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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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8 junio 2014 7 08 /06 /junio /2014 22:04

Barimagnetoide y Simetría Geométrica DimensionalLa Teoría de la “Simetría Geométrica Dimensional”, en la Base de la Teoría del Espacio Geográfico

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

09 jun 14.

 

Por muchos años, en la tarea de echar los fundamentos de una geografía sistemática, ese fundamento culminante dado en la teoría del espacio geográfico, tuvo que esperar su momento propio, entretanto acumulábamos los elementos para ello.

 

Uno de esos principales elementos, fueron las figuras de Genadi Nicolaevich Katterfeld de los planisferios en proyección meridional como polar, expuestos por Alexandr Maxímovich Riábchikov en su “Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica”, 1976, pero figuras que están ahí sin mayor explicación, cuando es en ellas que está la esencia del análisis geográfico espacista de Katterfeld; lo que no nos permitía entender  lo que estaba ahí contenido, pero que nos dejaba ver que en ello había un avance importante en el estudio del espacio geográfico.

 

Hasta fines de 2012, aproximándonos al momento de tratar con la teoría del espacio geográfico, “por no dejar”, sin muchas esperanzas, hicimos una búsqueda de Katterfeld en la Red Internacional de Información, y nos encontramos con que la Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), de los Estados Unidos, había instalado en su sitio hacía muy poco tiempo atrás, una versión en inglés del esencial trabajo físico-geográfico de Katterfeld, “La Faz de la Tierra y su Origen”, de 1962; y entonces entendimos no sólo la esencialidad de la teoría completa del mismo, que denomina como “asimetría triaxial de rotación”, para la elaboración de la teoría del espacio geográfico, sino incluso, nos dimos cuenta de lo que lo que nosotros veníamos haciendo al respecto, en una analogía con la teoría de la cristalografía, en lo que constituiría nuestra teoría de “simetría geométrica dimensional”, convergía con lo planteado por Katterfeld como sus consideraciones antecedentes más generales de fundamento.

 

En otro artículo hemos narrado nuestra aproximación de unos años atrás, a la teoría del espacio geográfico, a partir de una fructífera analogía con el cristal.  El cristal es una estructura de espacio por excelencia, y de ello veníamos elaborando independientemente, en la misma dirección de Katterfeld, nuestra teoría de la “simetría geométrica dimensional”.

 

Esa nuestra reflexión independiente en el proceso de teorización del espacio geográfico, al igual que nos ocurrió con Hettner, tuvo la virtud de corroborar la objetividad de todo cuanto se había hecho y se estaba haciendo, además de que, aportando libremente nuestra reflexión, como lo hemos corroborado una y otra vez, pudimos dar solución más directamente, en nuestro propio entendimiento de la dialéctica materialista.

 

Lo que evidentemente se muestra en aquellos planteamientos de Katterfeld con fundamentos físico-geográficos, son una diversidad concreta de meridianos como planos de simetría, determinados en su mayoría por agentes exógenos; una serie de paralelos especiales que muestran la simetría de fuerzas endógenas, dos círculos secantes, uno en el Océano Pacífico, y otro, teniendo como centro a África, que son resultado, precisamente, de la “asimetría axial de rotación”.

 

En nuestro caso, con la teoría por analogía de la “simetría geométrica dimensional”, con un fundamentos filosófico-geográficos, nos remite a las propiedades más generales y esenciales de origen en la noción del espacio: los ejes, ángulos y planos de simetría en abstracto, que dan, en sus combinaciones posibles, siete estructuras básicas del espacio; el carácter microscópico del ser humano y de toda forma de vida conocida respecto de las dimensiones de la Tierra como planeta, induce a pensar en ésta como algo rígido, monolítico, inamovible.  Conforme se estudian las ciencias naturales, esa idea va cambiando y se entienden sus movimientos y su estructura interna, y lo último en aceptarse, es que la Tierra sea, en su propia esencia, un cuerpo enormemente plástico; esto es, capaz de dilatarse, contraerse, deformarse y cambiar de mil maneras, ya bajo la acción de múltiples fuerzas cósmicas (exógenas), o bien por las fuerzas de su propia inercia de formación y evolución (endógenas).  Y en esta consideración, esas siete estructuras básicas del espacio, no representan, mecánicamente, un único y alternativo estado fijo posible del espacio terrestre, sino sus posibles transformaciones, desde la condición teórica más ideal de una estructura isométrica de la simetría regular del espacio en la que a esta estructura más sencilla corresponde un máximo de energía potencial o estática; hasta una estructura reomboédrica de mayor complejidad y una energía transferida a una mayor dinámica del espacio.  Con ello, incluso, en posteriores artículos hicimos una reinterpretación de los modelos de espacio dados en las principales mentes del pensamiento geográfico en la historia, dado que en la objetividad del mismo, éstos ahí estaban, aún en la inconsciencia de ello de sus autores.

 

Al estudiar a Katterfeld[*], lo que descubrimos fue la lógica necesaria de la convergencia de ambas teorías.  La dimensionalidad del espacio en tres magnitudes representada en sus ejes (x,y,z), dan, de suyo, una simetría (o asimetría) geométrica.  Esos ejes subtienden planos (a,b,c), que para el caso concreto de su aplicación al espacio terrestre, éstos se asimilan a los planos meridianos básicos de la simetría de Katterfeld.

 

Con ello (en esa objetividad dada por trabajos independientes que convergen en una misma idea, finalmente están en plena posibilidad de poder elaborar la teoría del espacio geográfico.  Pero esta teoría no puede presentarse como un simple cúmulo ordenado de ideas por todo lo objetivo y verificados que sean; esta teoría tiene que presentarse como una rígida formalización teórica en lo que se conoce como axiomatización; es decir, por la deducción  sistemática a partir de la exposición histórica en los postulados, y a partir de ellos, de los principios y los propios axiomas, que saltan a los teoremas, lo cuales, ya no son producto de la experiencia empírica, y han de demostrarse en forma lógica hipotético-deductiva.

 

Ello forma los fundamentos filosófico-geográficos abstractos de la teoría, a la vez que ésta va expresando su contenido físico-geográfico en las propiedades concretas del espacio geográfico.  Teoría concreta que en su necesario carácter predictivo, en las nuevas aplicaciones, ahora ya de una geografía sistemática, atisba ya otra posible explicación, incluso simultánea, al fenómeno del calentamiento global, a partir de la actividad tectónica, causada por la asimetría del espacio geográfico, tanto por el comportamiento de su estado discreto, como por las variaciones de las magnitudes de su estado continuo.

 

 

[*]    El estudio del trabajo, “La Faz dela Tierra y su Origen”, 1962, de G.N. Katterfeld, lo habíamos iniciado a principios de 2013, hasta que una represión política nazi-fascista del Gobierno del D.F. por nuestra asesoría filosófico-pedagógica al movimiento magisterial, frente a la Reforma Educativa oscurantista del Estado, interrumpió ese estudio hasta ahora, un año después, en 2014, y por la necesidad urgente de culminar en la elaboración de la teoría del espacio geográfico.

