Overblog Seguir este blog
Administration Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:39

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento
de su Teoría del Conocimiento.

Clasificación de las nociones de espacio
en la geografía contemporánea.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 22 feb 10.

 

d)      Clasificación de las naciones de espacio 
   en la geografía contemporánea

 

A pesar de que el concepto de espacio del cuerpo teórico de la geografía se ha considerado tan solo como objeto de estudio en tanto elemento o marco de referencia; no por ello dicho elemento deja de ser determinante en una disciplina de conocimientos que centra su atención en las relaciones o interacciones, estas ultimas, como una manifestación externa de la unidad material del mundo.

 

En este parágrafo veremos cómo el concepto de espacio es imprescindible en geografía.  Cómo todo los geógrafos de una u otra forma hacen referencia a él, cómo, del mismo, se tiene una noción empírico-intuitiva, y cómo esto último es consecuencia directa de no asumir como objeto de estudio al espacio, finalmente.

 

El papel determinante del concepto de espacio se debe a que, este se expresa precisamente en el conjunto de relaciones externas de los objetos o fenómenos, o en general de los procesos materiales.

 

El espacio como marco o sistema de referencia según se entiende en la geografía actual fenomenológico-historiográfica, es ese medio, ámbito, esfera, estructura territorial en que se gestan las contradicciones externas a los objetos o fenómenos, constituyendo su premisa de existencia.

 

Sin embargo, el fenómeno en sí, sólo puede ser comprendido en sus leyes, en su esencia casual de acuerdo a sus conexiones, relaciones o contradicciones internas, a través de una determinada especialidad con un método propio.  Dado que dichas contradicciones constituyen por su parte, la premisa de movimiento y desarrollo del objeto o fenómeno mismo.

 

Por lo tanto puede considerarse que los geógrafos del presente reclaman para nuestra disciplina de conocimientos el estudio de las contradicciones de los objetos y fenómenos; es decir, el estudio de los objetos y fenómenos en sí, de acuerdo a sus contradicciones internas en un marco de referencia espacial, invadiendo el campo de estudio de otros especialistas, y habilitándose en él sin un fundamento teórico-metodológico riguroso.

 

Citando a Emmanuel de Martone, para quien la Geografía es la “ciencia del estudio de los fenómenos tanto naturales como sociales considerados en su distribución en la superficie terrestre de sus causas y relaciones”, se puede apreciar que su idea es fácilmente generalizable prácticamente todo los demás pensadores de la geografía; y que como resultado de ello, en el mejor de los casos, lo que parece ubicarse en primer plano es el estudio de las relaciones externas de los procesos materiales tanto inorgánicos como orgánicos y sociales; empero, cualesquiera de las definiciones que hasta aquí se han citado, se prestan a ambigüedades, las que conducen al estudio de las contradicciones internas de los fenómenos en su situación espacial.

 

Una critica más detenida, hará ver que ni en el mejor de los casos, puede entenderse que se sostiene el estudio del espacio en sí.

 

Bastaría cuestionar si la geografía puede ser una ciencia en su actual situación en la que no están claramente definidos su objeto de estudio, su lugar en el cuadro de la clasificación de las ciencias, sus postulados, principios, y categorías, donde no se parte en la investigación sobre la base de ninguna ley, hipótesis, etc; bastaría cuestionar si aun a pesar de ello puede ser una ciencia del estudio de los fenómenos, no sólo naturales inorgánicos (físico-químicos), y orgánicos (químico-biológicos), sino incluso de los fenómenos sociales (histórico-económico y político).  Y si aún se sostuviese lo concitado, habría que subrayar, por consiguiente, que la geografía en tal concepto no estudia el espacio, sino sólo en tanto como marco de referencia, más aún cuando en la definición se expone el estudio de dichos fenómenos "considerados en su distribución"; es decir, que además de estudiarlos en sus contradicciones internas, considerarlos finalmente en sus relaciones o contradicciones externas en su distribución.

 

La critica se hace tanto más severa, cuanto más necesario es precisar a que "cosas y relaciones" se refiere el estudio e investigación geográfica: sí a las causas y relaciones internas del fenómeno en sí; o si a las causas y relaciones externas manifestadas en la distribución de los fenómenos.

 

Algunos autores han tratado de ajustar más a un criterio geográfico espacial a la definición de Emmanuel de Martone, invirtiendo la sintaxis, para enunciarla como "la ciencia del estudio de las causas de la distribución de los fenómenos naturales tanto como sociales y sus relaciones"[1].  A la que habrá de hacer la siguiente observación: si bien la definición expresa de una manera mas lógica un objeto propio de la geografía, mas claramente definido, sólo recurre a una propiedad espacial: la distribución.

 

Al final sólo ha quedado una cosa: la geografía como ciencia del estudio de las causas de la distribución.  Pero en tanto la distribución sólo nos remite a un propiedad espacial, dicha definición es unilateral y nos encubre las leyes generales del espacio con las leyes particulares de la distribución.  Como consecuencia de tal unilateralidad, las causas de la distribución se analizan erróneamente, por las relaciones internas de los fenómenos, y no por la multilateralidad de sus relaciones externas; es decir, por la multilateralidad de las contradicciones internas del espacio.

 

No sólo es problemática una definición clara y precisa de esta ciencia y su objeto de estudio, sino el mismo, el espacio, también requiere ser precisado conceptualmente, aún por la geografía fenomenológico-historiográfica del presente que lo requiere por lo menos como marco de referencia.

 

Únicamente valiéndonos de las nociones de espacio hasta aquí citadas, de los diversos estudiosos de la teoría geográfica se pueden clasificar en tres puntos: 1) en donde por espacio se entiende: "el espacio <<lleno>> y de distribuciones diferenciadas en la estructura territorial de la superficie terrestre, susceptibles de ordenamiento por el hombre"; 2) en donde el espacio se considera como esfera ambiental, medio que suponen un carácter tridimensional (la hipótesis del continumm de Einstein); y 3) en donde el espacio se expresa por la noción de un "espacio continuo" (en la hipótesis del vacumm o vacío relativo).

 

La discrepancia entre estas tres nociones no es exclusivamente de forma, sino de contenido; más aún, no parece haber suficiente precisión de la definición conceptual en su enunciado, como podrá apreciarse enseguida por su análisis, evidenciando una noción empírico-intuitiva del espacio, y no una verdadera noción teórico-hipotética del mismo, como lo pudiera aparentar.

 

La primera noción se corresponde a la concepción filosófica de los plenitas (llamados así por su negación del vacío) neoplatónicos. Para ellos, como por ejemplo, para el geógrafo escolástico Ibn Rochd (averroes) y los sustentadores actuales de esta idea, el espacio es precisamente el espacio "lleno", no el "el marco vacío de los geómetras", según Claval; y en términos filosóficos-físicos es el objeto de carácter puntual discreto o discontinuo.

 

Así, Rosental e Iudin enuncian la discontinuidad en tanto categoría filosófica como lo que “es propio de los estados discretos de la materia (planeta, cuerpos, cristales, moléculas, átomos, núcleos, etc), de su grado de diferenciación, bajo el aspecto de elementos estables singulares de diferentes sistemas de estructuras cualitativamente determinadas"[2]. y en el Diccionario de Física Rioduero, la discontinuidad es el "cambio espacial a saltos de determinadas propiedades físicas"[3].  Las "distribuciones diferenciadas en la estructura territorial de la superficie terrestre" se refieren, entonces, a los objetos extendidos diferentes entre sí, que estructuran territorialmente la superficie terrestre.

 

La segunda noción; la del espacio como esfera ambiental o medio se aproxima, en sentido contrario a lo anterior, a la concepción filosófica de los antiplenistas o vacuitas que conforman toda la corriente del materialismo; para los geógrafos que se apoyan en esta noción del espacio, su espacio es el aspecto aristotélico-einsteniano.  Se postula el carácter tridimensional (la esfera o el ambiente); a tal grado que, en el Diccionario Filosófico de Rosental e Iudin, se define el "medio geográfico", como: el “conjunto de objetos y fenómenos de la naturaleza viva e inerte (corteza terrestre parte interior de la atmósfera agua suelo mundo animal y vegetal)...”[4]; y así, en dicho conjunto de objeto y fenómenos, se tiene la continuidad, la cual "se revela en la integridad de los sistemas que constan de los elementos discretos singulares, en la infinitud de sus conexiones, en la gradación de los cambios en los estados, en el paso sin brusquedades de un estado a otro"[5]; que para Aristóteles se caracteriza en la superficie terrestre: "lo divisible en partes siempre divisibles"[6], y para Einstein en el continuum, el espacio lleno de manera continua por materia (el medio).

