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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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14 junio 2015 7 14 /06 /junio /2015 22:04

Espacio Geográfico, EstructuraEl Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, en Luis Ignacio Hernández Iriberri: el espacio terrestre y su generalización como espacio geográfico.  (8/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

16 jul 14.

 

Solía decirse en la historia de la ciencia, que “la naturaleza aborrece el vacío”.  El vacío era algo inaceptable, pero, en realidad, aborrecible no por la naturaleza, sino, principalmente, por el pensamiento científico.

 

Había terminado el período histórico renacentista, era mediados del siglo XVII, en el que el pensamiento científico era, más que una lucha por descubrir la verdad en la naturaleza, una lucha contra la proscripción generada por los prejuicios y el oscurantismo, al que había que imponerle el la verdad descubierta por el pensamiento científico.  Ese fue el caso de Galileo (1564-1642), primero en experimentar la manera de crear el vacío; que filosóficamente se suponía por el razonamiento de Demócrito en cuanto a lo existente entre dos átomos; sin lograrlo, lo que dio lugar a la idea de que la naturaleza se resiste a la creación del vacío.  Luego de éste, comenzaba entonces, el período de la Ilustración, y ese momento inicial fue en la madurez de mentes perspicaces como la Otto von Guericke (1602-1686), de Evangelista Torricelli (1608-1647), discípulo y auxiliar de Galileo, de Blas Pascal (1623-1662), y de Roberto Boyle (1627-1691), quienes, en cuyos experimentos, descubrieron la existencia física del vacío.

 

Lo que Galileo había intentado: hacer el vacío en una esfera mediante un pistón, finalmente lo logró Otto von Guericke, con sus famosos hemisferios de Magdeburgo, los cuales no era posible separar ni por el tiro de cuatro caballos, una vez que en su interior se hacía el vacío.

 

Simultáneamente, con otro procedimiento, Torricelli a su vez crea vacío con su experimento de los tubos de vidrio con mercurio: luego de razonar por qué una bomba no podía succionar agua de una columna de 10 m como consecuencia de la presión de la atmósfera, tomó dos tubos de vidrio de 1.15 cm de largo cerrados por un extremo, los llenó de mercurio, tapó la boca de los mismos con un dedo, y volteándolos los sumergió por los extremos abiertos en una cubeta a su vez con mercurio, y una vez así, retiraba sus dedos, observando que la columna de mercurio descendía siempre a una altura de 78 cm, dejando en la parte superior, necesariamente, un espacio vacío de 37 cm.  El vacío estaba ahí y experimentó cómo la luz, el calor y el magnetismo, se trasmitían libremente a través de él.

 

Blas Pascal, independientemente (no conoció a Torricelli), conociendo aproximadamente el experimento de Torricelli por vía de otro investigador, descubrió la misma explicación dada por aquel: lo que impedía que toda la columna de mercurio en los tubos se vaciara en la cubeta, era una fuerza externa, la columna de aire[*].  Luego, Pascal descubrió, adicionalmente, que la altura de la columna de mercurio, variaba con la altura sobre el nivel del mar, es decir, en proporción directa a la columna de aire, lo que implicaba la causa en la fuerza externa.

 

Por su parte, Roberto Boyle, en 1667, repitió el experimento de Torricelli, pero a la inversa: en vez de crear vacío, usó la columna de mercurio para desaparecer todo vacío comprimiendo un volumen de aire en el tubo de vidrio ahora en forma de “J”.  Es decir, comprimió el vacío o el espacio entre las moléculas de aire, de donde las propiedades del vacío resultaron ser aún más extrañas y complejas.

 

La difícil comprensión del vacío hacía que éste se identificara con “la nada”, resultando en un concepto metafísico ajeno al pensamiento científico, que sorprendentemente se prolongó hasta fines del siglo XX, y más sorprendente aún, negándose su existencia por más que experimentalmente estaba ahí, negándose incluso por una parte de los filósofos del materialismo dialéctico, tan sólo por tal razón metafísica de haberlo identificarlo con “la nada”.  De entre tales filósofos materialistas dialécticos, nos bastó el razonamiento filosófico democritiano de G. Kursánov; físicamente demostrado por Guericke, Torricelli, Pascal y Boyle; en su obra, Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico, para entender en un razonamiento abstracto que, luego de extraído todo de un volumen determinado, lo que quedaba en él, no era “nada” (en todo caso era “nada” de lo que estaba), sino “un algo”, denominado vacío, cuya realidad material era tan objetiva como la de un cuerpo sólido.

 

Si al razonamiento filosófico democritiano de G. Kursánov; físicamente demostrado por Guericke, Torricelli, Pascal y Boyle, le agregamos las nociones matemáticas de la dimensionalidad del espacio (el largo x, el ancho y, y el alto, z), de la dimensionalidad de la sustancia o de lo discreto, se puede pasar a la dimensionalidad del campo o de lo continuo, en donde suprimido lo corpóreo sustancial, quedaría, no obstante, la dimensionalidad de un espacio que parecería estar vacío, pero que en realidad estaría ocupado por campos (lumínico, térmico, eléctrico, magnético, gravitatorio).  Pero aun pudiendo eliminar la presencia de varios de esos campos (en realidad aún no se sabe cómo anular el campo gravitatorio), lo que quedaría sería la dimensionalidad del vacío (que al no poder anularse el campo gravitatorio, se hace, en sentido negativo, -p, equivalente a éste).

 

Así, la dimensionalidad (dada por los ejes x,y,z) no establece propiamente la “relatividad” del vacío (de ese vacío siempre y cuando esté en relación con…), sino la objetividad absoluta de la dialéctica de lo continuo y lo discreto, de la sustancia y el campo: esto es, el vacuum, como la identidad material y espacial de dichos opuestos ya sea en su forma condensada o desplegada.

 

El vacío como categoría geográfica en la propiedad esencial del espacio, constituye, en la dialéctica de lo continuo y lo discreto, la unidad e identidad de los campos y la sustancia (su forma desplegada o condensada), donde le vacío con estructura y masa en reposo nula, y el desarrollo de su estructura desde lo más simple al desarrollo de la estructura de lo discreto; tal es, pues, el vacuum.

 

Dicho vacuum es precisamente lo que, en un alto grado de abstracción, está representado en la “proyección segunda” que es el mapa, desde su canevá (o dimensionalidad), con la simbología de representación métrica de la altura completando la tridimensionalidad, hasta su contenido temático.