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1 junio 2014 7 01 /06 /junio /2014 22:04

Ejes de Simetría de KatterfeldQué es la Geografía; la Geografía en pos del Descubrimiento de sus Propias Leyes Teóricamente Deducidas.  (51/51) 

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri. 

http://espacio-geografico.over-blog.es/ 

08 mar 14.


 

Toca, al final de esta serie de artículos en los que hemos dado nuestra respuesta categórica, universal y afirmativa histórica, filosófica y científicamente fundada, a qué es la Geografía, el referirnos a su prospectiva.

 

A cada siglo en la historia de la Geografía le caracteriza algo que nuestra de uno u otro modo el avance y desarrollo progresivo de este saber.  Para no remontarnos más allá, así como al siglo XX le caracterizó el gran debate final acerca de su naturaleza, aclarado ello, resultó un problema que no era  simple, incluso al pensamiento humano en general; lo que caracteriza ahora al siglo XXI, es el resultado de la solución a ese gran debate.  Si la solución fue echar los fundamentos  de la geografía como ciencia moderna rigurosa, lo obligado por delante en el desarrollo de esta ciencia, es consolidarla como tal con el descubrimiento de las leyes teóricamente deducidas que rigen su objeto de estudio, el espacio objetivamente dado.

 

Cada siglo tiene su propia condición maravillosa que muy pocos identifican y saben trabajar en ella haciendo las contribuciones notables.  A las generaciones de geógrafos del siglo XXI, les va a corresponder trabajar en ese momento culminante del pensamiento científico, que es descubrirle a la faceta de la realidad estudiada sus secretos: las leyes de una ciencia, justo eso que hace a una ciencia se ciencia[*].

 

Y el comienzo en ello debe ser simple, como la refutación de Galileo a Aristóteles acerca de la caída de los cuerpos; con la perspicacia de un Kepler para arrancarle a los registros metódica y sistemáticamente reunidos, las regularidades de los hechos.

 

El punto en el que está la geografía hacia mediados de la segunda década del siglo XXI, es en el de la noción del espacio geográfico como un barimagnetoide integrado por un complejo de sistemas coordenados de espacio-tiempo, lo cual implica su movimiento, que expresa las regularidades de la dialéctica de sus estados de espacio continuo-discretos.

 

¿Qué leyes espacio-temporales rigen el movimiento y desarrollo de ese espacio geográfico o barimagnetoide?  Estas, por supuesto, no han de buscarse en ninguna otra parte, sino en él mismo.

 

La dialéctica de los estados de espacio continuo-discretos nos dice que así como de la naturaleza del estado discreto depende el comportamiento de los estados de espacio continuos, los parámetros de los estados de espacio continuo nos hablan, como ya lo vieran M.A. Kósyrev y Andrei Nicolaevich Krasnov hace mucho y así lo expresara, de una asimetría causal, que determina el comportamiento de los estados de espacio discreto.

 

Así, a los datos tomados de la obra de Alexandr Maxímovich Riábchikov, Estructura y Dinámica del la Esfera Geográfica, 1976, a los 5,977 trillones de toneladas de la masa terrestre de entonces, habrá que agregarle unos 40 millones de toneladas más de material cósmico precipitado a la Tierra en ese lapso (una insignificancia, apenas una 67 billonésima parte de su masa total).  Pero esto, entre otros factores endógenos determinantes, es lo que da lugar a la contracción y expansión del radio  polar norte de 6,356.87 km (1976), hasta en 0.2 cm/año, para liberar, con ese valor insignificante, pero en el conjunto del planeta, 1.7 x 1029 erg/año (o el equivalente a 11 trillones de calorías por día).  Esto último podría ser, no obstante, de interés para el astrofísico o el geofísico; geográficamente lo que de ello nos interesa, son las variaciones en las magnitudes de espacio.

 

Esas variaciones en las magnitudes de espacio, característicamente asimétricas, operan como causalidad en el movimiento y desarrollo del espacio geográfico expresado en el barimagnetoide.

 

Es ahí, quizá, donde habrán de buscarse las primeras leyes elementales, pero teóricamente; es decir, cuantitativa, métrica y matemáticamente, deducidas.

 

La luna desempeña un papel muy importante en el sistema, de hecho, fundamental, habrá que estudiar lo determinante en la influencia del moviiento de la línea de los nodos en la simetría-asimetría del barimagnetoide, etc.  En suma, que le llegó la hora al conocimiento geográfico de la elaboración del registro propio acerca de su objeto de estudio.  Y esto abre nuevamente un horizonte pleno al desarrollo de esta ciencia, caída en una rutina estéril en el último medio siglo.

 

Ahora, en la más maravillosa convergencia de trabajos independientes, la plena objetividad de lo dicho se confirma al estudiar los aportes físico-geográficos de Genadi Nicolaevich katterfel (1927-2013), de los cuales apenas recien en 2012 hemos tenido conocimeinto: su teoría de la "triaxialidad asimétrica de rotación", cuyos resultados complejos se muestran en la imagen (con dos o tres agregados nuestros, entre ellos, principalmente, los meridianos de la simetría tetraaxial, y la anularidad del baricientro, que derivan de nuestros propios aportes filosófico-geográficos dados en nuestra propia teoría que denominamos de "simetría geométrica de la diemsionalidad");  Por el nivel de generalidad (no por su cronología), nuestra teoría viene a ser antecedente de lo planteado en su teoría por Katterfeld; y así como la teoría de la "triaxialidad asimétrica de rotación" se condensa y encuentra sus fundamentos en la teoría de la "simetría geométrica de la dimensionalidad", ahora ésta se despliega y encuentra su demostración objetiva en aquella.  Finalmente, podemos ya a empezar a hablar de una geografía como ciencia rigurosa del estudio del espacio.

Ejes de Simetría de Katterfeld 

 

Conclusión.

 

A cada generación le toca contribuir con algo en el avance del conocimiento.  Cada generación debe procurar hacerse de la mayor consciencia posible acerca de las características de su momento histórico y del pensamiento más avanzado en él.  A nosotros nos tocó contribuir con un hecho notable, consecuente a las características de nuestro propio momento histórico: cerrar el gran debate acerca de la naturaleza de la Geografía dado en el siglo XX, con los fundamentos teóricos sistemáticos de la misma; echando los fundamentos teóricos de mayor rigurosidad de esta ciencia para el siglo XXI, que ha convergido extraordinariamente con los trabajos físico-geográficos de Katterfel que vienen de más atrás, de 1962, con lo cual estamos ya en plena posibilidad de elaborar con plena fuerza de convicción científica, la teoría del espacio geográfico.  Para nosotros lo fue todo, toda nuestra vida profesional se aplicó en ello; para las futuras generaciones, será sólo la base, el punto de partida para su ulterior desarrollo en el que habrán de aplicar sus propias vidas en pos de lo que falta: el descubrimiento de las leyes teóricas, hipotético-deductivamente establecidas, del espacio geográfico.

 



[*]    Es con el descubrimiento de las leyes que rigen en el espacio geográfico que la Geografía se definirá por sí sola, objetivamente, como ciencia, sin que tenga que esgrimirse más ningún argumento subjetivista de convicción.