 

Pero "estas definiciones del continuo tienen, sin embargo –hace ver Nicola Abaggnano en su Diccionario de Filosofía– carácter paradójico, ya que parece que quisiera hacer nacer lo continuo de la imagen misma de lo discontinuo, o sea, de un conjunto de instantes, de puntos o de posiciones”[7]; y así Einstein en su obra  "La relatividad", expresa el continuo como “una sucesión de puntos tan infinitamente cerca como se quiera unos de otros”[8], en un sistema de tres valores.

 

Es evidente que aquí tenemos que coincidir con Sexto el Empírico, en identificar estas dos primeras nociones del espacio interpretadas en el pensamiento geográfico.

 

La tercera noción del espacio en el pensamiento geográfico, es la que lo entiende como un "espacio continuo", o sea,  como el espacio de Anaximandro y los vacuistas; como el concepto de espacio sostenido en esta tesis, en el sentido de la exterioridad de los cuerpos discontinuos.

 

En consideración a las limitaciones de la geografía fenomenológico-historiográfica predominante en la actualidad, cabe suponer una representación del espacio bajo una noción empírico-intuitiva.  Es decir, encontrando también en su terreno la limitación de la escuela espacial-cartográfica de esta ciencia.

 

                              Todo lo anterior es atribuible –a nuestro juicio– a la contundente debilidad de la gran mayoría de los teóricos de la geografía, que ha sido el filosofar sobre ésta de manera tautológica, recabando lo que otros han dicho acerca de la teoría de esta ciencia, para concluir en lo que la misma es hoy.  Han citado textualmente desde los textos de Estrabón, pasando por Varenio y hasta Humboldt, y con ello han pretendido demostrar lo que la Geografía es, y por qué razón así lo es.  Todo lo cual en apariencia, resulta suficientemente acertado.  Sin embargo, lo que estos teóricos de la geografía en el mundo; ninguno hasta donde nos ha sido posible saber; no han hecho, ha sido precisamente el preguntarse, en última instancia, por qué otros antes o después que él, dijeron lo que dijeron, y por qué hicieron lo que hicieron.  Tratando de entender así el pensamiento geográfico como ciencia en tanto que deviene como reflejo elaborado de la realidad objetiva y, no sólo como producto del pensamiento subjetivo de sus exponentes.  No tratando de formar a todos los pensadores de la geografía en una misma y única sucesión cronológica; sino separando a tales pensadores por aquello en que ahondan las raíces mismas de su pensamiento: por el apego a una u otra concepción filosófica del mundo.


[1] Sánchez Molina, Antonio; Geografía Física y Humana; Trillas; México, 1971; p.11.

[2] Rosental, M.M-Iudin, F.P; Diccionario Filosófico; Editorial Pueblos Unidos; Montevideo, 1965; (v. Continuidad y discontinuidad).

[3] Herder, Verlag; Diccionario de Física; Editorial Rioduero; Madrid, 1972; (v. Discontinuo).

[4]  Rosental, M.M-Iudin, F.P; Diccionario Filosófico; Editorial Pueblos Unidos; Montevideo, 1965; (v. Continuidad y discontinuidad).

[5] Ibid. (v. Continuidad), subrayado nuestro.

[6] Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Fondo de Cultura Económica; México, 1966; (v. Continuo).

[7] Rosental, M.M-Iudin, F.P; Diccionario Filosófico; Editorial Pueblos Unidos; Montevideo, 1965; (v. Continuo).

[8] Einstein, Albert; La Relatividad; Grijalbo, Col. Dina; México, 1970; pp.77-78.


 
Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:38

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...” .
El espacio como un elemento en la teoría geográfica

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/;  
México, 18 feb 10.

 

 

Discutir hoy el apartado El espacio como un elemento en la teoría geográfica, de nuestra tesis de Licenciatura, nos da la oportunidad de hacer una síntesis de ello recurriendo al método de una Tabla de Concordancias; que en aquel entonces, de haber sabido utilizarla, nos hubiera sido enormemente útil, para analizar, precisamente, el problema del espacio como un elemento, y no como la categoría esencial de la teoría geográfica.

 

Dado nuestro marco teórico, la dialéctica materialista, aplicamos el aspecto esencial del método de Marx en su investigación de la teoría del capital: descubrir la categoría fundamental, como tal, presente en todos los casos del análisis del capital.  Y esa categoría, en el caso de la teoría del capital: fue la mercancía.  De manera análoga, para el caso de la teoría geográfica, en nuestro análisis: lo fue el espacio.

 

Citamos entonces a los autores con contribuciones a la geografía teórica más destacados, y puede apreciarse la notable diferencia entre nuestro concepto de espacio, no sólo por su forma: el ser la categoría fundamental; sino por su contenido: el vacuum; y el de todos ellos, lo que ya de suyo hablaba de la enorme diferencia que estábamos haciendo en la geografía mexicana respecto de todas las demás.

 

Incluimos entonces ahora esa Tabal de Relación Causal por Concordancias recogiendo las definiciones de sólo una treintena de autores citados que entonces consultamos pudiendo disponer de sus fuentes (pudiéndose aumentar grandemente esa lista), pero que con ello nos fue suficiente para, por inducción incompleta, poder afirmar lo que establecemos en ese apartado de la tesis.  Expuesto de esta manera, nos permite descubrir nuevas facetas del problema, de lo cual bien pudiera dar lugar a una nueva tesis.  Asunto para, en las nuevas generaciones de geógrafos, aquellos que asuman esta especialización en la geografía teórica.  Ella no los alejará de la capacidad del vínculo a la producción, a las soluciones prácticas, etc; antes al contrario, potenciará dicha capacidad.  Sólo que la geografía teórica por sí misma es lo suficientemente apasionante como para luego andar “perdiendo el tiempo” en asuntos pragmáticos.  Esa responsabilidad se suele dejar, ya en la especialización en la geografía aplicada o en la geografía operativa, de otros geógrafos.

Tabla-de-Concordancias-en-el-concepto-de-espcio.jpg
Tabla de Relación Causal por Concordancias,
para el Concepto/Objeto de Estudio de la Geografía
[Fuente: Hernández Iriberri, Luis Ignacio; http://espacio-geografico.over-blog.es] 


                              Por la Tabla, haciendo una consideración muy general, pero en lo esencial, puede apreciarse entonces: 1) que la noción dominante acerca del concepto de espacio era el de
“estructura territorial” (aún si se toma por uno el colectivo de autores debajo de Guerásimov); de cualquier manera, esta noción, junto con la de “distribuciones en el espacio”, era lo que más delineaba en aquel entonces el objeto de estudio de la Geografía; 2) luego, en segundo orden, dominaban las nociones de “superficie terrestre” y “región”; 3) sin embargo, nociones como “espacio”, “espacio continuo”, y “espacio tridimensional”, más enfáticas en la esencialidad de su generalización, apenas sobresalen ubicas en tercer orden; 4) luego se comparten por igual una serie de nociones a las que les caracteriza cierta confusión o ambigüedad; y, 5) dos nociones que se expresan en las citas, pero una de manera indefinida (atribuida a “otros geógrafos”: la ecología), y, otra que se plantea en sentido negativo: “el marco vacío de los geómetras”.

 

Examinadas esas nociones en su contexto histórico concreto, resulta que las más usadas, en particular el concepto de “estructura territorial”, era materia de aplicación de los métodos económicos, acabando en una “geografía económica regional” o “geoeconomía”; y que las nociones en segundo orden, operaban más en el ámbito de los geógrafos naturalistas (en geomorfología, climatología, edafología, etc).  Sólo en el tercer punto están los verdaderos geógrafos espacistas, entre ellos, esencialmente, Hettner.

 

El acercamiento a la definición del verdadero objeto de estudio de la Geografía era ya tan evidente, como confuso todavía.  Con graves errores lógicos en su definición como la suplantación de tesis, la metonimia o sinonimia, que incluso llega a acusar Ives Lacoste.

 

El problema esencial aún, era que la definición de espacio, en la mayoría de los investigadores, se hacía por dos o tres propiedades particulares del espacio; y ahí donde se incidía en la síntesis de todas las posibles propiedades; como, sorprendentemente, cuando Pierre George habla del “espacio continuo”; el cual estaría inmerso en “el marco vacío de los geómetras” que niega Paul Claval; la idea tampoco se desarrolla o lleva a sus últimas consecuencias (y nos sorprendemos, porque justamente, Pierre George; del que pudimos disfrutar varias de sus conferencias conociendo entonces bien lo que pensaba; sería uno de los últimos en hacerlo).

 

Para los años setenta, se estaba ya muy cerca de la esencia del problema en la discusión internacional; pero nos tocó a nosotros, precisamente, el poder llevar todo ello hasta sus últimas consecuencias, poniendo la Geografía mexicana a la vanguardia.