 

Tal idea, que hoy pudiera parecer simple, obvia, requirió pasar por varios momentos históricos de abstracción y generalización de los conceptos contenidos en la contradicción histórica fundamental de la geografía: los “fenómenos”, y el “espacio”, hasta entender al espacio como la dimensionalidad material de la dialéctica continuo-discreta, y a los fenómenos, como estados de espacio, es decir, estados particulares complejos de esa dialéctica de la dimensionalidad continuo-discreta, o del vacuum, a estudiarse desde la simetría geométrica dimensional.

 

Finalmente, el espacio terrestre y su generalización como espacio geográfico, es, así, tanto la masa de la Tierra (lo discreto, la sustancia), como las formas de masa en reposo nula (lo continuo, los campos), y la simetría geométrica dimensional.

 

 

[*]    Tanto Torricelli como Pascal debieron considerar que la fuerza que pudiera actuar, fuese la interna, en la famosa posible “retención o resistencia del vacío” (o una presión negativa, -p), prescindiendo de la fuerza exterior en la columna de aire, no obstante no se da cuenta de ello, y se incide en que concluyeron en la acción de la fuerza exterior.  Posteriormente, Pascal descubrió que con la variación de la presión atmosférica, variaba directamente la altura de la columna de mercurio, lo que ya descartaba la posible “presión negativa” del vacío.

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7 junio 2015 7 07 /06 /junio /2015 22:04

Estados-de-Espacio--Coloides.jpgEl Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri: el vacuum y los estados de espacio básicos.  (7/...)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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29 mar 13.

 

La “Tabla Mendeleieviana” de los Estados de la Materia: y, al final, una geografía de los elementos genésicos, tal cual la imaginaba el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada Gorostiza, fue posible (tarea cumplida).

 

Hay aquí una moderna alquimia sorprendente: una “geografía de los elementos"; entendiendo por dichos elementos los actualmente llamados “estados de la materia”, y que en geografía los categorizamos como “estados de espacio”; tal como lo planteaba el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada Gorostiza, fue posible.

 

Al tratar de fundamentar nuestra categoría de los “estados de espacio” para redactar el presente artículo, nos encontramos con todo esto en una lógica plenamente consistente con dicha categoría geográfica en nuestra teoría.

 

Al dirigir los estudios geográficos hacia la abstracción de los fenómenos tanto naturales como sociales, en la categoría más general de los estados de espacio, un primer asunto a resolver fue la clasificación básica que podríamos hacer de los mismos, y tomados por sus propiedades físicas más generales y esenciales, como masa, densidad, movimiento, etc, aparecían como los mismos estados de la materia.

 

Escolarmente sabemos que los estados de la materia  son tres: 1) sólido, 2) líquido, y 3) gaseoso; pero desde hace mucho tiempo, los años sesenta del siglo XX, habíamos escuchado de un autor soviético que hablaba hasta de siete estados de la materia.  Ahora, al tratar de precisar ese dato en función de nuestro interés por las características a asignar a los estados de espacio, de los Diccionarios de Física obtuvimos una clasificación en la cual se incluía al plasma, y tres formas de condensados (superfrío, superconductivo, y superfluido), y tentativamente se mencionaba la posibilidad de un estado superdenso.  Luego nos acordamos del estado coloidal, y nos quedaron ya no los siete misteriosos (que así lo fue para nosotros por mucho tiempo) estados de la materia, sino aún más.

 

Y al ahondar en su estudio, empezaron los problemas de las inconsistencias en la clasificación: primero, los coloides resultaron ser en más de una forma; y segundo, se descartaba al plasma como un estado diferente de la materia y se ubicaba como un coloide, de los cales algunos opinaban que no son estados de la materia diferentes, sino sólo agregados de transición ente un estado real y otro, y todo se complicó.

 

Luego, investigando más sobre los coloides, en el libro de La Física, editado por el Círculo de Lectores, 1985; nos encontramos una interesante Tabla de Clasificación de los Coloides, en ocho tipos, determinados tanto por le medio de dispersión, como por la fase dispersora (luego una tabla semejante la encontraos en la Red, en la cual se explica la existencia hasta de trece estados coloidales; y de ello nos saltó a la vista un problema mendeleieviano en ello: los “medios de dispersión”, corresponden a los tres estados básicos de la materia, que combinados mutuamente (cual alquímica tabla de los elementos genésicos), generan los coloides; pero, y he aquí el problema, esos estados básicos de la materia son tres (en ambas tablas), que combinados mutuamente deberían arrojar nueve coloides…, pero la tabal sólo menciona ocho.  El problema es mendeleieviano, porque justo de ello quedan tres casillas por llenar en esa lógica combinatoria.  Y no sólo no vemos nada que nos lo impida, sino que, aún más, ello nos permite identificar claramente un coloide.


Estados de Espacio; Coloides

"Tabla Mendeleieviana" de la Clasificación de los Estados de la Materia y sus Transformaciones: formas gnerales de tratar conlos Estados de Espacio.
["Clik" enla imagen para amplificar]

 

En una lógica combinatoria consistente, en los últimos tres cuadros automáticamente deben ir: gas + gas = plasma (nube de iones).

  

Puesto de este modo, cambió nuestro criterio; los estados de la materia, básicos, son sólo tres (sólido, líquido y gaseoso); pero sobre de ellos hay sólo dos variantes de la materia: la sustancia y el campo; pero de la mutua combinación genésica de esos tres estados, se generan nueve estados de la materia más, ahora llamados estados coloidales.

 

Hasta aquí, todos esos estados de la materia tienen un carácter mesoscópico, propio al ámbito geográfico.  Luego, más allá, incluso por procedimientos artificiales de laboratorio, es posible crear más estados de la materia, conocidos como condensados; algo que ya cae fuera de lo geográfico, pues tales estados, o son de laboratorio, o de otras regiones del Universo fuera del espacio geográfico; tales como los estados superdenso, superfrío, superfluido o superconductivo; y en ese razonamiento pudiéramos hablar hasta de dieciocho estados de la materia; y estos serían sólo los conocidos…

 

Y este análisis resultó ser de una extraordinaria importancia, no sólo porque se afirma que el plasma iónico es uno de los estados de la materia más abundante en el Universo, sino porque es el estado de la materia menos denso, y de hecho, cuya densidad tiende a cero, es decir, punto en el cual se tiene el vacío, lo que para nosotros ha de ser el estado de la materia diecinueve en la lista, vacío que como estado de la materia pudiera mencionarse como el primero, y el cual llena todo el Universo.  Así, pudiéramos decir que, lo que el plasma iónico es a la espuma de las olas al reventar, el vacío es a la vastedad de la “Mar Vacui”.