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25 mayo 2014 7 25 /05 /mayo /2014 22:04

Espacio Geográfico Natural, VoyagerQué es la Geografía; Introducción a la Teoría del Espacio Geográfico.  Preámbulo (49/)

 

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 

http://espacio-geografico.over-blog.es/

 

6 mar 14.

 

 

Preámbulo.

 

Con el artículo acerca de la síntesis de la teoría unificada de la geografía, básicamente hemos terminado de dar nuestra respuesta a qué es la Geografía, a qué se refiere esta ciencia, acerca de qué trata este saber, el cual ha evolucionado de la ciencia clásica griega en la que quedan dados todos los fundamentos de la misma, así como su contradicción teórica esencial que le dio movimiento a lo largo de la historia justo hasta nuestro tiempo.

 

Por esa contradicción, la geografía ha tenido que moverse de un conocimiento descriptivo, exclusivamente acerca de las cualidades de lo concreto empíricamente dado a los sentidos, a un conocimiento en el que ya se observa una cierta cantidad de regularidades esenciales que expresan su verdadero objeto de estudio, si bien aún confuso y poco claro; donde esas regularidades constituyen, en principio, sus necesarias leyes objetivas empíricamente dadas; pero, a partir de las cuales, y sólo a partir de las cuales, será posible elevarse a un carácter abstracto más profundo, que supone registrar, cuantificar, medir y recurrir a los métodos matemáticos, para descubrir ahora las leyes teóricamente deducidas, en tanto escapan, de principio, a los órganos de la precepción sensible directa, acerca de la naturaleza de su objeto de estudio.

 

A la Geografía, pues, para consumarse como ciencia rigurosa, estrictamente dicha en todo su contenido y extensión, le queda por delante trabajar en esa dirección de la búsqueda de sus leyes teóricas esenciales acerca de la naturaleza de su objeto de estudio.  Mas, antes, ello supone disponer de una completa, coherente y lógicamente consistente teoría del mismo.

 

Su verdadero objeto de estudio: el espacio geográfico, ha sido puesto en claro en cuanto a su realidad y naturaleza en el curso de los últimos treinta años (1980-2010).  Se hace necesario ahora ya, pues, darle cuerpo de teoría, de modo que sirva como fundamento necesario y suficiente al desarrollo de la geografía en tanto ciencia rigurosa.

 

Si la geografía se refiere al dónde en la descripción (el grafos o trazo de la Tierra en el mapa) del lugar de la Tierra, la geografía se refiere, entonces, al estudio del espacio, en particular, del espacio que tiene como sistema de referencia a la Tierra, y de donde el adjetivo de “geográfico” (aunque luego susceptible de ser generalizado a todo otro astro posible).  Luego, si la geografía se refiere al estudio del espacio así determinado, la pregunta primera de toda otra pregunta posible a la cual el geógrafo tiene que responder, es: ¿Qué es el espacio así determinado, en este caso particular, por la Tierra?, ¿cuál es la realidad y naturaleza del mismo?  Todo lo demás en esta disciplina de conocimientos , sin un respuesta a ello, resulta una fruslería.

 

La respuesta, por supuesto, necesariamente, está siendo diversa; se hace obligada esa creatividad de pensamiento para avanzar con firmeza en la dirección correcta.  La condición que nos impone el pensamiento científico, es que esa creatividad se desprenda de la realidad objetiva (de antemano ha de descartarse la creatividad literaria de un pensamiento subjetivista fantástico hasta lo metafísico), y será tanto más certera aquella teoría, cuanto más ésta refleje o descubra las verdaderas propiedades y condiciones que rigen en la naturaleza objetiva del espacio.

 

Entre todas las respuestas posibles que el pensamiento geográfico objetivo puede dar creativamente con los fundamentos de la ciencia, nosotros aquí presentamos la Introducción a nuestro planteamiento acerca de la teoría del espacio geográfico.

 

Desde que este hecho fue firmemente sustentado a principios de la década de los ochenta del siglo XX, ciertamente muy poco es lo que en treinta años se había avanzado en ella.  Más aún, dos desviaciones se suscitaron bajo el pensamiento idealista en geografía: 1) al tomarse nuestras ideas por plagio, se suprimió en ella toda dialéctica en las categorías, y 2) luego, bajo la influencia de la ideología de la “posmodernidad”, se suprimió la elaboración teórica como reflejo objetivo de la realidad objetiva, supliéndola por un subjetivismo extremo absolutamente infértil.

 

Al retomar nosotros el tema, comenzamos una elaboración teórica por una analogía que insospechadamente nos condujo a los fundamentos científicos (objetivos, causales, lógicos, verificables en los hechos, y predictivos), de la teoría del espacio geográfico.

 

En el proceso nos hicimos del texto de G.N. Katterfeld, La Faz de la Tierra y su Origen, 1962, cuyos elementos confusamente conocimos desde 1976 expuestos por A.M. Riábchikov en su Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica; y resultó que la teoría de Katterfeld conciliaba perfectamente con la analogía y su desarrollo teórico con que veníamos trabajando, a tal punto que todo ello es hoy (2014), un fundamento sólido y consistente de la teoría del espacio geográfico, dialéctica y objetivamente dada.

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25 mayo 2014 7 25 /05 /mayo /2014 22:04

Qué es la Geografía; Introducción a la Teoría del Espacio Geográfico.  Introducción  (50/)

 

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 

http://espacio-geografico.over-blog.es/

 

6 mar 14.

 

Introducción.

 

Hasta 1980, el espacio en geografía era, cuando se le consideraba, no más que mero sistema de referencia físico, sin necesidad de definición alguna.  En general, el concepto de espacio geográfico era el chizoviano-krasnoviano <<orden de coexistencias de las cosas en la superficie terrestre>>.

 

De 1980 a 2010, el espacio comenzó a ser ya considerado como el verdadero objeto de estudio de la geografía, pero, entre quienes impulsábamos tal teoría, estábamos a la vez en el proceso de construcción de la misma, desde la comprensión de la realidad y naturaleza del espacio; y entre quienes debía operar el viraje, se estaba aún, sin que pudiese ser de otro modo,  bajo la fuerte influencia de una idea de la geografía  que prevalecía de dos siglos atrás, entendiéndose a ésta como “ciencia de los fenómenos” (eso coexistente y distribuido en la superficie terrestre).

 

En el tránsito de 2011 a 2012, luego de una gran síntesis a nuestro trabajo profesional, precisamente desde 1980, y disponiendo ya de los elementos, si bien necesarios, aún no suficientes, a nosotros nos había llegado ya la hora de pasar a la definición de la teoría del espacio geográfico como un cuerpo de teoría lógicamente consistente.  Y esa insuficiencia no era ya, más que la necesaria reflexión personal sobre todo lo recabado; y en tal reflexión, empezamos obligadamente por una analogía: imaginar el espacio como un cristal.  En un principio creímos poder ver el espacio en la esfericidad de lo que en México lamamos como una “canica”, en particular esas transparentes que denominamos “agüitas”.  Pero apenas empezamos a tratar de enriquecer la analogía con datos más precisos, lo primero que aprendimos fue que lo que imaginábamos como un cristal,, no era más que un simple vidrio; y el siguiente paso fue entonces entender realmente qué era un cristal…, y, en efecto, encontramos en ello una fructífera idea para empezar a entender al espacio geográfico: puntos centrales, ejes, planos y ángulos de simetría tridimensional, y una clasificación de posibilidades de la estructura del cristal, como de esas posibilidades en el espacio, en la combinación de las modificaciones de tales propiedades, entre algunas otras que, por lo menos de momento, dejamos de lado a fin de no incurrir en el grave error de posibles traslaciones mecánicas de un ámbito a otro.