 

Y, como suele suceder con nosotros en este país de “mexicanitos” mediocres, pusilánimes; “inditos” apocados con espíritu de súbditos, de nuestras tortillitas con nuestros frijolitos y su chilito, acompañados de nuestro cafesito con su canelita, o de su atolito y unos tamalitos, agradeciditos de la morenita virgencita Guadalupita... (como exclama en estos casos el profesor Tomás Mojarro: “¡Dios...”!); esa teoría de  la geografía y la oportunidad de hacer sobresalir a nuestra Universidad con ella, no sólo se dejó pasar, primero se le combatió obstaculizándola, y luego en el plagio, sometiéndola a la tergiversación.

 

Pero con el tiempo; tempus omnia dictatum (el tiempo todo lo dictamina, LIHI); apareció una nueva tecnología y con ella un nuevo medio de comunicación..., y cambió la historia.  Ahora, difundido esto en el plano internacional, espero que allí donde no reine aún el oscurantismo con sus prejuicios y su ignorancia, esta teoría de la Geografía sea retomada y desarrollada.  A partir de aquí, el asunto ahora, es internacional.


 

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:37

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento
de su Teoría del Conocimiento
;
El espacio como un elemento
en la teoría geográfica.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 18 feb 10.

 

c)   El espacio como un elemento en la teoría geográfica

 

El espacio, un elemento que parece tan simple si solo se considera como elemento de referencia, y tan complejo si se convierte en objeto de estudio.

 

Se puede decir que prácticamente todos los teóricos de la geografía han expuesto en un momento dado, la idea de esta disciplina de conocimientos como ciencia que en su cuerpo teórico contiene el concepto de espacio.

 

Por citar sólo algunos, se tiene por ejemplo: en Paúl Claval: "El espacio estudiado por el geógrafo el de la vida de hombre no es el marco vacío de los geómetras, sino el marco atiborrado de objetos y seres de la superficie terrestre..., el geógrafo se interesa por los aspectos psicológicos de los comportamientos en el espacio...”[1]; en Oliver Dollfus: “El geógrafo estudia los modos de organización del espacio terrestre..., el ámbito fundamental de la geografía sigue siendo, no obstante, el estudio de los grupos humanos..., que ordenan el espacio..."[2].  Allí mismo se recogen las ideas de Haggett y Hartshorne, para quienes la diferenciación espacial y las distribuciones en el espacio es el tema primordial y fundamental de la atención de los geógrafos.

 

Fernand Joly, en su obra "La Cartografía", expone: "El espacio geográfico esta constituido por la superficie terrestre en su totalidad o en una de sus partes"[3].  Federico A. Daus coincide en la misma idea: "La geografía como saber organizado sobre la superficie terrestre...”, precisando dicha idea de la superficie terrestre como espacio más adelante, en la cita: "el conocimiento de lo que constituye el dominio de la geografía –es decir, la superficie terrestre en su complejidad espacial...”[4]

 

Del mismo modo, Richard J. Chorley, recopila en su trabajo "Nuevas Tendencias en Geografía", una serie de ensayos de los que tomamos citas sobre la idea de espacio en sus autores.

 

Del ensayo, "Un Paradigma para la Geografía Humana", de Brian J. Berry, se asienta: “David Harvey (1969), entre otros, ha expuesto razonadamente su parecer de que un paso necesario para lograr una metamorfosis de la geografía, parece que debería consistir en examinar las interacciones suscitadas entre el proceso temporal y forma espacial”[5].

 

Más aún, la segunda parte de la obra de recopilación de Chorley, la dedica a la Geografía Espacial, en donde se incluye en trabajo de Torsten Hagerstand, “El Terreno Propio de la Geografía Humana”, de donde citamos: “los futurólogos usualmente no muestran mucho interés por utilizar perspectivas geográficas en sus razonamientos, pero resulta perfectamente obvio que las escenificaciones de los estados futuros del mundo serán totalmente estériles mientras no tomen en consideración sus dimensiones espaciales”[6]; o el de William Warnts: “La Nueva Geografía como Teoría de Sistemas Espaciales”..., o el muy interesante trabajo de Michael F. Dacey, "Algunas Cuestiones en Torno a las Distribuciones Espaciales”[7]....

 

En la parte cuarta de Chorley, se inicia con un trabajo de Peter Haggett, en cuyo solo titulo se vuelve a hacer mención a la idea del espacio en geografía: “La Predicción de Futuras Alternativas, en los Aspectos Espacial Ecológico y Regional: Problemas y Posibilidades”[8].

 

Otros ensayos en esta misma obra, como el de Dietrich Bartels, “Entre la Teoría y la Metateoría”, se refieren al espacio en otros sinónimos; el "landschaft", la región como entidad: "Se ha propuesto que <<el sistema lógico de la geografía>> ha de consistir en la integración paso a paso de la realidad en la entidad geográfica del "landschaft”, en el que se busca descubrir las "armonías" y "dominantes" regionales particulares”[9].  Donde el concepto de región sustituye en forma de sinónimo al de espacio; o como el de V.A. Anuchin, en su ensayo "Teoría de la Geografía", usando otro sinónimo de espacio, el "medio ambiente", se asienta: “se sigue de aquí que el enfoque espacial es la base metodología de cualquier estudio geográfico”[10].

 

En capitulo aparte, denominado de Geografía Ambiental, el mismo Chorley presenta un trabajo: "La Geografía como Ecología Humana”; aquí, el espacio vuelve a ser sinonimizado por el "medio ambiente".  Siendo ésta la tendencia actual en la geografía soviética como puede apreciarse en el colectivo de autores: "El Hombre, la Sociedad y el Medio Ambiente", de los geógrafos I. Guerasimov, L. Abramov, L. Kunitsin, N. Lontiev, Ya. Mashbits y V. Preobrazhenski, quienes refiriéndose al espacio geográfico como "estructura territorial" afirman: en la esfera de las investigaciones geográficas, entran la naturaleza, la población y la economía, consideradas desde el ángulo de su estructura territorial.

 

Muchos de los sinónimos del espacio mencionados, se manejan a su vez en la obra de A.M. Riabchikov, "Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica", donde el propio termino de "esfera" esta dando la idea de ese espacio.  La misma consideración puede hacerse con respecto al trabajo, “Geografía: su Ámbito y su Trascendencia", de Jean O.M. Broek[11], o para la "Geografía Aplicada" de Dudley Stamp[12].

 

En el trabajo “Los Métodos de la Geografía”, Pierre George titula un segundo parágrafo de su introducción, como: "La geografía es el estudio de un espacio continuo"[13], independientemente de la manera aparentemente empírica y paradójica en que esto es enunciado.

 

S. W. Wooldridge y W. Gordon  East, discuten en su  "Significado y Propósito de la Geografía”, los diversos aspectos de esta ciencia sin prescindir del concepto de espacio, el que comparten citando a Hettner:  "La realidad es simultáneamente un espacio tridimensional..."[14].

 

Y por último, en el Diccionario de Geografía de Verlag Herder, en el término "Geografía", se expone: "ciencia que se ocupa de los fenómenos de la superficie terrestre en su vinculación con el espacio..."[15].

 

Así, finalmente, ya sea que los teóricos de la geografía se refieran explícitamente al espacio; como por ejemplo en Ángel Bassols Batalla en su "Geografía para el México de Hoy y Mañana", donde expresa:  "Actualmente, pues, nuestra especialidad científica, analiza en forma dinámica, aspectos naturales, económicos y sociales no sólo en su distribución espacial, sino también en su génesis en el tiempo...”[16],  muy aparte de que estemos o no de acuerdo con su afirmación de: "nuestra especialidad científica" y de que lo estudiado sean los fenómenos y no el espacio.  O que manejan dicho concepto a través de las propiedades espaciales, como en la obra, "Geografía General", del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, de donde citamos: "se considera hoy a la Geografía como una ciencia de la superficie terrestre, sobre la cual habita el hombre y es por ello, básicamente una ciencia de localización.  Estudia también la distribución de toda clase de fenómenos (...) sobre nuestro planeta...”[17], donde tales propiedades espaciales son precisamente, superficie terrestre, localización y distribución; o bien que al referirse al concepto de espacio, se utilice lo que la revista Herodote, de Ives Lacoste, denomina "metáforas espaciales"; o sea, ese conjunto de sinónimos a los que nos hemos referido anteriormente, como esfera geográfica, o Landschaft, o bien medio ambiente,  etc;  expresándose también por el Dr. Jorge A. Vivó Escoto en su "Geografía Física": "...es imposible investigar o exponer los fenómenos naturales sin tomar en cuenta las modificaciones que en los mismos ejerce el hombre, así como es totalmente inaceptable que los problemas referentes a este sean motivo de estudio sin tomar en cuenta al medio"[18].  Aquí el  "medio" cobra un sentido ambiguo, ya que por él se puede entender las relaciones externas al objeto o fenómenos, es decir, el espacio, o bien el "conjunto de fenómenos naturales", que en su distribución como medio y como marco de referencia, remiten sutilmente al concepto de espacio.

