estamos en posición de crear una teoría geográfica rigurosa, pero sería muy útil que procediéramos en nuestras investigaciones con los requisitos de esta teoría en nuestra mente.  No hemos conseguido aún un cuerpo teórico adecuado, ni parece que lo consigamos en un futuro inmediato”[6].

 

Han transcurrido poco más de cuarenta años desde que Harvey expusiera tales problemas.  Si en su posición empirista inductiva exclusiva nos propusiésemos continuar, bien podrían irse otros cuarenta años más.  Pero nosotros hemos procedido con un método dialéctico en el que lo empírico y lo teórico se intercambian, y la inducción y la deducción se convierten en formas desplegadas una de otra.  Y hemos partido, no de la generalización de innúmeras cosas particulares, sino de la categoría fundamental esencial: el espacio, y luego hemos estudiado todo lo vinculado y relacionado a ello.

 

Si desde que nos planteamos tal procedimiento han transcurrido buena parte de esos cuarenta años (poco más de treinta en realidad), ello ya no ha sido por la limitación de método, sino por las dificultades intrínsecas en ese objeto de estudio, que ha sido uno de los más difíciles en resolver en la historia del pensamiento humano.

 

Pero Harvey habló también de la estrategia para alcanzar, según la idea de su método, tal fin.  Y coincidiendo con Chorley y Haggett, retoma la idea didáctica: “proponerse que la geografía adopte un paradigma de un nuevo tipo muy diferente, basado en modelos”[7].  Y con ello, eso que Harvey ha criticado como irracional adicción, se convierte finalmente en lo mismo en que incurre, quizá, dice Harvey, con la atenuante de que, conscientes de ello, logrando hacer a un lado la irracionalidad o ceguera con que hasta entonces se empleado.

 

Harvey termina así su importante tercer apartado: “El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en Geografía”, en su tratado sobre la explicación en esta disciplina de conocimientos.

 



[1]        Ibid. p.177.

[2]        Ibid. p.178.

[3]        Ibid. p.178.

[4]        Ibid. p.181.

[5]       Ibid. p.187.

[6]       Ibid. p.187.

[7]       Ibid. p.188.

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5 octubre 2014 7 05 /10 /octubre /2014 22:04

Investigacion--Diagrama-de-Flujo--Sector-Teoria.JPGAnálisis Crítico a, El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en la Explicación en Geografía; Tercera Parte de la “Explicación en Geografía”; de D. Harvey, 1969 (4/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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12 jul 12.

 

En la complejidad de generalizar la teoría, de ahí en adelante, Harvey se pierde en los “postulados derivados”, con referencia a los “postulados morfométricos”, y no obstante, nos dejará el enunciado exacto y preciso del “sentido de la teoría general en la geografía: el “explorar los nexos entre las teorías de la forma espacial, propias de la geografía, y las teorías derivadas del proceso temporal”[1].

 

Junto con ello, nos deja las pautas para la formalización de la teoría en geografía, si bien, dice Harvey, “dada la naturaleza de los conceptos geográficos, el desarrollo de la teoría formal en geografía parece muy remota”[2]; a ella –así confiaba Harvey–, se habría de llegar alguna vez.  Y ello es justo lo que hacemos ahora.

 

En esas pautas de formalización de la teoría, Harvey nos dice, primero, que hay dos formas de elaborarla: a) mediante una aclaración de los postulados básicos y de un cálculo aproximado; y b) aplicando las técnicas de modelado.

 

Un comentario acerca de la conjugación de estos dos modos de formalizar la teoría, lo expone citando a Haggett (1965): “A largo plazo –dice ahora Haggett–, la calidad de la geografía en este siglo se juzgará menos por el grado de elaboración de las técnicas o lo exhaustivo de sus detalles, que por el rigor del razonamiento lógico”[3].