 

Hasta ahí, la analogía como elemento de método había cumplido fructíferamente su función; el espacio geográfico, como el cristal, disponía sin duda alguna, de esos mismos elementos, y empezamos a elaborar la teoría del mismo.

 

En el proceso, llegó el momento de tratar con la teoría de Riábchikov, pero, específicamente, con las ideas de Genadi Nicolaevich Katterfeld, de quien sólo conocíamos confusamente sus ideas, expuestas por aquel.

 

Ya hacia fines de 2012, sin muchas esperanzas, nos pusimos a la búsqueda de Katterfeld en la Red Internacional de Información, y la sorpresa fue mayúscula: de manera relativamente muy reciente, en 2009, la propia Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) de los Estados Unidos, había instalado en la Red e trabajo de Katterfeld, La Faz de la Tierra y su Origen, 1962; que luego d estudiar, nos confirmó que estábamos en la dirección correcta.

 

Desde Anaximandro, el espacio geográfico, así fuese espontánea e intuitivamente, quedaba entendido como un disco plano en el centro de una esfera o conjunto de esferas celestes, que giraban sobre el Eje del Mundo.  Los diámetros del disco, el Ecúmene, orientados respecto del Eje del Mundo siendo uno en la misma dirección y otro perpendicular a éste, más una perpendicular al mismo plano del disco, la altitud a las nubes o los astros, establecían la noción de las magnitudes o la dimensionalidad del espacio en tres coordenadas.  Luego esa tridimensionalidad del espacio geográfico fue dejando ver su complejidad conforme avanzaban los conocimientos geográficos; primero, pasando del plano a la esfera, y luego de la esfera al elipsoide, y posteriormente del elipsoide al geoide y al cardioide; y conforme ello, la aparente simetría regular de ejes y planos, fue mostrando en realidad una asimetría, que de exclusivo y unívoco aparente efecto en las propiedades del espacio, se convirtió en dialéctica y biunívoca causa de los mismos.

 

Hacia fines del siglo XIX, la complejidad en la comprensión del espacio geográfico se incrementó al descubrirse una coordenada más en él, por demás, enormemente extraña: el tiempo, perceptible en el movimiento, las transformaciones, el cambio de las cosas, y el espacio ahora era en realidad un “espacio-tiempo”.

 

Al llegar el siglo XX, ejes, planos y ángulos de simetría-asimetría, en un principio considerados como constantes, fijos, se observó que variaban en sus magnitudes (insignificantes en el conjunto del planeta y el espacio que determinan, pero de implicaciones enormes), y, en consecuencia, que se movían, es decir, que incluían la variable “tiempo”.

 

Finalmente, en el tránsito del siglo XX al siglo XXI, la investigación acerca del espacio geográfico reveló una complejidad aún mayor: hasta entonces éste se había determinado por el estado de espacio discreto del planeta, y más aún, como la superficie de éste; ahora incluirá su determinación, a su vez, por sus estados de espacio continuos, y por último, como lo que es; es decir, como esa dimensionalidad material de la dialéctica continuo-discreta, que, por lo tanto, abarca no sólo al planeta entero, sino a todo el espacio que se origina en el centro de éste y se extiende según el campo gravitatorio hasta la intersección de éste con el campo gravitatorio lunar.  Y del cardioide por triaxialidad asimétrica de rotación, se pasó a lo que nosotros hemos denominado como el barimagnetoide, un complejo de sistemas de ejes, ángulos y planos geométricos, gravimétrico, y magnético, simétrico-asimétrico de revolución.

 

Luego de la próxima publicación de algunos números de tiempo atrás programados de “<<Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica>>, y que ahora reproducimos aquí, en ésta se incluye ya la serie de artículos en los cuales desarrollamos nuestra teoría del espacio geográfico comentada en esta Introducción.

 

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18 mayo 2014 7 18 /05 /mayo /2014 22:04

Asimetría Polar, KatterfeldQué es la Geografía; Síntesis de la Teoría Unificada de la Geografía.  (48/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

02 ene 14.

 

Lo primero que tenemos que decir en este artículo, es que nunca creímos que nos tocaría a nosotros mismos elaborarlo.  Desde los años ochenta entendimos que era una especie de “fin último”, en la medida justo de lo que es: la teoría unificada de la Geografía; algo que sólo vimos en manos de manos muy lejanas de futuras generaciones de geógrafos, tanto más, en la medida de nuestra ignorancia de todo lo que implicaba.

 

A mediados de los noventa, “oficial” y furtivamente[*] se reconoció que la geografía es la ciencia del espacio; pero en los siguientes quince años, una nula formación del geógrafo en la ciencia y el método de la ciencia, propició que no hubiera ningún desarrollo mayor (y por supuesto, tampoco de los simples copista plagiarios que por quince años tanto presumieron de genialidad); la posibilidad de descifrar y entender todo cuanto hemos venido explicando en esta serie, estuvo ahí por todo ese tiempo.

 

Pudimos volver al escenario, y cuando lo hicimos, fue ya con mayores conocimientos y maduras ideas.  En tres años (2009-2012), recuperamos esos tres lustros extraviados: a) publicamos a placer todos nuestros trabajos dando a conocer con ello los antecedentes de nuestras ideas; b) nos actualizamos y sometimos a crítica las nuevas “geo-ocurrencias”, y c) retomamos tesis esenciales de reflexión de la geografía teórica, y entonces comenzamos a producir lo nuevo, y de pronto, aquello que veíamos lejano e incluso ajeno a nuestras posibilidades, comenzó a aparecer en nuestras manos, e impensadamente se empezó a configurar todo lo relativo y necesario para armar el cuadro del “fin último”: aportar nuestra teoría acerca de la unidad e identidad de la geografía como ciencia.

 

Ahora (213-2014), es tal la información y teorización, que tal teoría unificada de la geografía no se explicaría con suficiencia en un ensayo.  En nuestra mente está el ejemplo de aquellos manuales de materialismo dialéctico con los que nos formamos, comprendiendo la unidad e integridad del marxismo.  Hoy, fácilmente podríamos resolver en una obra semejante esto que de tiempo atrás denominamos como “teoría unificada de la geografía”.

 

De momento, para los fines de esta serie de artículos que dan respuesta general a qué es la Geografía, expondremos tan sólo la síntesis de dicha idea acerca de la teoría unificada, como un comentario brevemente argumentado.