 

En conclusión, no sería ningún absurdo generalizar el que todos los geógrafos tratan de una u otra forma con el concepto de espacio; más absurdo sería el tener que demostrarlo enlistando a todos.  Sin embargo, aun cuando esto no podrá generalizarse, la gran mayoría tiene una noción empírica del mismo, y, por lo tanto, puede asumirse que esto es como consecuencia de no considerarlo como su objeto de estudio; a pesar de que se puede prescindir de todo en geografía, menos del concepto de espacio.



[1] Claval, Paul; La Nueva Geografía; Oikos-Tau, Col, Qué Sé?, Nueva Srie Nº 129; Barcelona, 1979; pp.21-22.

[2] Dollfus, Oliver; El Análisis Geográfíco; Oikos-Tau, Col. Qué Sé?, Nueva Serie Nº 118; París, 1978; p.

[3] Joly, Fernand; La Cartografía; Editorial Ariel, Col, Elcano Nº 10; Barcelona, 1979; p.36.

[4] Daus, Federico A; Qué es la Geografía; Editorial Columba, Col. Esquemas Nº 53; Argentina, 1966; p.19.

[5] Chorley, Richard J; Nuevas Tendencias en Geografía; Editorial IEAL, Col. Nuevo Urbanismo, Nº 15; p. 20.

[6] Ibid. p.106.

[7] Ibid. pp.189-221.

[8]  Ibid. p.323.

[9]  Ibid. p.48.

[10]  Ibid. p.84.

[11]  Broek, Jean O.M; Geografía: su Ámbito y su Trascendencia; UTHEA; México, 1967.

[12]  Stamp, Dudley; Geografía Aplicada; Eudeba; Argentina, 1965.

[13]  Pierre, George; Los Métodos de la Geografía; Oikos-Tau, Col. Qué Sé? Nº 96; Barcelona, 1973; p.110.

[14] Wooldridge-Est, Gordon; Significado y Propósito de la Geografía; Editorial Nova, Buenos Aires, 1957; p.30.

[15] Herder; Diccionario de Geografía; Editorial Rioduero; Madrid, 1972 (v. Geografía).

[16] Bassols Batalla, Ángel; Geografía para el México de Hoy y Mañana; Editorial Nuestro Tiempo; México, 1971; p.22.

[17] Sáenz de la Calzada, Carlos; Geografía General; Editorial Esfinge, México, 1977; p.11.

[18] Vivó Escoto, Jorge A; Geografía Física; Editorial Herrero; México, 1975; p.13.


 
Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:36

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...” 
El espacio como problema filosófico
acerca de su naturaleza.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 15 feb 10.

 

 

Releemos ahora, treinta años después, este apartado de la tesis, no sin sorprendernos de lo que entonces habíamos logrado hacer.  En general, no encontramos nada que tuviésemos que corregir, exceptuando un pasaje:

 

<<...semejante al enunciado de Einstein cuando este califica al espacio como determinación del movimiento del objeto; es decir, como determinación de la medida multiplicidad o cualidad transitoria del objeto.  O dicho en general, como la condición de su existencia.

 

En los propios términos de Kursanov, el carácter del espacio arriba expuesto, “expresa la idea del carácter objetivo del espacio... , su independencia de la conciencia, de las representaciones del hombre, de los procedimientos de investigación y medición del espacio..., es realidad..., como la materia misma”[1].  Sin ser materia, sino tan sólo atributo de la materia>>.

 

Nuestro error, absurdo, está en el colofón del párrafo: “Sin ser materia, sino tan sólo atributo de la materia”.  Ello está en concordancia con la idea del espacio sólo como la espacialidad de las cosas, o como el continuum en su conjunto; pero lo aplicábamos a lo que era, “sin ser materia”.  Un evidente error, en tanto un planteamiento metafísico en un marco teórico que es todo lo opuesto.

 

                              En el proceso de la comprensión de la naturaleza del espacio, sintetizábamos correctamente las principales ideas y nos aproximábamos enormemente a su esencia.


[1] Kursanov, G; Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico; Editoriales Palomar; México; p.79.


 
Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:35

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento
de su Teoría del Conocimiento
;
El espacio como problema filosófico
acerca de su naturaleza.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 15 feb 10.

 

 

b)  El espacio como problema filosófico

acerca de su naturaleza.

 

Exceptuando el concepto de espacio de Parménides, para quien sólo es una subjetividad, queda considerar cuatro conceptos acerca de la naturaleza de espacio:

 

1      El espacio como recipiente o continente infinito; como la exterioridad en general, en donde se reconoce la existencia del vacío, que incluso se interpreta como la calidad general del espacio.  Esta concepción es sostenida por los materialistas desde la Antigüedad, hasta el materialismo premarxista de Newton y Kant.

 

2      El espacio como lugar o posición; como la determinación  en  extensión  del objeto en particular, en donde no se reconoce la existencia del vacío.  Esta concepción  es la sostenida por algunos  materialistas e idealistas de la antigüedad hasta nuestros días.

 

3      El espacio como la suma de relaciones; como la conectividad de los objetos y fenómenos, en donde no se reconoce tampoco la existencia del vacío.  Esta concepción es sostenida en la antigüedad  por Teofrastro (Tirtamo) y en el renacimiento por Lebniz.

 

4      El espacio como lo extendido u objeto mismo; como la extensión y volumen de la corporeidad, y en la cual no se reconoce tampoco la existencia del vacío.  Esta es la concepción sostenida propiamente entre los ss. III-VI dne.

 

De este resumen destacan tres hechos o nociones importantes:

 

a)     El concebir el espacio como exterioridad en los tres primeros casos; el primero en lo general, los otros dos siguientes en lo particular.

 

b)    La oposición en el reconocimiento de la existencia del vacío.

 

                               Esto último puede traducirse en el reconocimiento del carácter concreto y objetivo del vacío (por los vacuitas o antiplenistas, principalmente materialistas; correspondiendo al primero de los tres casos enumerados), o en el carácter abstracto y subjetivo del mismo (antivacuistas o plenistas, principalmente idealistas; correspondiendo a los restantes casos), como dos opuestos en una contradicción irreconciliable o antagónica.

 

En la filosofía contemporánea, con el surgimiento del marxismo, que realiza un salto cualitativo del materialismo mecanicista y metafísico al materialismo dialéctico, el problema del espacio se ha expresado en los siguientes términos: "el espacio es una forma universal de la existencia de la materia"[1].

 

Apoyándonos en MM. Rosental y P.F. Iudin, por dichas formas se entienden los “tipos básicos de movimiento e interacción de los objetos”[2], de donde a su vez, el movimiento significa el modo de existencia de la  materia, o sea, la medida multiplicidad o cualidad transitoria de la existencia de la materia o interacción de los objetos.

 

Esto es, de manera exacta, semejante al enunciado de Einstein cuando este califica al espacio como determinación del movimiento del objeto; es decir, como determinación de la medida multiplicidad o cualidad transitoria del objeto.  O dicho en general, como la condición de su existencia.

 

En los propios términos de Kursanov, el carácter del espacio arriba expuesto, “expresa la idea del carácter objetivo del espacio... , su independencia de la conciencia, de las representaciones del hombre, de los procedimientos de investigación y medición del espacio..., es realidad..., como la materia misma”[3].  Sin ser materia, sino tan sólo atributo de la materia.

 

Y aquí destaca una tercer noción:

 

c)     El hecho de que el materialismo mecánico y metafísico del Renacimiento o premarxista, no coincidía completamente con el materialismo actual, dialéctico o marxista, en concepto de espacio.

 

                              Para el materialismo marxista o dialéctico, el espacio no puede existir independientemente de la materia u objetos; no hay espacio sin materia como no hay materia sin espacio, o sin cualidad transitoria de interacción; o bien, el espacio es una forma de existencia de la materia, todo lo cual constituye un hecho indisoluble, tanto porque la materia existe especialmente, como porque el espacio es condición de existencia de las formas materiales.  Tal como Einstein considera el espacio como una determinación de la cualidad material transitoria de interacción del objeto, donde el objeto constituye un sistema físico de referencia, no pudiendo tampoco concebirse el espacio independiente del objeto o materia.