 

Y luego nos dimos cuenta que esto era por cuanto a los estados sustanciales de la materia, y había que agregar la tabla de los estados de campo de la materia (eléctrico, magnético, térmico, gravimétrico, lumínico, vacuo), mucho de lo cual nos parece quedar mesoscópicamente a la vista de los ojos de Argos en la cola del mítico pavorreal.

 

Mas, en este punto, traducido ello geográficamente en las categorías de espacio y de estados de espacio, se nos aparece un cuadro perfectamente clasificado de los mismos; una verdadera “Tabal de los Elementos” mendeleieviana en geografía, en donde el estado sólido cual la litósfera, el estado líquido cual la hidrósfera, o el estado gaseoso cual la atmósfera, si importar geográficamente en sus propiedades como fenómenos particulares, sino como medios de dispersión, se combinan con fases dispersoras, cualesquiera que estas sean, dando lugar a las transformaciones de los estados de espacio, en una transferencia continua de sus propiedades de espacio (de localización, distribución, límites, extensión, etc).

 

 

Por lo tanto, el problema del tratamiento empírico concreto y meramente cualitativo de los fenómenos en geografía, queda así superado.  De este modo, al final, una geografía de los elementos genésicos tal cual lo imaginaba el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada Gorostiza, fue posible.

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31 mayo 2015 7 31 /05 /mayo /2015 22:04

Un Cuerpo; lo que Ocupa un Lugar en el EspacioEl Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri: los Estados de Espacio (6/...)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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20 abr 13

 

Antiguamente, hablar de los estados de la materia, era hablar de las esencias o elementos: tierra, agua, aire, fuego y ápeiron.  Luego, por los estados de la materia se empezó a entender, si bien los mismos elementos, pero con categorías semejantes que expresaban ya relaciones distintas en un mayor grado de abstracción y generalización: sólido, líquido, gas; a lo que se sumaron otros estados nuevos descubiertos (coloides y bosones), a la vez que el ápeiron, por su propia determinación etimológica como “lo indefinido”, fue omitido.

 

Con la aparición del marxismo (1844) y su sistema filosófico, la dialéctica materialista, consolidado en sus fundamentos esenciales con Lenin hasta principios de los años veinte del siglo pasado, como con los desarrollos de la física, tuvo que hacerse una distinción entre los conceptos de materia (concepto filosófico) y de sustancia (concepto físico que alude a una masa en reposo), pues al descubrimiento de los campos eléctrico y magnético, y con ello el reconocimiento de otros campos semejantes como el de gravedad, el térmico, o el lumínico, parecería que éstos, al no ser sustanciales careciendo de masa en reposo (o dicho en sentido positivo, poseyendo masa en reposo nula), pudiera denominársele como “inmateriales”, complicándose la idea con los sistemas filosóficos, al identificarse tales campos en tanto nuevos estados de la materia, con un condición metafísica.

 

El último concepto identificado con esta situación, fue el vacío (hasta los años noventa del siglo XX), del que si se reconocía su existencia, a su vez se identificaba con “la nada”, dando esa condición metafísica.  Sin embargo, de manera semejante, el vacío, como un hecho de experiencia, bien podía reconocerse como un campo, y por lo tanto, como un estado de la materia más: y el ápeiron volvió a la escena; sólo que ambos conceptos (vacío y campo), identificados entre sí, de antiguo (como una distancia entre dos cuerpos) se identificaban a su vez con el concepto de espacio.

 

Finalmente, el espacio no podía entenderse exclusivamente como la extensión (el campo o lo vacío), sino que a su vez adquiría formas en lo extendido (las sustancias o lo lleno); y con todo ello se hizo posible ya elaborar una teoría del objeto de estudio de la Geografía: el espacio geográfico en particular.

 

Al empezar a estudiar el espacio geográfico por el análisis mismo de su estructura, ya no podemos limitarnos, como anteriormente, al espacio dado por la estructura de la sustancia (el planeta con su litosfera, hidrosfera, atmosfera y biosfera), sino aún más, considerando la estructura de los campos involucrados en esa geometría (sus campos de gravedad, electromagnético, térmico, etc).  Pero al hacerlo dialécticamente, esa consideración ha de ser en las transformaciones mutuas de la sustancia y campos; de donde, del estudio de la estructura, se pasa al estudio de los estados del espacio geográfico sustanciales básicos (conocidos en la físico-química como “medios de dispersión” y “fases dispersoras”) dados los procesos de solidificación, fusión, disolución, evaporación, sublimación, condensación o medios de dispersión, y sus transformaciones en energía.

 

Al adentrarnos al estudio del espacio, en particular geográfico, dadas estas consideraciones esenciales de la naturaleza del espacio, la estructura del mismo nos revela un aspecto más: su geometría.  El espacio geográfico no es un “algo” amorfo, sino, por todo lo contrario, resulta en una compleja morfología que, en lo básico, análogamente se nos presenta con los elementos de la cristalografía: la presencia de ejes, planos y ángulos de simetría, que, aún más, no permanecen fijos o estáticos, sino que se mueven, esto es, que tanto se trasladan, como cambian de tamaño (ambas cosas en magnitudes casi infinitesimales).

 

 

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24 mayo 2015 7 24 /05 /mayo /2015 22:04

Frentes-de-Onda-Cuanticos-e-Intervalos-de-Vacio.jpgEl Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri: el vacuum y la estructura del campo. (5/...)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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El Vacuum y la Estructura del campo

 

Una de las propiedades más importantes de la materia en general (no sólo de la sustancia), si no es incluso la propiedad más importante, es la masa; que dada la equivalencia entre la masa inercial y la masa gravitacional (Einstein), se establece que la inercia como la gravedad, “son expresión de la esencial igualdad de los campos gravitatorios con la métrica del espacio”[1].  No obstante, pudiendo ir de aquí, en consecuencia, a la masa como curvatura de espacio, puede examinarse aún la noción newtoniana por la cual la masa es uno cantidad de sustancia dada en una unidad de espacio (m = gv).

 

Cuando la masa así definida se considera en reposo, tal condición determina la naturaleza de la sustancia en tanto un cuerpo discreto.  Pero, por lo contrario, cuando la masa se considera en movimiento (particularmente en velocidades relativistas cercanas a la de la luz), ésta deja de considerarse, a su vez, en su forma sustancial, en reposo[*]; de ahí que la energía, y con ello los campos (campos de “fuerza”) se consideren como formas de masa en reposo nula o masa en reposo = 0.  Así, dialécticamente, el campo no es más que sustancia desplegada, en movimiento (en particular en velocidades relativistas), tal cual la sustancia es campos “condensados” (masa en reposo).