 

La “teoría unificada” se denomina así, porque parte del supuesto de algo que se entiende fragmentadamente, en tanto sus partes o elementos, responden a leyes de distinto orden, y que en ello no sólo pierde integridad, sino, esencialmente, identidad, conocimiento de sí, de su lógica, propiciando su nulo desarrollo.

 

Por más de veinte siglos a la geografía se le planteó, unas veces con mayor intensidad que otras, la necesidad de resolver una teoría de su unidad e integridad como ciencia.  Del siglo XIX al XX fue uno de esos momentos, y de hecho el momento histórico de una gran necesidad de entender su unidad e identidad; y el siglo XX, fue “El siglo del Gran Debate”.  De la solución que hemos dado aquí a ese debate, tocándonos ser uno de sus protagonistas, nos es posible ahora explicar ese esquema de la geografía única como ciencia.

 

El principio unificador de la Geografía es la abstracción y generalización de las categorías de los fenómenos y el espacio.  Sin tal abstracción, la geografía permanecería empíricamente en el pretendido estudio de os fenómenos concretos; y sin esa generalización la geografía permanecería fragmentada en múltiples “geografías”, persiguiendo objetos de estudio disímbolos con métodos de estudio heterogéneos, sin que haya nada que permita pasar de manera continua y uniforme de unos aspectos a otros; de unos fenómenos a otros entre sí, como de éstos a unos objetos u métodos de estudio comunes, tal cual ocurre en los distintos campos de las más diversas ciencias.

 

Tal principio unificador se expresa entonces como: <<el estudio del espacio por las propiedades y leyes de los estados de espacio>> [e = f(ee)], lo cual da lugar al estudio del espacio por sí y para sí.  Es en la categoría de “estados de espacio”, los fenómenos despojados de sus propiedades particulares, que nos sólo todo fenómenos se resuelve de manera semejante, desapareciendo sus diferencias particulares, sino que ello se hace de acuerdo  con la conceptualización de un objeto y método de estudio en común: el espacio, y los métodos y técnicas del estudio del espacio, desde la geometría proyectiva, descriptiva, euclidiana analítica, esférica, topológica y diferencial.

 

Así, en el estudio de los estados de espacio, nada se puede saber acerca de los fenómenos, que no sea exclusivamente sus propiedades espaciales: su dimensionalidad, si distancia, superficie, volumen, movimiento, forma, transformación, comportamiento diferencial, morfometría, etc; pero geográficamente, nada más interesará que el conocimiento de esas propiedades y leyes espaciales (lo demás será ciencias del pensamiento, de la naturaleza o de la sociedad).  Al antiguo geógrafo fenomenista esto podrá parecerle simple, pero, primero, no entiende de ciencia, y segundo, si se consulta a los especialistas de las demás ciencias, se verá que esto es lo que están esperando del geógrafo para el desarrollo de sus propios estudios.

 

Una geografía única sobre la base del principio unificador de la abstracción y generalización de las categorías de los fenómenos y el espacio en la categoría de estados de espacio, permite establecer con consistencia lógica en la homogeneidad, un sistema de conocimientos hipotético-deductivos donde los postulados mismos de toda ciencia, deduciendo en forma axiomatizada, principios, categorías, leyes y teorías.

 

 

[*]    Furtivamente, como consecuencia del plagio de ideas y usurpación de nuestra teoría.

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11 mayo 2014 7 11 /05 /mayo /2014 22:04

Qué es la Geografía; el Debate de la Naturaleza de la Geografía en el Siglo XX en el Mundo.  (9)  (47/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

02 ene 14.

 

El debate de la naturaleza de la geografía en el siglo XX –hemos dicho– como proceso lógico de abstracción y generalización en las definiciones del objeto de estudio en su expresión como relación funcional, teniendo que superar la relación de lo concreto real para darnos en lo concreto pensado un conocimiento más profundo y exacto de la verdadera naturaleza de la geografía, condujo, en ese sentido, primeramente, a la tesis fenomenista de que: <<Todo conocimiento geográfico, es una “filosofía de la naturaleza”>> (llegada a expresarse incluso, más allá de toda relación de dependencia funcional, como “lo humano” o una “ecología humana”, en la forma de una “interacción Hombre-Medio”; y más generalizadamente en el subjetivismo relativista extremo del “imaginario” en el “constructo” de un “espacio socialmente construido”).

 

Luego, en la expresión funcional de la tesis fenomenista como: <<Todo conocimiento geográfico es estudio de los fenómenos en el espacio>>, cuyo antecedente está en el que: <<Todos los fenómenos en el espacio hacen un estudio tanto de lo extenso como de lo extendido>>, obligaba a corroborar la hipótesis de que, luego entonces: <<Todo conocimiento geográfico es un estudio tanto de lo extenso como de lo extendido>>, lo cual no puede hacerse sino en un nivel mayor de abstracción y generalización; siendo ello lo que condenó en el tiempo esta tesis.  Ese tiempo en el que, precisamente, se elaboraba una abstracción y generalización cada vez más precisa del reflejo de la realidad y naturaleza del espacio, que en tanto relativo (es decir, en relación con las cosas), habría de subsumir lógico-dialécticamente a los fenómenos, en la tesis opuesta, espacista, por la cual: <<Todo conocimiento geográfico es estudio en extensión (tanto de lo extenso como de lo extendido), corroborable por los antecedentes históricos por los que: <<Todo conocimiento de la extensión terrestre, es un estudio de sus propiedades espaciales>>, en la hipótesis de que, luego entonces: <<Todo conocimiento geográfico, es estudio de las propiedades espaciales>>.

 

Así, el estudio del espacio como lo dado por todas las formas de sustancia (estados discretos), y campos (estados continuos), y en donde el vacío puede ser entendido como la forma de un campo más, y como el más general y esencial; los fenómenos, abstraídos y generalizados ya como fenómenos discretos o bien continuos, quedan subsumidos como el estudio de lo extenso por sus propiedades espaciales.

 

Finalmente, quedó dada la respuesta a qué es la Geografía:

 

La Geografía es el estudio del espacio en su realidad y naturaleza objetiva, no sólo por las propiedades espaciales o de dimensionalidad material y movimientos como una forma de existencia de lo extendido, dado ya como los estados de espacio discretos de la sustancia, o bien como los estados de espacio continuos del campo, y las relaciones dialécticas de transformación de unos en otros, sino por las propiedades y leyes del espacio como una forma de movimiento de la materia reflejada en el concepto de vacío en su condición relativa.

 

Y en ello, a su vez, no sólo quedó resuelto un largo debate histórico, sino, más aún, llegó a su culminación la contradicción histórica fundamental del pensamiento geográfico en la que se luchó por acabar con la fragmentación y pérdida de identidad y unidad de esta ciencia.  En la dialéctica de la contradicción, cuando ésta se resuelve, se alcanza una nueva identidad, y esa es ahora la de una Geografía unificada.  Con el tiempo aflorará una nueva diferencia y contrariedad, pero ya no será de la fragmentación y confusión en el objeto de estudio, sino de sus teorías particulares internas; y el debate de nuevas contradicciones moverá el pensamiento geográfico a nuevos desarrollos.