 

Así, el teorema fundamental del materialismo premarxista es el del espacio como vacío en su extensión infinita, susceptible de ser ocupado por los objetos.  Esta seria la noción más general del espacio y de ahí que sea entendida filosóficamente por éste, como la exterioridad en general, incluso absoluta; y en el materialismo dialéctico o marxista, como cualidad transitoria de interacción, con carácter relativo.

 

Dicha noción, como categoría física, se resuelve según el siguiente razonamiento: "Se puede extraer del espacio todo..., pero incluso después de haber extraído todo, quedaría "algo" que posee determinadas propiedades físicas.  Ese "algo" o vacío actúa sobre las partículas de las substancias y es, a la vez, objeto de su influencia...”[4]; por lo pronto hasta aquí, puede concluirse en el reconocimiento de la existencia del vacío como forma o concepto concreto y objetivo, deferente de la corporeidad sustancial u objetos sensibles o tangibles.

 

Sin embargo, el materialismo dialéctico agrega a la concepción filosófica materialista en general y a la noción física, el que "el vacío representa un estado completamente determinado de los campos físico materiales (Einstein decía: no hay  espacio sin campos), "Esto significa que en realidad ..., no existe el espacio vacío desvinculado de los procesos materiales”[5]; notación que, por una parte, reconoce la existencia real, objetiva, concreta y física del espacio vacío, y por otra, el que dicho espacio no existe independientemente de los objetos o materia, y significa, filosófica y físicamente, la exterioridad en general.

 

En conclusión, el concepto de espacio en el materialismo filosófico, se resume como el vacío, exterioridad en general y ultima de los objetos y fenómenos en función de los cuales se determina.

 

Bajo la consideración del concepto materialista filosófico dialéctico del espacio antes anunciada, el espacio significa una generalización del concepto idealista que lo entiende como lugar o posición del objeto, el cual destaca sólo la particularidad del espacio relativo.  Esto es, que el espacio puede entenderse como lugar, en donde este establece una exterioridad particular y relativa; por consiguiente, la generalización de todo lugar, expresa la generalización de la exterioridad.

 

Cuando Einstein habla de la caja chica (s) dentro de la caja grande (B), si (s) se encuentra en reposo relativo con respecto a B, (s) contiene el mismo espacio que B; el espacio de (s) es distinto del espacio de B[1].  Esto refrenda dos hechos notables: 1) el espacio es una determinación del objeto y su  movimiento  (en este caso cuantitativo), y 2) dicha determinación significa la exterioridad de los objetos (la que como estado transitorio puede ser una graduación del vacío).  Todo lo cual expresa la coincidencia plena, a manera de complementación, entre el concepto de espacio del materialismo premarxista  que con Newton llego a la absolutización del espacio como todo vacío, como toda exterioridad no determinada necesariamente; y el concepto de espacio del idealismo filosófico, que en el extremo opuesto es igual a la absolutización de la  particularidad del espacio, como el exclusivo lugar u objeto, coincidencia desarrollada en consecuencia por el materialismo dialéctico.

 

Para el idealismo filosófico en esencia, espacio y materia es lo mismo, en el sentido de corporeidad sustancial, sólo que la categoría de espacio expresa relaciones distintas de la misma cosa; o dicho en otros términos, el espacio es lo que limita un cuerpo y el cuerpo es a interioridad sustancial del espacio.

 

Según todo lo hasta aquí expuesto, en resumen, indica que el materialismo premarxista e idealismo, no coincidían plenamente en el concepto de espacio dada la absolutización que hacían de sólo una de sus propiedad generales: ya como la exterioridad exclusiva, ya como la interioridad exclusiva.

 

Lo que el materialismo premarxista aporta al concepto de espacio, es el reconocimiento filosófico y físico del vacío como generalización de medida cuantitativa de todo espacio.  Por su parte, lo que el idealismo objetivo aporta al mismo concepto, es, la noción dialéctica del indisoluble vinculo del espacio y el objeto, del vacío y la materia, expresándolo como toda corporeidad; tal como el materialismo lo hizo desde la antigüedad al concederle atributo físico al espacio, expresado como  todo vacío.

 

Ambas concepciones filosóficas encuentran una limitación en la definición del concepto de espacio al absolutizar una u otra propiedad; y tal cosa no es superada sino hasta el advenimiento del marxismo y con él, del materialismo dialéctico, que pone fin al materialismo mecanicista y metafísico de Newton y Kant, y a la unilateralidad del análisis de la realidad objetiva efectuada por el idealismo filosófico.

 

En conclusión, el espacio es pues: el vacío relativo, esa forma de movimiento como cualidad material transitoria de interacción, la exterioridad relativa como atributo físico, determinado por el objeto y más propiamente dicho, por la coexistencia de los objetos; en donde el concepto "determinado", significa él vinculo dialéctico de la necesaria coexistencia en la unidad material del mundo y en la interconexión universal de los fenómenos.

 

En consecuencia, el espacio geográfico, interpretado en esos términos, es la cualidad transitoria de la exterioridad como atributo físico de la materia; determinado en su relación dialéctica, por la tierra y adyacente a su superficie en general, y en particular por la coexistencia de los objetos y fenómenos que estructuran a esta ultima, como sistema de referencia física de dicho espacio geográfico.

 

El espacio geográfico es el vacío relativo o espacio adyacente a la superficie terrestre, ese "algo" como cualidad transitoria.

 

Identificar empíricamente la superficie terrestre como espacio geográfico, es caer en la posición del idealismo filosófico.  Del  idealismo filosófico objetivo, aristotélico-einsteniano, cuando espacio y superficie terrestre expresa relaciones distintas de una misma cosa.  Del idealismo filosófico subjetivo, parmenidiano-hegeleano, cuando espacio y superficie terrestre es indistintamente lo mismo, en tanto corporeidad.

 

                                Queda así, con todo lo anterior, establecido un concepto teórico-hipotético del espacio.


[1] Kursanov, G; Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico; Editoriales Palomar; México; p.79.

[2] Rosental, M.M-Iudin, P.F; Diccionario Filosófico; Editorial Pueblos Unidos; Montevideo, 1965; (v. Formas de Movimiento).

[3] Kursanov, G; Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico; Editoriales Palomar; México; p.79.

[4] Kursanov, G; Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico; Editoriales Palomar; México; pp.79-80.

[5] Ibid. p.83.

[1] Einstein, Albert; La Relatividad; Grijalbo, Col. DINA; México, 1970; p.184.


 
Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:34

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”
Elementos para la Teoría del Espacio...

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 11 feb 10.

 

Al hacer la generalización teórica del análisis histórico de la Geografía, lo esencial, aquello que determina todo lo demás, ha sido la determinación del espacio terrestre como el objeto de estudio de esta ciencia.

 

Luego, abordar el concepto de espacio para estudiarlo; dada su complejidad histórica en el pensamiento humano, no podía sino empezar por plantear el problema de su realidad, pues en las diversas corrientes del pensamiento humano, alguna ha considerado que tal concepto no corresponde a ningún hecho de la realidad.

 

En este primer apartado del nuestro segundo capítulo, trataremos este problema.  Expuesto en la tesis hace casi treinta años, no pudo ser sino muy breve y generalizado, quizá incluso con deficiencias en la interpretación de un objeto altamente complejo; por lo que haremos una revisión de las fuentes para constatar la interpretación, aclarándolo en estos comentarios en cada caso.

 

El problema de la realidad del espacio tiene que analizarse a partir de las consideraciones gnoseológicas fundamentales, por las cuales: 1) en la posición del idealismo filosófico objetivo, la metafísica, el espacio no corresponde a ninguna realidad fuera del pensamiento.  El espacio es sólo una idea, un concepto, mediante el cual es posible dar orden a los hechos coexistentes (en general, propia a la época previa a la Ilustración, es decir, previa al siglo XVII); y, 2) en la posición del idealismo filosófico subjetivo, la llamada fenomenología, el espacio, si bien un hecho de la realidad del mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento, es una consideración eminentemente subjetiva, es decir, un exclusivo producto del pensamiento (propia del período posterior a la Ilustración, esto es, posterior al siglo XVIII).  Del lado del pensamiento filosófico materialista, históricamente se tiene: 1) la posición del materialismo mecanicista, en la cual el espacio es una realidad material representada esencialmente por el vacío (propio del período del momento mismo de la Ilustración entre los siglos XVII y XVIII); y, 2) la posición del materialismo dialéctico, en donde el espacio a su vez tiene una realidad objetiva; esto es, que pertenece al mundo de los objetos materiales de a realidad fuera del pensamiento, en el cual se da sólo como su reflejo; adquiriendo aquí un forma compleja de interpretación, pero no más que lo complejo de su realidad misma (propio de mediados del siglo XIX a nuestros días).  Tales interpretaciones gnseológicas son propias a los períodos que se consignan entre paréntesis, pero no exclusivas, y, en consecuencia, son coexistentes en dichos periodos con diversas variantes, pero donde domina la propia a la época.