 

Para entender la estructura del campo, es, pues, necesario, comprender la condición antes expuesta, pues, en consecuencia, la estructura del campo no será sino la estructura de la sustancia desplegada, de modo que un sólido, en determinadas condiciones de masa, entra en ignición desplegándose en forma de campos térmico y luminoso; o los fluidos del líquido al gas y sus transiciones coloidales, se desplegarán en campos eléctricos y magnéticos; o como el plasma lo hará, a su vez, en forma vacuo-gravitatoria (o de presión disipada en la métrica de la curvatura del espacio).

 

Por lo tanto, la estructura del campo se refiere al movimiento, a las transformaciones de la materia, y en ese sentido, a las transformaciones de unos estados de espacio en otros.  Los campos, pues, no son algo diferente a la sustancia, sino sustancia en transformación.

 

De esto se sigue el que, “un paquete de cantidad de energía”, como el clásico “cuanto de luz” o fotón, tenga ese comportamiento corpuscular-ondulatorio, lo cual nos devuelve al problema originario de que lo que hay entre dos frentes de onda, como entre dos fotones, es, necesariamente, vacío.

 

Todo lo anterior, traído al mesocosmos geográfico, habrá de servirnos para entender la naturaleza de los campos, primero, en su condición dialéctica de unidad indisoluble no sólo entre sí, como los campos térmico- lumínico, electro-magnético, o vacuo-gravitatorio; sino de tales pares dialécticos como expresión de la transformación de la sustancia en su unidad indisoluble a los estados de esos últimos.

 

Así, en lo geográfico más mundano, por ejemplo, el factor temperatura en los climas, no ha de ser más el “fundamento meteorológico”, la causalidad de “un fenómeno” como lo es el estado promedio de la atmósfera; ni, como en el camino por el que optó Riábchikov, de los “balances de energía”; sino ha de ser un estudio del espacio en movimiento, en transformación de masa en reposo nula; fuente de comprensión de las transformación de propiedades espaciales entre el estado de espacio que se transforma, y el estado de espacio en que es transformado, en un simple análisis físico, mecánico, de interacciones externas, a expresarse como análisis espacial en el mapa (nada, pues, “asunto de otro mundo”, sólo geografía hecha por el análisis espacial).

 

El estudio geográfico de los estados de espacio continuos, los campos, constituye, entonces, el estudio de la dinámica del espacio geográfico.

 

Entre los estados de la materia, en el capítulo de la estructura de la sustancia, no hablamos del vacío, pues este caso pertenece a los de la masa en reposo nula y ha de entenderse como un campo; el vacío es, pues, un estado de la materia propiamente continuo, que luego puede derivarse en estados discretos.

 

Su identidad con la gravedad con signo contrario, hace del  vacío una “fuerza antigravitatoria”, es decir, por expresarlo así, de “levitación”; pero, al final, ello es la identidad con la métrica del espacio identificado, a su vez, con la curvatura del mismo.

 



[1]     Jiménez Redondo, Manuel; Diccionario Ruioduero; Editorial Rioduero; Madrid, 1976, V. Masa

[*]    Karapetiant y Drakin, en su “Estructura de la Sustancia” (p.36), hacen ver que ello no quiere decir que la masa se transforme en energía.

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17 mayo 2015 7 17 /05 /mayo /2015 22:04

Densidades de las SustanciasEl Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri: el vacuum y la sustancia. (4/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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26 feb 13.

 

El vacuum y la estructura de la sustancia.

 

En 1811, Amadeo Avogadro descubrió que, en igualdad de magnitudes de volumen, en las mismas condiciones de temperatura y presión, hay igual número de moléculas en los gases contenidos.  Referidos esos valores a un mol (una molécula gramo), la cantidad de moléculas es de 6.023 x 10-23 at-gr.

 

Pero de esta ley derivó otro hecho fundamental: todos los átomos componentes de esas moléculas eran exactamente en la misma cantidad; esto es, de un radio en un rango de 10-8 cm.  De aquí que el llamado Número de Avogadro se define como el número de átomos en un átomo-gramo de cualquier elemento.  El átomo está compuesto de subpartículas aún de menor tamaño, las cuales no existen independientemente fuera del átomo sino por excepción.  En consecuencia, en la magnitud de un radio de 10-8 cm, se encuentra el límite en la estructura de la sustancia.

 

Volvamos a Demócrito.  ¿Qué hay entre dos partículas, ambas en el límite de un radio de 10-8 cm?: espacio vació (o, si se quiere, espacio lleno de campos en ese vacío).  Y dejemos esto aquí, no sólo por nuestra ignorancia en estos asuntos, sino porque ello es sólo para el fundamento filosófico a fin de entender geográficamente el vacuum, en relación proporcional con la estructura de la sustancia.

 

Esa semejanza cualitativa, si bien no una relación cuantitativamente proporcional del vacuum con la estructura de la sustancia, deviene no sólo del tamaño y cantidad de átomos en un mol (dando lugar a un elemento químico), como, a su vez, de la cantidad de moléculas de la misma magnitud (bajo las mismas condiciones), sino de la naturaleza de os estados discretos de la sustancia, que en el mesoespacio, o espacio geográfico, se constituyen en estados de espacio discretos sujetos a tratamiento geográfico.

 

Así, el vacío y los campos entre partículas en el rango de un radio de 10-8 cm (o de partículas de diámetro igual a 2 x 10-8 cm), es el vacío y los campos entre las formas sustanciales dadas por los estados de espacio discretos en el rango de 101 cm.  Lo que esencialmente caracteriza a la sustancia, es su masa en reposo, es decir, precisamente esa estructura atómico-molecular, que constituye la noción de “espacio plenista”, que hace a los estados de espacio discretos.

 

El estudio geográfico de los estados de espacio discretos se descompone, así, tanto en la métrica de la espacialidad del estado de espacio, como en la métrica de su comportamiento en el espacio, por cuanto a cómo se transfieren las propiedades espaciales.

 

Un estado de espacio discreto en (A), se traslada a un punto (B), y en ello las propiedades de la espacialidad en (A) han sido transferidas a (B) por traslación mecánica, de modo que las propiedades espaciales entre (A) y (B) se han invertido.  Pero si en este caso el estado de espacio ha permanecido invariante, pudiera ser el caso en el que pasar de (A) a (B), implicara una variación de estado en forma continua reflejado en los cambios de densidad.