 

De momento, en la identidad alcanzada por una geografía única, íntegra y en desarrollo, una nueva contradicción, ahora, decíamos, de sus teorías internas, se vislumbra en ella: esa enunciada en la misma definición del objeto de estudio, como la dialéctica de los estados de espacio continuo-discretos.

 

Para terminar esta historia, no nos queda ya sino: 1) dar la nueva síntesis de una teoría unificada de la geografía; 2) atisbar un tanto el futuro inmediato mostrando dos modelos de investigación determinística, uno para los estados de espacio discretos, y otro para los estados de espacio continuos; y ya con posterioridad a esta serie de artículos, 3) dar a conocer nuestra teoría del espacio geográfico; y 4) trabajar en la posible deducción de una primera ley teóricamente dada en geografía.

 

 

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11 mayo 2014 7 11 /05 /mayo /2014 22:03

La Luna (Blue Moon)

La Geografía de los “Nuevos Mundos”, una Antilla en la “Mar Vacui”: la Luna (2/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/ 

21 feb 14.

 

Conocimos los antecedentes del trabajo de Katterfeld a través de la obra, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de Alexandr Maxímovich Riábchikov, no por su explicación como tal, sino por un par de extrañísimas figuras en las que Katterfeld explica su hipótesis de la triaxialidad asimétrica por rotación de la Tierra, como causa de la formación del espacio geográfico, que, particularmente, él denomina “espacio geológico”.

 

Ley de la Zonalidad Planetaria 1, Riábchikov 

Mapa de la Asimetría Ecuatorial.

 

 Asimetria-Polar--Katterfeld.jpg

Mapa de la Asimetría Polar.

 

Riábchikov explicaba con ello otra cosa no del todo propia a las figuras, por lo menos no de una relación directa: la ley planetaria de la zonalidad (que directamente ésta viene desde Eratóstenes y la generalización de sus esfrágidas).  Y sin la explicación de esos mapas que quedaron así inintelegibles, y peor aún, de su uso para explicar otra cosa, el enredo o misterio sobre esas figuras se incrementó.

 

Haciendo el análisis de la historia de la geografía en su secuencia cronológica, al llegar a Riábchikov (1976), nos encontraos nuevamente con el problema, pero ahora ya en la en los inicios de la segunda década del siglo XXI, disponiendo de la Red Internacional de Información (Internet, de amplio uso comercial a partir de 1997), y encontrando por ahí en una búsqueda sin muchas esperanzas, el trabajo de Katterfel, el cual, sorprendentemente, fue instalado por la misma NASA en el año 2009, elaborado por éste entre 1953 y 1960, y publicado en Moscú en 1962, de donde la NASA lo publica en junio de 1969, y cuarenta años después, en 2009, lo instala en la Red Internacional de Información (Internet), de donde lo hemos tomado en 2012.

 

Hay aquí un principio fundamental: la esencia del conocimiento geográfico en su expresión contemporánea.  Apenas en los primeros párrafos del Capítulo I de su trabajo, Katterfeld apunta: “La ciencia geológica se encuentra en un gran esfuerzo para describir los cambios que tienen lugar en la superficie de la Tierra y sus partes componentes, pero no suministra ninguna respuesta a la cuestión de qué provoca la formación y distribución actual de las principales formas del relieve y los océanos, los continentes y las montañas.  En particular, la geología no dice nada acerca de una de tan sorprendentes características de nuestro planeta, como la concentración de los océanos en el hemisferio occidental y meridionales, y la concentración de laos continentes en el Este y el Norte”.

 

Sin embargo, Katterfeld, producto de su tiempo, no obstante su geografía eminentemente espacista, tiene en mente la influencia del concepto de la “geografía fenomenista” de su época, por la cual está entendiendo que “lo geológico, es geográfico”, y ese principio fundamental de la comprensión científica del espacio geográfico en su asimetría triaxial por rotación, por la cual se establecería el fundamento del conocimiento geográfico científico, escapa a Katterfeld por insuficiencia teórica propia a su momento histórico, y él mismo refiere su estudio al conocimiento de un “espacio geológico”, aún nos haya dicho con plena lógica, que “la ciencia geológica… no suministra ninguna respuesta…” a una cuestión eminentemente geográfica.

 

La contradicción en él se da, porque el “espacio geográfico”, sólo se entiende como la superficie terrestre (acaso vagamente como un hiperplano en el que esa superficie tiene algún espesor), y el interior de la masa terrestre se asigna como objeto de estudio de la geología.

 

El ajuste que hay que hacer aquí, y nosotros mismos lo tuvimos que hacer hacia 1987, es que el espacio geográfico, en este caso específicamente como espacio terrestre, comprende tanto el estado discreto de la masa terrestre y su propia geometría considerada desde su punto central, como el conjunto de sus estados continuos, entre ellos, principalmente el campo gravitatorio, que extiende dicho espacio hasta su interacción con el campo gravitatorio de la Luna.

 

Sin embargo, el espacio terrestre como ese hiperplano, para Katterfeld, es producto, dicho en sus propias palabras, de la “fuerza rotacional asimétrica cardioidal”; esto es, explica Katterfeld, que bajo la acción exclusiva de la gravedad, la Tierra resulta en una esfera; pero bajo la acción de la fuerza centrífuga como una componente adicional, la Tierra resulta en un elipsoide.  Pero para Katterfeld (y una serie de autores que le anteceden y cita puntualmente), la Tierra está sujeta a la acción de una tercera fuerza: la asimetría, de donde, en la resultante de componentes, la forma de la Tierra resulta en un cardioide.

 

Esa asimetría se produce, según Katterfeld, por una diferencia y variación en la compresión polar (5 cm/siglo), la cual ocasiona variaciones en el elipsoide en cuanto a rotación y dimensiones, y finalmente de la masa misma, variaciones que siendo aparentemente insignificantes por sus valores, hacen una fuerza poderosa (17 x 1030 ergs/siglo; o, 4 x 1023 calorías ), en el conjunto de las dimensiones de la Tierra.

 

Para Katterfeld, el sistema Tierra-Luna, forma en realidad lo que él llama, un “planeta doble”, formado por dos masas separadas gravitando una en torno a al otra respecto de un baricentro ubicado a unos 3,000 km de distancia de la superficie terrestre en dirección al centro de la Tierra.  Y ambas masas en un movimiento de rotación y traslación sincrónico en el origen de su formación, se provocan “crestas líticas de ola de marea”, cuyos máximos estuvieron precisamente, uno, en dirección del centro del Océano Pacífico, y otro en su antípoda, con centro en el continente de África.  Luego, las masas gravitatorias de esos cuerpos aún en un mayor estado plástico, tenderían a retraerse, alejándose del centro geométrico de giro y ocasionando la triaxialidad y asimetría, que diese lugar a la formación tanto de la cuenca del Océano Pacífico en la Tierra, como del “Océano de las Tormentas” y los que rodean a éste, en la Luna.

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4 mayo 2014 7 04 /05 /mayo /2014 22:04

Qué es la Geografía; el Debate de la Naturaleza de la Geografía en el Siglo XX en el Mundo.  (8)  (46/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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31 dic 13.