 

Lo que destaca, es el echo de que, a lo largo de la historia, el pensamiento materialista siempre ha identificado al espacio con las propiedades dimensionales, ya bidimensionales de la superficie, o bien tridimensionales, principalmente del vacío, incluso absoluto, pero reconocido también en lo corpóreo.  Parte de esta interpretación y como una variante de ella, es entender al espacio sólo como un orden de coexistencias.

 

El pensamiento idealista, por lo contrario, negando el vacío absoluto, ha visto al espacio principalmente como algo que no existe sino como lo corpóreo mismo, o como un concepto acerca de las propiedades dimensionales de lo corpóreo.

 

La complejidad del pensamiento materialista dialéctico en la noción del espacio (no obstante, decía Lenin, es la forma natural del pensamiento, sólo que distorsionado por la influencia de muchas otras ideologías), estriba en que supera interpretaciones ya absolutistas, o bien de un relativismo extremo; así, no separa mecánicamente lo que en la realidad es uno, para luego volver a juntar mecánicamente para explicar; sino ofrece una manera de ver las cosas en su unidad a partir de la oposición en ella de contrarios, cuya característica es dar movimiento y explicar las transformaciones de las cosas.

 

En ese sentido, el concepto materialista dialéctico del espacio, no debe entenderse como una mezcla ecléctica de todas las posiciones, o una conciliación de las mismas; sino que, en tanto otras interpretaciones han dado sólo una explicación unilateral y parcial, apenas aproximada en una cierta parte a la verdad; al tomarse integralmente como reflejo objetivo de la realidad objetiva, el materialismo dialéctico discierne sobre las propiedades acertadas de una posición u otra.

 

En suma, el espacio contiene simultáneamente todas esas propiedades: geométricas, en la dimensionalidad; o físicas como el vacío o el orden de coexistencias; pero también contiene como algo cierto, el cuestionamiento de la posibilidad del vacío absoluto, o el ser corporeidad sustancial.

 

El problema del concepto de espacio hasta ahora, no ha sido el de la esencialidad de unas propiedades u otras, sino el de la parcialidad en la consideración de las mismas; esto es, en la falta de su análisis dialéctico, que explique el momento y lugar de las interacciones de cada una de esas propiedades.


 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:33

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento de su Teoría
del Conocimiento
; Elementos
para la Teoría del Espacio,
y éste como Objeto de Estudio
de la Geografía.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 11 feb 10.

  

II  Elementos para la Teoría del Espacio,

y éste como Objeto de Estudio

de la Geografía

  

1  El concepto de espacio en la historia

  

a)  El espacio como problema filosófico sobre su realidad.

 

Al abordar el análisis histórico del concepto de espacio, este nos plantea dos grandes nociones: 1) la de la realidad del espacio, y 2) la de la naturaleza del espacio, la que obviamente, da por supuesta la existencia real del mismo.

 

En consecuencia, es necesario primero analizar el problema de la existencia o no-existencia del espacio, o sea, el problema sobre su realidad; para posteriormente, bajo el supuesto de aceptada su realidad, pasar al problema de su naturaleza.

 

Si nos preguntamos si el espacio existente o no, nos preguntamos si el espacio es una realidad física, una realidad teológica, o si el espacio es simplemente un concepto subjetivo, una abstracción pura.

 

La realidad física del espacio es inherente a la filosofía antigua, propiamente de los siglos VI al III ane.  La escuela física de los jonios desde Tales de Mileto (ss.VI-V ane) hasta Demócrito de Abdera (460-370 ane), reconocieron la realidad física del espacio entendiéndolo como el vacío.  El  espacio es por ejemplo, en los términos de Demócrito, lo existente entre dos átomos ya que estos se mueven en el vacío infinito.

 

Dicho vacío es pues el recipiente o continente de los objetos y en tal sentido su exterioridad.  Asimismo, no sólo un elemento del mundo, sino una condición de su existencia.

 

Más tarde compartieron esta idea Epicuro (341-270 ane), y Lucrecio Caro (99-55 ane), en la teoría atomística de Demócrito.  Pero no solo los materialistas más radicales de la antigüedad sostuvieron dicha idea, la misma fue compartida por Empédocles (483-423 ane), materialista continuador en  la línea de Parmenides (ss.VI-V ane), de quien discrepaba radicalmente en el concepto de espacio; y por Zenón (490-430 ane) y los estoicos.

 

La segunda concepción del espacio es aquella que lo entiende como lugar o posición.  Platón, y propiamente Aristóteles, son los  exponentes de la idea en la cual se reconoce la existencia del espacio en tanto éste es sólo "el límite inmóvil que abraza un cuerpo"[1], o sea, que el espacio se aproxima a ser el cuerpo mismo en tanto que es su propia extensión, pero sin confundirse con el objeto.  Así predominó en la ultima etapa de la Antigüedad.

 

Una tercer concepción es desarrollada por Teofrasto (372-288 ane), discípulo de Aristóteles, para quien el espacio es la suma de relaciones entre los objetos y fenómenos en conexión.

 

La cuarta concepción acerca de la existencia real del espacio, esta en los neoplatónicos, hacia la decadencia del Imperio Romano (ss. III-IV dne), con Amonio Sacas e Hypátia en Alejandría, con Plotinio en Roma, con Jámblico en Siria, y finalmente con Proclo en Atenas; para quienes el espacio no es ni el vacío ni la extensión del objeto, ni la suma de relaciones; sino, siendo real el espacio, ese espacio existe tan solo como el objeto mismo, propiamente como lo extendido.  Para los neoplatónicos, el espacio es un atributo de Dios y Dios mismo.

 

La idea del espacio del discípulo de Platón, Aristóteles, no se aleja mucho, pues, de coincidir con la idea de  los neoplatónicos.  Es más aún, Sexto el Empírico las identifica: “Parece que para los peripatéticos, el primer Dios es el lugar de todas las cosas..."[2], o sea, el espacio, “En efecto según Aristóteles, el primer Dios es él limite de los cielos... (aquí habría que subrayar lo de limite), “...y desde el momento en que él limite de los cielos es el lugar de todas las cosas dentro de los cielos, Dios será el lugar de todas las cosas”[3].

 

No obstante, las cuatro concepciones anteriores, reconocen la existencia real del espacio, ya como atributo físico, ya como  atributo de Dios (Fig. 18).

 

Más allá está la concepción del espacio en el pensamiento filosófico de Parménides, en donde el espacio es negado en su existencia real y suplida conceptualmente por el objeto.  Parménides partía para ello de negar del vacío, postulando "lo que es, es; y lo que no es, no es”; el vacío (espacio) no existe, no es, en consecuencia, nada existente sino la plenitud absoluta del Ser...”[4], es decir, del cuerpo, del objeto: el espacio no es real, no existe.

 

Con esta quinta concepción se tiene el concepto subjetivo del espacio, en donde este es considerado como algo abstracto, suplible en forma objetiva y concreta por el objeto.  Esta es la concepción filosófica que niega la existencia real del espacio.

 

La ciencia en la Edad Media se reduce fundamentalmente al mundo árabe, como continuación del pensamiento aristotélico y su concepto de espacio.  En virtud de este concepto, no existe espacio donde no existe el objeto, entendiéndose por dicho espacio la extensión bidimensional del cuerpo.

 

Mas tarde, al final del Renacimiento (segunda mitad del s.VII), fue René Descartes (1596-1650), quien pasa a matematizar el espacio aristotélico con las coincidas coordenadas cartesianas; precisamente tras los trabajos de las proyecciones de Mercator, de tal modo que para Descartes el espacio real era la extensión del objeto (Fig. 19).

 

Fue en este punto donde intervino Leibniz (1646-1716), polemizando contra Newton (1643-1727), y argumentando que: "Si el espacio es una propiedad o atributo –decía– debe ser la propiedad de alguna sustancia.  El espacio vacío limitado que sus sostenedores suponen entre dos cuerpos: ¿de que sustancia seria  propiedad o afección?"[5], y Leibniz mismo fijaba su posición: "Yo considero al espacio como algo puramente relativo .., o sea, como un orden de coexistencias...,  ya  que el espacio señala en términos de posibilidad, un orden de cosas que existen al mismo tiempo en cuanto existen en conjunto, sin entrar en sus modos de existir"[6].  Lo que en cierto modo retoma el concepto de Tirtamo.

 

Finalmente, Kant (1724-1804), defendió esta idea en sus primeros escritos, abandonándola en 1768 en su trabajo "Acerca del Primer Fundamento de la distribución  de las Regiones en el Espacio”.