 

En ambos ejemplos está implicado un movimiento mecánico de traslación, ya continuo o discontinuo.  Pero resulta que ello es la excepción, pues una transferencia de propiedades de espacio de manera permanente y continua, se está dando en todo momento, aún el estado de espacio permanezca aparentemente inmóvil en (A).  Aún en este estado de reposo se está transformando, y hay un movimiento no mecánico ni de traslación, pero que cambia en el tiempo la naturaleza del estado de espacio, transformando sus propiedades espaciales.

 

Son estas propiedades de la sustancia en los estados de espacio por cuanto a su carácter discreto (aparte estarán los estados de espacio por cuanto a su carácter continuo) como transferencia de espacio en sus ciclos y regularidades, lo que ha de ser estudiado en geografía.  Y por tales estados de espacio dados en las propiedades de la estructura sustancia se tiene: 1) el estado sólido (litósfera), 2) el estado líquido (hidrosfera), 3) los estados coloidales (viscosidades de transición), 4) el estado gaseoso, y 5) el estado de plasma (exosfera)[a].

 


[a]       Se omite el caso de los estados especiales de condensación y el estado superdenso.

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10 mayo 2015 7 10 /05 /mayo /2015 22:04

Lo Mismo Todo, que el VacíoEl Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri: el vacuum. (3/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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26 feb 13.

 

 

El vacuum.

 

Entendemos el vacuum como la dialéctica del todo lo existente, donde parte de ese todo es el vacio, como “un algo” en su condición material real y objetivamente existente.  En ese sentido, el vacuum es lo mismo el todo, que “la nada”.  Pero, atención: no nos referimos con ello a “la nada” metafísica, a esa “nada” como algo más allá del mundo material, sino a “la nada de ese todo”; es decir, al momento de la ausencia del todo sustancial y de prácticamente –en un momento dado–, de todo campo, excepción hecha del campo gravitacional, imposible de eliminar, y sólo reducible infinitesimalmente; donde la ausencia de ese todo, aún deja ahí “un algo”, que en tanto real y objetivamente existente, es material: el vacio, al igual que el campo gravitacional, “imposible” de ser absoluto, pero que infinitesimalmente tiende a ello.

 

Si el vacío como algo material no existiese, las dos últimas e infinitesimales partículas de la estructura material del Universo, si bien quizá distinguibles entre sí, no podrían aislarse.

 

El error en el reconocimiento de la existencia material del vacío había sido, en mucho, precisamente por esa identidad que se hacía de éste con “la nada” metafísica, en la que parecía quererse sustentar el argumento idealista filosófico de la posibilidad de que las cosas pudieran existir independientemente del espacio y el tiempo, y, en consecuencia, ya como entes metafísicos en un mundo sobrenatural, o bien como un mundo realmente existente de las ideas.

 

Ello implicaba, a su vez, la posibilidad de la existencia del espacio y el tiempo en forma independiente de los fenómenos materiales y como la objetivación de las ideas dadas en sus conceptos.

 

Sin embargo, bastaba con romper esa falsa identidad o simple asociación del vacío con “la nada”, para que se pudiese entender el vacío como “un algo” (y por la ley de identidad, precisamente como el vacío).  De donde el vacio adquiere no sólo condición material en general, sino aquello que intuitivamente había estado en el pensamiento humano históricamente dado, es decir: como condición de existencia.

 

Lo que históricamente en el pensamiento humano hacía la identidad del vacío con el espacio, era precisamente ese carácter de forma de existencia de la materia, ya como la espacialidad del pleno, ya como esa misma espacialidad en ausencia total de lo pleno, haciendo el vacío.

 

El vacuum, incluso como oposición a la idea del continuum einsteniano (con la venia de Einstein, que murió cuando yo cumplía cinco años de edad), no sólo es por la aceptación de la condición material del vacío, sino, además, y esencialmente, por la unidad dialéctica indisoluble entre lo vacuo y lo pleno, como dos momentos de una misma cosa: la unidad material del mundo.

 

De lo vacuo a lo pleno median todas las transiciones de los estados de espacio (conocidos y por conocer).  Desde la transformación del vacío en la aseveración que se hace en la física cuántica de que la más infinitesimal perturbación o inestabilidad del vacío, hace brotar una partícula de efímera existencia, pero que en su decaimiento genera otras más, hasta los estados superdensos de la estructura de la sustancia.  Todo lo cual equivale exactamente, a las transiciones desde un estado infinitesimal de ausencia del campo de gravedad, a un estado de masas de densidad infinitesimal.

 

Así, no debe identificarse el vacuum con el espacio, por más que ambas sean categorías muy semejantes.  Sin embargo, las relaciones diferentes que se expresan por cada una, es que, en tanto el espacio es la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta, el vacuum es el espacio en movimiento; el vacuum representa todos los estados de espacio y sus formas de transición de unos en otros.

 

De este modo, la categoría del vacuum expresa una condición más particular y concreta del espacio; esto es, donde lo continuo o lo discreto adquieren calidad de estados de espacio concretos.

 

El espacio, como espacio geográfico, es la dialéctica del vacuum dada en los estados de espacio.  Ese espacio geográfico (categoría universal), referido al espacio terrestre (condición específica), es la dialéctica del vacuum dada en los estados de espacio en el campo de gravedad delimitado hasta ahí donde éste se intersecta con el campo de gravedad de la Luna, aproximadamente a los 320,000 km medidos desde el centro de la Tierra.  Es en ese sentido que a esta distancia antes no considerada como parte de los estudios geográficos, la hemos denominado en una alegoría, como la “Mar Vacui”; última extensión “oceánica” en la exploración del espacio terrestre.

 

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3 mayo 2015 7 03 /05 /mayo /2015 22:04

Vacuum-Chamber.jpgEl Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri: Introducción. (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 feb 13.

 

 

Introducción.

 

En geografía, decía David Harvey desde 1969 y aún en este año 2013 se continúa igual, se carece en absoluto del trabajo de elaboración de teoría; luego, la geografía ha sido una disciplina de conocimientos que avanza a ciegas, de manera absolutamente empírica e intuitiva, no haciendo más que describir de manera enciclopédica.

 

Y si bien ya Harvey señalaba tal carencia desde entonces, su pensamiento desde la base del positivismo de Stuart Mill y en otros aspectos de Rudolph Carnap, le impidió el ser enfático en hacer ver la necesidad de la formación del geógrafo en la ciencia y el método de la ciencia, acerca de lo cual, el geógrafo no tiene la menor idea.

 

Una corriente de autores durante los años sesenta y setenta del siglo XX, empezaron a desarrollar los estudios de la geografía por ese camino de la ciencia, al intentar hacer pasar los estudios de su condición meramente cualitativa, a un carácter cuantitativo.  Ello, por supuesto, en un ámbito en el que se desconoce qué es la ciencia, ello se calificó, primero, de una simple “corriente geográfica” más entre otras muchas (geomorfologistas, ambientalistas, sociologistas o “radicales”, economistas, etc), y segundo, como una propuesta “neopositivista”.