 

La Geografía como ciencia del estudio del espacio (y éste como las propiedades de sí  mismo), podía definirse ya por lo homogéneo en una abstracción y generalización científicamente dada.

 

Queda en ello definir lo que se entiende por espacio, y por las propiedades esenciales de éste, lo hemos enunciado como: “la dimensionalidad material de la dialéctica continuo-discreta”.  El espacio es eso, la dimensionalidad de un “algo” material, dado en la dialéctica o relaciones entre los estados de espacio en sus propiedades de sustancia o campo.

 

Finalmente, responder a qué es la Geografía, es exponer que ésta es la ciencia del estudio de la dimensionalidad material de la dialéctica o relaciones entre los estados de espacio en su forma continua o discreta, como de campo o sustancia.  El siguiente punto, será responder en qué consiste ello, y esencialmente, sin referir nunca más a los fenómenos como tales; pero, por el momento, la respuesta a la pregunta planteada ha sido dada.

 

El debate acerca de la naturaleza de la geografía en el siglo XX fue, en primer lugar, y en general, porque a esta ciencia le había llegado su momento histórico de ponerse en claro en el concierto de las ciencias, su propia identidad con la determinación y definición de su objeto de estudio, pero, del cual derivar su método, y con él, la integridad de su cuerpo de teoría científica acerca de una faceta dada de la realidad; y, en segundo lugar, porque con el alto nivel de especialización de las ciencias y un conocimiento cada vez más avanzado reclamando por su propio desarrollo el esclarecimiento de la faceta de la realidad propia al conocimiento en esta ciencia, la contradicción histórica esencial del pensamiento geográfico llegó a su punto de agudización más extrema.

 

Si el debate se prolongó por todo un siglo, básicamente fue por una sola razón: del concepto de espacio como reflejo de una faceta de la realidad objetiva, aún no sólo no estaba claro en su naturaleza, sino incluso en su realidad misma.  La noción del espacio más avanzada, hemos visto, estaba dada en la física de Einstein en su idea del continuum, no del espacio como un “algo”, sino tan sólo como “la espacialidad”, es decir, tan sólo como un conjunto de propiedades espaciales, y en el pensamiento filosófico más avanzado dado en la dialéctica materialista, no sólo se tomó posición por la definición einsteniana, sino se condenó  como metafísica toda otra opción que atribuyese al espacio una condición de un “algo” independiente del continuum (es decir, en el sentido no sólo del espacio como el vacío recipiente, sino incluso del espacio como un “algo natural” relativo, esto es, no únicamente coexistente con los movimientos de la materia y sus sustratos portadores, sino con las formas de existencia, que no fuese el continuum mismo), sorprendentemente, identificando el vacío con “la nada”, ciertamente este último concepto, una noción metafísica.

 

Sólo los adelantos tanto en física como en filosofía dados en las últimos años del siglo XX, como, principalmente en los inicios del siglo XXI, permitieron darle al vacío categoría de realidad material objetiva, de donde el concepto de espacio tuvo que reelaborarse, y con él, la definición del objeto de estudio real del conocimiento geográfico.

 

La solución al debate, en consecuencia, fue, al mismo tiempo, la solución a la contradicción histórica esencial  del pensamiento geográfico, su culminación.  El desarrollo dialéctico históricamente dado  de dicha contradicción, hizo que en la síntesis de la identidad del conocimiento geográfico dado por Eratóstenes (la espacialidad de la Tierra por su forma y dimensiones, con el registro cartográfico de todo lo existente en él), Posidonio observara que había una diferencia: la preeminencia de una filosofía de la naturaleza; y su discípulo Estrabón, llevó entonces esa diferencia al grado de tajante contrariedad en el pensamiento geográfico, en donde se negó que la geografía fuese sólo el aspecto eratosténico enunciado y principalmente él, aun cuando sin negarlo como tal.

 

En el renacer de la ciencia y su determinación en su forma moderna durante el período de la Ilustración, esa contrariedad escaló al grado de contradicción plena, es decir, de negación excluyente mutua entre el fenomeniosmo estraboniano y el espacismo eratosténico; y si en el siglo XVIII dominó el criterio espacista, en el siglo XIX las cosas se invirtieron y dominó el criterio fenomenista.

 

No siendo, al final, una contradicción antagónica, sino habiendo un carácter indisoluble entre sus opuestos, el debate de la naturaleza de la geografía en el siglo XX se planteó como la necesidad de la subsunción lógico-dialéctica de un opuesto en otro.  Y eso es lo que está en el fondo como proceso de abstracción y generalización en las definiciones del objeto de estudio en su expresión como relación funcional, no bastando el subsumir un opuesto en el otro en forma de dependencia.  El pensamiento abstracto y la generalización tenían que superar esa relación de lo concreto real, para darnos, en lo concreto pensado, un conocimiento más profundo y exacto de la verdadera naturaleza de la geografía.

 

 

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4 mayo 2014 7 04 /05 /mayo /2014 22:03

La Luna (Blue Moon)La Geografía de los “Nuevos Mundos”, una Antilla en la “Mar Vacui”: la Luna (1/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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20 feb 14.

 

Nunca, hasta ahora (a excepción de G.N. Katerffeld), los geógrafos habíamos visto la importancia del Satélite de la Tierra: la Luna, en los estudios geográficos.  La Luna se había dejado siempre como objeto de estudio de los astrónomos y como algo ajeno a la geografía.  Pero resulta que este astro tiene tanta importancia como la Tierra misma en esta ciencia.

 

Esta importancia no se había podido ver desde una “geografía fenomenista”, con todo y una posible “Geografía Astronómica” o algo parecido.  Es sólo con el desarrollo inicial de una “geografía espacista” (o simplemente dicho ahora, desaparecida esa división, con el desarrollo de la geografía como ciencia), que puede entenderse la importancia de la Luna en los estudios geográficos.  Simplemente, de ella depende la comprensión del origen evolución y delimitación del espacio geográfico, así como de buena parte de las propiedades de éste.  Más aún, la Luna se constituye como el más extraordinario laboratorio para el conocimiento geográfico en general, y del espacio terrestre en particular.

 

Las hipótesis acerca del origen de la Luna se reducen a dos: 1) parte del proceso de la hipótesis nebular del origen mismo del Sistema Solar, y 2) como consecuencia del violento origen planetario en la hipótesis catastrofista, como un colosal impacto entre dos mundos.

 

En cualquiera de los dos casos, ello determinó para siempre, en el remoto pasado de la Tierra, las características tanto de su estado de espacio discreto, como de su estado de espacio continuo general.  En ambas circunstancias, el punto clave es explicar la formación estructural del Océano Pacífico.  En la hipótesis catastrofista, éste sería consecuencia de la “cicatriz” del impacto; e incluso el Satélite mismo estaría formado en parte con los restos de esa antigua Corteza Terrestre.  Esa es una explicación posible no únicamente de las “tierras bajas” de la cuenca del Pacífico y de las “tierras altas” del hemisferio dominantemente continental afro-euro-asiático, sino, a su vez, de las “tierras bajas” de los “mares” de la Luna (de su cara visible), como de las “tierras altas” de su cara opuesta oculta a la vista.