 

Pocos rechazaron la idea aristotélica incluso en el Renacimiento, pero los pocos que lo hicieron fueron gigantes de la ciencia: Giordano Bruno, que defendió del mismo modo que Telesio la opinión contraria a Aristóteles en el sentido de que, "el espacio debe poder ser receptáculo de cualquier cosa, de modo tal que, sea que las cosas estén en su interior o que se alejen del, permanezca idéntico y acoja con prontitud todas las cosas que se le suceden y que, al mismo tiempo, sea tan grande como lo son las cosas que en el  hallan lugar.  El espacio es, por lo tanto, infinito e incorpóreo: la existencia del vacío es un hecho de experiencia"[7]; y Newton, que con su autoridad lo hizo prevalecer finalmente.

 

Para Newton, "el espacio absoluto, por su propia naturaleza, sin relación a algo externo, es siempre igual e inmóvil.  El espacio relativo es la dimensión móvil o la medida del espacio absoluto y nuestros sentidos lo determinan mediante su posición respecto a los cuerpos y a menudo es intercambio por el espacio inmóvil: tal es la dimensión de un subterráneo, un espacio aéreo celeste, determinando por su posición respecto a la Tierra.  El espacio absoluto y relativo son idénticos en figura y tamaño, pero no son siempre los mismos.  Porque si por ejemplo, la Tierra se mueve en un espacio de nuestro aire, el cual relativamente y con respecto a la tierra sigue siendo el mismo, en un determinado tiempo será parte del espacio absoluto que el aire atraviesa y en otro tiempo será otra parte del mismo espacio”[8].

 

La prevalecía de tal idea se expresa en Euler un siglo después (mediados del s.XVIII), quien decía: “Supongamos que todos los cuerpos que ahora se encuentran en mi habitación, comprendiendo el aire, sean anulados por la omnipotencia divina.  Obtendremos entonces un espacio que, aun teniendo el mismo largo, ancho y profundidad de antes, no contiene ya cuerpo alguno.  He aquí por lo tanto, la posibilidad de una extensión que no es un cuerpo.  Semejante espacio es denominado vacío y un vacío es, por lo tanto, una extensión sin cuerpo"[9].  Noción que Kant termina por aceptar en su segunda época.

 

Y así continuó todo; con aisladas criticas de Maxwell y Mach acerca del "espacio absoluto", hasta Einstein a principios de muestro siglo, con quien el criterio acerca del espacio vuelve a dar un viraje que avanza hasta nuestros días a manera de un retorno aparente a la teoría del espacio sostenida en la Antigüedad por Platón y Aristóteles, en el Renacimiento por Descartes y Leibniz, y más tarde por Maxwell y Mach; frente a la noción defendida por Tales y Demócrito, y por Epicuro y Lucrecio Caro en la Antigüedad, así como por Giordano Bruno y Newton  en el Renacimiento y más tarde por Euler y Kant;   En tanto que para Einstein el espacio es un “continuo tridimensional” no vacío, o sea, un continuo a manera de una sucesión de discontinuos tan próximos entre sí como se desee.



[1] Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Fondo de Cultura Económica; México, 1966; (v. Espacio).

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Farringtong, Benjamín; Ciencia Griega; Editorial Icaria; Barcelona, 1979; p.50.

[5] Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Fondo de Cultura Económica; México, 1966; (v. Espacio).

[6] Ibid,

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] Ibid.


 
Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:32

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”
Las perspectivas de la Geografía.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 8 feb 10.

 

Al terminar el análisis histórico de la Geografía, y de ello generalizar sus fundamentos teóricos, el principal de ellos es el objeto de estudio: el espacio terrestre.

 

Cuando redactamos aquella tesis, llamábamos espacio terrestre (o indistintamente como espacio geográfico), ya no, aristotélicamente, a la superficie bidimensional de la esfera terrestre, <<como el límite que abraza un cuerpo>>.  Sin embargo, tampoco nos referíamos al hiperplano generado por dicha esfera; es decir, identificándolo como dicha superficie con atributos tridimensionales.

 

EL espacio geográfico, o terrestre, era en ese momento, ciertamente, diciéndolo explícitamente, una “superficie adyacente”, un poco más allá del hiperplano, no sólo tratando de reconocer las propiedades tridimensionales del vacuum newtoniano, sino incluso las propiedades tridimensionales del continuum einsteniano.  Pero la limitación estuvo, es verdad, en ver dicho espacio como una “superficie”.

 

Partíamos de la superficie terrestre, por no ir al centro de la Tierra y entrar en conflicto con la Geología.  No obstante, veíamos que en la definición de ese espacio “adyacente”, no obstante, entrábamos en conflicto con las demás ciencias.  Salvamos el problema hacia mediados de los años ochenta, cuando, por criterios einstenianos, ya no sólo el volumen newtoniano en la geometría de esfericidad, sino aún el campo gravitacional de la Tierra, era también determinante de dicho espacio.  En consecuencia, el espacio geográfico partía no de aquella condición bidimensional, sino de la misma condición adimensional dada por el punto del centro de la Tierra.

 

Ello nos ayudó a entender un escalón más en el proceso de abstracción del espacio, por cuya geometría y propiedades físicas próximas a un campo (o vinculadas al campo gravitacional), entendimos, en una situación dialéctica compleja, que era, tanto algo en un momento dado independiente de los objetos, como propiedad de los mismos; dándonos cuenta por ello, que no entrábamos en conflicto con ninguna ciencia.

 

Ello, a pesar de las extensas y ricas discusiones al respecto que entonces tuvimos con el compañero José C. Martínez Nava; que discípulo a su vez de la Academia de Ciencias de la URSS, trataba de explicar el concepto de espacio en las categorías establecidas; así, a pesar de todo, no se resolvió el problema, si acaso se le delimitó.  Nos habíamos formado un concepto materialista dialéctico complejo del espacio terrestre: <<la dialéctica de la tridimensionalidad material continuo-discreta>>, que al mismo tiempo no podíamos entender.  Y menos aún, cuando ese concepto propio, no coincidía con la versión de la marxología oficial de la Academia de Ciencias de la URSS, a la que nos apegábamos, en donde el espacio era entendido como una de las tres formas de existencia de la materia, junto con el tiempo y el movimiento; pero de la que nuestras conclusiones objetivas nos alejaban.

 

El argumento esencial, era que así como tiempo y movimiento no pueden existir independientemente del objeto que se transforma, o del objeto que se traslada, el espacio tampoco podría existir independientemente del objeto con linealidad, superficialidad o volumen, es decir, con sus propiedades espaciales.  Afirmar lo contrario venía de un criterio kantiano, y ciertamente representaba una dificultad, en aquel entonces, insalvable.

 

No obstante, nos quedó siempre la duda de si por aquel concepto de “forma de existencia de la materia”, podía entenderse no sólo, precisamente, “estructura”, sino rerum natura; esto es, la naturaleza de una cosa, en lo infinito de las formas de la materia y del movimiento de la misma.  El problema del espacio, así, pues, a partir de entonces, fue si éste era una forma de la materia, esto es, que si por su contenido, era una más de las infinitas formas en que la materia existe; o si era sólo forma de existencia de la materia, por cuanto sólo forma de existir de las cosas.

 

Con el tiempo entendimos que en ambas versiones, en última instancia, parecía incurrirse en un criterio kantiano; ya por hacer independiente el espacio de las cosas, ya por hacer del espacio sólo un concepto cómodo para entender la realidad.

 

Resolver ese problema implicaba una formación aún más sólida en filosofía, y nociones más acabadas de física y matemáticas, por lo que había que darle tiempo a su solución.

 

Pasaremos ahora al II Capítulo de nuestra tesis de Licenciatura, en donde precisamente tratamos ya desde entonces con los elemento más esenciales de la teoría del espacio, y que ahora revisaremos.


 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:31

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento de su Teoría
del Conocimiento
; Las perspectivas de la Geografía
como ciencia del estudio del espacio.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 8 feb 10.

 

 

b)      Las perspectivas de la geografía

como ciencia del estudio del espacio.

 

El primer paso para connotar a la geografía como ciencia rigurosa, radica en conformar todo un cuerpo teórico-metodológico de su teoría de conocimiento.  En esta tesis consideramos establecer el fundamento de la misma.

 

Sólo después se podrá entrar a la discusión de su objeto de investigación bien determinado.  Primero es necesario establecer su lógica de conocimiento; luego analizar su devenir, sus vínculos y relaciones [*].  Así lo señala Kopnin cuando escribe: "...las definiciones iniciales de un objeto, la lógica de los conceptos que lo expresan, sirven de punto de partida en el estudio del proceso de formación  y desarrollo del objeto dado”[1].