 

Tales desarrollos se diluyeron en el curso de los años setenta-ochenta, no tanto por esa crítica absurda frente a lo cual estaría el rigor de la ciencia, sino porque, precisamente, se intentó avanzar por un camino tortuosamente empírico-inductivo (que no equivocado en sí, pero tortuoso), que reducía el trabajo cuantitativo a la medición de los procesos ya naturales o ya sociales, exactamente tal cual lo podría hacer el especialista en el fenómeno considerado, habiendo en ello una sola variante: la expresión cartográfica del proceso.

 

Dicho en otras palabras; mientras el estudioso de estos aspectos no hiciese teoría del propio carácter de ciencia de la Geografía, todos esos esfuerzos empíricos e inductivistas sin la teoría como el Hilo de Ariadna, estaban destinadas a encontrarse con el destructor Minotauro en un laberinto sin salida.   Esto es, que, aún antes de cuantificar los fenómenos, tenía que preguntarse con rigor, incluso, por qué se hacía el análisis cualitativo mismo de ellos, cuando cada fenómeno tenía ya su propio especialista; y, en consecuencia, ocuparse más en desentrañar la naturaleza y el significado teórico de aquello que había en común a todo estudio geográfico: el mapa.  Y ello lo hubiera llevado –como ocurrió en nuestro caso– a descubrir que lo que subyacía en todo estudio geográfico, era la consideración del espacio, que hasta entonces era sólo sistema de referencia del estudio de los fenómenos; y luego se pasaría a hacer el esfuerzo de abstracción teórica de invertir las condiciones, tomando al espacio como objeto de estudio y a los fenómenos como sistema de referencia.

 

Ocurrió en nuestro caso, y lo siguiente que enfrentamos en ello, fue el problema de la realidad y naturaleza del espacio, que resultaba lo mismo la corporeidad del objeto, que su extensión, ya como superficie o volumen, que la exterioridad del mismo ya como un estado de menor densidad tal que le permitiera el movimiento, o bien, incluso, como el vacio mismo, así fuese dado en ciertos grados de relatividad., que llevada a lo infinitesimal justifica al vacío absoluto mismo.  Justo a esa naturaleza compleja del espacio, que implica todo en la abstracción de forma de existencia de la materia, no sólo como un conjunto de propiedades espaciales, sino como un “medio”, y que por lo tanto, a la vez, está allí en la calidad esencial de vacío como forma de movimiento de la materia, es a lo que denominamos como el vacuum.

 

Así, en los siguientes números, trataremos primero, con el vacuum, y luego con éste en sus relaciones tanto con la estructura de la sustancia como con la estructura del campo, así como con su relación con  los estados de espacio; luego abordaremos los cuatro momentos históricos de abstracción y generalización de los conceptos de “espacio” y “fenómenos” en geografía, sucedidos durante el siglo XX, incluyendo en ello la reacción de las corrientes dislocantes.  Finalmente, en el procedimiento de formalización teórica, trataremos el proceso de axiomatización de la teoría y sus problemas fundamentales, hasta establecer sus conclusiones.

 

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26 abril 2015 7 26 /04 /abril /2015 22:04

Vacuum (Tesis, 1983)El Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri: Prefacio. (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 feb 13.

 

 

Prefacio.

 

Este es un Prefacio prefacto, es decir, hecho antes de tener el trabajo completo y terminado a la vista.  De igual manera lo será su Introducción.  Nos estamos apoyando para elaborarlo, exclusivamente de lo que tenemos en mente como ideas a integrar en este documento, apenas expuestas en un esquema general preliminar que sobre la marcha seguramente irá cambiando, incorporando temas, eliminando otros, modificando la secuencia.

 

El espacio geográfico en la teoría del vacuum, de manera empírica y cualitativa, la fuimos elaborando desde principios de los años ochenta cuando logramos determinar el espacio como el objeto de estudio de la geografía.

 

Le denominamos teoría del vacuum, dadas varias razones: 1) el vacío como una de las propiedades esenciales del espacio; 2) la relatividad del vacío dado en el vínculo entre las dos formas básicas de la materia: la sustancia y el campo; 3) el sentido de oposición al continuum einsteniano, en el cual se rechaza el vacío; 4) el centrar la atención en la esencia del espacio, no en la métrica o espacialidad de las cosas, sino en su identidad como un “algo”, que además de su condición material de existencia, es una forma más, entre las infinitas formas de movimiento de la materia; y 5) que de este modo, el espacio es esa dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta, tal cual lo hemos así definido.

 

El espacio geográfico como categoría universal del conocimiento geográfico, encuentra en la dialéctica del vacuum su despliegue histórico natural, y es, en sí mismo, la condensación o lógica de ese vacuum.  Esa lógica desplegada en la historia natural del vacuum, se desenvuelve a través de sus elementos estructurales, a los cuales hemos dado la denominación general de estados de espacio, como categoría que abstrae y generaliza toda otra forma de movimiento de la materia y de sus sustratos portadores (los fenómenos naturales y sociales).  En ese sentido, el espacio geográfico es un atributo físico objetivo y concreto de la realidad objetiva y concreta, y, en consecuencia, los estados de espacio han de ser estudiados bajo esas leyes físico-matemáticas.  Esto no quiere decir que haya una “Geografía Física”, como puede haber entonces, en la idea de esa antigua “geografía fenomenista”, otra “Geografía Biológica” y otra “Geografía Económica”; sino que toda geografía es única y exclusivamente física, determinada por la realidad y naturaleza del espacio como su objeto de estudio.

 

Con ello, lo que se establece, es que el estudio del espacio, y en lo particular en su determinación terrestre, habrá de serlo por sus propiedades y leyes en el campo de la física, y el estudio de los estados de espacio, en consecuencia, cualesquiera que sean las formas de movimiento de la materia y sus sustratos portadores, han de ser estudiados por sus propiedades y leyes del espacio: la masa, la densidad, la viscosidad, la isotropía o anisotropía, la simetría o asimetría, etc; así como por sus propiedades matemáticas, como su morfometría, etc.

 

Geográficamente, ese espacio es representado en el mapa, desde la simple trama y urdimbre de su canevá de coordenadas, hasta la representación temática de la diversidad de los fenómenos, en tanto estados de espacio.