 

Sin embargo, una situación semejante se observa en Marte, aun cuando en este caso, entre sus Hemisferios Norte y Sur (primera dificultad), y con la ausencia de todo rastro del masivo cuerpo que hubiera impactado en Marte (segunda dificultad).

 

De modo que las cuencas del Océano Pacífico en la Tierra, como del Océano de las Tormentas, el Mar de las Lluvias y el Mar de la Nubosidad en la Luna, han tenido que ser explicadas con los elementos de la hipótesis nebular, lo que constituye el muy importante e interesante trabajo del geógrafo ruso Genadi Nicolaevich Katerffeld (1969).

 

En la hipótesis nebular de la interacción de unos 3000 millones de años, como ocurrió en el origen de formación de la Tierra y la Luna, de dos masas en estado plástico (si bien ya con una Corteza solidificada), gravitando entre sí en forma sincrónica en su rotación y traslación una respecto de otra de modo que una de sus caras mutuamente queda siempre de frente a la otra, en esencia, la hipótesis de Katerffeld consiste en que, parte de la atracción que se resuelve con la distancia entre esas dos masas, se compensa con el alejamiento plástico del centro de la masa gravitatoria en cada una.

 

Dicho desplazamiento de la masa gravitatoria del centro de cada cuerpo es lo que ocasiona simultáneamente dos cosas: en las caras puestas una frente a otra, se forman las depresiones que dan lugar a las cuencas oceánicas o de las “tierras bajas”; y en los hemisferios diametralmente opuestos y más alejados, se forman las “tierras altas” de las elevaciones continentales.

 

 

Luego, hará unos 2000 millones de años se rompe esa sincronía y dichas masas, incluso más consolidadas, comienzan a alejarse entre sí un poco más.  Es así, finalmente, lo que explica el proceso de formación del espacio geográfico tanto terrestre como lunar.

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27 abril 2014 7 27 /04 /abril /2014 22:04

Qué es la Geografía; el Debate de la Naturaleza de la Geografía en el Siglo XX en el Mundo.  (7)  (45/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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31 dic 13.

 

Conclusión al Debate acerca de la Naturaleza de la Geografía.

 

En el I Momento Histórico de Abstracción y Generalización de las categorías de “espacio” y “fenómenos”, básicamente los “fenómenos” son abstraídos y generalizados en los “hechos geográficos” y la morfología de éstos, dados por lo empíricamente perceptible, así como el “espacio”, es abstraído y generalizado en los conceptos de lugar y región.  En el II Momento Histórico la abstracción y generalización va dirigida al concepto de “espacio”, entendido como el orden de coexistencias y en la noción de superficie terrestre.  En el III Momento Histórico, esos elementos son retomados en un intento de abstracción y generalización simultánea de las categorías de “espacio” y “fenómenos”, en la categoría de región corográfica, con una referencia más particular a las propiedades de espacio en los conceptos de lugar, localización, distribución y relaciones.  En el IV Momento Histórico, en una nueva solución simultánea de abstracción y generalización de las categorías fundamentales de los “fenómenos” y el “espacio”, se introducen los conceptos de “paisaje”“morfología del paisaje”, como un ámbito espacial (semejante a lo corográfico), y “unidades morfológicas”, como abstracción y generalización de los fenómenos; aquí el debate se agudiza; se hace evidente que en la categoría de “unidad morfológica” se está dejando de lado a los fenómenos como tales y de su estudio en sí mismos, a lo que se ofrece una particular resistencia; pero otro tanto ocurre con el poco afortunado concepto de “paisaje”.  Tendría que transcurrir medio siglo para que, desarrollada la teoría de la regionalización, se introdujera el análisis cuantitativo; y siendo ya más comprendida la teoría del continuum de Einstein, se diese lugar al V Momento Histórico de este complejo proceso; los fenómenos fueron abstraídos y generalizados ya en los conceptos de “elementos” o bien “fases”, en un espacio entendido precisamente como el continuum.  Pero el análisis regional y cuantitativo, no obstante, siguió siendo en forma del estudio de los fenómenos en sí mismos, tan sólo en un ámbito espacial de referencia, los “elementos” o las “fases” siguieron siendo, a su vez, tratamiento de los fenómenos apenas justificados en la teoría del continuum, pero el continuum mismo dejaba de lado la propiedad más esencial del espacio: la extensión, abstracción hecha de lo extendido.  Y en consecuencia, tuvo que darse, aún más, un VI Momento Histórico de Abstracción y Generalización de las categorías de “fenómenos” y “espacio”, y en éste, cuyo autor es el protagonista de estas líneas, el espacio se tomó en su esencialidad como el vacuum (un vacío no absoluto, sino relativo y coexistente con los fenómenos, esas formas de existencia de la materia en sustancia y campo, fueron abstraídas y generalizadas como “estados de espacio”.

 

La propiedad el manejo, primero, de elementos heterogéneos, y, segundo, de éstos como elementos concretos, obligaba a su vez a la definición del objeto de estudio de la Geografía como una relación de dependencia funcional; pero ello, al mismo tiempo, imponía, consciente o inconscientemente, la necesidad de la abstracción y generalización (dados los hechos concretos, por demás heterogéneos).

 

Un siglo duró el debate acerca de la naturaleza de la geografía dada en términos de relaciones funcionales, en las que escondidamente, subyacían esfuerzos de abstracción y generalización poco o nada teorizados.

 

La expresión de dependencia funcional de los fenómenos en función del espacio: f = f(e), pero más propiamente dicho aún, del espacio en función de los fenómenos: e = f(f), como lo observara Sáenz de la Calzada, hacían identidad entre sí, en su identidad simultánea con el continuum einsteniano, el cual es la totalidad de los fenómenos (elementos), y al mismo tiempo, la espacialidad sustancial de éstos, es el espacio mismo dado por las propiedades espaciales; donde el espacio como un “algo” (histórica e intuitivamente identificado con el vacío) independiente del continuum, no existía.

 

Siguiendo nosotros el análisis dialéctico de G. Guerásimov dado en su obra: Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico (1966), acerca de la necesaria existencia del vacío como un “algo”, que así respondía a su vez a nuestra intuición, no podía quedar en el espacio en función del continuum: e = f(c), donde c es la totalidad espacial de los fenómenos.  Entonces elaboramos la idea opuesta: el vacuum, en donde, en principio, el espacio es estado de vacío como su propiedad esencial, y luego, la coexistencia del vacío con las cosas (dicho de momento así), establecía la relación funcional: e = f(f), o en su expresión más general, como “el vacío (v) en función del continuum o los elementos (E)”: v = f(E); pero como los fenómenos, como los elementos, son formas de espacio en el continuum, en nuestra versión pasaron a ser, como lo denominara Engels, “formas de existencia”, o como lo denominamos nosotros, “estados de espacio”; de modo que el vacío (espacio en su esencia) es una función de los estados de espacio: e = f(ee), de lo que resulta, en conclusión, que el espacio es una función de las propiedades de sí mismo: el vacuum.

 

 

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