 

En adelante, supuesta una teoría unificada de la geografía en su cuerpo teórico-metodológico, el geógrafo habrá de ser un estudioso de las contradicciones internas del objeto de estudio de la geografía, o sea, del espacio geográfico, o adyacente a la superficie de la Tierra.  Habrá que trabajar por construir toda una teoría del espacio rigurosamente científico, desechar el conocimiento empírico del mismo como la superficie terrestre, entendido teórico-hipotéticamente dicho espacio como exterioridad a la superficie terrestre.

 

Conceder al espacio un atributo físico que hace del vació mismo un "algo", equivalente cuantitativo escalar que interacciona físicamente con los objetos, campos o procesos materiales, y le determinan como un sistema inercial relativo.

 

En perspectiva, el geógrafo debe convertirse en un investigador del carácter transitorio del espacio, que es la primera contradicción interna de este, por la cual el mismo pasa de ser una extensión no corpórea, a una extensión corpórea y viceversa; investigar cómo y por qué, el espacio por su sola existencia, determina otras relaciones externas, esto es, otros espacios; o en el caso contrario, en que éste es determinación de otras relaciones externas.  Estudiar los casos de la contradicción particular interna del mismo.

 

Al finalizar este capitulo es importante subrayar que se habla de la futura y posible investigación de la interacción física externa y adyacente a la superficie terrestre, como hecho que connota el espacio geográfico, y que como su exterioridad en general le es consustancial.

 

Puede decirse así, que, en resumen, las relaciones físicas externas de los objetos que ocupan el espacio geográfico, expresan las contradicciones internas del mismo, y éstas son campo de estudio propio del geógrafo.

 

Bajo tales consideraciones generales, puede  afirmarse  que la geografía es una ciencia natural, en particular de un elemento de la naturaleza inorgánica; que se define como ciencia física y matemática del estudio de las leyes del espacio determinado por el movimiento de la superficie terrestre.

 

Definición aparentemente muy sencilla, pero que encierra  en toda su profundidad las propiedades esenciales que hacen de la geografía (o harán de ella), una verdadera ciencia rigurosa.



[*] Dicho esto aquí, como recurso expositivo para explicar el proceso por el cual se estudia de una manera dada un objeto de estudio, y sólo ese objeto de estudio; pues dado el marco teórico dialéctico materialista, su principio de objetividad supone primero un objeto de estudio, cuya naturaleza determinará la metodología correspondiente.

[1] Kopnin, P.V; Lógica Dialéctica; Grijalbo; México, 1979: p.188.


 
Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo
13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:30

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”;
La Geografía en la Época Contemporánea.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 4 feb 10.

 

Si al revisar nuestra tesis de Licenciatura encontramos algún apartado en que fuese notable hacer una nueva consideración, ese ha sido precisamente éste, pero no precisamente por su contenido, sino por el aspecto de la forma: han transcurrido casi treinta años, y en ese lapso, el mundo, ciertamente, ha cambiado de una manera drástica, al grado de que, lo que en aquella tesis definimos como lo contemporáneo; esto es, el período de posguerra a la II Guerra Mundial, de 1945 a aquellas fechas de los años ochenta; una era previa a las computadoras personales, a la telefonía celular, y a la aparición de la Internet; hoy, aquel período ya no nos puede servir como referencia de aquellas condiciones materiales, económicas y tecnológicas, que determinan y condicionan el hacer geográfico por su forma y contenido.  Al concluir la Guerra Fría con el derrumbe del sistema económico-social socialista en el tránsito a la última década del siglo XX, el mundo cambió.  Y los años noventa fueron apenas una transición, pues para nadie hay duda que con el siglo XXI, se abrió una nueva era; y en consecuencia, la Geografía determinada por nuevas condiciones materiales, como todas las ciencias singulares, enfrenta el resolver las nuevas necesidades de la sociedad.

 

Pero incluso, ello sólo es lo que se conoce como la “historia externalista” de la ciencia.  Su historia propia, lo que se conoce por los historiadores de la ciencia como su “historia internalista”, también en su concepto de contemporaneidad involucró drásticos cambios.  La contemporaneidad en la historia propia de la Geografía, en aquella tesis, había quedado definida a partir del siglo XIX con Humboldt, Ritter y Reclus.  Desde entonces, en lo sustancial, la Geografía no cambió, más aún, profundizó cada vez más esa caracterización: el fenomenismo.

 

Mas al llegar los años ochenta (nosotros hicimos nuestros estudios profesionales entre 1975 y 1979), sólo se consumó lo que ya venía latente desde los años sesenta: la necesidad de redefinir con fundamento objetivo, tanto el objeto de estudio, como el método de la Geografía.

 

El fenómeno de ese cambio no fue exclusivo de México; en realidad venía ocurriendo en el plano mundial, y en países como Estados Unidos, Francia y España, ya desde los años setenta se produjeron institucionalmente revistas que en algunos de sus artículos empezaron a incidir en la geografía teórica, como Antipode, 1974; Geocrítica, 1976; y Herodote, 1976; que en México se editaría alguna semejante, sólo hasta 1983, la revista Posición, y hasta el inicio de la década de los noventa, definida y dedicada en exclusivo a la geografía teórica, si bien no institucional, sino con los enormes esfuerzos, dificultades y limitaciones de una Sociedad Profesional: “Ilhuícac, Revista de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía”, 1990.  De lo cual nos tocó ser su fundador y Director.

 

Aquellas revistas de otras partes del mundo, que habían iniciado sus trabajos desde los años setenta, forjaron una línea y una visión de la problemática de la Geografía en la que siempre se mantuvieron (hoy desconocemos si algunas de ellas subsisten).  Adelantaron la discusión, pero se quedaron en viejas soluciones.  En México contamos con dos situaciones afortunadas: 1) si bien la discusión fue muy posterior, ésta no fue institucionalizada, y en consecuencia, pudo romper con las soluciones viejas; y 2) aquellas revistas extranjeras muy difícilmente llegaron a nuestras manos; apenas en copias fotostáticas de algunos artículos (solución tercermundista ante las carencias como para hacernos de los originales; no os lo divulguéis, guardad el secreto); por lo cual no nos vimos del todo influidos por esos esquemas, potenciando más aún nuestra original y propia versión en esas soluciones, que, por lo demás, entonces adelantó por su contenido a todo lo demás.  En todas estaba contenido el problema del espacio; ello no tenía nada de raro, tal concepto, necesariamente, ha estado siempre presente en Geografía; el asunto estuvo, por un lado, en el énfasis, y por otro, esencialmente, en el tratamiento del mismo; en todas las demás revistas, ese tratamiento del espacio fue en calidad de sistema de referencia; en la nuestra, lo fue como objeto de estudio.  Y esa última situación, hacia el segundo lustro de los años ochenta, terminó por cambiar el momento histórico.

 

La Geografía contemporánea, entonces, ya nada tiene que ver con Humboldt, ni Ritter, ni Reclus; si acaso los fenomenistas insistirán en ello; sino con el proceso teórico dado entre las décadas de los setenta-ochenta del siglo pasado.  De ahí el significado de esta tesis.

 

Pero en este apartado de la tesis hubo algo más.  En aquel entonces aún desconocíamos la clasificación de los campos de investigación (ello lo entendimos al participar tanto en la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, como en la Sociedad Latinoamericana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología en aquellos años de mediados de los ochenta).  Luego, haciendo conciencia de nuestra propia especialización en geografía, nos dimos cuenta de que precisamente se podía hablar de una “geografía pura” y una “geografía aplicada”, como, más correctamente dicho para el concepto de lo “puro”, es hblar de una “geografía teórica”, de esa “geografía aplicada”, e incluso de una “geografía operativa”, según tales campos de investigación.  Ello no se refiere, pues, a una corriente o escuela de pensamiento geográfico, como en la tesis lo confundimos.  No obstante, los conceptos de geografía “voluntaria”, “dinámica”, “útil”, o “constructiva”, efectivamente, están en función de una corriente o escuela de pensamiento geográfico.  Y lo que entonces no pudimos ver, es que tales conceptos pertenecían o caracterizaban el fundamento gnoseológico; respectivamente: “existencialista”, “estructuralista”, “pragmático”, o “kantiano”.

 

                              Cuando nuestra tesis ya terminada la retuvimos en nuestras manos por todo 1983 sin decidirnos a presentarla, fue precisamente porque nos dábamos cuenta de que planteaba los fundamentos de algo totalmente nuevo, siempre difícil de hacer ver a los demás.  Pero sólo en el más vago sueño, pudimos pensar en que marcaría la historia.  A casi treinta años de ello, si así fue o no, así lo creemos, no es el asunto discutible; sino lo discutible está, en cuanto a en qué medida ha determinado ya, decididamente, la geografía contemporánea, y su situación actual.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
Comenta este artículo