 

Ciertamente nos rebasó el siglo, pero fue contra nuestra voluntad, más aún, paradójicamente, fue por una “proscripción” de los propios geógrafos (que en la nula conciencia histórica en general, o de la conciencia de la historia de la ciencia en particular, se dan a la condena histórica por ese continuado hecho en nuestra persona); pero, finalmente, tanto como Harvey como Haggett lo previeron en la importancia de la formalización de la teoría con rigor lógico, ahora estamos en plena condición para satisfacer ese rigor de formalización.

 

Por último, en este apartado sobre el papel de las teorías, leyes y modelos en geografía, de la obra de Harvey, éste aborda precisamente el tema de los modelos.

 

Harvey se va a apoyar ahora en la obra, Modelos en Geografía, 1967, de Richard Chorley y Peter Haggett, quienes afirman que un modelo, es un mecanismo psicológico (gráfico), normativo (comparativo), organizativo (organización de datos), explicativo, y creador (de la elaboración de la teoría).

 

Correctamente, Harvey retoma la idea de que un modelo es diferente a la teoría, y que es peligroso su confusión; sin embargo, en nuestra opinión, Harvey plantea la relación entre modelo y teoría como una relación de causa-efecto inversa: “un modelo –expone Harvey– es la expresión formalizada de una teoría”[4]; pero, a nuestro parecer, ello bien podría ser exactamente al revés: la teoría formaliza el modelo.  El hecho es que es un proceso dialéctico en donde ambas cosas se dan simultáneamente.

 

Ciertamente, el modelo es la interpretación de la teoría, el resultado de ésta, como lo expresa Harvey; pero el modelo, a nuestro juicio, es también la prueba mediante la cual se formaliza la teoría; es decir, el resultado del modelo.  Es pues, como el mismo Harvey afirma, “un tipo de experimento mediante el cual la abstracción teórica se explica”[5]; esto es, en el sentido de la corroboración de la teoría.  Pero existe un segundo caso, nos advierte Harvey, en sentido inverso, en donde el modelo sirve para transferir la teoría a otro ámbito.  Sin embargo, este segundo caso, es ya la transferencia de una teoría formalizada, completándose la lógica dialéctica.

 

Bajo esas consideraciones generales, Harvey da una clasificación de los modelos: 1) el llamado “modelo en x”, que se entiende como la simple prueba de la teoría “x”; 2) los modelos análogos, en este caso, el uso de sistemas que guardan cierta similitud en general con la teoría, y aporta ciertas ideas u orientación en el desarrollo y formalización de la teoría, y ante el que hay que prevenir, enfáticamente nos dice el mismo Harvey, del peligro de la identidad entre el modelo análogo y la teoría; 3) modelos matemáticos, de tipo determinístico, estocástico, o probabilístico; y 4) modelos de sistema, como lo pudiera ser el llamado de “caja negra”.

 

Finamente, Harvey considera que los modelos son una interpretación o representación de la teoría, pero más aún, muy acertadamente expuesto, Harvey va a apuntar que los modelos, son un paso para la elaboración de la teoría.

 

En ese sentido, los modelos no son, pues, en general, un asunto opcional arbitrario, sino un recurso de método..  Pero es aquí donde Harvey va a hacer otra acotación importante, al pasar de las condiciones generales a los modelos en geografía: “Los geógrafos en la práctica –dice Harvey–, han usado (o abusado de, a veces) el concepto de modelo…”[6].  Mas Harvey incide en el punto y agrega: “la adicción a los modelos…, (lleva al geógrafo a) un apego a modelos que son representaciones parciales de teorías que están a su vez incompletas o no tienen un desarrollo explícito.  Pero a veces –y debemos reafirmar que es Harvey el que lo expresa–, la adicción va acompañada de ceguera intelectual”[7].

 



[1]        Ibid. p.145.

[2]        Ibid. p.146.

[3]        Ibid. p.149.

[4]        Ibid. p.160.

[5]        Ibid. p.161.

[6]        Ibid. p.177.

[7]        Ibid. p.177.


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