 

La geografía no es el estudio de los fenómenos en su sistema de referencia espacial, sino, inversamente, es el estudio del espacio tomando como sistema de referencia los estados de espacio (los fenómenos), estudiados por sus propiedades y leyes espaciales tanto físicas como matemáticas.  En ese sentido, el estudio geográfico no es sobre el contenido temático (los fenómenos) del mapa (el espacio), sino del mapa (espacio), en relación con ciertos estados de espacio como sistema de referencia, en un proceso lógicamente consistente.

 

Dos son las grandes formas en que se nos presenta el estudio de los estados de espacio: 1) en forma escalar (del movimiento continuo); y 2) en forma vectorial (del movimiento discreto); y en ello se dirime la dialéctica del espacio, como la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta.

 

Es esta pues, una teoría del espacio geográfico para una geografía que rescata su verdadera naturaleza luego de dos siglos de una lógica y entendible confusión.  Ahora, ésta da continuidad a la geografía renacentista y de la Ilustración de Paolo del Pozo Toscanelli y Martin Behaim, a Gema Frisius y Gerardo Mercator, como de éstos a Nicolás Sanson y Philippe Bauche, como de José Antonio de Alzate y Ramírez y Miguel de Herrera.

 

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19 abril 2015 7 19 /04 /abril /2015 22:04

Carta-de-Uso-Potencial-de-Morelos--INEGI.jpgEl Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (5/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

 

 

Para concluir, entonces, con este análisis de la Geografía Integral de José C. Martínez Nava, examinando la aplicación de su planteamiento del espacio como el continuum, a la consideración del espacio terrestre, y en consecuencia, dice éste, “efectivamente, los objetos y  fenómenos de la Tierra poseen infinidad de propiedades.  Unos son sólidos, otros líquidos, ortos blandos, otros grandes o chicos, es decir, tienen diferentes propiedades que las distinguen entre sí.  Sin embargo, todas ellas, sean lo que sean, o sean como sean, poseen una propiedad común y, por lo tanto, general: la de existir espacialmente, la de ser espacio o estar en el espacio o de existir en cuanto espacio”[1].

 

Pero, finalmente, llegamos al punto crítico: reducir el espacio a la espacialidad del continuum, hace del espacio tan sólo un conjunto de propiedades particulares que dan ese atributo de espacialidad.  Sin embargo, no será la suma de propiedades particulares espaciales de la Tierra las que nos explicarán el espacio terrestre, sino ello lo será como resultado de la abstracción y generalización de las mismas en una categoría única superior.  Y es justo con esto último, que lograremos finalmente eludir lo que ha significado la principal dificultad para llegar a una teoría plena del espacio terrestre: las leyes de los fenómenos particulares.

 

Pero en 1995, ni José C. Martínez Nava ni el autor de este comentario a su obra, teníamos la menor idea, no sólo de lo que podría ser esa categorización superior,  sino ni siquiera de la necesidad y el proceso de la misma (eso, el autor de este comentario, lo descubrió apenas recientemente entre fines de 2011 y principios de 2012; y por ello la teoría del vacuum no podía cristalizar sino hasta ahora).  De ahí que, por ello, José C. Martínez Nava, siguiendo el fundamento de Riábchikov, adelantara ya entonces, una propuesta de teoría del espacio terrestre en esas consideraciones.

 

Paradójicamente, nunca supimos si el compañero trató o no con el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, por lo pronto, nunca lo menciona, pero he aquí que, siguiendo a Riábchikov, fue él, el compañero José C. Martínez Nava, justamente el que acabó haciendo esa geografía que el Dr. Sáenz de la Calzada nos sugirió: la de los elementos, tierra, aire, agua y fuego, que “contrariamente  unidos y unidamente contrarios, están divididos” (como así citaba éste a Calderón de la Barca, quien de esta manera expresaba la dialéctica de los mismos).

 

Para el compañero José C. Martínez nava, el espacio terrestre, así, finalmente, es un sistema: un “sistema espacial de elementos”[2] (como apunta en uno de los subtítulos de su tercera unidad).  De ahí que para poder conocer el  espacio terrestre,  habrá que analizarlo, es decir, descomponerlo en sus partes o elementos componentes, estudiando cada uno por separado y luego haciendo la síntesis.  De ese modo, cada elemento formará, dice José C. Martínez Nava, un subsistema, de los cuales él relaciona seis: tres de los clásicos elementos (tierra, aire, agua), y tres más de su aporte, mencionados como los organismos y el hombre…, y no sin dejar de ser sorprendente algo tan profundo como exacto: la gravedad.

 

Finalmente, hace ver que los estados materiales de dichos elementos no son sino los estados clásicos de la materia (sólido, líquido y gaseoso), una de cuyas propiedades más generales y esenciales en común, es su densidad.  De ello, geográficamente se clasifica lo que denomina ya como la litosfera, atmosfera, hidrosfera, biosfera y noosfera (como él llama a lo que correspondería a la sociosfera).

 

Mas, “mágicamente”, el problema que se le suscita, es ese mismo que sorprendentemente ha introducido: la gravedad., que no siendo sustancia sino campo, aún es material, y la cual, de manera precisa, está esencialmente asociada a la densidad, en  forma directamente proporcional (a mayor densidad, mayor gravedad, y a  menor densidad, que podría considerarse infinitesimal, menor gravedad)… ¡Y el vacío, necio, vuelve a hacerse presente!

 

Y he aquí que en ese estado infinitesimal de vació relativo, tan relativo que un vació absoluto se hace lo dominante, es, precisamente, lo que caracteriza a eso “indefinido” dado en la quintaesencia, el ápeiron, el segundo elemento  históricamente propuesto y justamente tal propuesta hecha por el primer  geógrafo, Anaximandro; pero que en su dificultad de comprensión quedó relegado como un quinto elemento, que difícilmente se rescata en la teoría de los mismos, traducido con otros nombres: éter, aéther, vacío, gravedad…, o espacio.

 

El intento de su propuesta, que culmina con pleno fundamento teórico lo hecho antes por Carlos Sáenz de la Calzada como por Riábchikov, si bien no ha  explicado con suficiencia ese último punto, no ha dejado de ser profundamente fructífera, tanto más, que finalmente “agotó la última alternativa”, resultado de lo cual, y gracias a ello, ahora las cosas tendrían que plantearse de otro modo; y a ello vino la teoría de los estados de espacio, del autor de este comentario al aporte del compañero José C. Martínez Nava.

 



[1]        Ibid. p.45.

[2]        Ibid. p.47.

 

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12 abril 2015 7 12 /04 /abril /2015 22:04

Molusco FumandoEl Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (4/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http:espacio-geografico.over-blog.es/

29 ene 13.

 

A lo anterior hay que agregar un hecho importante muy simple, pero determinante.  En 1995, aún no existía la Red Internacional de Información (Internet).  Y ello está vinculado a  otro hecho de particular  importancia: un reflejo determinado de la realidad objetiva, inducirá a una interpretación determinada de la historia; pero, dialécticamente, por lo inverso, una defectuosa interpretación de la historia, sólo dará un reflejo defectuoso de la realidad.  Y esa era una situación  crítica aún en 1995.  De una lectura general de la historia, habíamos desarrollado un modelo interpretativo de la historia que nos ayudó a entender mejor la realidad de la geografía, tanto en su historia como en su teoría, pero ese modelo, en su generalización a falta de fuentes documentales, estaba plagado de lagunas, de vacíos, de falta de continuidad, de falta de explicación de transiciones; y ello no podía sino inducir a un error tan crítico; hoy, casi veinte años después, visto evidentemente así; como el considerar la fundación de la geografía como ciencia moderna, en Alejandro de Humboldt y Carlos Ritter, en el siglo del romanticismo, cuando en esencia, ello ya estaba en el siglo anterior, en la Ilustración, pero, no casualmente, del que no sabíamos casi nada, y lo poco que conocíamos estaba totalmente distorsionado y nada entendíamos.  Y de ahí esas críticas contradicciones, como el juzgar a Humboldt y Riiter como los fundadores de la geografía científica moderna, y, a la vez, reconocerlos como idealistas subjetivos y origen contemporáneo de la idea equivocada de la geografía como ciencia de los fenómenos.

 

Cómo podría hablarse, por ejemplo, de una geografía como ciencia moderna, cuando aún ésta no tenía claro su propio objeto de estudio.  Evidentemente, nos faltaba información, y sobre su base, un esfuerzo aún mayor de abstracción y generalización.

 

A pesar de ello, con toda nitidez, se apuntaba en la dirección correcta, sin embargo, al retomar los antecedentes dados en estos trabajos, en el caso del autor aquí en análisis, luego de que en las dos primeras unidades de su obra ha tratado tanto con los fundamentos teóricos como con la historia de la geografía, de donde tales fundamentos teóricos se generalizan; en la tercer unidad de su Geografía Integral, pasa a abordar el tema que titula: “El espacio terrestre como sistema de elementos”, unidad particular de especial importancia, porque en ella se concreta, en un lenguaje y categorización al alcance del estudiante de la educación media superior, su propio planteamiento teórico acerca de la teoría del espacio terrestre.

 

En ello, todo se centra tan sólo en el enunciado del primer subtítulo: “El espacio: vacío o materia?”, el cual ya desde entonces, poseía con evidencia, una disyuntiva que estaba en el centro de la teoría del espacio desde el último tercio del siglo XIX, y ya enfáticamente durante el siglo XX, dada tanto en la física como en la filosofía; y la discusión estaba, significativamente, no en la respuesta en tal o cual sentido; en si el vacío era algo material o si simplemente no formaba parte de la realidad objetiva; sino en si tal disyuntiva era falsa o  no.  Todo ello dado particularmente en el ámbito de la filosofía y física dialéctico materialista.

 

Se formaron, pues, dos posiciones: 1) la mayoritaria, de aquellos que  negando la existencia del vacío, identificaban al espacio como las formas  materiales de las sustancias concretas, en la teoría einsteniana del continuum; y 2) la de unos cuantos, Kósiriev, Guerásimov, aquellos que se atrevieron a afirmar la existencia del vacío, e identificaban al espacio con éste, en su cualidad más esencial.  Era, pues, ya desde entonces, una falsa disyuntiva en la que se pretendía hacer del vacío una abstracción metafísica.

 

Un argumento débil de esto último, siendo una expresión funcional del vacío, la expresa el autor: “el vacío, lo que no está ocupado por cuerpos materiales”[1], establece el vacío tan sólo como “la ausencia de algo”, donde lo que queda es “nada” (nada de ese algo), induciéndonos a la identidad, primero, del espacio con el vacío, y luego de éste con “la nada”, resolviéndose así en la metafísica.  Ciertamente, el espacio, como el tiempo, son dos propiedades universales de la materia, de modo que no puede haber espacio sin materia, como estado material sin la propiedad sin la propiedad espacio-temporal.

 

Hasta antes de los experimentos de Otto von Guericke a mediados del siglo XVII al crear estados de vacío y estudiar sus propiedades, y cuando se identificaba (como incluso todavía en muchos casos), la materia con la sustancia, ciertamente el vacío podía identificarse, a su vez, con “la nada” (lo que no es sustancia=materia), y por lo  tanto, lo que  no es material.  Pero los experimentos  de Guericke demostraron nos sólo que el vacio existía, sino que tenía que ser, en consecuencia, algo perfectamente material, aún sin ser sustancia.  Pero ese “algo” que podía ser material sin ser sustancial, la física tardó en definirlo, haciéndolo sólo hasta el siglo XIX con el concepto de campo (térmico, lumínico, eléctrico, magnético, gravitacional (+p), o de vacío (-p)).

 

Así, lo que finalmente habrá entre dos partículas infinitesimales, será un campo, que sin ser sustancia, es completamente  material: como el vacío, así sea relativo en los distintos estados de densidad, que finalmente Einstein identificará con la constante cosmológica cuya energía (-p), es opuesta al campo gravitacional (+p), donde el valor de (–p) se incrementará de manera directamente proporcional a la disminución de la densidad (o conforme a la tendencia al vacio absoluto).  José C. Martínez Nava, así lo entendía ya entonces, y de ahí  que  concluya: “el espacio es la unidad de lo continuo… (los campos o estados de masa en reposo nula), y lo discreto (la sustancia)”[2].

 

De este modo, José C. Martínez Nava llegaba a las mismas conclusiones a las que nosotros habíamos arribado quince años antes en la investigación de nuestra tesis de licenciatura.  Parecería, entonces, que no habría lugar alguno a diferencias, pero sutilmente allí quedaron, y ello derivó en dos planteamientos distintos de la teoría del espacio terrestre: 1) el dado en el planteamiento del continuum einsteniano con el rechazo de la  noción del vacío (no aceptado ni en sus términos relativos); y 2) el planteamiento dado, por oposición, en lo que el autor de esta análisis sobre la obra de Martínez Nava denominó como el vacuum, con la aceptación del vacío reconocido incluso como la propiedad más general y esencial del espacio.

 



[1]        Ibid. p.43

[2]        Ibid. p.44 (paréntesis nuestros).

 

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